Hay
un versículo en Salmos (31:20) que dice: «Cuán
grande es Tu bondad que has guardado para los que Te temen».
Esto puede ser entendido con la ayuda de una mishná
en el Tratado de Padres (4:21): «Dice Rabí
Iaakov: ‘Este mundo es como la antesala del Mundo
Venidero. Prepárate en la antesala antes de entrar
a la mansión’». Esta frase es aparentemente
enigmática.
Una persona que desea ser recibida por un importante dignatario,
probablemente dedicará varias horas a mejorar su
apariencia y a prepararse para la ocasión. Si se
está preparando para una audiencia ante el rey, sus
preparativos pueden llevarle varias semanas. Al fin y al
cabo debe preparar vestimentas adecuadas para aparecer en
la corte.
De acuerdo a Rabí Iaakov se supone que dedicaremos
no solamente unas horas o semanas sino los setenta u ochenta
años de nuestra vida a prepararnos para entrar en
la «mansión» celestial. ¿Por qué
hace falta tanto tiempo?
La razón es que la «mansión» celestial
consiste en numerosos palacios. Merecer la entrada a todos
ellos demanda grandes preparativos, unos setenta años
de preparativos. Por cada mandamiento en la Torá
hay un mundo aparte en las alturas del que procederá
la retribución a dicho mandamiento. Este es el significado
del versículo: «Cuán grande es tu bondad
que has guardado para los que Te temen». Si pensamos
al respecto nos damos cuenta de que ninguno de nosotros
actúa con responsabilidad.
Consideremos
lo siguiente:
Cierto
acaudalado individuo adquirió un valioso terreno
para construir su casa. Consultó con uno de los mejores
arquitectos para que le ayudara a decidir el plano general
de la planta baja y para diseñar el edificio. El
propietario explicó al arquitecto: «Quiero
que mi mansión deslumbre a quienes la vean, el interior
debe ser amplio y magnífico y la antesala espaciosa
y debe causar una fuerte impresión a quienes la vean».
Después de examinar la propiedad el arquitecto le
dijo a su cliente: «Temo que el tamaño y las
dimensiones de la propiedad no alcancen para construir tanto
el cuerpo principal del edificio, tal como usted lo ha descrito,
como la espaciosa antesala que desea. Cuando más
grande sea la antesala, menor será la mansión.
Pero si reduce la mansión ésta perderá
toda su magnificencia. Siendo que la vivienda principal
será la mansión, creo que sacrificar el esplendor
de las habitaciones internas para tener una antesala más
lujosa significará un error que usted lamentará
en el futuro. Al fin y al cabo la función de la antesala
es simplemente servir de pasaje. De modo que mi consejo
es que ante todo construya el cuerpo principal de la mansión,
tal como debe ser, con todas sus salas y habitaciones. Después
se podrá construir la antesala en lo que quede de
terreno y conformarse con ello».
La
moraleja de esta historia debería ser obvia. Mientras
vivimos en este mundo estamos construyendo la «mansión».
Los Sabios comentan este versículo así: «Y
todos vuestros hijos serán doctos en El Eterno: no
leáis en hebreo banaij (vuestros hijos) sino bonaij
(vuestros constructores).
Esto es similar a la explicación del Midrash del
versículo: «La sabiduría edificó
su casa» (Proverbios 9:1). El Midrash dice: «Sabiduría
se refiere a la Torá. Esto nos enseña que
quien adquiere Torá adquiere una casa en el Mundo
Venidero».
Si examinamos nuestro comportamiento, comprenderemos que
generalmente dedicamos la mayoría de nuestro tiempo
a construir la «antesala». Perdemos todo el
tiempo arreglando nuestras casas, preparando comida y adquiriendo
vestimentas para nuestros cuerpos físicos. Más
aún, no nos conformamos con lo esencial. Despilfarramos
tanto tiempo en adornos que nos queda muy poco para trabajar
en la «mansión». Ni siquiera somos constantes
con el poco tiempo que le dedicamos. A veces transcurren
semanas sin que estudiemos Torá y cuando rezamos
lo hacemos mecánicamente.
Actuamos como si fuéramos a vivir eternamente en
la antesala, pero finalmente deberemos seguir adelante,
nos guste o no nos guste. Si nuestra mansión no está
preparada y esperándonos para entonces, seremos excluidos
de la Divina Presencia y nos quedaremos afuera con las cáscaras
superficiales y contaminadas.
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