Los
fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides
Capítulo Noveno
[1]
Es algo claro y explícito en la Torá que ella
misma es un precepto que se mantiene para siempre (1): no
tiene cambio, no sufre eliminaciones ni agregados, así
como se declara: "Todo aquello que yo les mando, aquello
cuidarán de realizar, no podrás eliminar ni
agregar nada" (Deuteronomio 13:1). Además se
ha declarado: "Te has revelado a nosotros y a nuestros
hijos para siempre con el fin de que cumplamos todo lo contenido
en esta Torá" (Ibíd. 29:28). De todo
esto se entiende que todos
los preceptos de la Torá estamos obligados a cumplirlos
para siempre, y así se declara: "Es un estatuto
eterno, para todas tus generaciones" (Levítico
23:14). Además se declara: "La Torá no
se encuentra en los cielos" (Deuteronomio 30:12).(2)
(1)
Sobre el concepto que la Torá ha sido entregada para
todas las
generaciones y para siempre, comparar Hiljot Teshuvá
3,8, ad fin: "... el que dice que el Creador cambió
un precepto por otro y que ya se ha anulado esta Torá,
a pesar que en un principio fue entregada por Dios, por
ejemplo los cristianos y los musulmanes, ... se denominan
que reniegan de la Torá".
(2)
Después de haber sido entregada la Torá en
el monte de Sinaí, ya no prestamos atención
a ninguna voz celestial... (Tratado de Baba Metzia 59b).
Así han dicho los sabios: tres mil leyes fueron olvidadas
en tiempos del duelo por la muerte de Moisés, y entonces
le dijeron a Josué que consulte con El Eterno, a
lo cual él respondió: "no está
en los cielos" (Tratado de Temurá 16a).
Se
entiende que un profeta no puede renovar en ella ningún
concepto. Por lo tanto, si se presenta alguna persona, ya
sea de las naciones del mundo o de Israel, y trae consigo
señales y portentos y declara que El Eterno lo envió
a agregar o a eliminar algún precepto, o a explicar
en alguno de los preceptos una elucidación que no
hemos escuchado de Moisés; o que declare que aquellos
preceptos que fueron ordenados a Israel no fueron eternos
sino que tuvieron una vigencia temporal, esta persona es
definida como un profeta falso, ya que pretende refutar
la profecía de Moisés, nuestro maestro, y
está condenado a morir ahorcado (1) ya que se atrevió
a hablar en nombre de El Eterno algo que el Creador no mandó.
Pues El Eterno ordenó a Moisés estos preceptos
sobre nosotros y sobre nuestros hijos para siempre, no siendo
Dios un ser humano que pueda mentir.
(1)
Ya que está escrito: “y morirá el profeta
ese..." (Deuteronomio 18,20) y toda "muerte"
mencionada en la Torá, sin definirla, se refiere
a muerte por ahorcamiento (cf. Tratado de Sanhedrín
89b).
[2]
Entonces, surge la siguiente pregunta: ¿por qué
está escrito en la Torá: un profeta se presentará
de entre ustedes, como tú, y Yo pondré mi
palabra en su boca y hablará... (Deuteronomio 18:18)?
Ciertamente este profeta no viene a hacer otra religión,
sino a fortalecer lo prescrito por la Torá y a advertir
al pueblo que no la transgredan, como así afirma
el último de los profetas: "Recuerden la Torá
de Moisés, mi siervo" (Malaquías 3:22).
Del
mismo modo, si nos ordena acerca de situaciones contingentes,
por ejemplo: "¡Vayan a tal lugar!" o "¡No
vayan!, ¡Combatan hoy!" o "¡No combatan!,
¡Construyan esta muralla!" o "¡No
la construyan!", estamos obligados a obedecerlo, siendo
que la persona que transgrede esto está condenada
a muerte por medio de los cielos (1), así como se
declara: "Si ocurre que alguien no obedece mis palabras,
que él habla en mi Nombre, Yo lo condeno a muerte"
(Deuteronomio 18:19).
(1)
Muerte celestial o por medio de los cielos se refiere a
morir antes del tiempo primeramente dispuesto para esta
persona, aunque su alma no es escindida del mundo venidero,
en contraposición del castigo de escisión
(karet), en el cual también el alma es escindida
(cf. Bartenura a Sanhedrín 9,6). Según Rashi,
muerte celestial consiste en morir antes de tiempo pero
engendrando hijos, mientras que escisión consiste
también en morir antes de tiempo junto con la imposibilidad
de engendrar hijos. (Tratado de Shabat 25a).
[3]
Así, si un profeta transgredió lo que él
mismo declara (cf. 1 Reyes 13:21), o el que se abstiene
de comunicar su profecía (cf. Jonás), está
condenado a muerte por medio de los cielos, y en estos tres
casos anteriores se ha declarado: "Yo lo condeno...".
Del mismo modo si nos informa un profeta -del cual sabemos
que es un profeta verdadero- que debemos transgredir alguno
de los preceptos de la Torá, o varios de ellos, ya
sean graves o leves, con la condición que sea algo
temporario, estamos obligados a obedecerlo. Esto hemos aprendido
de los primeros sabios oralmente: En todo aquello que te
diga el profeta: "¡Transgrede lo estipulado en
la Torá!", como el caso de Elías en el
monte Carmel, has de obedecerlo, excepto si nos ordena practicar
la idolatría.
Todo lo anterior se aplica cuando es una situación
temporal, como en el caso de Elías antes mencionado,
que presentó un sacrificio fuera del Templo, siendo
Jerusalén el lugar destinado para este servicio ritual,
y todo el que lo realice fuera está condenado a muerte.
Mas debido que se trata de un profeta verdadero, era obligación
escucharlo. Y también sobre esto se ha indicado:
"A él has de obedecer..." (Deuteronomio
18:15).
No
obstante, si hubieran preguntado a Elías: ¿Cómo
hemos de eliminar algo escrito en la Torá: "no
podrás presentar un sacrificio en cualquier lugar"(Ibíd.
12:13)? Él hubiera respondido: lo que la Torá
prohíbe es sacrificar de manera permanente fuera
del Templo, en cuyo caso hay pena de escisión (Karet),
como ordenó Moisés; en cambio yo sacrifico
hoy fuera del Templo por mandato de El Eterno, con el objeto
de refutar a los profetas de Baal. Del mismo modo, si ordenasen
todos los profetas transgredir en forma momentánea
algún precepto, estaríamos obligados a obedecerlos.
En cambio si declararon que tal concepto se elimina para
siempre, está condenado a morir ahorcado, ya que
la Torá dijo: "A nosotros y a nuestros hijos
para siempre" (Ibíd. 29:28).
[4]
Así, si elimina alguno de los conceptos que hemos
recibido oralmente (1), o que declara sobre alguna de las
leyes de la Torá, que El Eterno le ordenó
que la legislación sea de un modo específico
y la Halajá de acuerdo con la opinión de fulano,
éste es un profeta falso y está condenado
a la horca -a pesar que haya hecho un señal- ya que
ha intentado contradecir la Torá cuando dice: "La
Torá no se encuentra en los cielos..." (Deuteronomio
30:12); no obstante, cuando la situación es momentánea,
se le obedece.
(1)
La prohibición de comer y beber en Iom Kipur que
no están explícitas en la Torá, sino
que hemos aprendido oralmente que lo dicho acerca de mortificar
el alma con respecto a este día, se refiere al ayuno.
[5]
¿En que casos nos referimos? Cuando se trata del
resto de los preceptos, no obstante en el caso de idolatría
no se le obedece ni siquiera en forma momentánea.
Incluso que haya realizado señales y portentos y
declare que El Eterno ordenó que se practique idolatría
durante este día, o durante un momento, esta persona
está desvirtuando el mandato divino; y sobre un caso
tal advirtió la Torá: "Aunque traiga
consigo una señal o portentos, no escucharás
lo dicho por este profeta, ya que desvirtuó el mandato
de El Eterno, su Dios" (Deuteronomio 13:3-4-6). Pues
he aquí que intenta refutar la profecía de
Moisés. Por lo tanto, sabemos de seguro que él
es un profeta falso y todo lo que hizo fue realizado con
trucos y magias, y alguien así está condenado
a la horca.
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