Los
fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides
Capítulo Séptimo
[2]
Los profetas poseen diferentes categorías: así
como existe entre los sabios aquellos que son mayores que
otros, también entre los profetas existe quien es
mayor que otro. No obstante, todos han visto la visión
profética a través de un sueño, por
medio de una visión nocturna, o durante el día,
pero sólo después de haber caído sobre
ellos un sopor, como se ha declarado: "En una visión
me haré conocer, por medio de un sueño hablaré"
(Números 12:6).
Todos
los profetas, cuando reciben profecía, sus miembros
se conmueven y su fuerza física decae; sus pensamientos
se enloquecen de manera tal que su comprensión queda
vacía para entender lo que vea, tal como se ha declarado
con
Abraham: "He aquí un gran terror oscuro cayó
sobre él" (Génesis 15:12), o como se
declara sobre Daniel: "Me quedé solo y entonces
contemplé esta gran visión, no tuve fuerzas
y mi semblante se mudó como destruido y no pude detener
a mi fuerza que me abandonó" (Daniel 10:8).
[3]
La información que se le anuncia al profeta a través
de la visión profética es comunicada en forma
metafórica, e inmediatamente se graba en su comprensión
la interpretación de la parábola profética
y entiende lo que se trata. Así, por ejemplo, la
"escalera" que vio nuestro patriarca Jacob y los
ángeles que subían y bajaban por ella (Génesis
28:12), lo que era una metáfora de los diferentes
reinados [que combatirían a Israel] y de su sometimiento.
Así también los "animales" que contempló
Ezequiel (cf. Ezequiel, cap. 1, 10), o las visiones de la
"olla hirviendo", "el bastón almendrado"
que contempló Jeremías (cf. Jeremías
1:11-12); el "rollo" que vio Ezequiel o la "medida"
que vio Zacarías (Zacarías 5:6), y así
el resto de los profetas.
En
algunos casos el profeta comunica la metáfora y su
interpretación, como los anteriormente mencionados,
y en otros casos informan solamente su interpretación.
A veces dicen sólo la metáfora sin interpretarla,
como en algunos relatos de Ezequiel y Zacarías. No
obstante todos los profetas reciben la profecía por
medio de metáforas y enigmas.
[4]
Los profetas no reciben profecía en cualquier momento
que desean, sino que se concentran y se sientan alegres,
tranquilos y solitarios, ya que la profecía no puede
recaer cuando la persona está triste, ni cuando está
inactivo, sino dentro de un ambiente de alegría (*).
Por lo tanto, los aprendices de profetas tenían frente
a ellos un arpa, un pandero, una flauta y un laúd
y ellos deseaban recibir inspiración; así
es como se declara: "ellos profetizaban" (1 Samuel
10:5), es decir: se esforzaban en comportarse
de manera tal de recibir la inspiración, hasta que
la recibían, como se suele decir: "fulano crece...".
(*)
Cf. Talmud de Babilonia, Tratado de Shabat 30b. Esta es
la causa, dirá Maimónides, que se interrumpió
la profecía de Israel desde que fueron exiliados
en tiempos de la destrucción del primer Templo, debido
a la opresión y a la tristeza que se encierra en
el corazón cuando se es un esclavo sometido a pueblos
hostiles. Y esta es la razón por la cual ha de retornar
la profecía durante la época mesiánica,
cuando nuestra alma se llene de alegría (Cf. Moré
Nebujim II,36).
[5]
A aquellos que intentaban profetizar se los denominaba aprendices
de profeta. A pesar que se concentraban y esforzaban en
ello, a veces recibían profecía y a veces
no (*).
(*)
Como los sabios han declarado: "era propicio que bajara
sobre él la Presencia divina, sin embargo su generación
no lo ameritó" (Tratado de Sanhedrín
11a). Maimónides en el Moré Nebujim (II,32)
describe que existen tres opiniones sobre la profecía:
la primera, la opinión de los ingenuos que piensan
que sobre cualquier hombre, ya sea sabio o tonto, estudioso
o ignorante, siendo que posee alguna de las virtudes éticas,
si Dios lo decide puede ameritar
recibir de su profecía; la segunda, la opinión
de los filósofos que enseñan que el profeta
es el hombre naturalmente perfecto, quien alcanzó
la virtud ética e intelectual y por lo tanto es imposible
que no profetice; la tercera, la opinión de nuestra
Torá y principio de nuestra fe, no discrepa con los
filósofos en lo referente a la virtud ética
y espiritual aunque para ella, sin embargo, estos factores
no son suficientes, y es necesaria la voluntad divina que
hará posar sobre un hombre su mensaje.
[6]
Todo lo que hemos dicho era el modo de profetizar de todos
los profetas anteriores y posteriores, excepto nuestro maestro
Moisés, el maestro de todos los profetas. ¿Qué
diferencia hay entre la profecía de Moisés
y la del resto de los profetas?
[a] Todos los profetas recibían esta inspiración
a través de un sueño o de una visión
y en cambio Moisés profetizaba mientras estaba despierto
y de pie, como se declara: "Cuando venía Moisés
a la Tienda de Reunión para hablar con él
y escuchaba la voz que hablaba con él" (Números
7:89).
[b] Todos los profetas recibían profecía por
intermedio de un ángel, y por eso contemplan lo que
contemplan como metáfora y enigma, pero nuestro maestro
Moisés no recibía por medio de un ángel,
como se declara: "boca a boca he
de hablar con él" (Números 12:8). Además
se declara: "Habló El Eterno con Moisés
frente a frente" (Éxodo 33:11); "La presencia
de El Eterno contempló..." (Números 12:8).
Es decir, que no hubo en su profecía metáfora
alguna, sino que contempló la información
comunicada en forma clara, sin enigma ni metáfora.
Esto es lo que la Torá atestigua sobre él:
"Visión clara y no enigma..." (Números
12:8), o sea, que no profetizó a través de
enigmas sino por intermedio de
visiones claras, es decir, contempló la información
en forma clara.
[c] Todos los profetas son presas de miedo, susto y espanto,
mientras que con Moisés, nuestro maestro, no es así;
esto es lo que declara el versículo: "así
como habla una persona con su prójimo" (Éxodo
33:11), es decir, así como una persona no se asusta
al escuchar lo que le dice su prójimo, del mismo
modo Moisés tenía una fuerza especial en su
personalidad para entender la información profética
y mantenerse íntegro.
[d] Todos los profetas no podían profetizar cuando
ellos deseaban, mas con Moisés, nuestro maestro,
no es así, sino en cualquier momento que lo deseaba
el espíritu de santidad lo revestía y la profecía
lo inspiraba. No necesitaba concentrarse ni preparase para
recibirla, ya que él estaba siempre preparado y su
categoría era como la de los ángeles. Por
lo tanto, podía profetizar en cualquier momento,
como se declara: "Aguarden y escucharé qué
El Eterno ha de mandarles" (Números 9:8); esto
se lo prometió Dios cuando le dijo: "Anda, di
a ellos: ¡vuelvan ustedes a sus tiendas y tú
quédate aquí conmigo" (Deuteronomio 5:26-28).
De todo lo anterior se entiende que todos los profetas,
cuando la profecía se retiraba de ellos, volvían
a su tienda, es decir, a todas las necesidades corporales,
como el resto del pueblo, y por lo tanto no era necesario
que se separaran de sus mujeres; nuestro maestro Moisés
nunca más volvió a su primera tienda, por
eso se separó de su mujer para siempre y de todo
lo parecido a esto. Se ató su comprensión
con el Creador del mundo y no se separó de él
esta inspiración jamás, teniendo un rayo de
luz sobre el semblante y llegó a la categoría
de santificación de los ángeles.
[7]
El profeta, es posible que reciba profecía para sí
mismo únicamente con la finalidad de ampliar su entendimiento
hasta que comprenda lo que no hubiere comprendido de aquellos
profundos conceptos. También es posible que se lo
envíe a parte del pueblo, o a habitantes de ciudades
o de reinados, con el objetivo de hacerles entender e informarles
lo que han de hacer, o para impedirles que continúen
cometiendo acciones reprobables. Cuando lo
envían se le proporciona una señal y un milagro,
de modo tal que el pueblo sepa que Dios lo envío
verdaderamente. Pero no todo el que hace una señal
o realiza un milagro es un verdadero profeta; sino una persona,
sobre el que ya hemos sabido de un principio que es apropiado
que reciba profecía por su sabiduría o por
sus virtuosos actos, a través de los cuales sobresale
sobre el resto de sus congéneres, alguien que se
comporta según las normas de la
profecía con su santidad y abstinencia, si luego
viene y hace alguna señal o milagro, y entonces dice
que Dios lo ha enviado, en este caso es una obligación
escucharlo, como se declara: "A él han de escuchar..."
(Deuteronomio 18:15).
Es posible que alguien que no siendo profeta realice señales
y milagros -en tal caso hay que investigar tales portentos-
no obstante es una obligación escucharlo, ya que
es una persona importante, sabia y apropiado para recibir
la profecía, entonces se lo mantiene en su categoría.
Ya que así hemos sido encomendados, así como
debemos decidir un juicio basándonos en dos testigos
aptos, a pesar que puedo sospechar que mintieron, por cuanto
que tienen categoría de aptos, no ponemos en duda
esta confiabilidad. Sobre este tema y semejantes se ha declarado:
"Lo oculto pertenece a El Eterno, nuestro Dios, en
cambio lo descubierto es atinente a nosotros y a nuestros
hijos" (Deuteronomio 29:28). También se ha declarado:
"El ser humano es capaz de ver a los ojos, en cambio
El Eterno observa el corazón" (1 Samuel 16:7).
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