Los
fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides
Capítulo Séptimo
[1]
Uno de los fundamentos de la Torá es saber que Dios
concede profecía (*) a los seres humanos (**). La
profecía en cuestión no recae sino sobre un
sabio de amplia sabiduría y fuerte en virtudes, una
persona tal que su impulso al mal no logre vencerlo en ningún
momento, y en cambio él venza con su entendimiento
a su impulso al mal de manera constante; siendo además
una persona cuya comprensión sea amplia y muy correcta.
(*)
Profecía: en español el termino proviene de
las voces griegas "pro" antes y "faino"
mostrar, en el sentido de enseñar o hacer ver. Al
parecer la carencia de un vocablo, en las lenguas profanas,
adecuado para verter el nivel de relación entre el
hombre y El Eterno en el Tanaj, llevó a identificar
al profeta como alguien que enseña o muestra algo
que ha de acontecer, siendo que este es uno de los aspectos
de esta relación y no el único. En hebreo
la raíz .... indica principalmente la acción
de expresar o decir y además la acción de
ver. Así notamos que la expresión "profeta"
se utiliza primeramente con Abraham: "Ahora, devuelve
la mujer del hombre, porque el es un profeta, y rezará
por ti ¡y vive!. Pero sin no la devuelves, has de
saber que morirás tú y todo lo que posees"
(Génesis 20:7) Los comentaristas a la Torá
ad loc. explican el significado del vocablo:
1.
Rashí ad loc. cita al Midrash (Bereshit Rabá
52:8, cf. Tratado de Baba Kama 92a), que relaciona la profecía
de Abraham con el conocimiento: "Porque él es
un profeta: y sabe que no la tocaste, por lo tanto rezará
por ti".
2.
Rashbam ad loc. lo estudia de manera más etimológica:
"Porque el es un profeta" [Nabí]: este
termino se conecta con el pasaje "la expresión
[Nib] de sus labios" (Isaías 57:19), es decir,
el es alguien que continuamente está conmigo y expresa
Mis palabras y yo estimo sus palabras y recibo su oración.
(**)
El tema de la profecía es tratado por Maimónides
en otras obras: en la introducción a su comentario
a la Mishná, en el capítulo séptimo
de los Shemoná Perakim (introducción al comentario
de Pirkei Avot), en casi toda la tercera parte del Moré
Nebujim, y es el principio séptimo de los trece principios
de la Torá (introducción al comentario al
capítulo talmúdico Jelek), siendo que en cada
obra estudia el tema desde perspectivas distintas. Según
leemos, de acuerdo con Maimónides la posibilidad
de la profecía es uno de los fundamentos de la Torá,
siendo la negación de la misma un pecado muy grave:
"Tres son los que se denominan epicúreos: el
que dice que no existe profecía en absoluto, y dice
que no existe conocimiento que provenga del Creador sobre
el corazón de los seres humanos..." (Hiljot
Teshubá 3:8). Siendo además una característica
de algunos y no de todos: "La profecía: es decir,
el ser humano debe saber que entre los demás seres
humanos se encuentran algunos poseedores de características
naturales, cualidades óptimas y puras, además
de una gran perfección. Sus almas se han preparado
para poder recibir la forma del intelecto [el intelecto
material, el intelecto en potencia de ellos se ha
transformado por intermedio de la actividad del pensamiento
constante y de la intelección, "intelecto en
acto", es decir: rico en conceptos y en descripciones
intelectuales, axiomas; esto es la forma del intelecto.];
después se conecta este intelecto humano con el intelecto
agente y se produce de el y sobre el una emanación
sublime: estos son los profetas, esta es la profecía,
esto es lo que implica." (Principio séptimo).
Una
persona que posee todas estas cualidades, perfecto físicamente,
cuando entre al "pardés" y ser arrastrado
tras aquellos grandes y lejanos conceptos, y alcanzar una
comprensión clara para poder entender y conceptuar,
además de santificarse y retirarse de las conductas
mundanas, las cuales son símbolos de la oscuridad
del tiempo; se agiliza a si mismo y se educa para no caer
en pensamientos fatuos ni en las vanidades y sus imaginaciones,
y en cambio su mente siempre está dirigida a lo metafísico,
conectada con el Trono divino
dispuesta a entender aquellas formas puras y sagradas, y
entonces esta persona contempla la Sabiduría divina
(*). Observa desde la forma primera hasta el centro de la
tierra y comprende su grandeza y entonces el espíritu
de santidad lo inspira; de manera tal que cuando aquel espíritu
se posa en él, su alma se conecta con la categoría
de los ángeles llamados "Ishim" (personas)
y se transforma en una persona distinta y llega a entender
con una comprensión diferente a la que tenía.
Entonces se eleva sobre la categoría común
del resto de los seres humanos sabios, tal lo relatado sobre
Samuel: "Profetizaste con ellos y te transformaste
en un hombre distinto" (1 Samuel 10:6).
(*)
Maimónides define aquí al profeta como un
hombre que posee las siguientes características personales:
1.
Sabiduría, es decir, debe poseer todas las virtudes
intelectuales (Cf. Cap. Séptimo de los Shemoná
Perakim), de tal modo que su comprensión de la realidad
esté basada en un profundo conocimiento de los factores
que la regulan, tanto a escala material como dentro del
plano metafísico.
2.
Valentía, o sea, debe tener la suficiente valentía
para superar sus impulsos y controlarse de no cometer pecados,
según lo declarado en el tratado Abot (4:1): "¿A
quién se denomina valiente? Al que controla sus impulsos".
Según Maimónides la valentía es una
de las virtudes éticas, o sea, consiste en dirigir
las fuerzas humanas según el entendimiento. Los comentaristas
de Maimónides ad loc. le cuestionan esta caracterización
ya que el Talmud de Babilonia (Tratado de Nedarim 38a),
en donde se encuentra la fuente de esta legislación,
considera los atributos de valiente, rico y humilde (estos
últimos son citados por Maimónides aquí)
según su significado simple. Es decir, valiente como
fuerte físicamente y rico como adinerado. Respuesta:
1. Al parecer Maimónides caracteriza al profeta desde
su propio punto de vista y no necesariamente sigue la opinión
vertida en el Talmud. 2. El Talmud presenta estos atributos,
es decir, sabio, valiente, rico y humilde, como requisitos
de la profecía permanente, mientras que Maimónides
codifica aquí la profecía incluso no permanente.
3.
Riqueza, o sea, se refiere a una persona que
está conforme con lo que posee y se comporta con
austeridad (cf. Abot 4:1)
4.
Comprensión amplia y correcta es parte de las virtudes
intelectuales y comprende la capacidad de captar con facilidad
las situaciones y las circunstancias, y este atributo debe
ser parte del profeta.
5.
Salud: junto con las virtudes intelectuales y éticas,
el profeta debe poseer salud e integridad física,
que su cuerpo y su temperamento sean equilibrados sin ningún
tipo de carencia; ya que los dolores o sufrimientos influencian
negativamente sobre las facultades necesarias para unirse
con el intelecto superior.
6.
Ascetismo: se aleja de la mayoría de las personas
que viven
según el devenir del tiempo y según los placeres
del momento; de tal forma su mente estará siempre
dirigida a reflexionar sobre temas trascendentales.
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