Los
fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides
Capítulo
Quinto
[5]
Las mujeres a las cuales los gentiles les dijeron: "¡¡Dennos
una de ustedes para impurificarla, de lo contrario las impurificaremos
a todas!", deben dejarse impurificar todas y no entregar
a un alma de Israel. Del mismo modo si les dicen los gentiles:
"¡¡Dennos a uno de ustedes para matarlo,
de lo contrario los mataremos a todos!", deben dejarse
matar todos y no entregar a un alma de Israel. No obstante,
si nombraron a uno por su nombre y dijeron:
"¡Dennos a fulano para matarlo, de lo contrario
los mataremos a todos!", si era una persona que estaba
condenada a muerte como Sheba Ben Bijrí (2 Samuel
20), está permitido entregarlo. Pero no se actúa
así en primera instancia (*). Y si no está
condenado a muerte, deben dejarse matar todos y no entregar
un alma de Israel.
(*)
Ya que esto no es una conducta piadosa, como lo que se relata
en el Talmud de Jerusalén (Trumot 8:4) sobre una
persona que fue condenada a muerte por la procuraduría
romana y éste se escapó y se escondió
en la ciudad de Lod bajo la protección de Rabí
Iehoshua Ben Leví. Cuando los soldados romanos rodearon
la ciudad y amenazaron destruirla si no era entregada esta
persona, Rabí Iehoshua lo convenció que se
entregara y salvara de este modo la ciudad. Elías,
el profeta, que solía regularmente visitar a Rabí
Iehoshua, no se le presentó más. El sabio
tremendamente acongojado se sentó en un largo ayuno
hasta que Elías lo visitó, y entonces le criticó
diciendo: "¿¡Acaso yo me presento a hablar
con delatores!?" El sabio le dijo que en la Mishná
se enseña de modo
explícito que tratándose de una persona semejante
está permitido. Elías entonces le replicó:
"¿Acaso esa es una Mishná de hombres
piadosos?".
[6]
Del mismo modo como se ha declarado sobre los obligados
por la fuerza, así se ha enseñado sobre los
enfermos. ¿A que se refiere? Si una persona se ha
enfermado y peligra su vida, si diagnostican los médicos
que la curación de alguien consiste en algo que constituye
una prohibición de la Torá, se aplican y se
dan medicamentos incluso que contengan prohibiciones de
la Torá ya que se trata de peligro de vida. Lo anterior
se aplica en todo los casos excepto idolatría, prostitución
y asesinato (*), o sea, que incluso cuando hay peligro de
vida está prohibido curar por medio de estos pecados.
Y si transgrede y se cura, recibe de parte del tribunal
el castigo apropiado.
(*)
Por ejemplo en el caso de una mujer que tiene problemas
en el parto estando en peligro su vida, si el bebé
ya sacó la cabeza, no se puede tocarlo para salvar
la vida de la madre (Cf. Ohalot 7:6. Maimónides,
Hiljot Rotzeaj 1:9). La Mishná establece que el bebé
debe haber sacado la mayoría del cuerpo, mientras
que en las leyes de Maimónides encontramos que es
suficiente con la cabeza.
[7]
¿De dónde aprendemos que incluso en situaciones
de peligro de vida no se transgreden los tres principios
(idolatría, prostitución y asesinato)? Lo
aprendemos de la Torá cuando declara: "Amarás
a El Eterno tu Dios con todo tu corazón, con toda
tu alma y con todas tus fuerzas" (Deuteronomio 6:5).
Siendo el estudio del mismo: "incluso que tengas que
entregar el alma, es
decir la vida" (cf. Shabat 9:5). Por ende, asesinar
a alguien de Israel para curar a otro, o salvar a una persona
de manos de un violador, son acciones que el entendimiento
obliga, ya que no se elimina a una persona por otra (*).
Los
pecados referentes a cohabitaciones prohibidas fueron comparados
con el asesinato, como se declara: "Como cuando se
levanta una persona y asesina a otra, así en este
tema (cohabitaciones ilícitas)" (Deuteronomio
22:26).
(*)
Cf. Talmud de Babilonia, Tratado de Pesajim 25b. El Talmud
declara que la vida de una persona no es más importante
que la de otra persona, su sangre no es más roja.
Rashi explica ad loc. que situaciones de peligro de vida
desplazan todos los preceptos de la Torá a causa
de la importancia de la vida humana, y no obstante en un
caso donde finalmente una vida humana se perderá
y el pecado se realizará, no existe la ley de "peligro
de vida".
[8]
¿En qué circunstancias decimos que no se cura
a través de la transgresión de alguna prohibición,
sino sólo en caso de peligro de vida?
Este principio se aplica cuando se obtiene algún
tipo de placer de tal actividad (*), por ejemplo al dar
de comer a un enfermo insectos y reptiles o leudos en Pésaj,
o al darle de comer en Iom Kipur. No obstante cuando la
curación se realiza en forma tal que no causa algún
tipo de placer, por ejemplo al aplicarle un emplasto que
contenga un sorbo de leudo (en Pésaj), o hecho con
algún fruto prohibido de consumir como de "orlá",
o en situaciones que se le hace beber un líquido
mezclado con algo amargo y algún alimento prohibido
de consumir; ya que esto no causa placer al paladar, está
permitido e incluso no en casos de peligro de vida. Todo
lo anterior no se aplica con respecto a los híbridos
(kilaim) del viñedo, ni a las mezclas de carne y
leche, cuya prohibición incluye el consumo aunque
no cause placer, y por lo tanto no se cura con ellos sino
en casos de peligro de vida.
(*)
Todas las prohibiciones de la Torá que fueron dichas
con el término "comer", por ejemplo "comer
cerdo", no se recibe castigo de flagelación
sino sólo cuando son consumidos de manera normal,
es decir, teniendo placer de su consumo. Pero las prohibiciones
que no fueron mencionadas con el término "comer",
por ejemplo, carne con leche o los híbridos de un
viñedo (kilaim), está prohibido consumirlos
ya sea que haya placer en su consumo o no y será
posible curarse a través de éstos solo en
situaciones de peligro de vida.
[9]
Un hombre que miró a una mujer y esto le conmovió
hasta la enfermedad, peligrando su vida, si los médicos
dicen: "su única cura es que mantengan relaciones",
debe morir y no cohabitar con ella, e incluso si se trata
de una mujer soltera. E incluso hablar con ella detrás
de una cerca, no se le enseña a hacerlo. Debe morir
y no se le enseña a hablar con ella detrás
de una cerca, de tal modo las hijas de Israel no se transformen
en objetos sin dueños, lo que traería a que
finalmente se rompan las barreras que impiden las cohabitaciones
ilícitas.
[10]
Toda persona que transgrede voluntariamente, sin haber sido
obligado, alguna de todas las prohibiciones de la Torá
en forma desvergonzada, para enfadar al Creador, esta persona
se considera que profanó el Nombre de El Eterno.
Por lo tanto se ha declarado con respecto a juramentos falsos:
"Profanaste el Nombre de El Eterno, tu Dios" (Levítico
19:12)
Si transgredió públicamente, es decir, delante
de un quórum de diez de Israel, se considera que
profanó el Nombre de El Eterno en público.
Así toda persona que se aleja de un pecado, o cumplió
un precepto sin interés alguno, es decir, no por
miedo ni temor, ni para ser honrado, sino únicamente
por el Creador, como el caso de la abstención de
José de cohabitar con la mujer de su amo, esta persona
se considera que santificó en Nombre de El Eterno.
[11]
Hay otras conductas que se incluyen dentro de la definición
de "profanar el Nombre de El Eterno" cuando las
realiza un hombre que es un gran sabio en Torá y
conocido por su piedad. Nos referimos a conductas que el
resto de la gente va a murmurar sobre él, y a pesar
que no sean pecados se considera que tal persona profanó
el Nombre de El Eterno. Por ejemplo: cuando compra algo
y no paga inmediatamente -en caso que tenga el dinero- y
ocurre que los vendedores le reclaman y él se demora
en pagar. O que acostumbre a bromear en forma desmedida,
o a comer o beber junto con ignorantes y entre ellos. O
que su forma de platicar con las personas no es tranquila
y paciente y no suele recibir al público con amabilidad,
sino que es una persona irascible que se disgusta fácilmente,
etc. Todos estos conceptos dependen de la
grandeza del sabio, y por ende, debe ser muy cuidadoso consigo
mismo y comportarse siempre con conductas que vayan más
allá de lo estrictamente legal.
En
cambio si el sabio es cuidadoso consigo mismo, siendo su
discurso paciente con el público, teniendo un carácter
amable con el resto de las personas y recibiéndolas
con alegría; y es de aquellos que son ofendidos y
no de aquellos que ofenden; de aquellos que honran a los
demás e
incluso a aquellos que lo denigran; aquel que estudia y
enseña los fundamentos de la fe, y no suele prolongar
su estadía en la compañía de los ignorantes
o en sus tertulias; aquel que se lo observa siempre ocupado
en el estudio de
la Torá, revestido con sus tzitziot, coronado con
sus tefilín y se comporta siempre con conductas que
van más allá de lo estrictamente legal -con
la condición que no se aleje demasiado de la sociedad
y no se vuelva un
ermitaño, de modo tal que todos lo alaben y le tengan
cariño y anhelen comportarse como él- esta
persona santifica el Nombre de El Eterno y sobre él
la Torá declara: "Y me dijo: tu eres mi siervo,
Israel, en quien me enaltezco..." (Isaías
49:3).
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