Los
fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides
Capítulo Cuarto
[6]
Este proceso tiene como causa la rotación de las
esferas concéntricas, y a partir de su movimiento
se reúnen los cuatro elementos y se constituye la
materia de los seres humanos, de los demás seres
vivos, de los vegetales, de las piedras y de los minerales.
Dios le proporciona a cada material la forma correspondiente
por medio de una fuerza denominada el "décimo
ángel", entidad que se denomina también
"Ishim" (personas).
[7]
No existe materia sin forma o forma sin materia, sino que
sólo el corazón del hombre (*) es el que realiza
una separación teórica del cuerpo existente,
comprendiendo que éste es un compuesto de materia
y forma, y además que existen cuerpos cuya materia
es una composición de cuatro elementos y que existen
otros cuya materia es simple y no se compone sino de una
sola materia (**). Las formas que no poseen materia (***)
no son perceptibles por el sentido de la vista, solamente
por la visión del corazón son cognoscibles,
como por ejemplo conocemos al Señor del Universo
sin percibirlo visualmente.
(*)
Su capacidad de entender y razonar.
(**)
Por ejemplo, la materia de las esferas concéntricas.
(***)
Los ángeles y las inteligencias separadas.
[8]
El alma de todo hombre es la forma específica que
Dios le entregó, y el entendimiento agregado que
se haya en el alma humana es la forma del hombre con un
entendimiento perfecto. Y sobre esta forma se ha declarado
en la Torá: "Hemos de hacer un hombre según
nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza" (Génesis
1:26).
Es
decir que el ser humano posee una forma específica
que le permite conocer y comprender las formas inmateriales,
como los ángeles, que son seres inmateriales, y asemejarse
a ellos.
No
significa que “nuestra imagen” es la forma perceptible
por la visión, o sea la boca, la nariz, las mandíbulas
o el resto de las impresiones físicas, ya que éstas
se denominan "aspecto". Tampoco se define como
el alma específica que se encuentra en todo ser vivo,
con la cual come, bebe y procrea, siente e imagina, sino
el entendimiento que es la forma del alma, y sobre la forma
del alma declara el versículo: "según
nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza"; siendo
que muchas veces suele llamarse esta forma: alma o espíritu.
Por lo tanto, se debe tener cuidado con los términos
estos para que no nos equivoquemos, siendo que cada término
y término expresa un concepto.
[9]
La forma del alma no está compuesta de estos cuatro
elementos de manera tal que sea corrompible, ni proviene
de la facultad vital como para que la necesite -así
como esta facultad vital necesita del cuerpo-, sino que
el alma humana proviene de El Eterno, una entidad metafísica.
Por lo tanto, cuando se corrompe la materia compuesta de
los cuatro elementos entonces desaparece esta facultad vital
ya que no existe sino en un cuerpo, y necesita del cuerpo
en todas sus actividades. En cambio el alma humana no se
destruye ya que no necesita de la facultad vital para actuar
sino que conoce y capta los conceptos metafísicos,
conoce al Creador del universo y permanece para siempre.
Esto fue lo que declaró Salomón, el sabio:
"Volverá el polvo a la tierra como era y el
espíritu volverá a Dios que se le ha dado"
(Eclesiastés 12:7).
[10]
Todo aquello que hemos hablado sobre este tema es como una
gota de agua en el mar. Temas de suma profundidad, aunque
no tanto como los conceptos tratados en el capítulo
primero y segundo, siendo que la explicación extensa
de estos se verán en el capítulo tercero y
cuarto. Este sistema de conceptos se denomina "la obra
de la Creación" –Maasé Bereshit.
Sobre lo cual han encomendado los sabios de antaño
que tampoco sean expuestos estos conceptos públicamente,
sino que se enseñe y transmita a una sola persona.
[11]
¿Cuál es la diferencia entre el sistema de
conceptos denominado "la obra del carruaje" y
el otro sistema llamado "la obra de la Creación"?
Los temas de "la obra del carruaje" incluso a
una sola persona no se le exponen, a no ser que sea un sabio
y que entienda por si mismo, y entonces se le comunican
los encabezados. Los conceptos que conforman "la obra
de la Creación" se los enseñan a una
sola persona, a pesar que no los entienda por su propia
comprensión, y se le informan todos los temas que
pueda saber del mismo. ¿Por qué no se los
enseñan públicamente? No toda persona tiene
un amplio entendimiento para captar una explicación
o una definición de todos estos conceptos.
[12]
Cuando el ser humano reflexiona sobre todas estos conceptos,
y conoce todos los entes creados, desde el ángel,
las esferas concéntricas, el hombre etc., y contempla
la Sabiduría de El Eterno en cada una de sus criaturas,
agrega amor a Dios y se incrementa en su alma el amor a
Dios y Lo desea con todas sus fuerzas. El ser humano comprende
temeroso su bajeza, su insignificancia, su pobreza, y su
fragilidad, y en especial cuando se compara con alguno de
los magnos seres metafísicos, y cuánto más,
cuando con alguna de las formas puras separadas de las esferas
concéntricas, en las cuales no se haya compuesto
material alguno. Frente a todo esto el ser humano se encuentra
a sí mismo como un recipiente lleno de vergüenza,
vacío y carente.
[13]
El sistema de conceptos que incluye estos cuatro capítulos,
en lo referente a sus cinco preceptos (*), constituye lo
que los sabios de antaño denominaron: "pardés"
(**), como se ha declarado: "Cuatro sabios ingresaron
al pardés" (Tratado de Jaguigá 14b).
Y a pesar de que eran grandes de Israel y grandes sabios,
no todos tuvieron la fuerza suficiente para saber y comprender
todos estos conceptos de manera exacta. Y yo declaro que
no es
apropiado que cualquiera ingrese al "pardés",
sino aquel que ya se satisfizo con el sustento básico.
Este sustento consiste en saber lo que está prohibido
y permitido en el resto de los preceptos.
(*)
Los cinco preceptos en cuestión son: 1) Saber que
Dios existe. 2) No conjeturar que existe un ser supremo
fuera de El Eterno. 3) Declarar su unicidad. 4) Amarlo.
5) Temerle.
(**)
PaRDeS, es decir, huerto, es un acrónimo de todos
los niveles de estudio de Torá. La letra "P"
(hebreo, Pei) indica el nivel del estudio simple, según
el significado literal de los conceptos: "Peshat";
la letra "R" (hebreo, Reish) señala las
alusiones que los escritos suelen enseñarnos: "Remez";
la letra "D" (hebreo, Dalet) define el sentido
homilético de los versículos, el significado
moral y práctico de sus enseñanzas: "Derash",
y la letra "S" (hebreo, Samaj) nos introduce en
el universo profundo de los misterios de la Torá:
"Sod".
A
pesar que al resto de los preceptos los sabios los llamaron
"algo pequeño", así como han declarado:
"Es algo grande como la obra del carruaje, y algo pequeño
son las discusiones legales entre Raba y Abaie" (Talmud
de Babilonia, Tratado de Suká 21b), no obstante es
necesario comenzar con ellos, ya que fijan intelectualmente
el pensamiento humano en un comienzo. Además, los
preceptos son una gran bondad que Dios nos entregó
para poder, a través de ellos, para el establecimiento
de este mundo y heredar el mundo venidero. Y es posible
que todos lo sepan, tanto el grande como el pequeño,
el hombre como la mujer, tanto el hombre de gran pensamiento
como aquel de tardo entendimiento.
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