Los
fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides
Capítulo
Segundo.
[10]
Dios reconoce Su esencia y la comprende tal como es. El
no conoce con una comprensión exterior a Él,
como los seres humanos conocemos, tal como en nosotros nuestra
comprensión y nosotros mismos no somos una unidad.
No obstante en el Creador, El, Su comprensión y Su
vida son una unidad desde todos los aspectos. Si hubiera
vivido con vida y hubiera comprendido con comprensión
exterior a Sí mismo, tendríamos que aceptar
la existencia de varias divinidades, es decir, El, Su vida
y Su comprensión; sin embargo no es así, sino
que el Creador es una perfecta unidad desde todos los aspectos.
Resulta,
por ende, que el Creador es el Sujeto que comprende, es
el Objeto comprendido y es la Comprensión misma:
todo una unicidad. Estos conceptos, no obstante, no hay
posibilidad de expresarlos con palabras, ni de escucharlos,
ni capacidad humana para comprenderlos claramente.
Por
lo tanto, cabe decir: (*)"la vida del faraón"
(Génesis 42:15) y "la vida de tu alma"
(1 Samuel 25:26), en cambio no es apropiado decir: "la
vida de El Eterno" sino "El Eterno vive",
ya que la vida del Creador y El mismo no son dos entidades,
como la vida de los seres materiales que están vivos,
o como la vida de los ángeles.
(*) Las frases "la vida
del faraón" y "la vida de tu alma"
se encuentran en estado constructo, es decir, en estado
de pertenencia y no de igualdad, y por lo tanto no corresponde
expresarse así de El Eterno sino declarar que El
Eterno y la vida se encuentran en relación semántica
de igualdad, lo que expresa que El Eterno es la vida, Su
fuente.
Por
ende, el Creador no conoce a los seres creados a partir
de estos seres mismos, como nosotros los conocemos (de efecto
a causa), sino que los conoce a partir de El mismo (de causa
a efecto). Así, por cuanto que El se comprende a
Sí mismo, comprende toda la existencia, ya que toda
ella apoya su ser en el Creador.
[11]
Los conceptos que desarrollamos sobre este tema en estos
dos capítulos son como una gota en el mar con respecto
a lo que debe ser aclarado del mismo. La aclaración
de los fundamentos expuestos en estos dos capítulos
se denomina: "la obra del carruaje" - maasé
merkavá.
[12]
Ordenaron los sabios que no se estudien estos conceptos
en público, sino que se enseñen a una sola
persona, con la condición que sea sabio y que entienda
por sí mismo. Solo después se le transmiten
indicios y se le informa algo del tema, para que entienda
por si mismo y comprenda los conceptos en su profundidad.
Estos conceptos son sumamente profundos y no cualquier ser
humano es capaz de asimilarlos, y sobre ellos dijo metafóricamente
Salomón: "Los misterios son tu vestimenta"
(Proverbios 27:26).
Y
así dijeron los sabios sobre el mensaje de este versículo:
aquellos conceptos que están en el misterio del mundo
serán Tus vestimenta, es decir, tuyos únicamente
y no los enseñes en público. Así se
ha declarado: "Serán solo para ti y no deben
haber extraños contigo" (Proverbios 5:17).
Del
mismo modo se ha expresado: "Miel y leche bajo tu lengua"
(Cantar de los Cantares 4:11). Los sabios estudiaron este
versículo del siguiente modo: "aquello que es
como miel y leche debe estar bajo tu lengua (y no darse
a conocer)".
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