Los
fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides
Capítulo
Segundo.
[2]
¿De qué modo se le ama y se le teme? En el
momento que el ser humano reflexiona sobre los grandes y
maravillosos actos y criaturas de Dios, y comprende a través
de ellos Su sabiduría invaluable e infinita, inmediatamente
lo ama, lo alaba, lo enaltece y desea con un deseo intenso
conocer a El Eterno, como ha dicho David: "Está
sedienta mi alma de Dios, del Dios viviente" (Salmos
42:3)
Y
cuando el hombre reflexiona sobre estas mismas cosas, inmediatamente
se sorprende y se llena de un temor reverencial, dándose
cuenta que él es un ser pequeño bajo y turbio,
un ser que posee una comprensión mínima frente
a Aquel cuya comprensión es perfecta, como ha dicho
David: "Cuando veo los cielos, obra de tus dedos...
¿qué es el hombre para que te acuerdes de
él?" (Salmos 8:5-4)
Según
estos conceptos, aclararé algunos procesos importantes
sobre la creación hecha por Dios, para que sean una
puerta al estudioso que ama a El Eterno, del modo que declararon
los sabios con respecto al amor: "A través de
esto tú puedes conocer a Aquel que habló y
el mundo devino" (Sifrí, Vaetjanán).
[3]
Todo lo que Dios creó en el mundo se divide en tres
partes: (*)
a)
Criaturas compuestas de materia y forma (**), sometidas
siempre al cambio. Como por ejemplo los cuerpos humanos
y animales, los vegetales y los minerales.
b)
Criaturas compuestas de materia y forma, pero que no cambian
ni materialmente (de cuerpo en cuerpo) ni formalmente (de
forma en forma) como los anteriores, sino que su forma está
fija en su materia de modo permanente e inmutable, y estos
son: las órbitas y los planetas que contienen. En
estos su materia es diferente a la del resto de los entes
materiales y también su forma lo es.
c)
Criaturas que poseen forma y no materia, y estos son los
ángeles, cuya existencia es inmaterial aunque su
forma está claramente separada la una de la otra.
(***)
(*)
El mundo sublunar, es decir el mundo de los cuatro elementos,
el mundo supranular, de los astros y el mundo angelical
de los seres metafísicos, tal como enseguida aclara.
(**)
La forma en el pensamiento de Maimónides es el alma
de la materia y su esencia, y a través de ella concreta
la materia y se distingue de algo que no es de su especie.
Por ejemplo: el intelecto es la forma del hombre, ya que
en él se concreta su ser especial, "ser racional"
(el que habla, según la tradición judía)
y lo diferencia del resto de los animales. Cabe señalar
que Maimónides distingue enfáticamente "forma"
[tzurá] de "imagen" [tabnit], siendo
que el último concepto expresa la apariencia externa
de la materia captada por los sentidos, mientras que "forma"
es un concepto espiritual captado sólo por el intelecto.
(***)
Maimónides en su libro Moré Nebujim 2:10 explica
lo expresado en Bereshit Rabá 68: "El ángel
corresponde a un tercio del universo", según
su opinión aquí. El mundo de los ángeles
corresponde a un tercio del universo, es decir aquellos
seres que poseen forma pero no materia.
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