Los
fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides
Apéndice.
4.
La existencia obligatoria de Dios.
La
existencia de Dios es un conocimiento, es decir, la captación
de este concepto, en tanto construcción intelectual,
es una labor de nivel cognitivo. Es decir, frente a la definición
de fe como un sentimiento intenso de nivel intuitivo, o
sea de captación no discursiva, la existencia de
Dios representa una argumentación, un discurso estructurado,
reglamentado y concluyente. Esta forma de disponer un sistema
de pensamiento, en tanto religioso, es sin lugar a dudas
un legado de Israel, su expresión terminológica:
la existencia de Dios es obligatoria, es decir, lógicamente
argumentada.
Dentro de esta argumentación cave destacar los siguientes
puntos: Dios es un Ser, pero no como otra entidad; su ontología
lo define como "primordial", es decir, eterno
y necesario. Su principal actividad con respecto al universo
es haberlo creado y mantenerlo según disposiciones
específicas. Dios es Creador. La teología
planteada por Maimónides en este corpus se asemeja
mayormente a una metafísica que a una posición
doctrinal, pues dentro de una
doctrina los términos antes mencionados representan
realidades dadas como elementos aglutinantes y cultuales,
no obstante dentro de Maimónides son realidades de
estricto orden intelectual y cave preguntar el por qué.
Las comprobaciones de la existencia del Creador no aparecen
detalladas aquí, no obstante en sus tratados netamente
filosóficos el maestro examinará y expondrá
los elementos que sirven de base a su
argumentación.
Ambas preguntas, tanto la realidad metafísica del
Creador como tal realidad como ley, podemos explicarlas
a través de una historia imaginaria. Cierto conquistador
establece su dominio sobre un territorio extendiendo su
soberanía sobre nuevos súbditos; sus oficiales
prontamente le aconsejan dictaminar reglamentos sobre la
población, no obstante el gobernante con sabiduría
declara: si mi gobierno todavía no han aceptado,
¿acaso aceptarán mis reglamentos? (Mejilta
Itró, 6). La existencia de Dios es descrita por
los sabios en esta parábola como una requisito, conditio
sine qua non, de un sistema de normas que seguirán
a esta primera aceptación. Maimónides, siguiendo
lo expuesto en el Midrash, fija esta condición como
encabezado de su corpus legal: sin la capacidad de aceptar
la existencia del Creador con todas sus implicancias, en
vano podremos construir un
sistema socio-político fundamentado. Por lo tanto,
si necesitamos que las normas sean avaladas por la legitimidad
de la argumentación racional, la primera de ellas
debe ser necesariamente obligatoria. En la pirámide
conceptual de Maimónides, la existencia de Dios se
describe como axioma, primera causa, motor inmóvil,
etc, según el área en cuestión, y este
carácter le da su sello metafísico y fundamenta
su legalidad.
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