Club Hebreo del Libro

Los fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides

Capítulo Primero

[4] Esto es lo que declara el profeta: "El Eterno, Dios, es verídico (existente), Él es Dios vivo, Rey del universo; la tierra rugirá por Su furia, ningún pueblo podrá contra Su enojo." (Jeremías 10:10)

Es decir, El únicamente es la existencia y ningún otro ser posee existencia como la Suya. Así declara la Torá: "A ti se te ha informado para que comprendas que El Eterno es Dios, y que no existe otro fuera de Él" (Deuteronomio 4:35); o sea, no existe otro ser existente, de la forma que Él existe, fuera de Él.

[5] Este ser es Dios del Universo, Soberano de toda la tierra, que fija el curso de la esfera del movimiento diurno con energía ilimitada e ininterrumpida. La esfera del movimiento diurno gira constantemente, siendo imposible que gire sin motor. El Eterno es el motor que la hace girar no materialmente. (1)

(1) Según esta opinión el universo es representado bajo la forma de esferas translúcidas, corporales, dispuestas concéntricamente, girando sobre su eje alrededor de un centro común, ocupado por la tierra, sola e inmóvil. La primera esfera exterior es aquella de las estrellas fijas que busca concretar su forma perfecta a través de una sola revolución. El movimiento de cada esfera está dirigido por el de la esfera inmediatamente superior, y en cambio el de la esfera de las estrellas fijas recibe su impulso del primer Motor (El Eterno). (Cf. Moré Nebujim II, axioma 9)

Este libro integra la colección del Club Hebreo del Libro

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