Club Hebreo del Libro

Los fundamentos del Judaísmo
La gran obra de Maimónides


Capítulo Décimo

[1] Cada profeta que se presente delante de nosotros y nos declare que El Eterno lo ha enviado, no es necesario que realice alguna señal como aquellas que hizo Moisés, nuestro maestro, o como aquellas que hicieron Elías y Eliseo, en las cuales la realidad natural del mundo fue alterada. En cambio la señal que debe presentar es declarar algo que ha de ocurrir en el futuro y su declaración se ha de verificar, así como se declara: "Cuando pienses: ¿cómo he de reconocer una profecía...? (Deuteronomio 18:21). Por lo tanto, cuando se presente una persona apta para la profecía, enviado de El Eterno, y no intente agregar o eliminar de la Torá, sino sea su intención servir a El Eterno a través de los preceptos de la Torá, no se le dice: "¡Ábrenos el mar!" o "¡Resucita muertos!" y después creeremos en ti, sino que se le dice: "Si tú eres un profeta, declara algo que ha de ocurrir en el futuro" Y él declara y nosotros esperamos constatar: si sus palabras se han de verificar o no, siendo que incluso si algo de su vaticinio no se cumplió, por pequeño que esto sea, de seguro que es un profeta falso (1). En cambio si se cumplieron todas sus declaraciones, le consideraremos confiable.

(1) Jeremías le dijo a Janania, el falso profeta: "por esto... este año tú morirás" (28,16) y está escrito después: "y murió Janania el profeta en aquel año, el mes séptimo" (ibíd. 28,17). Los sabios preguntan ¿cómo fue posible? Si murió en el mes séptimo, entonces no fue en aquel año, y si murió en aquel año, no pudo ser en el mes séptimo, ya que el mes de Tishrei, el séptimo, se considera ya como el año siguiente. Por consiguiente, aprendemos que
verdaderamente falleció en la víspera de Rosh Hashaná, el Año Nuevo, y mandó a sus hijos e hijas que ocultaran el hecho hasta después de Rosh Hashaná para convertir de esta forma la profecía de Jeremías en falsa. (Talmud de Jerusalén, Sanhedrín 11,5). Aprendemos de esto que si un detalle de lo dicho por el profeta no se cumple, se lo considera falso.

[2] Le hemos de investigar muchas veces (1). Si encontramos todas sus declaraciones confiables, le consideramos un profeta verdadero, como se ha dicho sobre Samuel: "Supo todo Israel desde Dan y hasta Beer Sheva que Samuel era confiable como profeta de El Eterno" (1 Samuel 3:20).

(1) Maimónides no especificó cuantas veces se lo debe investigar, y según el autor de "Turé Even" se lo investiga tres veces, como encontramos en Moisés, que en el principio de su misión El Eterno le entregó tres señales para hacer delante del Faraón y de los hijos de Israel, y de tal modo sería considerado como un fiel mensajero de Dios.

[3] No obstante cabe preguntar: Los espiritistas y los brujos suelen decir lo que ha de ocurrir en el futuro, entonces, ¿qué diferencia hay entre ellos y los profetas? La diferencia radica en que los espiritistas y los brujos y semejantes a ellos, algo de los que declaran en sus vaticinios se cumple y algo no se cumple, tal como está dicho: "Que se paren y que te salven los que consultan los cielos, los que observan las estrellas, aquellos que te informan lo que te ocurrirá" (Isaías 47:13). El texto bíblico declara: "lo que" te ocurrirá y no "todo lo que" te ocurrirá. Es posible incluso que no se cumpla de lo que vaticinaron absolutamente nada, sino que se equivoquen en todo, como se ha dicho: "Disuelve las señales imaginarias y a los brujos enloquece..." (Isaías 44:25). En cambio, con respecto al profeta, todo lo que informa se cumple, así como se declara: "No caerá de la palabra de El Eterno nada a tierra..." (2 Reyes 10:10). Del mismo modo se declara: "El profeta que haya tenido un sueño profético ha de informarlo, y aquel en quien está mi palabra ha de comunicarla como verdad. ¿¡Se ha de confundir la paja con el trigo, El Eterno ha dicho”? (Jeremías 23:28). Es decir, las palabras de los brujos y de los videntes en sueños son como paja en la cual se ha mezclado un poco de trigo; en cambio la palabra de El Eterno es trigo en el que no hay paja alguna. Sobre este punto la Torá informa y asegura que sobre aquellas declaraciones que realizan los espiritistas y los brujos a las naciones y los defraudan, el profeta en cambio informará a Israel con certeza y no serán necesarios los espiritistas ni los brujos ni semejantes; así se ha dicho: "No se ha de encontrar entre ustedes alguien que haga pasar a su hijo o a su hija por el fuego, ni hacedores de brujerías, ni espiritistas, ni adivinos ni hechiceros... Aquellos pueblos que tú has de desterrar escuchan a los espiritistas y a los brujos, en cambio El Eterno a ti te ha hecho diferente; un profeta de entre tus hermanos, como yo, te enviará El Eterno, tu Dios, a él deberás escuchar" (Deuteronomio 18:10,14,15).
De todo lo anterior se aprende que un profeta se presenta ante nosotros con el objeto de informarnos algo que ha de ocurrir en el futuro, ya sea sobre abundancia o hambruna, guerra o paz, etc. Incluso puede informar lo necesario a individuos particulares, como Saúl que perdió un objeto y se dirigió a donde el profeta para que le dijera donde estaba. No es su objetivo que haga una legislación nueva ni que agregue o elimine algún precepto.

[4] Lo que el profeta diga sobre futuras desgracias, como por ejemplo: fulano ha de morir, o tal año será de hambruna o habrá guerra o cosas semejantes, si no se cumplen sus palabras, no implica que su profecía ha sido refutada y no decimos: "¡anunció algo y no ocurrió!", ya que El Eterno es lento en la ira y grande en bondad y desplaza las desgracias, y es posible que aquellas personas, sobre las cuales pendía una desgracia se hayan arrepentido de sus malas conductas y fueron perdonadas como los habitantes de Ninvé, o que se retrasó el castigo como el caso de Ezequías (1) (cf. Isaías 38). No obstante, si anunció que ha de ocurrir algún acontecimiento benéfico, diciendo que será de tal o cual modo, y no ocurrió lo que anunció, es una prueba de que tal profeta es falso, ya que todo acto benéfico que Dios decreta, incluso condicionado, no se elimina (2). (No encontramos que eliminara un buen anuncio sino en el caso de la destrucción del primer Templo, cuando prometió a los justos que no habían de morir junto a los impíos, y no se cumplió. Todo esto está explícito en el Talmud de Babilonia, Tratado de Shabat 55a.) (3)

(1) Que recibió tiempo extra de vida y Dios le agregó otros quince años, incluso después que el profeta le había dicho: "manda a tu casa, porque tú morirás y no vivirás" (Isaías 38).

(2) No corresponde preguntar acerca de Jacob, sobre el cual está escrito "y tuvo miedo y se lamentó", después que El Eterno le había prometido: "te cuidaré en todos los caminos por donde vayas" (Génesis 28,15), ya que lo prometido por
Dios a una persona privada es posible que El Eterno se arrepienta también para mal, como declaran los sabios: tuvo miedo Jacob pues tal vez un pecado lo perjudicaría (Tratado de Berajot 4a). No obstante cuando El Eterno le dice al profeta que les prometa a los hombres algo benéfico, ya no se arrepiente nunca para mal.

(3) El Talmud explica que murieron junto a los impíos debido a que no protestaron lo suficiente en contra de los réprobos.

Se entiende de lo anterior que en anuncios benéficos solamente se ha de examinar al profeta. Esto es lo que Jeremías dice cuando le contesta a Jananiá Ben Azur, al profetizar Jeremías para mal y Jananiá
para bien, acotando este último que si no se cumple lo que él anuncia (Jeremías) no es una prueba que yo sea un falso profeta, en cambio si no se cumplen tus palabras, se descubrirá que tu eres un falso profeta. Así como se declara: "Solamente escucha esto... el profeta que profetice para paz, cuando se cumpla lo que anunció, será claro que El Eterno verdaderamente lo ha enviado" (Jeremías 28:7,9).

[5] Un profeta al cual otro profeta le informó que lo era, este último se considera profeta y no es necesario examinarlo. Así aprendemos que Moisés, nuestro maestro, atestiguó sobre Josué y le creyeron todo Israel antes de hacer ninguna señal. Así es para siempre: un profeta cuya profecía es verídica y cuyos anuncios se comprobaron una y otra vez; o que otro profeta atestiguó sobre él y éste se comporta según tal categoría, está prohibido sospechar sobre él o murmurar que tal vez su profecía no sea verídica, estando también prohibido examinarlo demasiado, ya que no es un método aceptado que lo probemos constantemente (1). Así se declara: "No probarán a El Eterno, su Dios, del mismo modo que lo hicieron en Masá" (Deuteronomio 6:16). En aquella ocasión Israel dijo: "¿Acaso El Eterno está con nosotros o no...?" (Éxodo 17:7).

(1) Una vez que se afirmó su profecía, quien dude de él es como si dudara de El Eterno, siendo ilegítimo servir a El Eterno con constantes dudas.

Por lo tanto, después que se comprobó que él es un profeta, se ha de confiar en él y deberán saber que El Eterno está dentro de ellos sin murmurar ni sospechar de él, tal como se declara: "Deberán saber que un profeta había dentro de ustedes" (Ezequiel 2:5).

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