LA
TIENDA ESTÁ ABIERTA Y EL PROPIETARIO DA CRÉDITO
Suponed
que la tendencia al mal sugiere el siguiente argumento:
“Mi oyente no considera que el chisme que yo le cuento
es dañino. Ya ves que no está enojado. Por
lo contrario, parece estar muy contento de la confianza
que le demuestro.”
Permitidme ilustrar la falla de este argumento con una historia:
Una vez, cierto farsante, que se hacía pasar por
un caballero, acosó a un visitante a su ciudad con
una elaborada escena cuyo fin era convencerlo que era un
amigo perdido hacía tiempo. El visitante cayó
en la trampa y se dejó persuadir de pasar la noche
junto con su “viejo amigo”. Para celebrar la
reunión irían a un restaurante de lujo y el
visitante sería su invitado.
Al entrar al restaurante el farsante nuevamente comentó
lo contento que estaba porque sus caminos habían
vuelto a cruzarse después de tantos años y
qué ocasión feliz era esa para él.
Le dijo al propietario que sirviera sus mejores manjares,
que él ya se haría cargo de la cuenta.
Pero cuando terminó la comida el farsante se levantó
de la mesa con algún pretexto y se escabulló,
dejándole la cuenta al invitado. El desventurado
visitante intentó explicar la situación al
dueño del lugar, pero inútilmente. “Yo
no sé quien es tu compañero”, respondió
fríamente el propietario, “y no sé quien
te indujo a venir a este lugar. Lo único que sé
es que se os ha servido una excelente comida y ahora debes
pagar por ella”.
Mientras el visitante y su anfitrión estaban comiendo
juntos, el visitante estaba convencido que estaba cenando
en compañía de uno de sus mejores amigos.
Pero al comprender que le endilgaron la cuenta, se enfureció
y maldijo al charlatán que lo había engañado
y se reprochó haber sido tan inocente. De una cosa
estaba seguro: su anfitrión no era amigo suyo.
Así es en nuestro caso. Mientras estás en
este mundo tu oyente no cae en cuenta que lo que le dices
es prohibido. Puede permitir que se le inflija daño
a su alma e incluso aprecia el hecho de merecer tu confianza,
ya que le cuentas todo lo que sabes. Pero esta situación
continúa sólo mientras “la tienda está
abierta y el propietario da crédito” (Avot
3:16).
En otras palabras, mientras la persona está en este
mundo, el Creador le permite transgredir “a crédito”,
pero cuando es llamado a presentarse ante el omnisapiente
Juez en el Mundo Venidero, el libro mayor será abierto
y allí encontrará todas las palabras prohibidas
que ha oído y ha dicho como resultado de dicha amistad.
Tendrá que responder por cada palabra y sufrirá
enormemente como resultado, especialmente si, gracias a
ti, ha sido agregado a la lista de los malvados. Por ello
Pirkei D’Rabí Eliezer advierte: “Hijo
mío, no te sientes en compañía de aquellos
que hablan mal de los demás, porque cuando sus palabras
ascienden al Cielo son registradas en un libro y todos los
participantes son agregados a la lista de los malvados”.
¡Imagina cuánta rabia y amargura sentirá
entonces hacia ti
(Shemirat HaLashon, cap.13)
Este
texto es parte del libro La Ética del Sinaí,
el cual integra la colección del Club
Hebreo del Libro
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