Club
Hebreo del Libro

Pirkei
Abot
La
Ética del Sinaí
No
sólo de pan vivirá el hombre
CUANDO
UNA PERSONA INTERRUMPE SU ESTUDIO [DE TORA] Y OBSERVA: “¡QUÉ
HERMOSO ES ESTE ÁRBOL!...
Quisiera
analizar una situación que lamentablemente se ha
difundido incluso entre aquellos que dedican sus vidas al
estudio de la Torá. Cuando la gente está en
su casa o mientras viajan, pierden varias horas al día
en conversaciones banales cuando podrían estar estudiando
Torá.
Permitidme
explicar como sucedió esto. Originalmente estaba
prohibido escribir la Ley Oral, que por su misma naturaleza
debía transmitirse oralmente de una generación
a otra. Sin embargo, cuando Rabí Iehuda Hanasí
vio que las tribulaciones del exilio aumentaban, y el pueblo
de Israel se dispersaba por todo el mundo, y temiendo que
la Torá Oral se olvidase, decidió que era
necesario permitir que la Ley Oral se anotase.
De
esta manera compiló la Mishná. Los sabios
estuvieron de acuerdo con esta osada y excepcional decisión,
respaldada por el versículo: “Porque es el
momento de actuar por El Eterno; [por eso, es como si] transgredieron
Tu Torá” (Salmos 119:126).
La
decisión fue sancionada por el Cielo, y esto lo relata
el Talmud que describe las frecuentes visitas del profeta
Eliahu a la Academia de Rabí Iehuda Hanasí.
Maimónides,
en la introducción a su comentario de la Mishná,
lo describe de la siguiente manera: “El profeta Eliahu
frecuentaba la Academia de Rabí [Rabí Iehuda
Hanasí], y Rabí compiló la Mishná
en el transcurso de su vida. Esto sucedió también
en el tiempo de Ravina y Rav Ashi, que compilaron todo el
Talmud”.
En
el tratado talmúdico de Jaguigá está
escrito que originalmente habían seiscientos órdenes
de la Mishná durante el período de Rabí
Iehuda ben Teima [que vivía en la época de
Rabí Akiva]. Rabí Iehuda Hanasí las
compiló y las organizó en seis órdenes
según sus principios básicos y procedió
a escribirlas.
En
los días de antaño, sólo la Biblia
estaba escrita. El resto de las leyes y enseñanzas
se estudiaban oralmente. Al tener tanto saber almacenado
en la memoria les resultaba fácil observar el precepto
de estudiar Torá “sentado en tu casa, caminando
a lo largo del camino” (Deuteronomio 6:7). Esta es
la situación descrita en la Mishná: “Quien
interrumpe su estudio [de Torá] y observa: “¡Qué
hermoso es este árbol!...” (Avot 3:7). En esa
época la gente acostumbraba estudiar paseando de
un lugar a otro. Siendo versados en muchos tratados, incluyendo
todas las discusiones analíticas y legales profundas
y las conclusiones de cada Mishná, sin necesitar
libros de referencia, podían estudiar usando su memoria
en cada oportunidad, durante su tiempo libre, en casa o
en el camino. No era necesario luchar contra el instinto
del mal en ese aspecto, ya que estudiar era una segunda
naturaleza para ellos.
En nuestra época todo ha cambiado. Hoy estudiamos
Torá con libros. La mayor parte del estudio de la
Torá debe hacerse en la casa de estudio, porque allí
están los libros necesarios. El problema es que la
gente no tiene tiempo de correr a la casa de estudio cuando
tiene unos minutos libres o que son demasiado perezosos
para hacer el esfuerzo.
Ya
que muy poca gente acostumbra estudiar Torá oralmente,
el precepto de “estudiar en el camino” no es
tan fácil de cumplir como solía serlo. Sin
embargo vemos que en asuntos de negocios las personas hacen
todo el esfuerzo posible por tener éxito. ¡Cuánto
más esfuerzo deberían invertir en proveer
sustento para su alma eterna!
Por
lo tanto mi consejo es que cada persona debería conservar
algunos libros en su casa a los que pueda referirse cuando
tenga un rato libre. De esta manera cumplirá con
el precepto de la Torá “Y las repetirás
[palabras de la Torá]” (Deuteronomio 6:7).
Si
uno no puede estudiar Torá en un lugar fijo en su
casa o hay demasiado ruido y no puede concentrarse en forma
adecuada, debe ir a la casa de estudio y estudiar allí.
(Torat Habait, cap.3

Este
libro integra la colección del Club Hebreo del Libro
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