EL
DÍA ES CORTO Y LA LABOR ES MUCHA, LOS TRABAJADORES
SON HOLGAZANES, LA RECOMPENSA ES GRANDE Y EL PATRÓN
APREMIA
Dice
la Mishná: “Rabí Tarfón dijo:
El día es corto y la labor es mucha, los trabajadores
son holgazanes, la recompensa es grande y el Patrón
apremia” (Avot 2:15).
Rabí Tarfón hizo las siguientes observaciones:
1) la longevidad del hombre decrece; 2) cada generación
es [espiritualmente] más débil que la anterior;
3) en general el hombre se está debilitando físicamente.
Por lo tanto concibió un método para reforzarse,
de modo que esa debilidad no lo venciese: comenzó
a repetir la frase “El día es corto”.
Su explicación es que la duración de la vida
humana es limitada y siendo que su generación [la
de Rabí Tarfón] es mucho más débil
que las generaciones anteriores, le lleva mucho más
tiempo a alguien de la generación presente adquirir
la misma cantidad de conocimiento de la Torá que
a una persona de las generaciones anteriores.
Si uno piensa que la profundidad de la Torá o la
obligación de cada uno de conocer toda la Torá
ha sido reducida en forma proporcional al potencial disminuido
de la generación corriente, el sabio lo refuta diciendo:
“la labor es mucha”. Esto señala que
la Torá no se ha reducido de manera alguna. No ha
cambiado, ni ha sido permutada por una Torá diferente,
ni el más mínimo detalle ha sido alterado
o eliminado.
Si el gran sabio Rabí Tarfón dijo eso con
respecto a sí mismo y a su generación, cuánto
más cierto es respecto a nosotros mismos, porque
nosotros somos enanitos comparados con los sabios. Ellos
eran gigantes en intelecto y percepción. La cantidad
de Torá que eran capaces de entender en una hora,
llevaría a un maestro de nuestra generación
años y años comprender, si pudiera comprenderla.
Por lo tanto hoy, más que nunca, debemos fortalecernos.
Debemos atesorar nuestros días y años y no
gastarlos en vano.
Encontramos en Sanhedrín (98b): “Le preguntaron
a Rabí Eleazar: ‘¿Qué puede hacer
una persona para salvarse de los sufrimientos de la era
mesiánica?’ El respondió: ‘Debe
dedicarse a estudiar Torá y hacer actos de misericordia’”.
Sabemos por todas las indicaciones que aparecen en el capítulo
Jelek (Sanhedrín) y en el último capítulo
de Sotá, que estamos viviendo en una época
llamada Ikveta D’Meshija, los pasos del Mesías.
Sería adecuado que intensificásemos nuestros
esfuerzos físicos y espirituales e incrementar nuestro
estudio de la Torá para no perder tiempo. Lamentablemente,
en lugar de intensificar nuestro estudio de la Torá
para salvarnos de los dolores de parto del Mesías,
hacemos lo contrario. La tendencia al mal nos domina y busca
constantemente nuevas formas de tentarnos a transgredir
descuidando el estudio de la Torá. Por más
tortuosas que hayan sido las artimañas de la tendencia
al mal durante el exilio, se han implementado recientemente
nuevas estrategias con las que no hubiésemos soñado
en el pasado. Una tentación reciente en la que la
gente suele caer es la lectura de periódicos. En
el transcurso de un año, todo ese tiempo sumará
cientos de horas perdidas en fruslerías, sin beneficiar
al cuerpo y mucho menos al alma.
Hay
mucha gente que ni lee periódicos ni conoce gente
que los lee, pero la tendencia al mal ha encontrado una
manera de hacerles descuidar la Torá: la adicción
al cigarrillo.
Además de arriesgar la salud exponiéndose
a los efectos dañinos y perfectamente conocidos del
cigarrillo, también perjudica a su alma, ya que le
hace descuidar el estudio de la Torá. Una vez que
una persona se ha hecho adicta a los cigarrillos, le es
sumamente difícil dejar de fumar.
Sé que mucha gente responderá que fumar es
un hábito y que son incapaces de dejarlo. Pero la
pregunta sería: ¿Quién los obligó
a adquirir el hábito? Ellos mismos han hecho que
eso sucediese. Si no hubiesen comenzado a fumar en primer
lugar, les hubiera sido fácil evitarlo después.
Continuemos con la Mishná de Avot que mencionamos.
Dice el Sabio: “los trabajadores son holgazanes, la
recompensa es grande y el Patrón apremia”.
Antes hablamos de la enorme labor que debe hacerse y cuán
diligentes debemos ser si queremos alcanzar ese objetivo,
pero la Mishná nos dice lo contrario: “los
trabajadores son holgazanes”. Más aún,
Rabí Tarfón establece que el Patrón
apremia, es decir que uno no debe pensar que al Santo, Bendito
sea, no le importa si aprendemos o no. El Patrón
dice: “Porque os he dado una buena enseñanza:
Mi Torá, no la abandonéis” (Proverbios
4:2).
El Eterno requiere que sigamos el camino de la Torá
para nuestro propio beneficio, de modo que podamos recibir
la abundancia que El quiere otorgarnos. Esto puede compararse
a un anfitrión que ha invitado a muchos invitados
a un banquete. Ha preparado comida en abundancia, suficiente
para que cada uno de sus invitados reciba una porción
generosa. Si sus invitados llegan sentirá una enorme
satisfacción, pero si no aparecen se sentirá
sumamente decepcionado y angustiado, porque su deseo era
que disfrutasen de los manjares que preparó para
ellos.
Lo mismo sucede respecto al deseo de Dios: que estudiemos
Su Torá y cosechemos nuestra recompensa.
El Midrash (Kohelet Raba) dice: “Cuando Dios creó
a Adán, le mostró todos los árboles
que crecían en el Jardín del Edén y
le dijo: ‘Mira qué hermosa es Mi obra, que
abundante y bella es. Todo esto Lo he creado para ti. Cuídate
de no destruir Mi mundo’”. Vemos entonces que
El Eterno quiere que el hombre camine por un camino de rectitud
y justicia, y esto es por el bien del mismo hombre, con
el fin de permitirle recibir el bienestar que lo espera
en el futuro, en el Mundo Venidero.
(Zajor Lemiriam, cap. 11)
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