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El
proceso completo de la miel de abeja en
el Talmud.

De
acuerdo a lo manifestado en el
Pentateuco: Levítico 11: 20, se aprende
que la abeja es un ser impuro, cuya
ingestión está prohibida, pues así
versa: "Todo
insecto que vuela, y tiene cuatro patas,
abominación será para vosotros".
Sumemos
a ello la sabida regla expuesta en el
Talmud (Bejorot 7b): "Todo lo que
sale de un animal impuro (huevos, leche,
etc.), es impuro. Mientras lo que sale
del puro, es puro".
Según
esta regla, debería causarnos asombro,
el hecho que consumimos miel de abeja
libremente, sin ningún tipo de
advertencia u objeción por parte de los
sabios al respecto, es más, ellos
mismos lo permitieron. Y ¿cómo pueden
permitir algo que sale de un ser vivo
impuro?.
Podemos
reflexionar al respecto basándonos en
que la miel es fabricada a base de néctar
de flores, pero no podemos pretender que
durante su proceso de elaboración no
recibe el agregado de elementos que
provienen del sistema orgánico de la
abeja, pues si supusiéramos tal hipótesis,
el resultado sería que el néctar saldría
de la misma forma como ingresó, sin
sufrir alteración alguna.
Es
imprescindible que la elaboración de la
miel reciba algún elemento de la abeja,
el cual al mezclarse con el néctar, da
lugar a la producción de la miel.
Y
del mismo modo como la hierba ingerida
por el camello, ingresa a su sistema, y
tras un proceso realizado en su
organismo, pasa a formar parte de la
leche que producirá, resultando la
misma prohibida por "todo lo que
sale de un animal impuro, es
impuro", del mismo modo sería lógico
sentenciar que la miel sea prohibida,
pues es elaborada por la abeja que es un
ser impuro, cuya ingestión es
prohibida.
Y
aunque hipotéticamente existiera la
posibilidad de suponer que la miel se
fabrique del néctar sin recibir ningún
agregado proveniente del organismo de la
abeja, de todos modos, en su aparato
digestivo abundan jugos gástricos, como
acontece con todos los seres vivos orgánicos
que habitan el globo terráqueo.
Entonces, al menos a causa de esta
mezcla con esos jugos, los sabios deberían
haber prohibido el consumo de la miel.
Pero
aconteció en los últimos tiempos, que
dos grandes descubrimientos al respecto
fueron logrados.
1.
La abeja posee dos estómagos:
uno para la elaboración de la miel, y
el otro para procesar los alimentos que
consume.
2.
En el estómago de la miel, no
hay jugos gástricos.
Con
este último descubrimiento, quedó
solucionado el inconveniente de los
jugos gástricos. Aunque aun nos resta
resolver el tema de la fabricación,
pues algún elemento adicional es
necesario que ingrese al néctar para
que se origine la miel.
Esto
último fue resuelto gracias a un nuevo
descubrimiento, el cual revela que como
dijimos, la miel procede del néctar de
las flores y de la mielada, que es una
sustancia constituida por los exudados
dulces de ciertas partes vivas de los
vegetales y las secreciones azucaradas
de algunos insectos.
Estos
productos son recogidos por las abejas,
para lo cual utilizan la trompa, órgano
equivalente a la lengua. Con ella toman
las pequeñas gotas que les ofrecen los
nectarios o glándulas secretoras de las
flores.
El
néctar es almacenado en el buche, pequeña
bolsa elástica que poseen separada del
aparato digestivo, donde se mezclan con
enzimas (invertasas) procedentes de las
glándulas salivares que inician el
proceso de transformación de las
sustancias melíferas, en miel.
Dichas
enzimas contenidas en la saliva añaden
diastasas y en mayor cantidad invertasa,
elemento este que
hidroliza el azúcar original y
compuesto del néctar llamado sacarosa,
transformándolo en glucosa y fructosa,
es decir, azúcares simples, que son al
fin y al cabo, los principales azúcares
contenidos en la miel.
Mas
tarde, en el enjambre, el exceso de agua
se evapora al entrar en contacto con el
aire caliente hasta alcanzar un grado óptimo
(15-20%). En este momento también hay
cambios químicos llegándose a una
concentración de azúcares elevada
(70-80%). Para acelerar este proceso las
abejas aspiran y regurgitan sin cesar el
néctar durante un tiempo, y ventilan
hasta que finalmente sellarán la celda.
Cuanto más largo sea el proceso más
contenido biológico y menos humedad
tendrá la miel.
Las
reacciones químicas enzimáticas tienen
lugar lentamente y es durante la
maduración y deshidratación cuando los
azúcares compuestos (polisacáridos) se
descomponen en simples (monosacáridos)
y simultáneamente se sintetizan nuevos
azúcares.
Una
que vez se ha formado la miel, tenemos
la posibilidad de analizar su composición.
Los Azúcares representan el 80% de sus
componentes totales, que como dijimos,
provienen de la sacarosa, que se
hidroliza y combina para dar un amplio
espectro de azúcares, en especial
fructosa y glucosa, lo que convierte a
la miel en una buena fuente de energía
rápidamente aprovechable, ya que son azúcares
que se absorben directamente por el
organismo.
Respecto
a los demás componentes de la miel,
contenidos en el 20%
restante (pues dijimos que el 80%
está formado por azúcares) son los
siguientes:
Agua.
La media de agua contenida en la miel es
de un 18%. Debido a su alta concentración
en azúcares tienen gran tendencia a
captar agua, es higroscópica.
El
resto de los componentes de la miel sólo
alcanza en conjunto un 2-3% del total,
que ser reparten del siguiente modo y
todos provienen de la meteria prima, o
sea, el polen o néctar de las
flores:Proteínas: en general las mieles
son pobres en proteínas.
Sales
minerales: se encuentran ampliamente
representadas en la miel, aunque las
proporciones varían según el origen
floral y geográfico de ésta, cuanto más
oscura sea la miel, mayor será el
contenido en sales minerales.
Vitaminas:
provienen de néctar y polen y existen
en muy pequeñas cantidades, y siempre
dependiendo del origen floral de la
miel. La B y la C están mejor
representadas y en mayor cantidad
encontramos la A, D y K.
Aromas:
son sustancias volátiles con características
químicas muy variables, y que están en
muy poca cantidad.
Ácidos
Orgánicos: dan el carácter ácido a la
miel, cuyo pH medio es de 3-5 y le
confieren parte de las propiedades antisépticas
que posee.
Lípidos:
prácticamente inexistentes.
Inhibina
o factor antibiótico: la miel está
dotada de un poder bacteriostático
(inhibe el crecimiento de las bacterias)
debido principalmente a la acción de
varios componentes (principalmente
catalasas) alguno de los cuales son
destruidos por la acción de la luz o
altas temperaturas.
Polen:
parte de contenido celular de los granos
de polen (aminoácidos, enzimas y
pigmentos) pueden atravesar la pared
celular enriqueciendo la composición de
la miel.
Lo
realmente interesante de todo esto es,
el descubrimiento últimamente
realizado, el cual revela que las
encimas segregadas por la abeja, tras
lograr su cometido invirtiendo el azúcar
compuesto (sacarosa), en azúcar simple
(glucosa y fructosa), se desintegran
totalmente, por lo que la abeja expulsa
la miel terminada de su organismo,
absolutamente limpia de todo componente
proveniente del mismo, por lo tanto, la
miel sale absolutamente pura.
De
este modo, queda a nuestra disposición
este alimento tan valioso, del cual se
ha descubierto que posee la mayoría de
los elementos minerales esenciales para
el organismo humano. Pues se constató
la presencia de fósforo, hierro, calcio
y cobre.
Estas
materias minerales se absorben
directamente por el aparato
circulatorio. De aquí que por su
contenido en hierro, útil para los anémicos,
y en fosfato de calcio, altamente
remineralizante, se recomiende en las
afecciones de los huesos y de los
pulmones.
Se
han encontrado igualmente en la miel:
magnesio, azufre, yodo, cloro, potasio,
y un conjunto extraordinario de
oligoelementos esenciales para el
organismo tales como: manganeso,
silicio, boro, cromo, aluminio, litio, níquel,
plomo, estaño, titanio, zinc, cadmio.
Es
curioso constatar un paralelismo
cuantitativo de ciertas sales minerales
entre la sangre humana y la miel. Se
encuentran cifras muy próximas
especialmente en lo que concierne al
magnesio.
El
complejo vitamínico se centra en las
vitaminas: A (antixeroftálmica), E (de
la fertilidad) y K (antihemorrágica).
También
han sido descubiertos trozos de vitamina
C, 81
(tiamina), P.P . (ácido nicotínico) y
vitamina 82 (riboflavina).
Y,
por último, aparecen también en la
miel sustancias coloides de muy
diferente naturaleza como materias
proteicas, partículas de cera, granos
de polen, enzimas, hormonas y antisépticos.
Entre este conjunto de sustancias hay
que destacar a las enzimas o fermentos
siguientes: diastasa o amilasa,
invertasa o sacarasa, catalasa,
peroxidasa y lipasa.
Algunos
expertos en nutrición atribuyen sus
propiedades excepcionales a los
fermentos que proporciona.
Conociendo
la importancia de las funciones biológicas
que desempeñan estos elementos
minerales y orgánicos, no es de extrañar
que se recomiende como sustituto de
otros azúcares refinados, que sólo
poseen valores energéticos.
Al
captar por intermedio de la flor, las
radiaciones vivificadoras del sol, la
miel constituye una maravillosa fuente
de elementos, y es probable que aún
estemos lejos de haber desvelado todos
sus secretos.
Y
tengamos en cuenta que todo este análisis
que realizamos para demostrar que la
miel es un elemento que reúne los
requisitos alimenticios de pureza
determinados por Hashem en Su Torá, son
solo un apoyo a las palabras de los
sabios, pues aunque ellos no contaban
con la tecnología ultra avanzada de la
actualidad que permite develar
cuestiones como la que abordamos
recientemente, a pesar de ello, una vez
más nos han demostrado que conocían
como la palma de sus manos todo lo que
acontece en el universo, y como
funciona, sin necesidad de apelar a
sistemas sofisticados, y todo eso, por
contar con la Torá oral, entregada por
Hashem a Moshé en el monte Sinaí
conjuntamente con la Torá escrita.
Y
aseveramos esto, porque el
descubrimiento obtenido acerca del
proceso de la miel, al que pudimos
acceder valiéndonos del esfuerzo de
mucha gente relacionada con el campo de
la investigación, sumado a
ultramodernos equipos y experimentos de
laboratorio, sin nada de eso, los sabios
sentenciaron en pocas palabras, en el
tratado de Bejorot 7b lo que nos llevó
tanto tiempo y esfuerzo develar, pues así
escribieron: "La miel de abeja
es permitida, pues la ingresan a su
organismo (a la materia prima), y no le
adicionan nada de su organismo".
Con
esto, tenemos otra prueba determinante
de la veracidad de la Torá oral, pues
¿Qué ser humano puede aseverar fenómeno
semejante producido en el interior de un
insecto tan pequeño sin contar con
microscopios de alta tecnología y
laboratorios convenientemente
equipados?. Se puede llegar a esa
conclusión sin contar con ese equipo,
pura y exclusivamente, si el mismísimo
Creador del universo lo revela, pues de
lo contrario, resultaría prácticamente
imposible.
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