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Torá y Ciencia
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Revelaciones fascinantes

El Fondo del Océano

La mayor parte de nuestro planeta está cubierta por agua, predominando las aguas oceánicas, en las cuales se esconden innumerables misterios. Los informes científicos revelan que los misterios oceánicos son mucho mayores a los de la luna, o el planeta Marte, pues se tienen más datos de estos astros que de los mares más profundos. 

El fondo de estos mares aun no ha sido alcanzado por los científicos y exploradores marinos, pues pese a los asombrosos avances de la tecnología moderna, aun no se ha podido construir un robot capaz de llegar al fondo de los mares más profundos, siendo la causa que lo impide la alta presión existente en esas aguas. De todos modos, los sectores oceánicos que sí han sido avistados, revelan que en los mares existe una fauna abundante y maravillosa, la cual se afirma supera en cantidad y variedad a la que encontramos en la selva, que es la zona continental que cobija la más abundante y variada fauna terrestre. 

La fauna oceánica se encuentra principalmente en la margen continental, que es él limite entre el continente y el océano, siendo la zona de mayor importancia ecológica. Luego, hallamos la plataforma continental, la cual se extiende desde la línea costera hasta 2Km mar adentro y 200m de profundidad. Hasta aquí llega la llamada zona fótica, que es la zona en la cual penetra la luz y se mide desde la superficie hasta los 200m. Hasta aquí, merced a la existencia de luz, la cual posibilita el desarrollo de algas, y demás fuentes alimenticias, la vida se encuentra en abundancia, aunque lógicamente la misma va disminuyendo de acuerdo a la profundidad. 

Luego de la zona fótica encontramos a la zona afótica, la cual carece de luz. La misma se inicia a los 200m y llega hasta las profundidades más alejadas de la superficie, de la cual hasta ahora no se sabe con certeza el límite. La zona afótica permanece en perpetua oscuridad, y la cantidad de seres vivos que hay en ella no es mucha.

La profundidad mayor que ha sido alcanzada por los investigadores en la zona afótica, trepa casi a los 11,000 metros. Los estudios han revelado que las temperaturas allí abajo son bajísimas, llegando a sobrepasar los 0 grados centígrados. Además, se comprobó que la oscuridad reinante es absoluta y las presiones son altísimas. 

El record de profundidad conseguido por los investigadores fue obtenido en 1960. En ese año se logró alcanzar los 10,912 metros en la fosa de las marinas, merced a la ayuda del robot Trieste. 

Esta fosa citada se encuentra en el Pacífico Occidental, y desde esa fecha nadie ha podido llegar más abajo. En marzo de 1995, se hizo un intento de superar esa marca, para lo cual fue enviado el robot japonés Kaiko, que logró descender hasta alcanzar los 10,911 metros de profundidad, pero no logró avanzar más. 

De todos modos, pese a no poder batir el record, el robot Kaiko aportó datos importantísimos para el estudio de las profundidades oceánicas, ya que suministró las primeras imágenes de video en tiempo real de la flora y la fauna abisal. 

La fauna abisal recibe ese nombre porque habita en la llamada zona abisal, la cual abarca a partir de los 1000m hasta los 6000m de profundidad, y los animales que allí viven tienen luces propias o son ciegos. 
El robot Kaiko merced a sus logros nos abrió las puertas de un fascinante mundo de proporciones antes inimaginables. 

Datos conseguidos 

Tras los diversos estudios realizados se pudo saber que desde los 800 hasta los 11000 metros de profundidad, se halla uno de los paisajes más insólitos del planeta. Se divisa allí un ecosistema marino determinado por las condiciones más extremas de presión y temperatura que no se encuentra en ningún otro lugar del globo terráqueo. 

Por ejemplo, el bentos, es el conjunto de organismos que viven en al fondo del mar, los cuales se desplazan con movimientos voluntarios y algunos se encuentran fijos en el fondo o en otros objetos, como caracoles, o estrellas de mar. 

El bentos de los abismos acuáticos, es uno de los casos más sorprendentes de supervivencia de organismos vivientes, pues la escasa vida que se encuentra en estos sitios tan remotos está increíblemente adaptada a la fuerte presión reinante, a la tremenda oscuridad, a la escasez de oxígeno, a la falta de alimento y a las bajas temperaturas. Por lo tanto, debemos reconocer que es algo prácticamente insólito encontrar algún tipo de vida en estas condiciones. 

La vida en esta zona, pese a existir, no se manifiesta en abundancia. Las especies y las cantidades de individuos son allí mucho menos numerosas que en las demás regiones del mar y en los demás ecosistemas terrestres. 
La vida en la zona abisal es muy dura, ya que carece de luz solar lo cual implica la ausencia de algas. Por lo tanto, resulta que uno de los factores principales que limitan toda la vida abisal es, la falta de alimento local, siendo necesario acudir al alimento alóctono, es decir, proveniente de otros lugares alejados del hábitat natural. 

La solución a este gran problema de escasez alimenticia es solucionada en parte por la biomasa más abundante de los abismos, o sea, las bacterias. 
Ciertas especies de estas bacterias cubren sus necesidades de carbono, merced a la presencia del ion de bicarbonato, oxidando amoniaco, hidrógeno, nitrito, metano o substancias inorgánicas. Las bacterias representan prácticamente el único ente productor existente debajo de la zona iluminada. 
Existen otras bacterias que habitan en esa zona abisal, las cuales se nutren a expensas de la masa orgánica disuelta que aporta el agua circulante, así como de toda clase de cadáveres y excreciones. 

Lo que explica el Talmud 

Esta es la situación de lo que acontece en las profundidades marinas, datos estos, que hemos conseguido merced al aporte de los estudios científicos realizados en el último siglo, gracias a los robots que han sido construidos y llegan a esas profundidades, más el equipo que ha sido montado en ellos para que transmitan datos e imágenes de lo que acontece en el fondo del mar. 
Sin embargo, todo esto que hemos dicho aquí, no era ajeno a los sabios del Talmud, ya que ellos contaban con “el plano del universo”, que es la Torá oral enseñada por Moshé en el monte Sinaí. Tal como encontramos en el tratado de Pirkey Abot 1: 1 : “Moshé recibió la Torá (directamente de Di-s) en el monte Sinaí y se la entregó a Yoshúa, Yoshúa la entregó a los ancianos, los ancianos la entregaron a los hombres de la gran asamblea”. 

Esta Torá oral se transmitió de generación en generación, de boca en boca, de sabio en sabio, hasta que en el año 4265 (según el calendario hebreo) se decidió escribir para que estas enseñanzas orales no sean olvidadas por la gente que debe emigrar de un lugar a otro a causa de las interminables persecuciones judías. 

Esta obra de escribir la Torá oral, o sea, el Talmud, demandó 80 años de ardua labor. Y gracias a eso, hoy en día podemos disfrutar entre otras cosas, del informe talmúdico que revela lo mismo que estos modernos datos científicos que hemos estudiado acerca de las profundidades oceánicas, lo cual nos da un nuevo indicio de que la Torá es el plano del universo entregado directamente por Di-s. Pues si no fuere así ¿cómo es posible que hace 1800 años alguien sepa que sucede a miles de metros debajo de la superficie oceánica?. 

La revelación 

En el tratado talmúdico de Berajot 9b, citan el versículo que describe la situación en que quedó el pueblo de Egipto luego de que Israel le pidió utensilios de oro y plata para llevar en el viaje que se disponían a emprender por el desierto. El citado versículo declara: “y vaciaron a Egipto” (Éxodo 12: 36) 
A posteriori uno de los sabios más destacados del Talmud, llamado Rish Lakish explica el sentido exacto de estas palabras “y vaciaron a Egipto”. El término “vaciaron”, tiene la misma raíz que la palabra “metzulá”, que denota, “las profundidades más recónditas del océano”. (Maarsha) 

A partir de esta relación, Rish Lakish sentencia: “el término ‘vaciaron’ revela que “vaciaron a Egipto, dejándolos como las profundidades más recónditas del océano, en las cuales no hay peces”. 

Cabe acotar, que el exágeta Rashi en su comentario al Talmud explica, que el motivo de la ausencia de peces en las profundidades más recónditas del océano se debe a la falta de alimento en ese lugar. 

O sea, esta misma conclusión a la que llegaron los científicos de la actualidad gracias al moderno y sofisticado equipo del que disponen, consta en forma explícita en el Talmud, escrito hace más de 1800 años.

R' Aharón David ben Israel 

   
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