Biografías

Biografías
Rashi
El
nacimiento de Rashi
Rabí
Itzjak guardó en su corazón las palabras que le había ordenado
el profeta Eliahu y con la respiración entrecortada aguardaba
el momento en que gozaría de la bendición del ángel de Hashem
(o sea del profeta Eliahu). Y he aquí, ese día había llegado,
pues ya se encontraban en el octavo día desde el nacimiento
del niño y correspondía ahora realizarle la circuncisión.
Eran
horas de la mañana, muy temprano y la ciudad de Troyes se
había vestido de fiesta, todos dirigieron sus rostros en
dirección a la sinagoga principal.
Toda
la gente de la ciudad llegó hasta el lugar y se congregó
para el evento: los comerciantes, intelectuales, la gente
común, y también los pobres vienieron a disfrutar de la
comida festiva. Todos se reunieron para festejar la gran
alegría de Rabí Itzjak y señora.
La
espera en la sinagoga principal mostraba a la gente impaciente,
aguardando el momento culminante de la ceremonia, es decir,
la realización de la circuncisión, y finalmente llegó la
hora anunciada.
El
salón estaba lleno por completo y no había lugar en absoluto,
todos se apretujaban para poder ingresar y contemplar el
desenlace.
Así
aguardaron todos con ansiedad, pero aun no traían al tierno
niño, y tampoco luego que pasó una larga hora se disponía
Rabí Itzjak a dar comienzo a la ceremonia.
El
propio Rabí Itzjak ya se había purificado (se había sumergido
en una "mikve", es decir, aguas de lluvia mezcladas
con agua extraída) y había vestido ropas festivas, y además
había ya vestido sus tefilin (filacterias) y talit (especie
de poncho blanco que se utiliza para orar y situaciones
especiales). El estaba preparado y listo para cumplir con
la ordenanza de Hashem de circuncidar a su hijo.
Pero
para su aflicción veía que aun el profeta Eliahu no llegaba
y había asegurado antes del nacimiento de la criatura que
vendría.
El
motivo de la demora por parte de Eliahu era que pretendía
probar a Rabí Itzjak para ver si guarda la orden que le
había impartido de no circuncidar a su hijo hasta que él
llegue para bendecirlo.
Los
que aguardaban comenzaron a impacientarse y pretendieron
presionar a Rabí Itzjak para que lleve a cabo la circuncisión,
sin embargo él les decía que aguarda un invitado muy importante
que aseguró que vendría y bendeciría al niño.
Rabí
Itzjak se paró frente a la ventana y aguardaba con la respiració
entrecortada la venida del profeta Eliahu. Finalmente vio
la silueta del profeta a lo lejos. Tremendamente emocionado
corrió a recibir al huésped de honor y pudo apreciar que
este estaba vestido como un pobre, con sus ropas desgarradas,
pero el rostro era el rostro del profeta Eliahu.
De
inmediato lo recibió con suma alegría y lo hizo ingresar
rindiéndole grandes honores. Sin embargo, los presentes
se asombraron en gran manera ante los honores que da Rabí
Itzjak a un hombre pobre con sus vestimentas desgarradas
y gastadas.
"¿A
este pobre esperaste tanto tiempo?" - preguntaban con
asombro.
Además
se enojaron con Rabí Itzjak por haber demorado tanto tiempo
la circuncisión hasta tan tarde, y encima que todo por esperar
a este hombre pobre.
Con
asombro contemplaban los presentes al invitado, se miraban
los unos a los otros y se preguntaban "¿Qué tiene este
hombre de especial?"
Pero
Rabí Itzjak esquivaba sus preguntas.
Entretanto,
el tiempo pasaba, las horas se habían sucedido una tras
otra, y ya casi estaba cayendo el sol. Los invitados habían
comenzado a retirarse de la sinagoga cuando perdieron la
paciencia. Pero aun quedaban algunos que esperaron para
contemplar quién era el huésped de honor que el padre del
niño tanto aguarda.
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