Pretenden
que el
padre de Rashi venda la piedra preciosa
Rabí
Itzjak y su señora se aconsejaron entre ellos, para analizar
cuales serán los pasos a seguir, y decidieron antes que
nada averiguar el valor de la piedra preciosa.
Inmediatamente
se dirigió la señora hacia el comerciante de diamantes y
piedras preciosas más popular de la ciudad para preguntarle
por la cotización de su piedra.
El
comerciante cuando vio la gema, se sorprendió en gran manera,
le dijo: "Tienes una piedra magnífica! Y, cuan grande
es!". Estimo su valor en miles de francos, solo que
lamento mucho no poder adquirirla porque no dispongo de
semejente suma".
Muy
emocionada regresó a su casa la señora e informó a su marido,
el valor de la piedra.
De
todos modos, Rabí Itzjak dijo: "Ahora nosotros enriqueceremos
a través de esta piedra, pero aun padecemos una gran aflicción,
ya que ¿Qué beneficio tiene que seamos ricos si no tenemos
quién herede nuestra fortuna?".
También
la mujer entristeció en su corazón al escuchar estas palabras,
sin embargo calló y no dijo nada.
La
noticia sobre la piedra preciosa que se halla e propiedad
de Rabí Itzjak se difundió por toda la ciudad. De boca en
boca se transmitieron las características de la piedra,
su tamaño y valor, y todos envidiaban a Rabí Itzjak sobre
su hallazgo.
Entretanto,
el rey de Francia iba y venía por su habitación mostrandose
aflijido y apenado. El día de su cumpleaños se acercaba
y él había dispuesto para esa fecha concluir su gran obra,
una enorme estatua para realizar con ella cultos idólatras
que estaría en su palacio.
Se
había desarollado un enorme despliegue e invertido una fortuna
en esta estatua, pero aun faltaba una pieza para completar
el ojo izquierdo de la misma y los expertos no había podido
localizar esta pieza, la cual debería ser una piedra preciosa
que llene justo el tamaño del hueco que habían dejado para
tal fin. Habían enviado representantes a las distintas naciones
sin éxito hasta el momento.
En
esto pensaba el rey mientras iba y venía por su despacho,
y de repente irrumpe en la sala su sirviente, quién estaba
pálido de la emoción.
El
rey se sorprendió ante el descaro de su sirviente que ingresó
a su despacho sin solicitar previa autorización.
"¿Qué
sucede?" - preguntó el rey
"Tengo
una noticia importante para informar a su majestad"
- dijo el sirviente en medio de su prosternación ritual
hacia el mandatario. "Escuché sobre una piedra que
puede encajar justo en la valiosa estatua de su señoría,
ya sea en tamaño como en belleza".
"¿Es
así?" - se alegró el rey. "¿En manos de quién
se encuentra?". "Hay que enviar de inmediato mensajeros
para que la traigan!".
"La
piedra se halla en manos de un judío de nombre Rabí Itzjak
que vive en la ciudad de Trolles (Troya)" - respondió
el sirviente, y relató como fue hallada la piedra.
Sin
pérdida de tiempo, el rey envió llamar a sus consejeros,
y les solicitó el envío de varios sacerdotes hacia Rabí
Itzjak para solicitarle que venda la piedra, y les informó
que acepten la suma que sea y que el propietario reclame.
Los
sacerdotes llegaron a la casa del judío de Trolles y golpearon
a la puerta.
Rabí
Izjak se atemorizó ante lo que veían sus ojos, sacerdotes
que ejercen culto idólatra vistiendo sus rituales largas
túnicas negras golpeando a la puerta de su precaria vivienda
ubicada en el barrio judío.
"No
temas!". - tranquilizó a Rabí Itzjak el principal de
los visitantes que detectó su temor. "No hay en nuestros
corazones ninguna mala intención. Solo que oimos sobre la
piedra peciosa que está en tu poder, y te venimos a informar
que al rey le hace falta una piedra así y se alegró mucho
al escuchar que en tu propiedad tienes justo lo que su majestad
necesita".
"¿Para
qué necesita el rey una piedra así?' - preguntó Rabí Itzjak
con asombro.
"Es
su intención colocarla en el ojo de la estatua que erguirá
en su palacio y está dispuesto a abonar la cifra que sea".
- respondieron los sacerdotes.
"¿Para
una estatua?" - temió Rabí itzjak y pensó "¿Cómo
puedo vender la piedra para que con ella se haga culto idólatra?".
Respondió:
"Aun no se si puedo vender la piedra". Y trató
de intentar algunas tretas para esquivar a la venta.
"No
dudes judío, pide la suma que quieras" - intentaron
los sacerdotes, "Estamos dispuestos a pagar varias
veces el valor real de la piedra".
Pero
Rabí Itzjak se rehusaba y estaba dispuesto a desistir de
los miles de francos que le ofrecieron, solo para no asociarse
ni tener parte en nada que se vincule con cultos idólatras.
Luego
de ver lo sacerdotes que no tuvieron éxito en convencerlo
que venda la piedra, se acercó el dirigente principal de
ellos y dijo:
"Escucha
por favor judío nuestras últimas palabras: Si decides vendernos
la piedra: está bien, y recibirás la enorme suma que te
ofrecimos. Pero si no, haz de saber que tu futuro será muy
amargo, pues difundiremos públicamente que haz robado esa
piedra de una estatua donde se realiza culto idólatra. Entonces
te puedes imaginar lo que acontecerá con tu vida cuando
esto se sepa entre el pueblo que profesa el culto".
Vio
Rabí Itzjak que no había salida y decidió al no haber alternativa,
simular que está de acuerdo en vender la piedra,y les comunicó
que él en persona viajará hasta lo del rey para llevarle
la gema.
Totalmente
satisfechos, estuvieron de acuerdo los en cumplir con su
solicitud, ya que estaban alegres por haberlo convencido.
Y fijaron la fecha en la que viajarían juntos hacia lo del
rey.
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