En la última sección
del libro Éxodo (desde Éxodo 38: 21 en adelante), se brinda
el recuento total de los materiales donados para la construcción
del Santuario. Los mismos fueron traídos por cada persona
que quiso donar voluntariamente lo requerido. Sin embargo,
hubo un elemento que fue la excepción a la regla, el cual
fue de carácter obligatorio. Se trata del medio Shekel de
plata solicitado para expiación, a los varones mayores de
veinte años.
Cada uno trajo la media moneda pedida, y cuando las mitades
fueron sumadas, se obtuvo la cifra de 301.775 Shekel. Esto
significa que en el pueblo había 603.550 hombres.
El total de la plata de estas monedas, fue utilizada para
construir las bases para los parantes del Santuario, y las
grampas que sostendrían las cortinas.
Cada una de las bases requería 3000 Shekel, y como se necesitaban
cien, fueron empleados en ellas 300.000 Shekel. En tanto
las grampas requirieron 1775 Shekel, que es exactamente
la cantidad que quedó disponible.
Resulta obvio que si uno solo de los varones no hubiese
aportado su media moneda, faltaría material para completar
el Santuario, el cual debe estar íntegro, sin que falte
nada.
Cada uno de los componentes del mismo es esencial, del mismo
modo como lo es cada eslabón de una larga cadena, utilizada
para arrastrar un barco hasta el muelle de atraque. Si le
quitáremos alguno de los eslabones, la dejaríamos partida
en dos e inutilizada.
LA FUNCIÓN
El Santuario tenía como objetivo generar unión y paz entre
el Creador e Israel, pero esto acontecería, únicamente si
el pueblo se halla unido. Y a través de la entrega de la
media moneda de plata, que indefectiblemente debía fusionarse
con la de otro donante para obtener una moneda entera, eso
se había conseguido. Solo que nadie sabía quién completaría
la mitad por él donada, por lo que potencialmente todos
completaban a todos, generando una unión total.
La cifra de monedas obtenida, que arrojó la cantidad de
hombres, hace alarde a la necesidad de esta unión, y revela
el desfasaje que provocaría la ausencia de uno de ellos.
Ya que si esto aconteciere, el Santuario estaría incompleto,
y sucedería lo mismo que con la cadena del ejemplo anterior,
la cual al faltar un eslabón en el medio, no serviría para
lograr el objetivo.
Si prestamos atención a lo recaudado, comprobaremos que
la cifra total de 603.550 medios Shekel, manifiesta una
unicidad total. Solo sumemos entre sí todos los números
de este valor, hasta reducirlo a una sola cifra, y obtendremos
como resultado 1.
Este proceso es conocido como el cálculo del "Mispar Katán".
La cuenta para obtenerlo es la siguiente 6 + 0 + 3 + 5 +
5 + 0 = 19. Ahora Sumamos este valor, y resulta: 1 + 9 =
10. Realizamos la última operación, y nos queda: 1 + 0 =
1.
Esta unión espiritual del pueblo pudo materializarse en
el Santuario, a través de la donación de la media moneda,
aportada por cada uno por igual. Las mismas fueron fusionadas,
constituyendo las bases que soportarían todo el andamiaje.
Este acto en conjunto, permitió la unión con el Todopoderoso,
Quien hizo posar Su Divinidad para morar con los hijos de
Israel.
LA ESENCIA DEL SANTUARIO
Ahora que hemos comprendido el gran poder del Santuario,
el cual hacía las veces de eslabón de unión y paz entre
todos los integrantes del pueblo judío, con Di-s, apreciaremos
seguidamente, acerca de su esencia.
El Santuario era lo más selecto de todas las cosas creadas.
Contenía en su estructura, la esencia del mundo entero,
el cual fue creado en seis días.
Veamos esto en detalles:
PRIMER DÍA DE
LA CREACIÓN
El primer versículo de la Biblia relata que en el día uno,
fueron creados los cielos y la tierra (Génesis 1: 1). En
tanto, en el libro de los Salmos, es revelada la manera
exacta en que el Creador dispone los cielos: "Tiende los
cielos como un velo, (que rodea la tierra y actúa como filtro,
ante los poderosos rayos solares que descienden sobre nuestro
planeta)". (Salmos 104: 2)
En equivalencia a ello, hallamos en el Santuario, un elemento
que cumple exactamente la misma función: "Harás velos de
pelo de cabra para tender sobre el Santuario (por encima
de los otros dos velos que había debajo de ellas)". (Éxodo
26: 7)
SEGUNDO DÍA DE LA CREACIÓN
El segundo día de la creación, se menciona una expansión
en las aguas, para que separen entre las aguas superiores
e inferiores (Génesis 1: 6). En el Santuario esa función
la cumplía la cortina divisoria llamada "parojet": (Éxodo
26: 33): "Y separará el parojet entre el lugar santo y el
ultra santo".
TERCER DÍA DE LA CREACIÓN
En el día tercero de la creación, se habla de agua: "Reúnanse
las aguas de debajo de los cielos en un lugar". (Génesis
1: 9) En el Santuario, existía el lavatorio, donde debían
reunirse las aguas para purificar a los oficiantes: "Harás
un lavatorio de cobre... y pondrás en él agua". (Éxodo 30:
17-18)
CUARTO DÍA DE LA CREACIÓN
El cuarto día fueron dispuestas las luminarias: "Dijo Di-s:
sean las luminarias en la expansión de los cielos...". (Génesis
1: 14) En contraposición a ello, en el Santuario estaba
la "Menorá" (el candelabro), tal como lo declara el versículo:
"Harás un candelabro de oro puro". (Éxodo 25: 31)
QUINTO DÍA DE LA CREACIÓN
El quinto día tuvo lugar la creación de las aves: "Dijo
Di-s: produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen
sobre la tierra". (Génesis 1: 20) En el Santuario, había
también aves, las cuales se ofrendaban sobre el altar. “Cuando
no le alcanzare para un cordero, traerá como sacrificio
de culpabilidad por su falta, dos tórtolos o dos pichones
de paloma para el Eterno” (Levítico 5: 7)
SEXTO DÍA DE LA CREACIÓN
El sexto día fue creado el hombre, tal como lo declara el
versículo: "Creó Di-s al hombre". (Génesis 1: 27) En tanto
en el Santuario hallamos al "hombre", que es el sacerdote
principal, o sea, el Cohen Gadol. “Y el sacerdote principal
-Cohen Gadol- de sus hermanos, sobre cuya cabeza se vertió
aceite de la unción, y fue consagrado para vestir las ropas...”
(Levítico 21:10)
SEPTIMO DÍA DE LA CREACIÓN
El día séptimo fueron acabados los cielos y la tierra (Génesis
2: 1). Mientras que respecto al Santuario consta: "Fue acabada
toda la labor del Santuario" (Éxodo 39: 32).
Vemos que el Santuario es equivalente al mundo entero, por
eso, el mismo debe estar completo, sin que falte nada. Pero
para ello se requiere la unión del pueblo, y la colaboración
de todos. Entonces si, la presencia del Todopoderoso se
manifiesta entre los hijos de Israel, y nos es posible gozar
de todas las bendiciones por Él impartidas.
DETALLES DEL SANTUARIO
El Santuario utilizado durante la travesía por el desierto,
llamado "Mishkán", fue inaugurado el día 1 de Nisán. Esto
aconteció al inicio del segundo año desde la salida de Egipto,
y acompañó al pueblo, durante treinta y nueve años, hasta
el arribo a Israel. El mismo era desmontable y móvil, por
causa de los viajes.
Luego del lapso citado, tras el fallecimiento de Moshé,
Ieoshúa (Josué) asumió el liderazgo. Él fue quien condujo
a los judíos a la tierra prometida. Cruzó con la congregación
el río Jordán, y llegó a Guilgal. Allí los hijos de Israel
permanecieron por espacio de siete años, que es el tiempo
que les demandó conquistar la tierra. Posteriormente fueron
repartidos los territorios entre las tribus, para lo que
también se necesitaron siete años. Durante estos catorce
años, fue erigido el mismo Mishkán que trajeron del desierto.
A continuación, avanzaron y llegaron a Shilo. Construyeron
allí un Santuario con paredes de piedra, el cual no era
desmontable como el de madera que realizaron en el desierto.
Lo que no innovaron fueron las cortinas que hacían las veces
de techo, pues a pesar de haber levantado una construcción
firme y sólida, colocaron sobre ella, las mismas cortinas
del Tabernáculo Móvil. Este Santuario permaneció activo
por espacio de trescientos sesenta y nueve años.
El final del mismo llegó, cuando los hijos de Eli el sacerdote
principal -Cohen Gadol-, comenzaron a cometer severas faltas.
Una de las iniquidades de ellos era, que profanaban las
ofrendas del Todopoderoso, y se quedaban con partes de animales
que no les pertenecían, los cuales eran traídos por el pueblo
para ofrendar al Altísimo. (Samuel 1 cap. 2).
Cuando esto aconteció, Eli era muy anciano, pues tenía 98
años, y ya prácticamente no podía ver. En tanto, había allí
un joven, llamado Shmúel (Samuel), que permanecía a su lado,
y servía al Todopoderoso.
En uno de esos días, Shmúel dormía, cuando se le apareció
el Eterno, Quien le informó acerca de las desgracias que
sobrevendrán a causa de la insolencia de los hijos de Eli.
Y por la falta de reprenda, ante la perversa actitud llevada
acabo por ellos.
La profecía no tardó en hacerse realidad, y los Filisteos
tuvieron la posibilidad de vencer al pueblo judío. En la
contienda mataron a los dos hijos de Eli, y robaron el arca
del pacto. Al enterarse de lo acontecido con el arca, el
veterano oficiante cayó de su asiento hacia atrás, quebrándose
la nuca. En ese momento falleció, acabándose su ciclo de
cuarenta años, en los que juzgó a los hijos de Israel. (Samuel
1 cap. 4).
DESPUÉS DE SHILO
Tras la destrucción de Shilo, el pueblo se trasladó a la
ciudad de Nob, donde erigieron un Santuario que se mantuvo
por espacio de trece años.
El final del mismo sobrevino luego de que David venciera
al gigante Goliat, quien pretendía guerrear contra el pueblo
hebreo.
Tras esa victoria, las mujeres salían desde las distintas
ciudades de Israel, al encuentro del rey judío, que era
Shaul (Saúl), cantando y bailando por la victoria, con panderetas
e instrumentos musicales. (No homenajeaban a David, porque
no es correcto alabar al alumno delante del maestro, es
decir, a David, que era un soldado, delante de Shaul, que
era el rey).
Algunas de las mujeres decían en sus cánticos: "Golpeó Shaul
(al enemigo) con miles, y David con decenas de miles". Ellas
querían destacar que con menos cantidad de gente (miles),
el rey logró la victoria, en cambio David necesitaba muchos
más, (decenas de miles). Pero Shaul interpretó estas palabras
de manera llana, y pensó que la mayoría del pueblo está
con David, restándole solo tomar la corona del reinado.
Por eso varias veces intentó eliminarlo, provocando su huida.
David llegó a la ciudad de Nob y pidió alimento a Ajimelej,
el oficiante principal del Santuario. Al no haber allí otro
pan, le fue dado del de las ofrendas. Luego tomó la espada
de su vencido, Goliat, que se hallaba allí, y se retiró
para buscar refugio en algún otro lado.
En el momento en que Ajimelej ayudó a David, se encontraba
allí presente, uno de los hombres de Shaul, de nombre Doeg
Adomí. Él fue quien informó al rey acerca de lo sucedido.
El monarca citó al máximo oficiante, y a toda su familia.
Ellos fueron, y tras escuchar las acusaciones, Ajimelej
se mostró sorprendido. Alegó desconocer por completo que
David, el comandante de los ejércitos del pueblo, reconocido
plenamente por el ente gubernamental, ha hecho algo malo.
Shaul, no obstante, desconsideró por completo tal atenuante.
Tras ello, para que la gente aprenda que no se debe apoyar
a David, el rey ordenó destruir la ciudad de Nob. En esa
operación, fueron matados ochenta y cinco Cohanim (oficiantes
del Santuario). También liquidaron a las mujeres y niños,
como así al ganado de ellos. (Samuel A 22: 18).
La congregación judía, tras este acontecimiento se trasladó
a Guibón. Allí levantaron un Santuario que duró cuarenta
y cuatro años.
El reinado de Shaul se prolongó por espacio de dos años
y medio. Luego de su fallecimiento, tomó el mando David,
quien fue ungido por Shmúel. Su reinado se extendió durante
cuarenta años. En ese lapso venció a los Filisteos, y conquistó
la ciudad de Jerusalem. Tras el perecimiento de David, ascendió
al trono su hijo, Shelomo (Salomón), quien construyó el
Templo Sagrado de Jerusalem.
Cuatrocientos ochenta años pasaron desde la salida de Egipto
hasta este momento. El "Beit Hamikdash" (Templo Sagrado)
de Jerusalem marcaba el final del viaje, por eso, ya no
poseía elementos desmontables. Sus paredes eran de piedra
y el techo fijo. La Presencia Divina se posó allí, para
nunca más retirarse.
MILAGROS EN EL TEMPLO SAGRADO
En el Beit Hamikdash acontecían permanentemente milagros
en forma manifiesta y pública.
Por ejemplo, sabido es el daño que puede causar a una mujer
embarazada y al bebé que lleva en su vientre, el hecho de
oler un alimento delicioso, desearlo, y no probar del mismo.
Pues en ese caso, tras haber ingresado al olfato de la señora
el aroma, tanto su vida como la del embarazo, corren peligro.
Por ello, los sabios sentenciaron que si esto ocurre, debe
darse a la mujer a probar de esa comida en forma inmediata,
aunque se trate de un producto no permitido por las leyes
de la Torá, la cual fue dada para vida y no para muerte.
En el Beit Hamikdash, se realizaban con las ofrendas cocciones
deliciosas y apetitosos asados, los cuales despedían un
aroma sabroso y tentador. A pesar de ello, jamás resultó
ninguna mujer afectada por esa causa.
Otro de los milagros que acontecían en el Templo Sagrado
era, que las ofrendas jamás se echaron a perder, aunque
en varias ocasiones era permitido consumirlas en dos días
consecutivos. Pese a la gran cantidad de horas que la carne
quedaba expuesta al sol, incluso en los calurosos días de
verano, nunca el estado de la carne fue afectado.
En un sector del patio del Beit Hamikdash, había mesadas
de mármol donde eran lavadas las entrañas de los animales.
Por tal razón, había constantemente allí dispuesta carne.
De todos modos, jamás sucedió que una mosca haya sido vista
merodeando por allí.
El oficiante principal, jamás sufrió un percance por polución
nocturna en Iom Kipur.
En ninguna ocasión sucedió que las lluvias apaguen el fuego
de la pira, pese a que se hallaba a la intemperie.
La columna de humo que se elevaba de la pira, siempre ascendía
en forma recta, y jamás fue desviada por el viento.
La gente que asistía al Santo Templo en las festividades,
lo hacía en forma masiva. La tremenda concurrencia provocaba
que en muchos casos, debido a los apretujones, los pies
no toquen el suelo, quedando las personas suspendidas en
el aire. Pese a esta situación, cuando llegaba el momento
de prosternarse a tierra, durante el servicio, cada uno
lo hacía fácilmente, abriéndose milagrosamente un espacio
de cuatro codos para cada individuo.
Estos son algunos de los milagros que acontecían en el Beit
Hamikdash, el cual se mantuvo activo durante cuatrocientos
diez años. Pero a causa de los pecados cometidos por el
pueblo, el mismo fue destruido por Nabujadnetzar (Nabucodonosor),
el rey babilonio. En ese momento, el pueblo fue exiliado
a Babel y allí permanecieron por espacio de 52 años.
Transcurrido ese lapso, el rey persa, de nombre Koresh,
llamó a reconstruir la Casa de Di-s. Tras ese llamado, varios
de los hijos de Israel regresaron a Israel y colocaron las
bases para levantar nuevamente el Santo Templo. De todos
modos, la obra no pudo ser acabada a causa de algunas acusaciones
que llegaron al mandatario, quien ordenó interrumpir la
tarea.
EL SEGUNDO TEMPLO
Dieciocho años más tarde, Dariavesh, el rey de Persia (que
era hijo de Ester y Ajashverosh), transitaba su segundo
año de reinado. En ese entonces, él permitió culminar la
construcción del Beit Hamikdash.
Este Segundo Templo Sagrado, permaneció activo durante cuatrocientos
veinte años, tras lo cual fue también fue destruido, a causa
de las discordias que había entre los hijos de Israel.
Desde entonces no contamos con el Beit Hamikdash, ni con
los milagros que allí acontecían. Pero ese no es un motivo
que nos deba llevar a la depresión, ni a bajar los brazos.
Todo lo contrario, debemos bogar por la reconstrucción del
Templo Sagrado, que esta vez será de carácter definitivo.
Para alcanzar esa meta es necesario esforzarnos en subsanar
el motivo que causó la última destrucción, o sea, la discordia
y el odio entre uno y su prójimo. El objetivo es lograr
la unión entre las partes para que el pueblo, que es la
base del Santuario sea uno, tal como lo declara el versículo:
(Éxodo 36: 13): "Hizo (Betzalel) cincuenta broches de oro,
y unió con ellos las cortinas, una con la otra, y resultó
el Santuario uno".
Cada uno tiene el poder de perdonar a su prójimo por lo
que le ha hecho, e interceder entre aquellos que están distanciados,
para que hagan las paces. A esto se llama, convertirse en
"broches de oro" para "unir" a cada uno de nuestros hermanos
judíos, entre los cuales hay "cortinas" que los separan.
Permitiremos de este modo, la pronta reconstrucción del
Beit Hamikdash, y podremos habitar felices y en paz, disfrutando
de la presencia Divina, y Sus bendiciones.
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
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En el
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las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.