En el Pentateuco encontramos
un versículo muy sugestivo: "Cuando empobreciere tu hermano,
y extendiere a ti su mano, lo ayudarás, tanto al forastero,
como al residente, y vivirá contigo". (Levítico 25: 35)
El versículo mencionado revela a través de estas palabras,
que no se debe dejar caer al prójimo, a tal punto que le
sea difícil levantarse. O sea, es menester ayudarle en el
momento en que él tiende su mano.
Será posible apreciar mejor el contenido de este mensaje
si nos situamos imaginariamente en el caso de un burro cargado,
que comienza a desestabilizarse y tambalear. Si alguien
acomoda la carga, y lo sostiene, el animal se reincorporará
de inmediato, pero si cae, tampoco entre cinco lo podrán
levantar.
Es decir, no hay que aguardar hasta que nuestro prójimo
caiga, a tal extremo que necesite ir a golpear a las puertas
de las casas para pedir limosna. Es menester ayudarlo antes
de que eso suceda.
Esto se asemeja a lo sucedido a un individuo que caminaba
por una calle que se encontraba en muy mal estado, y llena
de barro, por causa de las precipitaciones caídas. De pronto,
este hombre advierte que a unos metros, otro sujeto avanza
entre el lodazal, pero comienza tambalear y perder el equilibrio.
A su vez, alguien que se hallaba más lejos, también ve lo
que acontece y le indica al que avanzaba sin problemas,
que tienda una mano al que flaqueaba, para que no caiga
al barro. Sin embargo, el sujeto le respondió que lo dejen,
ya que si eso llega a suceder, él se encargará personalmente
de levantarlo, y ayudarle.
Mientras el que se encontraba cerca, con el que se hallaba
más lejos intercambiaban estas palabras, el que estaba desestabilizándose
cayó al suelo. En ese momento, desde su cabeza hasta sus
pies se llenaron de barro, también su boca, sus ojos, su
cuerpo y sus ropas, a tal punto que se tornó irreconocible.
Es posible que el individuo que dijo que lo ayudaría en
caso de que caiga, cumpla su palabra, y vaya a socorrerlo,
hasta que pueda reincorporarse nuevamente. También es factible,
que se ocupe de lavar al hombre, y a las ropas que llevaba
puestas, las cuales quedaron hechas un desastre. Pero con
todo eso, no logrará recuperarlas siquiera a un tercio,
de la situación de impecabilidad en la que se hallaban antes
de sumergirse e impregnarse en el lodo. Además no podrá
de ningún modo restaurar el disgusto que su prójimo debió
soportar por la caída, y los golpes sufridos al desmoronarse
su cuerpo contra el suelo.
En una situación de este tipo ¿qué mérito puede atribuírsele
a aquel que socorrió al individuo luego del tropiezo, cuando
bien podía haberlo evitado sin ningún tipo de impedimento,
a través del solo hecho de tenderle una mano para que se
apoye, y pueda mantener así la estabilidad?. Por el contrario,
en vez de un acto de bien, le será considerado como una
infamia, ya que al haberlo podido evitar, y no lo hizo,
él fue el causante de la caída de su prójimo. Por esta razón,
el versículo declara: "Cuando empobreciere tu hermano, y
extendiere a ti su mano, lo ayudarás, tanto al forastero,
como al residente, y vivirá contigo".
Queda claro, que al auxiliar al prójimo antes de que caiga
totalmente, permitiendo que se restablezca, uno le está
devolviendo la vida, por eso el versículo menciona: "y vivirá
contigo". Es decir, tú le haz devuelto la vida, y le has
impedido la muerte. Ya que aquel que empobrece, quedando
sin dinero, es considerado como un ser inerte, sin vida.
La razón expuesta, es la que da origen al enunciado: "La
caridad salva a la persona de la muerte". Esto es tanto
para el que da, como pare el que recibe. Pues, aquel que
salva a otro, él mismo será salvado por el Todopoderoso,
"medida por medida". Resulta pues que ambos se benefician
(el que recibe del prójimo y el que da al prójimo).
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