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La vida después de la muerte 

Una de las cosas que la mayoría de la gente se pregunta es ¿qué hay después de la muerte?. ¿Existirá algún tipo de vida tras el fallecimiento físico?

La respuesta a esta cuestión es brindada por el Talmud. Allí se narran varios hechos que dejan en claro este dilema.

En el tratado de “Berajot 18a”, se narra un suceso acontecido entre dos eruditos. Se trata de Rabí Jía y Rabí Ionatan, caminaban por los pasajes de un cementerio, mientras los flecos de la túnica de Rabí Ionatan se arrastraban entre los sepulcros. 

Rabí Jía solicitó a su compañero: “Alza los flecos de tu indumentaria, para que los que yacen aquí enterrados no digan: próximamente estos vendrán con nosotros, ¿y ahora nos avergüenzan de esta manera, mostrando que cumplen con el precepto de colocar flecos a las prendas de vestir y nosotros no podemos?”.

Rabí Jonatan le sugirió: “¿Acaso saben los fallecidos lo que sucede a su alrededor?”. Y mencionó un versículo para apoyar su teoría: Está escrito: “Porque los vivos saben que morirán, y los muertos no saben nada” (Proverbios 9: 5)

Rabí Jía le explicó: “Porque los vivos saben que morirán” se refiere a los justos, los cuales también después de la muerte son llamados vivos. Pese a ello, piensan en el día de la muerte, y al tener eso presente, no cometan faltas. “Y los muertos no saben nada”, se refiere a los malvados, los cuales aun en vida son llamados muertos. Es decir, se hacen los que no saben que les sobrevendrá la muerte y por eso infringen la ley sin reparo. (Berajot 18ª, Rashi)

Para completar su explicación, Rabí Jía citó versículos:

Un versículo que prueba que los justos son llamados vivos aun después de la muerte es este: “Benaiahu ben Ioiadá, el hijo del vivo -ben ish jai-”. (2 Samuel 23: 20).

Se pregunta: ¿Acaso todos son hijos de muertos que dice “hijo del vivo”?. 

Se responde: Esto no es posible, por lo tanto debemos decir que la intención de esta declaración es, enseñarnos, que incluso después de muerto, el justo –en este caso Ioiadá, que en vida fue un hombre sumamente recto y jefe del Sanhedrin- es llamado vivo.

Luego Rabí Jía explicó por qué los malvados son llamados muertos aun en vida.

Para ello citó este pasaje: El profeta Ezequiel dijo al rey Jizkiahu: “Y tú, cadáver malvado –jalal rashá-, ministro de Israel” (Ezequiel 21: 30)

Apreciamos que Jizkiahu es llamado en la Biblia muerto en vida –cadáver malvado-.

Aprendemos que los malvados son llamados muertos en vida. Aunque para que no queden dudas de ningún tipo, citaremos un versículo más: “Según el testimonio de dos testigos o de tres testigos, morirá el muerto” (Deuteronomio 17: 6)

Se ve de aquí, que tras el testimonio que lo declara malvado, en ese momento ya se lo considera muerto. Por eso, está escrito: morirá el muerto. Apreciamos que los malvados son llamados muertos aun en vida.

MÁS EPISODIOS 

Hemos visto que Rabí Jía y Rabí Ionatan divergieron acerca de los muertos, si estos saben cuando se los ofende. Por eso el Talmud continúa abordando este tema, buscando ahora esclarecer si los muertos saben lo que acontece entre los vivos.

Se cuenta que los hijos de Rabí Jía salieron para ocuparse de la herencia recibida. En ese momento, no podían concentrase en el estudio. Por eso se esforzaban en recordar.

Uno dijo al otro: ¿Nuestro padre –Rabí Jía- sabe la aflicción nuestra que sufrimos en estos momentos y no podemos recordar el estudio?.

El hermano le respondió: ¿De dónde va a saber, (ya falleció)?. Y está escrito: “Los hijos (del muerto) serán honrados y el no sabrá”. (Job 14: 21)

El otro hermano le preguntó: “¿No sabrá?”. Fíjate que a continuación 
está escrito: “Pero su carne le dolerá, y su alma estará de duelo”. Y he aquí que Rabí Itzjak dijo: la disolución de la carne es tan horripilante para el fallecido como una aguja en la carne de un vivo. Resulta que los muertos sienten dolor. Por lo tanto nuestro padre –Rabí Jía-, sabe de nuestro sufrimiento. 

SE OBJETA

Los sabios del Talmud presentan una objeción.

Propusieron: “Del sufrimiento de ellos saben, pero del sufrimiento que acontece a los demás no saben”.

A los que objetaron, se les respondió de la siguiente manera:

Estudiamos en una baraita (así se llaman los anexos de la Mishná): En cierta ocasión, un piadoso -Rabí Iehuda bar Ilai- dio una moneda -Dinar- a un indigente. Esto aconteció en vísperas de Rosh Hashaná. 

El año en que el rabí dio la moneda al indigente fue muy magro. En el mismo no llovió, y la población sufría el efecto, ya que no disponían de víveres suficientes, ni dinero. 

Por tal razón, cuando la esposa del rabí tomó conocimiento de la actitud de su marido, se enojó. Pues ellos mismos eran muy pobres, y el único Dinar que tenían era el que su marido entregó al menesteroso. (Maarshá Brajot 18b)

El erudito se retiró de delante de la presencia de su mujer y pernoctó en el cementerio. 

Allí había dos espíritus, que pertenecían a un par de niñas, las cuales habían perecido a temprana edad. 

El rabí oyó que una decía a la otra: “salgamos y escuchemos que es lo que dicen detrás de la cortina -pargod- que separa el mundo este, del lugar sagrado de El Eterno, en las alturas celestiales. Así nos enteraremos que desgracia recaerá sobre la tierra”.

La compañera respondió: “No puedo, pues fui enterrada con vestimentas elaboradas con juncos”. (Este tipo de material obstaculiza la rápida descomposición del cuerpo, lo cual impide al espíritu abandonar el mismo, hasta que el proceso concluya. Es por esta razón, que se estila enterrar a los difuntos con prendas de lino, que prácticamente no impiden la acción). (Tzla”j en tratado talmúdico de Berajot 18)

Por lo dicho, el espíritu de la otra joven le respondió: Ve tú, y lo que escuchas, me lo dices”.

LA EXCURSIÓN

El espíritu de la otra niña salió, acudió al lugar, escuchó y regresó. En ese momento el espíritu de la que se había quedado le preguntó: “¿qué oíste detrás de la cortina?”.

Entonces le respondió: “Escuché que todo el que siembra durante el primer período de descenso de las lluvias (en la tierra de Israel tiene lugar el día 17 del mes Mar Jeshván), el granizo arruinará sus sembrados. 

Al escuchar esto, Rabí Jía decidió posponer la fecha de siembra de sus tierras hasta el segundo período de descenso de las lluvias.

En ese año, las plantaciones de todos los agricultores fueron afectadas por el granizo. Fue porque éste cayó en el segundo período de descenso de las lluvias, y para ese entonces, las plantas ya habían crecido y sus tallos se hallaban fuertes y duros. Por eso el granizo destruyó las plantaciones. Sin embargo lo que sembró Rabí Jía no fue afectado, porque sus plantas recién germinaban y los brotes permanecían tiernos y flexibles, dado que realizó su sembrado mucho más tarde que los demás.

SE REITERA EL SUCESO

Al año siguiente, el rabí regresó al cementerio, pernoctó allí y escuchó esos mismos espíritus que hablaban entre ellos. Uno decía al otro: “salgamos y escuchemos que es lo que dicen detrás de la cortina que separa el sitio sagrado de El Eterno, en las alturas celestiales, así nos enteraremos que desgracia recaerá sobre el mundo”. (El espíritu de la joven que hablaba supuso que los juncos de su mortaja ya se habían deshecho, permitiendo al cuerpo hacer lo mismo).

No obstante, esto no ocurrió, por lo que le respondió: “¿No te dije ya que no puedo, pues fui enterrada con vestimentas elaboradas con juncos?. Ve tú, y lo que escuchas, me lo dices”.

El espíritu de la otra niña así lo hizo, y cuando estuvo de regreso, la que había quedado le preguntó: “¿qué oíste detrás de la cortina?”.

Entonces le respondió: “Escuché que todo el que siembra durante el segundo período de descenso de las lluvias (en la tierra de Israel tiene lugar el día 23 del mes Mar Jeshván), una tormenta calurosa y seca arruinará sus sembrados.

Rabí Jía tras escuchar se retiró, y sembró en el primer período en que deben descender las precipitaciones. En tanto los demás lo hicieron en el segundo periodo. 

Aconteció que los sembrados de todos fueron destruidos por la tormenta, ya que las plantas aun permanecían tiernas y frágiles, y no pudieron soportar el brusco golpe de calor. Aunque los sembrados del erudito no fueron afectados, pues las plantas ya estaban robustas y fuertes.

Al contemplar este extraño suceso, su esposa le preguntó: “¿Por qué causa el año pasado, todos los sembrados de los agricultores fueron destruidos por el granizo, mientras que al tuyo no le aconteció lo mismo. Y por que razón, ahora, todos fueron presa de la tormenta de calor, mientras que tú no fuiste afectado en lo más mínimo?”.

En ese momento Rabí Jía contó a su esposa lo que había acontecido.

DÍAS MÁS TARDE

Transcurrieron algunos días, y surgió una riña entre la mujer del sabio, y la madre de la pequeña que yacía en aquel cementerio enterrada con ropa hecha de juncos.

En medio de la disputa, la esposa de Rabí Jía, dijo a la otra mujer: “Ven y te mostraré a tu hija, que está enterrada con vestimenta de juncos”.

EL SUCESO VUELVE A ACONTECER

Al año siguiente, nuevamente Rabí Jía pernoctó en el cementerio, y escuchó a esos mismos espíritus que hablaban entre ellos. Uno decía al otro: “salgamos y escuchemos que es lo que dicen detrás de la cortina que separa el sitio sagrado de El Eterno, en las alturas celestiales, así nos enteraremos que desgracia recaerá sobre el mundo”.

La otra le respondió: “Compañera ¡Déjame!. Lo que acontece entre tú y yo, ya fue oído en el mundo, entre los vivos”.

Este suceso narrado en el Talmud revela claramente la existencia de la vida después de la muerte. Pues se ve de aquí, que la niña enterrada sabía lo sucedido entre su madre y la esposa del rabí. Apreciamos que los muertos saben que sucede entre los vivos.

OTRO RELATO

Los sabios del Talmud en su anhelo de llegar al fondo del asunto, y averiguar todos los detalles, presentan una objeción. A través de ésta, cuestionan lo dicho, planteando una posibilidad de que los muertos no saben lo que sucede entre los vivos. 

Dijeron: es posible que alguien escuchó la disputa entre la madre de la joven enterrada y la mujer del erudito. Luego este individuo que oyó murió, y le contó al espíritu de la niña sepultada. 

Por eso ellas sabían lo que sucedió en la tierra. O sea, no es obligado decir que una de ellas salió y escuchó lo que sucede, por lo tanto no hay aun pruebas concretas de que los muertos saben lo que sucede en el mundo con los vivos.

BUSCANDO LA RESPUESTA

Para esclarecer este punto, el Talmud narra lo acontecido al famoso sabio “Zeiri”, quien solía depositar su dinero en manos de la dueña del lugar donde se hospedaba. 

Un día, Zeiri se encontraba en la casa de estudio, como era usual en él, y la señora falleció, sin que el erudito sepa donde guardó su dinero.

Se dirigió entonces al sitio donde la mujer fue sepultada, y preguntó: “¿Dónde está mi dinero?”.

El espíritu de la finada respondió: “Tómalo del orificio que hay debajo de la bisagra de la puerta. Además, dile a mi madre que me envíe a través de fulana que fallecerá mañana, mi peine y cosméticos (Dijo estas palabras, porque estaba angustiada al haber perecido joven, y los muertos sienten placer de realizar lo mismo que hicieron en vida. Aunque, son solo eso, deseos, pues no está en su poder llevarlo a la práctica, al carecer de un cuerpo físico). 

De todos modos, al saber que tal persona se encuentra moribunda, es una prueba concreta que conocía lo que sucede en el mundo, entre los vivos. Vemos que los muertos saben lo que acontece entre los vivos.

UNA NUEVA OBJECIÓN

Pese a que la prueba presentada es contundente, en el Talmud se plantea una nueva objeción. Los sabios sugieren la posibilidad de que el ángel encargado de los muertos -Duma-, informa a los demás fallecidos de la nueva alta que acontecerá en el mundo de los muertos, antes de que el que perecerá llegue. Pero las demás cosas que suceden entre los vivos, no las saben.

Debido a esta hipótesis, el Talmud cita una nueva prueba para demostrar que los muertos saben que sucede entre los vivos.

Nueva prueba

Se cita lo acontecido con el padre del popular sabio Samuel, en cuyas manos depositaban el dinero de los huérfanos para que lo cuide. 

Sucedió que el padre murió antes de poder transmitir a su hijo el dato que revela donde guarda el dinero de los huérfanos. Esto provocó que se despierten sospechas, y la gente comenzó a llamar a Samuel: “El hijo del que consumió el dinero de los huérfanos”.

Samuel se dirigió al cementerio, y halló a los espíritus de los fallecidos sentados en círculo, fuera de sus sepulcros. Les dijo: “Busco a mi padre, cuyo nombre es Aba”.

Los presentes le respondieron: “Hay muchos Aba en este lugar”.

Sugirió: “Mi padre se llama Aba hijo de Aba”.

Le respondieron: “También hay aquí muchos que se llaman Aba hijo de Aba”.

Finalmente dijo: “Busco Aba hijo de Aba, el padre de Samuel. ¿Dónde está?”.

Al escuchar eso le informaron: “Partió hacia la academia de estudios que hay en los cielos”.

Entretanto, Samuel alcanzó a divisar al renombrado erudito Levi, quien ya había perecido, y se hallaba sentado fuera de la ronda. 

Le preguntó: “¿Por qué tú te sientas fuera del círculo?. ¿Cuál es el motivo por el que no fuiste a estudiar a la academia que hay en los cielos?”.

Levi le respondió: “Me dijeron, que fue por todos los años que no ingresé a la academia de Rabí Afes, provocándole con esa actitud aflicción. Por eso se estipuló que durante esa misma cantidad de años debo permanecer al margen de la academia que hay en los cielos”.

En eso llega el padre de Samuel (el espíritu conecta en vida el alma con el cuerpo, y también después que la persona perece, prosigue haciéndolo. Por eso a veces suele estar arriba en los cielos, y en ocasiones en la tierra - Maarshá)

Al verlo, el hijo pudo apreciar que su progenitor lloraba y también reía. Le preguntó: “¿Por qué lloras?”.

Su padre le respondió a su hijo: “Porque en breve perecerás”.

Tras la respuesta Samuel prosiguió: “¿Por qué reíste?”.

El padre le respondió: “Porque eres considerado como alguien muy importante en el mundo”. 

Samuel respondió: “Si soy considerado importante, en ese caso ingresen, en mérito mío, a Levi a la academia de estudios que hay en los cielos”. (El motivo por el cual Levi no se hallaba en la ronda con los demás espíritus, se debía a que reunía por mérito propio las condiciones necesarias para ingresar a la academia. Solo que había un breve obstáculo, que es el que mencionamos antes. Pero los demás, no estaban en condiciones de ingresar).

Tras la solicitud de Samuel, hicieron ingresar a Levi a la academia que hay en los cielos.

Luego preguntó a su padre: “¿El dinero de los huérfanos dónde está?”.

Su padre le informó: “Ve y tómalo de debajo del molino. El dinero que hay en la capa superior e inferior es nuestro, y el que está en el medio, es de los huérfanos”.

Samuel le sugirió: “¿Por qué causa lo dispusiste en ese orden?”.

El padre le explicó: “Porque pensé: Si vienen ladrones y roban el dinero, hallarán el nuestro que está en la capa superior, y se salvará el de los huérfanos. Y si se produce algún efecto corrosivo, afectará a nuestro dinero que está abajo, y no al de los huérfanos”.

CONSECUENCIA

Este suceso nos permite saber, que los fallecidos continúan con vida luego de perecer y saben lo que sucede con los vivos. Pues el padre de Samuel sabía que su hijo es considerado importante en el mundo. 

Sin embrago, pese a la contundencia de la prueba presentada, los sabio se empecinan en llegar al fondo del asunto y descartar todas las posibilidades posibles. Ellos plantearon:

Es cierto que el padre de Samuel sabía que su hijo es considerado un hombre importante y está próximo a morir. Pero es factible, que se debe a que en el Cielo pregonan con antelación la muerte de alguien importante. Pues antes de producirse la llegada de alguno de renombre, pregonan: “Háganse a un lado, que llega fulano”. (Ketubot 77b)

Al ser que acontece de esta manera, podemos pensar que el padre de Samuel escuchó el pregón y comprendió que su hijo es considerado importante en el mundo. Por lo tanto, se puede decir que de ahí lo sabía, y no porque los muertos saben que sucede entre los vivos.

CONCLUSIÓN

El hecho de que los muertos saben que sucede entre los vivos es algo evidente. Y si bien es cierto que en todos los casos presentamos es posible presentar una cuestión, con todo eso es difícil refutar esta teoría.

Es más, Rabí Ionatán, que como mencionamos arriba, arrastraba sus flecos entre los sepulcros sin reparo, pues pensaba que los que allí descansan no saben nada, finalmente se retractó. Este gran sabio finalmente aceptó que los fallecidos hablan entre ellos, e incluso colaboró aportando un dato contundente para probar tal cosa. 

EL DATO

Rabí Samuel bar Najmaní, escuchó de Rabí Ionatán la postura adoptada por él luego de ese suceso. Así dijo:

“¿De dónde se sabe que los fallecidos hablan entre ellos?. Eso se aprende de lo que está dicho: “Dijo a él El Eterno (a Moshé): esta es la tierra que Juré a Abraham, Itzajak y Iaakov, para que digas...”. (Deuteronomio 34: 4) E inmediatamente a continuación está escrito: “Murió allí Moshé, el siervo de El Eterno” (Deuteronomio 34: 5)

Teniendo en cuenta que Moshé se encontraba en los últimos instantes de su vida ¿qué significa “para que digas...”?. ¿A quién le debía decir lo que El Eterno le encomendó en ese momento?. 

Evidentemente, el versículo debe comprenderse de esta manera: “Dijo a él El Eterno”: Ve luego de tu fallecimiento y diles a Abraham, Itzajak y Iaakov: el juramento que formulé a vosotros, al mismo ya lo cumplí con vuestros hijos (pues por entonces ya habían comenzado a conquistar la tierra prometida). 

SE PREGUNTA

Si Rabí Ionatan se retractó y considera que los perecidos saben lo que acontece, los patriarcas sabían lo que El Eterno había hecho con los hijos de Israel. ¿Qué necesidad había de comunicarles la noticia de la conquista de la tierra prometida a través de un enviado -Moshé-?.

Se responde:

Lo que sucede es, que si bien es cierto que los patriarcas tenían conocimiento de lo acontecido, de todos modos, El Eterno les envía la información a través de Moshé, para que estos consideren el brillante desempeño suyo en la tierra. Pues Moshé fue guía espiritual de los hijos de Israel, y llevó el pueblo a destino.

INFERENCIAS

Hemos visto que el Talmud revela la existencia de la vida después de la muerte. Para alcanzar ese dato, fue necesario acudir a sucesos acontecidos a los sabios de Israel con espíritus de personas ya fallecidas. 

Respecto a la manera en que se comunicaron, hay varias opiniones entre los sabios. Algunos, como Maarshá, sostienen que las vivencias fueron efectuadas a través de un sueño. Otros, como Agrá, sostienen que los rabinos se proyectaron a un lugar espiritual para recoger los datos aquí citados, y no se hallaban en un cementerio físico.

De esta manera, se evita pensar que incurrieron en mandatos de la Torá que prohíben consultar a los muertos, o a los sacerdotes impurificarse en un cementerio.

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