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Las velas de Shabat

2Rabí Jía y Rabí Iosi se hospedaron en cierta hostería, y a mitad de la noche, se levantaron para estudiar Torá.

La hija del propietario del lugar, se levantó para encender a ellos velas, y quedó parada a sus espaldas, prestando atención a las sabias palabras que eran pronunciadas por los eruditos.

Rabí Iosi fue quien dio inicio al tema que tratarían, citando un versículo del libro de los Proverbios (6: 23): “Porque la vela es el precepto y la Torá es la luz, y el camino de la vida, son las éticas de moral”.

Y explicó la redundancia aparente que aparece en el versículo revelando que se aprende de aquí, que todo aquel que se esfuerza en el estudio de la Torá, la Torá ilumina delante de él, y se acredita que sea encendida delante suyo una vela por cada uno de los preceptos que realiza, para que le ilumine en el mundo venidero. Pues al estudiar Torá, logra encender con la luz suprema que se halla en las alturas.

Y sabido es que una “vela” sin luz (fuego) no tiene utilidad, o sea, un precepto sin Torá es como una vela sin luz. Y la luz (el fuego) sin vela tampoco tiene utilidad (pues se apagará enseguida), esto es, el estudio de la Torá sin cumplir sus preceptos. Por eso, cada uno debe esforzarse en el estudio de la Torá, y el cumplimiento de sus preceptos.

Ellos se expandieron en el tema, y continuaron platicando al respecto hasta que escuchó la hija del hotelero, y se acercó hasta la puerta.

Al ver Rabí Iosi que ella estaba parada oyendo, agregó y dijo: “¿Qué es una vela?. Es el precepto a través del cual las mujeres resultan adjudicadas, es decir, las velas de Shabat, pero al ser que las mujeres no están obligadas al estudio de la Torá, entonces ¿cómo lograrán encender sus velas para que iluminen?, esto lo logran con el estudio de sus maridos, el cual enciende sus velas (por eso deben preocuparse en que sus maridos estudien)”.

Al escuchar esas palabras, comenzó a llorar, y al oír su llanto, su padre despertó, e ingresó a la sala donde los sabios se encontraban, en ese momento vio a su hija parada detrás de ellos llorando.

El padre le preguntó ¿por qué lloras?.

Entonces ella le contó lo que había escuchado de boca de los eruditos, acerca de la grandeza del estudio de la Torá, y tras oír esto, también él irrumpió en llanto.

Rabí Iosi se dirigió a él y le preguntó: “¿Acaso tu yerno, el marido de tu hija no estudia Torá?”.

El dueño del hotel respondió: “Esto es lo que sucedió, y por eso, tanto yo como mi hija lloramos permanentemente: Desde aquel día en el cual vi que saltó del techo a la Sinagoga para responder ‘Amén’ junto con la congregación al recitado del ‘Kadish’, enseguida pensé en dar a ese muchacho a mi hija por esposa.

Por eso, cuando la gente hubo abandonado la Sinagoga, le ofrecí a mi hija, pues pensé que si saltó del techo para correr a responder el Kadish, seguro que es un gran hombre, sabio en Torá, a pesar de ser un muchacho joven, y desconocido para mi.

Pero sucedió que ni siquiera recitar la bendición para después de la comida sabe, y no tiene éxito en su estudio, no puede aprender la bendición para después de la comida, ni el recitado del ‘Shemá Israel’”.

Rabí Iosi le respondió:”Quizá les nace un varón que será un hombre grande”.

En tanto, despertó el muchacho, quien se acercó hasta ellos. Rabí Iosi meditó sobre él y dijo: “Con certeza yo veo en este joven que la luz de la Torá sale de él al mundo, o un hijo le nacerá que se iluminará a través de él”.

El muchacho sonrió y dijo: “Maestros: ¡Permítanme decir algo!. Y comenzó a hablar: está escrito en el libro de Job (32: 6): ‘Joven soy yo en días, y vosotros ancianos, por eso tuve miedo y temí hablar sobre mis conocimientos a ustedes’”.

Luego relató a ellos que vino de Babilonia, y es hijo de Rab Safra. Y prosiguió: “me tuve que quedar en vuestra tierra, y me propuse no revelar mis conocimientos de Torá hasta que transcurran dos meses, y ahora se cumplió el tiempo que he fijado, por eso me alegro de hallarme en torno de grandes de la Torá como vosotros”.

El dueño del hotel y su hija se alegraron enormemente, mientras Rabí Iosi se levantó y lo besó en la frente, tras lo cual lloraron a causa de la inmensa alegría.

Y como consecuencia de ese joven que saltó del techo para escuchar y responder “Amen” ante el recitado del “Kadish”, quedó sentenciado en el código de leyes: “3el individuo debe correr a escuchar Kadish”.

2- Zohar Terumá, pag. 166
3- Shulján Aruj Oreaj Jaim 56: 1

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