Artículos de Interés

Valorar lo que nos sucede
Aprender de ello

Si analizamos lo que nos aconteció durante el día, llegaremos a la conclusión de que nos pasaron cosas agradables y también desagradables.

Respecto a las cosas agradables que nos sucedieron, pensamos que sería bueno que se repitan. En tanto, lo que nos aconteció y fue desagradable, pensamos que no sería bueno que se vuelva a repetir.

Sin embargo, tanto lo agradable, como lo que no lo fue, formó parte de nuestra vida en ese día que pasó. Ocupó un tiempo en nuestra jornada que jamás volverá. Por lo tanto, no es posible que eso que nos sucedió haya sido en vano, sin tener alguna finalidad.

Todo lo que nos sucede, sea bueno, o malo, debe ser aceptado como un hecho que llenó uno de los momentos de nuestra existencia. Por lo tanto, debe ser valorado y considerado adecuadamente, siendo necesario rescatar cual fue el mensaje que nos dejó, o nos quiso dejar, esa vivencia. Y también es menester evaluar como la misma influyó en nuestra vida, mas, sabiendo que todo proviene del Eterno, y no en vano nos envió tal situación.

Para darnos cuenta de la importancia que debemos dar a cada momento vivido y a cada acto que nos sucede, ya sea grato o ingrato, apreciemos lo narrado en este relato. 

LA FIDELIDAD DE UN PERRO GUARDIÁN

Hace poco más de 200 años, había en Francia un rey llamado Ainrij (Enrique). Este monarca era amante de los perros, por lo que escogió tres canes para que lo cuiden. 

Estos perros amaban en gran manera a su dueño, quién les enseñó a realizar las guardias como soldados cerca de su cama. Además, había allí un reloj con una campana que sonaba cada hora. 

Cuando uno de los perros estaba de guardia, los otros dos dormían, y cuando sonaba la campana, el que estaba de guardia, despertaba al otro mordiéndole suavemente la oreja, para avisarle que se despierte porque llegó su tuno y debe tomar el relevo.

Acorde a este orden, los canes cuidaban sus guardias hasta la mañana. El rey jamás tuvo centinelas tan confiables como estos.

Cierto día, vino un párroco al palacio, con serias intenciones de matar al rey, pero pensó hacerlo en secreto. El sujeto aprovechó que nadie desconfiaba de él, e ingresó libremente a la sala del rey para entregarle una carta, la cual encubría los perversos pensamientos que traía en su corazón. 

En ese momento, uno de los perros que se encontraba allí adentro se sobresaltó y comenzó a ladrar a más no poder, atormentando al párroco desde su puesto de guardia. Era porque el animal percibió las maléficas intenciones del visitante y quería dar el alerta, para posibilitar que se descubra el deseo pecaminoso que el visitante guardaba en su corazón.

Esto que aconteció fue algo muy extraño, ya que jamás el perro había hecho nada a nadie que había ingresado a la habitación, y ahora se mostraba lleno de furia, y con la lengua afuera alertaba sobre el peligro. Pero el rey no reparó en este hecho que por primera vez aconteció con uno de sus guardianes. No prestó atención ni se preocupó por verificar cual fue el motivo por el cual el perro procedió de esa manera. Por el contrario, ordenó encerrar a los perros en otra habitación para so ser molestado por los ladridos de los animales mientras el párroco le entrega la carta secreta.

La orden del rey se cumplió, y los perros fueron llevados a otra habitación, y encerrados allí. Pero con todo eso, uno de los canes enfureció y comenzó a ladrar desesperadamente, a viva voz. Y mientras esto acontecía, el párroco llevó a cabo sus maléficos planes, ya que desenvainó su espada, y provocó al rey tremendas heridas que le causaron la muerte. (Ben Ioiadá)

MORALEJA

Debemos aprender de este relato, la importancia de cada momento vivido, lo que nos acontece en el mismo, y el mensaje que el Eterno nos manda a través de Sus servidores, que son todas las cosas que hay en el mundo, incluso los perros, y se encargan de protagonizar ese momento que vivimos. 

Si vamos por la calle y tropezamos con una piedra, no debemos protestar y decir: "¿Quién habrá puesto esa piedra en el camino? ¡Qué irrespetuoso el que lo hizo!".
No debemos pensar así, sino que nuestro deber es, analizar cual fue el error que cometimos ese día para ser merecedores de tropezar con la piedra.

Quizá nosotros también hemos hecho tropezar a alguien. Tal vez, cierto individuo nos preguntó dónde hay un negocio que vende galletas, y como una vez escuchamos de la existencia de cierto negocio en tal y tal lugar, le indicamos esa dirección. Le dijimos que siga derecho una cuadra, luego doble a la izquierda, camine dos cuadras más, y allí lo va a encontrar.

Pero esa dato no era correcto, ya que si bien había allí un negocio, el mismo no vendía galletas sino alfalfa para los animales.

Nuestro mal informe causó que este sujeto camine en vano, y pierda 20 minutos de la media hora de permiso que le dieron en el trabajo para comprar algo para almorzar, y ahora debe volver a su empleo sin comer. Por lo tanto, a través de este acto, hicimos tropezar al individuo que confió en lo que le decíamos. 

Ahora bien, si esto que pasó hubiera sido sin intención, vaya y pase. Pero nosotros sabíamos muy bien, que no contamos con el dato de lo que vende ese negocio. No sabíamos si expende galletas o no. ¿Por qué entonces le dimos un dato falso sin advertirle nada? 

Por lo tanto, para que nos demos cuenta de lo que hicimos y seamos más precavidos la próxima vez, el Eterno nos hace tropezar a nosotros. Es para que reflexionemos y recordemos a quién o quienes hicimos tropezar. De esta manera, al analizar por qué nos pasó lo que nos sucedió, la próxima vez seremos más precavidos. No haremos perder el tiempo a la gente, y provocarles que se desanimen y pierdan la fe en el prójimo. 

Es menester valorar el tiempo y el ánimo de los demás, como al nuestro propio.

CONCLUSIÓN 

Esta manera de proceder debe ser así siempre y con todas las cosas que existen en el mundo y con todas las cosas que nos suceden. Si el perro ladra, si el gato maúlla, o si el pajarito canta, como si nos quisieran comunicar algo, debe ser motivo de análisis y reflexión, para saber qué nos quiere decir el Eterno a través de esas señales. 

Además, debemos agradecer al Eterno por lo que nos aconteció. Pues si no nos envía ningún alerta, y aplica directamente el castigo correspondiente por nuestra falta, sin ofrecernos este aviso para que tengamos la posibilidad de arrepentirnos de lo que hicimos, sufriríamos mucho más comparado con lo que nos sucedió al tropezar con una piedra. Por lo tanto, si lo analizamos objetivamente, llegamos a la conclusión que esto que nos aconteció fue bueno por dos motivos:

1 - El alerta del Eterno nos permitió reflexionar y arrepentirnos por haber procedido erróneamente, pudiendo ahora, obtener un buen pago en vez de castigo. 

2 - No sufrimos el castigo severo que deberíamos purgar por la falta cometida 

SEPAMOS TAMBIÉN

En el libro Tana Debei Eliahu (18: 48) está escrito: "La persona está obligada a agradecer, ensalzar y alabar al Eterno por todas las cosas que le sobrevienen, sean estas buenas o malas. 

¿Cómo es esto?.

Si se topó con un león y no lo devoró, que agradezca a alabe al Eterno, pues es posible que para ese león estabas preparado, y te protegió el Eterno.
Lo mismo si te topas con un oso, un perro, un lobo, una serpiente, un escorpión y no te dañaron, debes agradecer y alabar al Eterno, pues es posible que para ellos estabas preparado, y el Eterno te protegió e hizo que no te hagan daño.

De la misma manera, si se te insertó una espina en el pie o la mano, debes agradecer porque no se te insertó en un nervio o en una zona ósea. Y todo el que agradece al Eterno por las cosas pequeñas, es como si lo estaría haciendo por cosas grandes, como está escrito en el libro de los Salmos (32: 6): "Por eso derramará su plegaria hacia Ti, todo hombre bondadoso en el momento de haber hallado".

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