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Unión y Fraternidad

El Eterno nos entregó su sagrada Torá únicamente cuando estuvimos todos unidos. Esto lo aprendemos del pasaje bíblico que describe el momento de la llegada del pueblo al Monte Sinaí, el sitio de la entrega de la Torá. 

En el citado paraje, los hijos de Israel se unieron fraternalmente y nadie discutía con su prójimo. Por eso el versículo declara (Éxodo 19: 2): "Acampó allí Israel", en singular, demostrando que en ese momento estaban todos unidos. 

Al apreciar esta unión, El Eterno dijo: "Ha llegado la hora de entregar la Torá a Mis hijos". (Midrash Eijá: petijá 20)

DATO ALUSIVO

Este vínculo estrecho entre todos, que fue necesario para acreditarnos el derecho de recibir la Torá, se encuentra indicado también en el nombre mismo del pueblo judío, llamado Israel, en memoria del patriarca que engendró a las doce tribus. 

Decimos esto porque que cada letra hebrea tiene un valor numérico específico. Y si calculamos el valor de Israel resulta

Israel se escribe con las letras hebreas: Yod, Sin, Reish, Alef. Lamed

Sus valores son: 

Yod = 10, Sin = 300, Reish = 200, Alef = 1, Lamed = 30

Sumamos: 10 + 300 + 200 + 1 + 30 = 541

Ahora reducimos este número hasta alcanzar un solo dígito:

5 + 4 + 1 = 10

Y ahora: 1 + 0 = 1

Consecuentemente, el nombre del pueblo judío, que es Israel, equivale a uno, y nos indica que ese es el objetivo a conseguir para que El Eterno, que es uno, habite entre nosotros y haya en el pueblo paz eterna y comunión con Di-s. 

Lo mencionado está indicado en el versículo: “En ese día Di-s será uno y Su nombre uno” (Sacarías 14: 9)

COMO SE ALCANZA LA UNIÓN

El Eterno nos encomendó obtener la unión entre nosotros, los integrantes del pueblo de Israel, y a su vez nos concedió libre albedrío, con el fin que optemos por voluntad propia, alcanzar esta meta. Pero no por eso nos dejó a la deriva, sin armas, sino que nos otorgó los medios necesarios para conseguir la anhelada unión.

Una de las vías más importantes para alcanzar la unión es la plegaria. Pues la misma conduce a la comunión con los demás y con El Eterno, como veremos. 

El Eterno ordenó: “...para amar a El Eterno, vuestro Dios, y servirle con todos vuestros corazones” (Éxodo 11: 13) 

Los sabios plantearon: ¿Cuál es el servicio que se efectúa con el corazón?. Debemos reconocer que es la plegaria. (Taanit 2)

CONSIDERANDO

Entre las plegarias que se recitan a El Eterno, hay una que es la más elevada de todas. Nos referimos a la de las 18 oraciones -Shemoná Ezré-. La misma es considerada de nivel superlativo, y se sabe que cuando se la pronuncia, uno se encuentra frente a frente a la presencia de El Eterno.

Por tal razón, los pedidos que cada uno necesita realizar, tanto en lo que respecta a uno mismo, como solicitudes por otros, se los efectúa en esta plegaria, o en su epílogo.

De esta manera, uno se asegura derramar su súplica ante la presencia divina, sin escalas. 

Sin embargo, pese a que se dio un paso clave, eso no quiere decir que se haya acreditado con ese acto la respuesta inmediata a la solicitud. Pues eso depende aun de la decisión de El Eterno. 

Para otorgar respuesta inminente a lo demandado, son tenidos en cuenta varios puntos importantes. 

Entre ellos, la conducta de la persona antes y en el momento de la plegaria. Por ejemplo, no es lo mismo si la persona difamó a otro antes de orar y ahora se para a hacerlo, a aquel que llega frente a El Eterno con las manos limpias.

Tampoco es lo mismo aquel que vino a orar por la mañana, en el primer cuarto del día, a quien lo hizo después, cerca del mediodía. Pues quien lo perpetró en las primeras horas de la mañana, tendrá un acceso directo a El Eterno, a sabiendas que vino a orar en el horario correcto. En cambio quien se demoró, hasta después de la cuarta hora del día, no contará con el mismo beneficio.

Estos que citamos, son solo algunos de los factores que determinan la forma en que El Eterno se dirigirá a la plegaria derramada por la persona. Pero es menester saber, que hay otros factores concluyentes que no dependen exclusivamente de uno, sino del entorno.

Es decir, no es lo mismo que una persona ore solo, a que lo haga con una congregación. 

Respecto a la plegaria en congregación fue dicho:

La plegaria en congregación es muy importante, jamás retorna vacía –sin respuesta-.

Así dijo Rabí Iojanán en el nombre de Rabí Shimón ben Iojai: 

El versículo declara: “Yo derramo mi plegaria a ti, El Eterno, en el momento de buena voluntad”. Sobre esto se pregunta: ¿Cuándo es el momento de buena voluntad?. Se responde: Es cuando la congregación está reunida orando. (Talmud Brajot 8)

En tanto, los sabios dijeron: 

“Yo derramo mi plegaria a ti, El Eterno, en el momento de buena voluntad”. Esto lo dijo el rey David, porque estaba solo, y necesitaba orar a la hora que la congregación lo hace para que su plegaria sea en momento de buena voluntad. Pero respecto a la plegaria de la congregación misma, jamás retorna vacía –sin respuesta-. Puesto que el reparo de El Eterno sobre la generalidad es mucho mayor que el que practica sobre una individualidad. Pues seguro que en la congregación se hallará un individuo que ora con devoción y concentración plenas, y por causa de él, todos reciben respuesta. (Debarim Rabá 2, Etz Iosef)

Asimismo fue dicho: tres plegarias son escuchadas: la plegaria de un individuo que ora derramando lágrimas, todos los días; la plegaria de un individuo en los días que van desde Rosh Hashaná hasta Iom Kipur; la plegaria de la congregación, todos los días. (Tiferet Shmúel)

También fue promulgado: La plegaria de la congregación se escucha siempre, incluso que haya allí pecadores, pues El Eterno no desprecia las preces de la multitud. Por eso debe la persona unirse a la congregación, y no orar solo, todo el tiempo que le sea posible hacerlo. (Rambam capítulo 8 de Halajot Tefilá)

CONCLUSIÓN

La plegaria de las 18 oraciones -Shemoná Ezré- es muy elevada, pues en ese momento uno está frente a la presencia divina y puede pedirle lo que desee. Más aun si se la recita en congregación, ya que en ese caso El Eterno la acepta de buena voluntad.

Dado el nivel superlativo de esta plegaria en congregación, uno deduce: “seguramente no hay nada más elevado que esto”. 

Sin embargo, quien piensa así se equivoca, pues hay algo más elevado.

Nos referimos al momento de la comunión de la congregación toda con El Eterno. Esto acontece en momentos clave, por ejemplo, al culminar la plegaria de las 18 oraciones, durante el recitado de kadish.

EL KADISH

El Kadish es una plegaria breve en la que uno –el representante de la congregación- propone: 

“Sea santificado y engrandecido el gran nombre (de Di-s)”.

La congregación responde tras él: ¡Que así sea! –amén- 

Luego el que recita el Kadish pronuncia unas breves palabras más de alabanza y proclama: 
“Sea Su gran nombre bendecido por siempre jamás. Sea bendecido, alabado, glorificado, enaltecido, exaltado, elogiado, homenajeado y alabado, el nombre de Di-s. Por encima de toda bendición, canto, alabanza y loor, que son pronunciados en el mundo”. 
Y todos responden:

“Amén, Sea Su gran nombre bendecido por siempre jamás”.
Esta declaración de la congregación, al unísono, demostrando una comunión total con El Eterno, consiste en la elevación más grandiosa. 

Es por eso que se enseñó:

Quien ingresa a la sinagoga, y encontró a la congregación recitando la plegaria Shemoná Ezré –seguramente desea unirse a la congregación, y recitarla junto a ellos con el fin de adjudicarse los beneficios de la plegaria en congregación. Sin embargo debe considerar-, si puede culminar la plegaria antes de que el representante de la congregación pronuncie la alabanza Kedushá o Kadish, en ese caso, que se una a la congregación y recite la plegaria junto a ellos. De lo contrario no se une a ellos, sino aguarda a que todos terminen, el representante recita kedushá, kadish, y luego de eso, este individuo reza solo. (Shulján Aruj Oreaj Jaim 109: 1)

Algo grandioso se desprende de aquí, es preferible perderse la plegaria en congregación, con todo lo que ello representa, y no perderse el Kadish.

Aprendemos que un instante de unión total, de la congregación entera con El Eterno, tiene más importancia que cualquier otra cosa.

Es porque el objetivo a alcanzar es precisamente ese, la unión de todos con El Eterno, y en el momento de recitar el Kadish, eso se consigue.

IMPORTANCIA DEL KADISH

Debido a la vital importancia de esta alabanza, se enseñó en el Talmud: 
Es obvio que la plegaria de las dieciocho oraciones, no se interrumpe por ninguna cosa –a menos que haya peligro de vida. Sin embargo, dada la tremenda importancia del recitado del kadish- ¿Es posible qué se interrumpa para responder: “Sea Su gran nombre bendecido por siempre jamás”? 

Cuando Rab Dime vino de Israel a Babilonia enseñó: Rabi Iehuda y Rabí Shimón, los alumnos de Rabí Iojanán dijeron: por ninguna cosa se interrumpe, excepto: “Sea Su gran nombre bendecido por siempre jamás”. Pues aunque sea que se encuentra en medio del estudio de la Mercaba –las leyes de la creación según la cabala más profunda-, interrumpe. (Talmud tratado de Berajot 21b)

Tomando en cuenta lo declarado por Rab Dime y otros sabios, la ley fue fijada de esta manera: quien se encuentra recitando la plegaria de las 18 oraciones, y en ese momento alguien comenzó a recitar kadish, debe interrumpir su plegaria, hacer silencio, aguardar a que la congregación responda “Sea Su gran nombre bendecido por siempre jamás”, y luego prosigue. Al hacer silencio en un momento en el que no puede hablar, como lo es la plegaria de las 18 oraciones, se le considera como que respondió a la par de la congregación. (Shulján Aruj Oreaj Jaim 104: 7)

Pero si hace caso omiso y prosigue con su plegaria en el momento del recitado del Kadish, provocará que El Eterno no repare en su plegaria durante 40 días. (Notrei amén)
Conclusión

Es vital redoblar esfuerzos para conseguir la unión entre los integrantes del pueblo judío, y lograr también la comunión de todos con El Eterno. Esto se consigue poniendo en práctica los medios que nos fueron legados, siendo uno de ellos, quizá el más indicado, participar de la plegaria en congregación, y asociarse al recitado del Kadish. 
Al hacerlo, se alcanza el momento cumbre de comunicación y vínculo entre todos. Pues durante los 5 segundos que tardan en pronunciar “Amén, Sea Su gran nombre bendecido por siempre jamás” todos los congregados hacen una misma cosa, fundidos en uno y al unísono, en honor de El Eterno.

FUENTE

A continuación narraremos el suceso que llevó a los sabios a incluir en el código de leyes –Shulján Aruj- la necesidad de ser muy diligente en la búsqueda de una congregación para participar del Kadish.

Rabí Jía y Rabí Iosei se hospedaron en cierta hostería, y a mitad de la noche, se levantaron para estudiar Torá.

La hija del propietario del lugar, escuchó y llegó para encender a ellos velas. Se quedó parada a sus espaldas, y prestaba atención a las sabias palabras que eran pronunciadas por los eruditos.

Rabí Iosei fue quien dio inicio al tema que tratarían, citando un versículo del libro de los Proverbios (6: 23): “Porque la vela es el precepto y la Torá es la luz, y el camino de la vida, son las éticas de moral”.

Entonces explicó la redundancia aparente que aparece en el versículo. Reveló que se aprende de aquí, que todo aquel que se esfuerza en el estudio de la Torá, la Torá ilumina delante de él, y se acredita que sea encendida delante suyo una vela por cada uno de los preceptos que realiza, para que le ilumine en el mundo venidero. Pues al estudiar Torá, logra encender la luz suprema que se halla en las alturas.

A continuación aclaró: Sabido es que una “vela” sin luz (fuego) no tiene utilidad, o sea, un precepto sin Torá es como una vela sin luz. Y la luz (el fuego) sin vela tampoco tiene utilidad (pues se apagará enseguida), esto es, el estudio de la Torá sin cumplir sus preceptos. Por eso, cada uno debe esforzarse en el estudio de la Torá, y el cumplimiento de sus preceptos.

Los sabios continuaron disertando sobre el tema, y la hija del hotelero que escudaba, se acercó hasta la puerta.

Al ver Rabí Iosei que ella estaba parada oyendo, agregó y dijo: “¿Qué es una vela?. Es el precepto a través del cual las mujeres resultan ameritadas, en referencia a las velas de Shabat. Pero al ser que las mujeres no están obligadas al estudio de la Torá, entonces ¿cómo lograrán encender sus velas para que iluminen?. 

Esto lo logran a través del estudio de sus maridos, el cual enciende sus velas (por eso deben preocuparse en que sus esposos estudien)”.

Al escuchar esas palabras, la mujer comenzó a llorar, y al oír su llanto, su padre despertó. Se dirigió a la sala donde los sabios se encontraban, y en ese momento vio a su hija parada detrás de ellos, llorando.

El padre le preguntó ¿por qué lloras?. 

Ella le contó lo que había escuchado de boca de los eruditos, acerca de la grandeza del estudio de la Torá. Cuando el padre oyó esto, también él irrumpió en llanto.

Rabí Iosei se dirigió a él y le preguntó: “¿Acaso tu yerno, el marido de tu hija, no estudia Torá?”.

El dueño del hotel respondió: “Hace un tiempo sucedió un acontecimiento muy extraño, el mismo ocasionó que tanto yo como mi hija lloremos permanentemente.

Esto fue lo que pasó: cuando se iba a comenzar el rezo, divisé que un joven saltó del techo a la sinagoga para responder ‘Amén’ junto con la congregación, durante el recitado del ‘Kadish’. Enseguida comprendí que se trata de un joven temeroso de El Eterno y pensé en ofrecerle a mi hija, para que la tome por esposa.

Por eso, cuando la gente abandonó la sinagoga, me acerqué a él y le ofrecí a mi hija. Pues pensé que si saltó del techo para correr a responder el Kadish, seguro que es un gran hombre, sabio en Torá, a pesar de ser un muchacho joven, y desconocido para mí.

Pero sucedió que ni siquiera recitar la bendición para después de la comida sabe, y no tiene éxito en su estudio, ni puede aprender el recitado del ‘Shemá Israel’”.

Rabí Iosei le respondió: ”Quizá les nace un varón que será un hombre grande”.

Entretanto, el joven despertó y se acercó hasta ellos. Rabí Iosei al verlo meditó y dijo: “Con certeza yo veo en este joven que la luz de la Torá sale de él al mundo, o le nacerá un hijo y se iluminará a través de él”.

El muchacho sonrió y dijo: “Maestros: ¡Permítanme decir algo!. Y comenzó a hablar: está escrito en el libro de Job (32: 6): ‘Joven soy yo en días, y vosotros ancianos, por eso tuve miedo y temí hablar sobre mis conocimientos ante vosotros’”.

Luego de esta presentación, relató a ellos que vino de Babilonia, y es hijo de Rab Safra. Y prosiguió: “me tuve que quedar en vuestra tierra, y me propuse no revelar mis conocimientos de Torá hasta que transcurran dos meses, y ahora se cumplió el tiempo que he fijado. Por eso me alegro de hallarme en torno de grandes sabios de la Torá como vosotros”.

El dueño del hotel y su hija quedaron anonadados, y se alegraron enormemente. En tanto Rabí Iosei se levantó y lo besó en la frente. Luego lloraron a causa de la inmensa alegría.

Como consecuencia de ese joven que saltó del techo para escuchar y responder “Amen” ante el recitado del “Kadish”, quedó sentenciado en el código de leyes: “el individuo debe correr a escuchar Kadish”. (Zohar Terumá, pag. 166 - Shulján Aruj Oreaj Jaim 56: 1)

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