El libro
del Génesis describe el proceso de la creación. El primer
día fueron creados los cielos y la tierra, y también la
luz (Genesis 1: 1 a 4). El segundo día fueron separadas
las aguas superiores de las inferiores, originándose la
expansión de los cielos (Genesis 1: 6 a 8). El tercer día
las aguas terrestres fueron reunidas en un lugar para que
emerja la tierra firme. Son creados en ese día la vegetación
y los árboles frutales. (Genesis 1: 9 a 13) El cuarto día
son constituidos y colocados en órbita los astros celestiales,
permitiendo que el tiempo pueda ser medido desde la tierra
(Genesis 1: 14 a 19). El quinto día son creados los reptiles
y las aves (Genesis 1: 20 a 23). El sexto día son creados
los animales terrestres y también el ser humano (Genesis
1: 24 a 31). Finalmente, el día séptimo Di-s descansó de
toda la obra que hizo (Genesis 2: 1 a 3)
Veamos algunos detalles de esta sensacional creación enunciada
Consta en el Talmud (Menajot 29b): el universo fue creado
a través de la letra hebrea “he”.
La misma consiste en un carácter totalmente mudo, similar
a la “h” española. Esto implica que se trata del carácter
más fácil de pronunciar, ya que solo con exhalar un poco
de aire lo habremos logrado. Sin embargo, todas las demás
letras, su pronunciación requiere la articulación de diferentes
órganos: la lengua, músculos del paladar, acción de los
labios, dentadura.
Se concluye que similar a la facilidad con que es pronunciada
la letra “he”, de esa misma manera El Eterno creó el universo.
REFLEXIONANDO
Lograr una idea cabal y representativa de la creación tal
como la apuntamos, está fuera del alcance de la percepción
humana. Es realmente difícil imaginar que a través de pronunciar
una letra se puede crear una planta, un árbol de manzanas,
una montaña, una nube, golondrinas, cisnes, jirafas y seres
humanos.
La mente humana, en el estado en el que se encuentra, carece
de medios suficientes para imaginar como por medio de la
vocalización de un simple carácter es posible realizar toda
la creación que está frente a nuestros ojos. No obstante,
para El Eterno esto fue factible.
Un hecho concreto y verdadero es que el desenlace de la
creación consta en la Torá. Siendo así, tomando en cuenta
que la Torá fue dada a los hombres para que la estudien
e interpreten, deducimos consecuentemente que al menos algún
medio propicio para comprender este desenlace citado debe
existir.
VEAMOS
Maimónides, en su libro “Mishné Torá” expone:
“Es algo sabido –consta en el Sefer Haietzirá-, todo lo
que hay en el universo está compuesto por cuatro elementos:
aire, agua, fuego y tierra”.
Rabi Saadia probó ese principio de esta manera (en su explicación
a Sefer Haietzirá):
Es posible realizar un experimento sencillo cuyo resultado
permite imaginar un paralelo bastante representativo de
la creación.
Para conseguir este efecto se exhala con fuerza frente a
un espejo u otro vidrio. Resultará que el aliento emanado
por la boca empaña al cristal. Este fenómeno intensificado
propiciará que la sucesiva acumulación gaseosa derive finalmente
en la formación progresiva de una serie de pequeñas gotas
de agua que humectan la superficie. La resultante de este
experimento básico consiste en el logro de una idea concreta
que posibilita asumir racionalmente la viabilidad de crear
agua a partir del aire.
También es posible extraer fuego del agua. Tal fenómeno
se consigue disponiendo un recipiente de vidrio puro, al
cual se le introduce una medida considerable de agua. Una
vez preparado se lo sitúa frente a los rayos del sol. Esto
debe ser realizado en el mes hebreo de Tamuz, el más caluroso
del verano. Un paso adicional e imprescindible para conseguir
el efecto deseado será rodear al objeto con unos trozos
de lino. Al cabo de un prudencial lapso de tiempo, la vista
observará la aparición reiterada de chispas ígneas que terminan
por encender el lino que se convertirá finalmente en llamas.
Lo observado resulta un móvil atinado que permitir elevar
en el contexto racional la idea concreta de creación de
fuego a partir del agua. (Este proceso es citado por los
sabios del Talmud y la Mishná en el tratado de Beitzá, cap.
3)
Nos resta explicar como generar de lo obtenido tierra. Lograremos
este efecto llenando una olla de agua y disponiéndola sobre
el fuego. Para lograr un resultado satisfactorio debe aplicarse
una alta temperatura. Tras un lapso medianamente prolongado
de cocción, podrá observarse en la superficie del recipiente
la formación de ciertos elementos sólidos, duros como la
piedra, producto del efecto que el fuego ejerció sobre el
agua.
Con este experimento se completa la ilustración que muestra
como es posible crear solo con la letra “h” los cuatro elementos
básicos que componen toda la materia que hay en el mundo.
AVANZANDO
Lo previamente expuesto aun no es suficiente para que todo
exista. Para que ello ocurra hace falta procesar estos componentes
básicos y dar forma a cada cosa. Pues a nadie con un nivel
intelectual medianamente desarrollado le podrán decir que
una computadora se formó mediante una cadena sucesiva de
explosiones. La razón humana sensata rechaza de plano una
suposición tal, más, teniendo en cuenta el gran número de
reacciones programadas que se requieren para que una explosión
pueda producirse.
Un entendido sabe que jamás, mediante el efecto de un reiterado
suceso de explosiones se puede crear un transistor, un circuito
integrado o un tubo de rayos catódicos. Para esto se necesita
de la alta tecnología y de la sabia combinación de cada
elemento.
Se requirió análisis de laboratorio y el esfuerzo de muchas
mentes hasta que Julius Plücker en 1859 realizó experimentos
con Rayos Catódicos.
La base de su descubrimiento consistió en disponer dos Electrodos
dentro de un tubo sellado de vidrio al que se extrajo gran
parte del aire que contenía. Consecuentemente, al aplicar
un Voltaje alto a través de los electrodos, emerge en este
complejo un haz de rayos desde el electrodo negativo llamado
Cátodo hacia el electrodo positivo llamado Anodo.
Estos rayos tienen naturaleza negativa, ya que son repelidos
por el extremo negativo de campos eléctricos (Cátodo) y
magnéticos (Sur Magnético).
Luego de este, se realizaron nuevos experimentos, cada vez
más avanzados y complejos. Finalmente, tras muchísimos años
de esfuerzo, se logró un tubo de rayos catódicos sofisticado,
del que derivó el que apreciamos en los monitores de nuestras
computadoras.
Como se ha visto, no entramos en detalles minuciosos de
los experimentos y hallazgos de laboratorio ejecutados hasta
alcanzar el objetivo final. Mas lo expuesto es suficiente
como para aseverar que un tubo de rayos catódicos no es
producto de un acto explosivo fortuito.
Si alguien osa presentar esta hipótesis a uno de los científicos
con mente privilegiada que trabajan en la confección de
este tipo de equipo sofisticado, cometería una total falta
de respeto. Pues ellos estudiaron muchos años, en los que
debieron pasar largas horas del día e incluso muchas noches
en vela, para comprender las teorías de sus ancestros que
les precedieron y les permitieron contar con datos trascendentales
para avanzar en la mejoría del producto. Ellos, tras todo
este esfuerzo descomunal planificaron y diseñaron un sofisticado
modelo de tubo de rayos catódicos que supera los anteriores
y se estima irrumpirá en el mercado, marcando una revolución
tecnológica histórica. ¿Y uno ahora se presenta y le sugiere
que lo que él logró es producto de una explosión fortuita
llamada big bang?.
UNA ANÉCDOTA
En el Midrash Temurá, se narra un episodio alusivo a nuestro
tema. El mismo tuvo como protagonista principal a una de
las eminencias más destacadas de la época talmúdica, Rabí
Akiva
Cierto individuo incrédulo se acercó a Rabí Akiva y le cuestionó:
- ¿Quién creó el universo?.
Rabí Akiva le respondió: “Di-s”
El individuo, insatisfecho, insistió:
- ¡Dame pruebas concretas!.
El sabio para gran sorpresa de su interlocutor le sugiere:
“¡Regresa mañana!”.
Al día siguiente, tal lo convenido, el individuo se presenta.
Rabí Akiva lo recibió y de inmediato comenzó a explicarle:
“¿Con qué te vistes?”
- Pues, ¡Con ropa!.
“¿Quién la hizo?”
- El sastre.
El erudito le sugiere: “¡No te creo, dame pruebas concretas!”.
-¿Cómo te puedo demostrar algo que es obvio?, ¿No sabes
que el sastre la hizo?. Para hacer una prenda así se requiere
un profesional.
Rabí Akiva le propone ¿Cómo te puedo demostrar algo que
es obvio?, ¿No sabes que Di-s hizo el universo?”.
El sujeto supo que ya no podría presentar más argumentos,
después que él mismo convalidó con su propia declaración
la aseveración del sabio. Por lo tanto se despidió y tornó
a su morada.
Cuando se hubo retirado, los discípulos le preguntaron al
Rabí:
“¿Que es eso tan obvio, lo cual demuestra que Di-s creó
el universo?”.
El maestro les respondió: “Así como la casa demuestra que
los constructores la hicieron, porque no hay nadie más que
la pueda hacer, o una prenda de vestir, que un sastre la
realizó, y la puerta, que el carpintero la construyó, del
mismo modo, el universo demuestra que Di-s lo creó”.
REFLEXIONANDO
Si contemplamos alguno de los seres vivos que habitan el
planeta, nos maravillaremos aun más con la obra de la creación.
A simple vista podemos observar a un niño corriendo por
el parque, jugando y saltando alegremente.
¿Pero qué pasa si ese chiquilín un día desfallece, y su
cuerpo adquiere una temperatura descomunal, una altísima
fiebre?. No sabremos que hacer para ayudarlo hasta que entendamos
que es lo que provoca tal reacción. Para intentar alguna
acción esperanzadora será imprescindible saber como está
compuesto su cuerpo y que es lo que sucedió dentro de él.
Solo que ese análisis no lo podremos realizar ahora, llevaría
decenas de años de trabajo, esfuerzo y estudio, por lo que
cuando logremos saber la solución para su afección, el jovenzuelo
ya no podrá recibirla. Por lo tanto, la única alternativa
es recurrir al instante a quien ya cuenta con los extractos
de toda esa investigación que se efectuó a través de los
siglos. Este profesional, posiblemente le otorgue una medicina
eficaz que lo ayude a recuperarse. Muy probablemente la
certera prescripción del experto permitirá que en un plazo
no lejano se vea al niño nuevamente derrochar energía, corriendo
alegre por el parque.
Comprendemos fehacientemente que el médico no es mago, sino
que cuenta con el resumen de los estudios realizados y conoce
el comportamiento de las partes del cuerpo, más la fisonomía
y rutina de los distintos órganos y el funcionamiento de
los diferentes sistemas que ellos integran. Es precisamente
este, el único y excluyente motivo por el cual tiene la
posibilidad de ayudar.
INTERIORIZANDO
Vayamos un poco más allá en nuestro planteo. Hurguemos un
poco en la historia para interiorizarnos sobre el procedimiento
llevado adelante por aquellos hombres de ciencia primitivos
que realizaron los citados análisis cuyos resultados llegaron
a este doctor. Sabremos la razón que conllevó al profesional
citado a disponer de medios concretos para suministrar la
medicación acertada al pequeño que luego sanó y volvió a
correr alegremente por el prado.
Las enciclopedias especializadas revelan, que los investigadores,
tras minuciosos análisis y conjeturas sentenciaron: “Para
poder comprender cómo funciona el cuerpo humano sano, cómo
se desarrolla y envejece y qué falla en caso de enfermedad,
es imprescindible conocer las células que lo constituyen”.
Célula es la unidad mínima de un organismo capaz de actuar
de manera autónoma. Todos los organismos vivos están formados
por células, y en general se acepta que ningún organismo
es un ser vivo si no consta al menos de una célula.
Sus características generales son: hay células de formas
y tamaños muy variados. Algunas de las células bacterianas
más pequeñas tienen forma cilíndrica de menos de una micra
o µm (1 µm es igual a una millonésima de metro) de longitud.
En el extremo opuesto se encuentran las células nerviosas,
corpúsculos de forma compleja con numerosas prolongaciones
delgadas que pueden alcanzar varios metros de longitud (las
del cuello de la jirafa constituyen un ejemplo espectacular).
Tras alcanzar esta rutilante conclusión, los eruditos en
la materia comprendieron que es necesario saber como están
compuestas las células y de que manera interactúan.
Continuaron investigando y dedujeron que pese a las muchas
diferencias de aspecto y función, todas las células están
envueltas en una membrana - llamada membrana plasmática
- que encierra una sustancia rica en agua llamada citoplasma.
En el interior de las células tienen lugar numerosas reacciones
químicas que les permiten crecer, producir energía y eliminar
residuos. El conjunto de estas reacciones se llama metabolismo
(término que proviene de una palabra griega que significa
cambio). Todas las células contienen información hereditaria
codificada en moléculas de ácido desoxirribonucleico (ADN);
esta información dirige la actividad de la célula y asegura
la reproducción y el paso de los caracteres a la descendencia.
Estas y otras numerosas similitudes (entre ellas muchas
moléculas idénticas o casi idénticas) demuestran que hay
una relación evolutiva entre las células actuales y las
primeras que aparecieron sobre la Tierra.
AVANZANDO
Tras los sensacionales y revolucionarios hallazgos alcanzados,
los científicos fueron perseverantes en su investigación,
y llegaron a comprender también que sucede dentro del núcleo
de las células y como funcionan los diferentes componentes
de su interior.
Estos logros generaron la posibilidad de descubrir medicación
para remediar desperfectos producidos en el metabolismo,
lo que implica solucionar problemas de salud en los seres
humanos, entre los cuales se encuentra el del pequeño de
nuestro caso que jugaba y saltaba en el parque.
SURGE DE AQUÍ
Advertimos incontrovertiblemente que al analizar las obras
de la creación, e interiorizarnos en los detalles más pequeños,
arribamos a la única conclusión que es imposible pretender
que se han formado solas. Apreciamos que se requiere una
fuente de conocimientos y una precisión tal, que sería inadmisible
bajo todo punto de vista realizar algo semejante en forma
fortuita. Llegamos indefectiblemente a la conclusión de
que un Ser Sabio y Supremo hizo todo. Ese Ser es Di-s.
Por lo tanto, nuestra condición humana, en calidad de creaciones
del Único Creador, implica, que debemos aspirar como única
meta a insertarnos en Su plan y asociarnos a Su obra.
Antes bien, una oportuna reflexión interna nos induce a
preguntar ¿es acaso posible tener parte en la obra de Di-s?.
La respuesta es: ¡Por supuesto que sí!, ¡Es ello realmente
posible!. Pues el versículo declara: (Génesis 2: 3): “Y
bendijo Di-s al día séptimo y lo santificó, pues en él descansó
de toda labor que creó Di-s para hacer”.
“...que creó Di-s para hacer” enseña que el Todopoderoso
creó todo de la nada para que nosotros “hagamos” con eso
y de esta manera nos asociemos a Su creación. (ver Kli Yakar)
CONSECUENCIAS
Cuando uno trabaja con el fin de obtener dinero para el
sustento propio y el de la familia, a través de ese acto,
uno consigue asociarse a la creación. La labor realizada
de acuerdo a las normas que enseña la Torá es de carácter
trascendental, a tal extremo que el versículo expresa sin
reparos: ”Y tomó El Eterno al hombre (Adam), y lo colocó
en el jardín del Eden, para que lo trabaje y lo cuide. Y
ordenó El Eterno al hombre diciéndole: de todo fruto del
huerto podrás comer”. (Génesis 2: 15 - 16)
Analizando diligentemente el texto citado, se aprecia que
en primer orden El Eterno ordenó al hombre trabajar y luego
acerca de su alimento.
Advertimos de lo expuesto, la significativa importancia
del trabajo, pues Adam no probó bocado sino hasta después
de haber realizado su labor. (Abot de Rabí Natán 11)
DERIVACIÓN
Surge de lo enunciado la enorme y vital importancia ligada
al acto de trabajar. Sin embargo, no debe olvidarse que
“no solo de pan vivirá el hombre”.
Esto implica, que antes de asistir al empleo para asociarse
a la obra de la creación a través del trabajo realizado,
es menester recitar una plegaria matutina. Pues si bien
el trabajo físico suministra el medio tangible para asociarse
a la creación terrena, la plegaria es el trabajo espiritual,
que conlleva a la asociación de la creación en el plano
espiritual. (ver Talmud, tratado de Brajot)
Por lo tanto, tiene gran relevancia orar a El Eterno antes
de partir a la labor diaria, luego es prudente estudiar
al menos algo breve como un par de leyes o la Torá oral
llamada “Mishná”. Seguidamente se toma el desayuno y entonces
si, se emprende la marcha hacia el empleo.
Este circuito permite asociarse a la creación, tanto material
como espiritualmente. Consiste en el medio directo para
conectarse con El Eterno y ser parte activa de Su plan.
Por eso, al llevarlo a cabo, la adjudicación lograda será
de real provecho, y los beneficios seguramente recaerán
sobre todo el ámbito que rodea a esta persona justa que
permanece fiel a la función primordial a él asignada.
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.