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La Torá oral y la escrita
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Itzjak, el segundo patriarca judío, vivía en Israel, llamada por entonces tierra de Kenaan. El Pentateuco describe la hambruna que sobreviene sobre la tierra donde Itzjak vivía con su familia, ocasionando que se dirija a Guerar, para hablar con Abimelej, el rey de los Filisteos. En ese momento El Eterno se le aparece y le dice: “¡No desciendas a Egipto, mora en la tierra que te diré!. Habita en esta tierra y estaré contigo y te bendeciré, porque a ti y a tu simiente daré todas estas tierras y cumpliré el juramento que realicé a Abraham tu padre. Multiplicaré tu simiente como las estrellas de los cielos y daré a tu simiente todas estas tierras, y se bendecirán en tu simiente todos los pueblos de la tierra. Por cuanto que escuchó Abraham Mi voz, y guardó Mis guardas, Mis preceptos, Mis estatutos y Mis leyes”. (Génesis 26: 1 - 5)

ANALISIS

El último versículo citado contiene el móvil esencial y básico que indujo a El Eterno a brindar un anuncio concluyente a Itzjak, la entrega de la tierra en cuestión al pueblo de Israel. Al mismo tiempo, este versículo contiene una serie de datos determinantes que no se aprecian a simple vista, sino mediante análisis sagaz y evaluación puntillosa. A continuación nos ocuparemos de apreciar parte de los mismos. 

El análisis:

La primera palabra de nuestro versículo, “Por cuanto”, en su original en hebreo es “ekeb” y se escribe mediante las letras: “Ain” “Kof” “Bet”. 

Ekeb = Ain + Kof + Bet

Estas letras tienen un valor numérico particular, tal como acontece con cada una de las que componen el alfabeto hebreo. 

Los valores:

El valor de “Ain” es 70, el valor de “Kof” es 100 y el valor de “Bet” es 2. 

Sumando estos parciales obtenemos el valor total de la palabra “ekeb”. 

La suma:

70 + 100 + 2 = 172. 

Resulta que el valor numérico de “Por cuanto” –ekeb- es 172.

DATO PARALELO

Por otro lado sabemos que Abraham vivió en total 175 años. Tal como lo revela el versículo: “Estos son los días de los años de vida de Abraham que vivió: ciento setenta y cinco años”. (Géneisis 25: 7)

Sabemos además, que el citado patriarca reconoció al Creador a la edad de tres años. (Midrash)

Analizamos brevemente lo expuesto y resulta:

Abraham vivó 175 años, y reconoció a Di-s a los 3 años. Deducimos mediante una ecuación simple (175 – 3 = 172) que durante 172 años el patriarca escuchó la voz de El Eterno. 

La deducción alcanzada se encuentra aludida en nuestro versículo. Para apreciarlo bastará con reemplazar la expresión “por cuanto” por el valor “172”. 

Resulta:

“172 (años) escuchó Abraham Mi voz, y guardó Mis guardas, Mis preceptos, Mis estatutos y Mis leyes” (Talmud Nedarim 32ª, mefarshim)

OTROS DATOS:

Pasemos ahora a la inspección de los siguientes datos emblemáticos enunciados en el versículo, a los cuales guardó Abraham y aparecen en el texto precedidos del pronombre posesivo Mi.

“Mis guardas, Mis preceptos, Mis estatutos y Mis leyes”

Veamos que significan las cuatro cosas anunciadas que guardó el patriarca además de escuchar la voz de El Eterno (escuchó Abraham Mi voz):

PRIMERA COSA

Las “guardas” a las que se refiere el versículo cuando declaró “guardó Mis guardas”, consisten en vallas protectoras que se colocan para resguardar los preceptos establecidos por la Torá. 

EJEMPLO ALEGÓRICO

Figurativamente, sabemos que la municipalidad colocó el cordón cuneta para demarcar el límite entre la calle que es el lugar por donde circulan los automóviles, y la acera, que es el sector destinado al tránsito de los peatones. Se hizo esto, cumpliendo con la ley que estipula obrar de tal modo con todas las calles pavimentadas de la ciudad. 

Pese a que el límite está bien marcado por la ley, y la obra se efectuó correctamente, a nuestros hijos no les permitimos esperar el ómnibus escolar que los vendrá a buscar, parados arriba del cordón cuneta. Les ordenamos que se alejen medio metro más hacia el interior de la vereda, porque “uno nunca sabe que puede pasar...”. A través de esta decisión preventiva hemos elaborado una valla protectora que se adiciona a la dispuesta por ley. 

Esta acción descrita es una muestra fehaciente de la necesidad de disponer guardas a los límites ya establecidos para proteger lo que amamos o deseamos. 

Paralelamente, los preceptos que El Eterno nos legó son muy preciados para nosotros, pues nos permiten mantener la comunicación con nuestro Padre Celestial a través de su cumplimiento. Por lo tanto, permaneciendo unidos a Él, lo tendremos a tiro para agradecerle por todo lo que nos da, y pedirle lo que aun no hemos recibido y creemos que necesitamos. Por tal razón, los sabios nos encomendaron las guardas necesarias, para que esta unión con El Eterno siga vigente y no se deteriore. 

SEGUNDA CUESTIÓN

La segunda cosa que guardó Abraham, y es mencionada en el versículo son “los preceptos”. Veamos a que se refiere esta declaración:

Son aquellos actos que aunque no hubiesen sido ordenados, de todos modos, uno los realizaría tras deducir mediante un razonamiento lógico las bondades de los mismos. Por ejemplo: la necesidad de no atentar contra la vida de otras personas, o la de no robar.

UN INTERROGANTE

Respecto a este tipo de preceptos lógicos, surge una pregunta elemental ¿Para qué El Eterno nos ordena cosas que de todos modos haremos sin necesidad que nos sean ordenadas?

La respuesta 

El Eterno deseó beneficiar a los hijos de Israel para que puedan acceder a lugares de privilegio en el Mundo Venidero. El objetivo está orientado a que puedan acumular los méritos suficientes que les permitan, llegado el momento, ingresar a esos parajes. Por eso adicionó a ellos Torá y preceptos, como está escrito: “El Eterno deseó incrementar los méritos de Israel, por eso aumentó a sus siervos Torá para que se fortalezcan” (Isaías 42: 21)

¿Cómo es esto?

Un ejemplo práctico lo encontramos en uno de los pasajes del Pentateuco. Se ordenó trabajar la tierra durante seis años, y el séptimo que sea de reposo. Tras la culminación de este año de cesantía en la actividad agropecuaria, El Eterno ordena a Moshé: “Reúne al pueblo: hombres, mujeres y niños” (Deuteronomio 31: 12) 

Los varones adultos asisten a la cita con fines de estudiar con detenimiento, las mujeres para escuchar (las palabras que los sabios pronunciarán) y los niños ¿Para qué llegan a esta reunión?. Lo hacen para que les sea otorgado el correspondiente pago a quienes los traen. (Rashi, Talmud) 

Esta aclaración respecto al motivo de la presencia de las criaturas es algo que se desprende automáticamente. Pues si el padre y la madre llegan hasta la reunión que será en muchas ocasiones bastante lejos de sus hogares, demás está decir que traerán consigo a sus hijos, ya que son demasiado pequeños para quedar solos en la casa. 

¿Por qué entonces ante algo qué es tan obvio (traer consigo a los chicos) la Torá nos ordena al respecto?. 

Respuesta

“Para que les sea otorgado el correspondiente pago a quienes los traen”. La Torá ordena cumplir algo que de todos modos la gente hará por si sola para que esta acción, se convierta en un precepto y de esta manera se le otorgue a quien lo cumple el pago correspondiente. 

TERCERA CUESTIÓN

La tercera cosa que guardó Abraham, son los “decretos”. Tal como está dicho: “Mis decretos”.

Se refiere a aquellas prohibiciones que no tienen un motivo explicable según la lógica. Por ejemplo la regla que prohíbe vestir una prenda confeccionada con mixtura de lana y lino. Como está escrito: “No vistáis mixturas, lana y lino juntos” (Deuteronomio 22: 11)

Al ser este tipo de ordenanzas al estilo de “decretos”, sin ser posible deducir sus motivos por los propios medios racionales de uno, en ocasiones, será más difícil darles cumplimiento. Se debe a que el razonamiento lógico del individuo no capta el beneficio de tales mandatos. Por eso al realizarlos uno demuestra una estrecha, leal y desinteresada comunión con El Eterno. 

UN EJEMPLO

Consta en la sección de la Torá intitulada Balak (“Números” capítulos 22 y 23), que Balak, el rey de Moab temió mucho ante el poderoso pueblo de Israel que se acercaba a sus tierras. Por tal razón mandó llamar a Bilam para que maldiga a Israel y de esa manera, quizá lo podría vencer. 

Balak hizo esto a sabiendas de que a quién maldice Bilam, está perdido, pues su maldición surte efecto indefectiblemente. Lo mismo acontece con quién bendice, su bendición surte efecto en tal persona o nación de manera irrefutable. Por tal razón lo envió a buscar para solicitarle que maldiga al pueblo de Israel. 

Bilam recibe la noticia y tras escuchar, sugirió a los enviados que pasen la noche en su casa y luego les responderá cual es la voluntad de El Eterno al respecto. 

Esa misma noche, El Eterno se revela a Bilam y le pregunta "¿Quiénes son estos hombres?". 

Bilam le responde: "Balak ben Beor, el rey de Moab los envió hacia mí, para que me digan: He aquí el pueblo que salió de Egipto (Israel) cubrió la faz de la tierra (de tantos que son). Ahora, ve y maldícelo, quizá así pueda pelear con ellos y expulsarlos" 

"El Eterno le respondió a Bilam: No vayas con ellos. No maldigas al pueblo porque es bendito" 

Por la mañana, Bilam se incorporó e informó a los enviados de Balak la respuesta de El Eterno. Estos se retiraron y la transmitieron al rey. Éste, no obstante, volvió a insistir enviándole emisarios más honorables que los primeros. 

Los nuevos enviados se presentan y solicitan a Bilam que maldiga al pueblo de Israel. Pero Bilam respondió "por más que Balak me ceda su casa llena de oro y plata, no puedo profanar la palabra de El Eterno". 

De todos modos, les sugirió que pasen la noche en su casa para ver que novedad le manifiesta El Eterno al respecto. 

Ante la rebelde insistencia de Bilam, El Eterno con enojo le comunica que vaya con esos hombres. 

Bilam parte y llega a encontrarse con el rey de Moab. Una vez allí, le solicita animales para ofrendar a El Eterno con la intención que Este responda a sus peticiones en contra del pueblo de Israel. 

Bilam solicitó a Balak que le construya siete altares y le otorgue siete toros y siete corderos. Una vez que fue satisfecha su solicitud, realizó las ofrendas. Sin embargo, en vez de maldecir al pueblo de Israel, El Eterno provocó que salgan de su boca bendiciones. 

Balak se quejó, pues le había requerido que maldiga al pueblo y Bilam lo bendijo. Este respondió que "las palabras que El Eterno pusiere en mi boca, eso hablaré". 

Balak fue obstinado y lo llevó a otro lado. Le dijo, "quizá allí puedas maldecir al pueblo". 

Este procedimiento se reiteró un par de veces además de la primera, en ambas oportunidades lo llevó a otro sitio y construyó en sendas ocasiones para Bilam siete altares. Sin embargo, en ninguna de las tres ocasiones tuvo éxito en maldecir a Israel. De su boca salían solo palabras de bendición respecto al pueblo judío. 

CÓMPUTOS 

En total, en los tres sitios utilizados, Balak construyó 21 altares y dio para ofrecer a El Eterno 42 animales.

Este suceso narrado mas el saldo expuesto, porta una gran enseñanza que nos incumbe en forma notoria.

Reflexionemos:

Sabemos con plena certeza que fuimos creados por El Eterno. Este dato sugiere la necesidad de hacer algo para retribuirle, aunque sea mínimamente por la bondad propinada. La razón asume que es necesario esforzarse con todas las fuerzas en hacer Su voluntad. 

Solo que hay preceptos que nos fueron ordenados y nos cuesta demasiado llevarlos a la práctica.

Hay quienes no sienten en sus corazones la necesidad de recitar la bendición de agradecimiento a El Eterno antes de ingerir un durazno. Piensan, "¿Qué necesidad tengo de recitar estas bendiciones?, ¡Yo hago lo que quiero, no necesito agradecer a nadie por lo que como, me lo gané con el sudor de mi frente, trabajando todo el día en mi negocio!". 

Puede ser que esta misma persona piense: "También es cierto que reconozco la existencia de El Eterno y que es el Creador del mundo, pero ¿Tiene algún sentido realizar algo que no siento?, ¿Recitar la bendición antes de comer un durazno, si en verdad pienso que es algo que me corresponde y me gané con mi propio esfuerzo y no necesito agradecer a nadie por ello?. ¿Tiene algún valor que actúe en contra de lo que mi propio corazón me sugiere?.

Aquí entra la enseñanza derivada del suceso de Bilam. Su propio corazón le indicaba que debe vencer al pueblo judío porque esta tierra la ganó legítimamente a través de su propio esfuerzo y del de sus antepasados (Sijón) habiéndola conquistado legítimamente de manos del rey anterior.

Sin embargo, pese a este pensamiento interior, dio para ofrendar 42 animales y construyó 21 altares para El Eterno. Este acto suyo debe servir como ejemplo a cada uno de nosotros para regir nuestras propias vidas, tal como consta en el Talmud (tratado de Sotá 47ª):

Dijo Rab Iehuda en nombre de Rab "Siempre debe abocarse la persona al estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos, aunque no sea de corazón pleno, pues aunque ahora no lo haga de corazón pleno, en el futuro si lo hará". Esto lo aprendemos de Balak, pues, en mérito a los 42 sacrificios que acercó a El Eterno, Balak, el rey de Moab, se acreditó que le naciera Rut (la Moabita), de quién nacería en generaciones posteriores el rey Salomón. Y está escrito con respecto a él: "Mil holocaustos elevará" (y estos holocaustos que ofrecería el rey Salomón, si fueron de todo corazón). 

Vemos, pues, que en Balak se cumplió lo antedicho: "Siempre debe abocarse la persona al estudio la Torá y el cumplimiento de los preceptos, aunque no sea de corazón pleno, pues aunque ahora no lo haga de corazón pleno, en el futuro si lo hará". 

CUARTA CUESTIÓN

La cuarta cosa que guardó el patriarca y el versículo menciona son “las leyes”. 

En el original en hebreo la palabra asignada a las leyes es “Torot” (el plural de “Torá”). Enseña que Abraham cuidó la Torá escrita y también la Torá oral.

DETALLE

La Torá oral es la explicación de la escrita, y a través de ella es posible comprender muchas cosas que de otra manera resultaría imposible. Tanto en lo que respecta a cuestiones legales, como a vivencias y situaciones de la vida que se presentan espontáneamente.

Por ejemplo, en uno de los libros de la Torá oral, la Mishná, en el tratado de Pirkei Abot, los sabios enseñan “¿Quién es rico? El que se conforma con lo que tiene”.

De aquí aprendemos que no debe uno hacerse mala sangre, por la carencia de tal o cual cosa. Debe confiar en El Eterno que es quién otorga todos los bienes y decide cuanto uno ganará y de que manera.

La preocupación desmedida por las falencias padecidas es altamente perjudicial para la salud.

UN EJEMPLO 

Un par de individuos eran vecinos, uno de ellos era muy rico, poseedor de ganado lanar y vacar, dueño además de campos y viñedos, siendo su mesa, mesa de reyes, y su vivienda hermosa y amplia, solo que era muy delgado y débil. Su vecino, en cambio, era un obrero que trabajaba en el proceso de elaboración de plata, y no podía comprar carne para la cena de todas las noches, sino solamente para Shabat. Su casa carecía de todo lujo, no abundaban muebles ni utensilios. Camas placenteras tampoco poseía, y su vivienda era tan pequeña que vivían muy apretujados. Pero era un hombre sano y fuerte, de amplia contextura física y siempre estaba alegre. 

El vecino acaudalado en cierta ocasión lo visita y le pregunta: ¿Por qué conmigo sucede así y así, mientras que contigo acontece así y así?”. 

El vecino le responde: La causa es porque tú, eres por naturaleza, una persona con tendencia permanente a enojarse y ponerse nervioso. Por lo menos diez veces al día te alteras y descargas tu nerviosismo contra tus servidores y demás personas que habitan en tu casa. La ira carcome la carne de la persona y debilita las fuerzas de su cuerpo, además de provocarle daños adicionales. 

Luego agregó: Además tienes por naturaleza, tendencia a la codicia y demás tentaciones mundanas, y también a sentir envidia por lo que tienen los demás. Por tales razones, todos tus días son solo aflicción y dolor, ya que estás siempre inmerso en la tentativa de obtener más dinero, siendo imposible que puedas saciar todas tus tentaciones y codicias. Por eso, constantemente sufres y gimes. Esta es la razón básica que provoca la disminución de tu carne y tus fuerzas, pues: ¿cómo pueden otorgarte los alimentos que consumes fuerza y vigor, con semejantes cualidades que tienes y carcomen todo lo que comes?. 

En cambio yo, por naturaleza, soy diferente y me siento bien, ya que no tengo tendencia a enojarme y ponerme nervioso, incluso en las ocasiones que se dan como para que lo haga. Cuento con la virtud de conformarme con lo que tengo, y lo poco que está delante de mí, es ante mis ojos como si fuera mucho. Además, no siento envidia por lo que poseen los demás, por eso estoy siempre sano, es producto del confort interior que siento. (Ben Ioiadá)

MORALEJA

No debe uno preocuparse desmedidamente por acumular riquezas en este mundo. Solo trabajar con fe, hacer el esfuerzo necesario en el negocio, o la profesión que uno ejerce, y conformarse con lo que El Eterno otorga y ser feliz con ello. Debe uno experimentar una vida plena, llena de goce, y agradecer a El Eterno por lo concedido. No se debe entrar en disputas por pequeñeces ni ponerse nervioso por ningún motivo, ya que como vimos, los nervios consumen la vida. Un medio estimulante para lograr el equilibrio es saber que cuando llegue el momento de devolver el alma al Creador, no será posible llevar nada de lo que tuvimos en este mundo, solo las buenas obras realizadas. Por tal razón, debe uno ser feliz con lo que se tiene, tal lo enseñado en la Mishná antes citada. 

CONCLUSIÓN

Fueron explicadas en detalle las cuatro cosas (Mis guardas, Mis preceptos, Mis estatutos y Mis leyes) que guardó Abraham además de escuchar la voz de El Eterno (Mi voz). Resultando en total cinco. 

Esta fidelidad integra del patriarca ante El Eterno en estos cinco puntos esenciales provocó que se le adicione la letra “he” a su nombre, pasando a estar completo. 

Inicialmente el nombre del patriarca era Abram, sin la letra “he” (hache hebrea). Esto se aprecia claramente en el versículo (Génesis 11: 26): “Teraj era de 70 años cuando engendró a Abram”. Luego, tras haber cuidado las cinco cosas mencionadas, Abram se acredita que se le agregue la letra “he” a su nombre: “No será más llamado tu nombre Abram, sino que tu nombre será Abraham” (Génesis 17: 5). Esta adición provocó que le sobrevengan todas las bendiciones enunciadas en la Biblia y que le nazca un hijo que continuaría sus caminos. 

VALOR DEL NOMBRE

Este es el desglose del calculo que conlleva a obtener el valor del nombre de Abraham que le produjo la bendición:

Abraham se escribe mediante las letras hebreas: Alef, Bet, Reish, He, Mem

Los valores de estas letras son: Alef = 1, Bet = 2, Reish = 200, He = 5, Mem = 40

Por lo tanto, Abraham = 1 + 2 + 200 + 5 + 40 = 248

Resulta: Abraham = 248

248 representa la integridad del cuerpo humano de sexo masculino. Pues la estructura ósea masculina adulta completa se compone de un total de 248 secciones.

Por lo tanto, al ser que “Abraham” tiene un valor de 248, igual a la cantidad de sectores óseos que posee un ser humano de sexo masculino en su cuerpo, se comprende que esa completitud fue el factor determinante para alcanzar la bendición total.

Esa bendición y los cinco agentes generadores de la misma son transmitidos de Abraham a Itzjak, el hijo que le nació fruto de esa bendición. De éste pasa a Jacob, el hijo que sigue el camino de su padre, y luego a todos los descendientes suyos, el pueblo de Israel. 

Dado que la bendición de Abraham alcanza incluso a los integrantes del pueblo judío de hoy en día, es necesario lograr que la misma se manifieste y revele. Para ello debe uno observar las cinco vías que el patriarca utilizó para lograr que la completitud se manifieste íntegramente. 

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