En la época en
la que vivimos, se vive de una manera muy diferente a lo
que fue en el pasado. Ya que en el pasado, no había platos
descartables, manteles de nylon que su usan y luego se arrojan
al cesto de residuos. Tampoco había lavarropas, multiprocesadores,
o microondas, que permiten realizar la labor en poco tiempo,
sin mucho esfuerzo. Tampoco había heladeras en las cuales
es posible conservar alimentos por muchos días, sin que
se echen a perder. En síntesis, antes hacía falta mucho
más tiempo para hacer lo mismo que ahora nos lleva solo
instantes. Lo cual indicaría que la vida en la actualidad
es más aliviada y placentera.
Sin embargo, esto no es así, ya que todo el tiempo que se
ahorra merced a la nueva tecnología, se pierde por la misma
causa. Ya que, así como se inventaron los platos descartables,
lavarropas y heladeras, también se inventaron los teléfonos,
la televisión, los videos e internet, elementos estos, en
los cuales gastamos todo nuestro tiempo que ahorramos por
la modernización y más también.
El resultado es, que el hombre ya no tiene tiempo para hablar
con su mujer, y tampoco ella para hablar con su marido.
Asimismo, ya no hay tiempo para preguntarle a cada uno de
los niños como les fue el día de hoy en la escuela, o qué
hicieron en el recreo, con quien jugaron, y menos, para
repasar con ellos la lección. Ya no hay tiempo para vivir
en familia y disfrutar de ello, la vida ahora es correr
y correr, sin obtener casi ningún placer.
UN EJEMPLO
Si uno decide dedicar una hora diaria al estudio, para cultivarse
y elevarse espiritualmente, casi con seguridad deja activado
su teléfono celular. Y cuando el mismo suena, pierde la
concentración, interrumpe, pide a su compañero de estudio
que aguarde un instante, y atiende el llamado. Luego, cuando
acaba de hablar y quiere retomar el tema, no sabe por donde
iba, ni tampoco de que se estaba hablando. Y cuando logra
retomar, a los pocos minutos, le suena nuevamente el celular.
Mencionamos solo un ejemplo, de los tantos que es posible
citar. Pero lo que queda bien claro es, que de este modo,
las personas viven en un mundo moderno y de avanzada, aunque
su felicidad, prácticamente no existe. Pues ya no se vive
intensamente, como era antes, ahora se vive aceleradamente,
y no se disfruta de casi nada. (Moshé Iosef)
Esto perjudica enormemente a las personas, a tal punto que
muchos pierden el incentivo de vivir en familia, y se divorcian.
Y el margen de divorcios en el mundo es en la actualidad
muy, muy alto.
Por lo dicho, entendemos que es necesario detenerse por
un instante y reflexionar acerca de la vida que uno está
llevando. Y si llegamos a la conclusión que no estamos conformes,
o no somos suficientemente felices, deberemos replantearnos
nuestra vida y reprogramarla.
EL PROCESO
En esta reprogramación, el individuo analizará qué cosas
son realmente importantes para él, y cuáles no lo son. Por
ejemplo, si advierte que su mujer le es importante, pero
hace tiempo que no mantiene una conversación seria con ella,
porque siempre lo interrumpe algún llamado telefónico que
no les deja hablar, en ese caso, deberá decidir, que es
tiempo de modificar eso. Es momento de destinar unos minutos
por día para hablar con ella, y en ese tiempo, el celular
estará apagado.
Actuar de esta manera le permitirá recordar que no vive
solo, y se podrá enterar de lo que su mujer piensa, siente
y necesita. Esto le ocasionará la posibilidad de mantener
a su familia unida y feliz, ya que su esposa sabrá que usted
se interesa por ella y por su vida, lo cual repercutirá
en toda la familia, incluso en usted. Proceder de esta manera,
le permitirá volver a vivir intensamente.
EL CONTACTO CON DI-S
Otra de las cosas fundamentales para vivir una vida intensa,
sana y feliz es, prestar mucha atención a los valores espirituales
de uno, o sea, los medios que proporcionan la felicidad
del alma. Es decir, se debe hacer hincapié en estas tres
cosas: el estudio de la Torá, el cumplimiento de los preceptos,
y la plegaria.
Respecto a la plegaria, los sabios dijeron que es el trabajo
de corazón que debemos realizar para estar comunicados con
el Eterno. Pues estudiando la Torá y cumpliendo con los
preceptos, logramos hacer la voluntad del Eterno, pero orando,
conseguimos una comunicación con Él, lo que nos permite
una relación intensa con nuestro Creador. Asimismo, al estar
estrechamente vinculados con Di-s, le podemos pedir lo que
necesitamos y contarle lo que no sucede, del mismo modo
como un hijo lo hace con su padre.
A continuación, transcribimos un suceso que fue narrado
por Rabí Iosef Jaim, en Bagdad, hace unos doscientos años.
Este relato, nos permitirá comprender mejor cómo y por qué
hay que orar al Eterno.
EL RELATO
Había en la ciudad, un famoso millonario, que tenía una
hermosa familia, constituida por su amada esposa, e hijos.
Este individuo, halló un pequeño niño huérfano, de cinco
años de edad, que no tenía donde vivir. Por tal razón, lo
ingresó a su mansión, y lo crió como a un hijo más. Lo alimentó,
le dio de beber, lo vistió y se ocupó de todas sus necesidades.
E hizo esto, hasta que el joven cumplió veinte años.
Tras el cumpleaños, unos días más tarde, la familia se encontraba
sentada a la mesa, disfrutando del almuerzo. El millonario
estaba sentado en la cabecera, su señora esposa a su derecha,
y también el joven huérfano se encontraba allí, como cualquiera
de los hijos del millonario, gozando de gran prestigio y
honor.
Entretanto, llegó un hombre pobre, al cual le abrieron la
puerta, y lógicamente se dirigió al millonario, para pedirle
una limosna. En ese momento, se despertó en el anfitrión
una gran piedad por el menesteroso, y le dio cien monedas
de oro.
El necesitado se sorprendió en gran manera, pues la suma
era demasiado grande. Jamás vio que una persona entregue
caritativamente tanto dinero junto. Incluso cuando el que
da es alguien muy pudiente, y el que recibe la donación
es una persona distinguida y honorable, que solicita colaboración
para una institución benéfica.
Además, cuando le formuló su petición, no imaginó que recibiría
de ese hombre una suma superior a una moneda, aunque sea
que halle gracia ante sus ojos. Por eso, al ver ahora una
suma tan grande, abrió su boca y comenzó a bendecir al millonario
y a toda su familia, profiriendo múltiples bendiciones.
No dejó versículo del Tanaj (Biblia) que no empleó en su
bendición.
Asimismo, cuando se dispuso a emprender la retirada de la
sala, caminaba hacia atrás, agradeciendo, alabando y bendiciendo
al hombre adinerado, a más no poder.
En esa forma se retiró de la casa, y cuando se hallaba ya
afuera, en la vía pública, su boca proseguía pronunciando
bendiciones y alabanzas destinadas al millonario, y la mujer
de este. En tanto ella, desde el interior de la vivienda,
escuchaba la voz del menesteroso pese a que éste ya se hallaba
fuera de la casa, y meditaba sobre lo sucedido.
La mujer se sorprendió enormemente ante este hecho, y le
comunicó a su marido que estaba realmente asombrada por
la reacción del pobre. Y le dijo el motivo: "tras recibir
las cien monedas que le diste te bendijo a más no poder,
reconociendo a viva voz por tu actitud bondadosa para con
él. El sujeto consideró tu acción como algo que superaba
lo imaginable, pues aun cuando se hallaba fuera de la casa,
aun proseguía con sus alabanzas y bendiciones hacia a ti.
Y sin duda alguna, cuando llegó a su propia casa, durante
toda la noche te habrá estado bendiciendo, y reconociendo
por tu buena obra delante de su mujer e hijos. Sin embargo,
este muchacho huérfano que ya llega a los veinte años, hace
quince años que vive dentro de nuestra casa, come, bebe,
recibe vestimentas y atenciones honorables como uno de nuestros
hijos.
Además, en acontecimientos tales como la proximidad de las
festividades, gastamos para comprarle ropa nueva cifras
que rondan las cien monedas. O sea, la misma cantidad que
le diste al hombre pobre. Pero, con todo eso, jamás escuché
ninguna bendición ni agradecimiento por las bondades que
hacemos a él día tras día, desde que lo recogimos cuando
era una criatura.
El millonario y dijo a su mujer: "Ahora verás con tus propios
ojos la respuesta a tu interrogante!".
Enseguida el hombre llamó al huérfano, y le dijo: "¡Hasta
aquí te soporté en mi casa, pero de ahora en más, vete a
donde quieras, ya no tienes permiso de ingresar a mi hogar!".
El huérfano al oír esto, besó las manos del dueño de casa,
y salió. Llevaba con él únicamente la ropa que tenía puesta,
y prácticamente no tenía dinero. Debido a las circunstancias,
se vio obligado a ingresar a una hostería, y vivir allí,
ya que no halló a nadie que lo quiera llevar a su casa.
El joven, en el lugar que consiguió, no tenía mesa ni sillas,
por eso se sentaba sobre el suelo, ya que carecía incluso
de una esterilla para echarse sobre ella.
Cuando llegó el anochecer sintió hambre, por eso salió y
fue de aquí para allá en busca algunas monedas prestadas
para comprar algún alimento. Pero no encontró quién le preste.
El joven atravesó mil aflicciones hasta que consiguió unas
monedas para comprar un pan. Luego de comer lo que consiguió,
sintió mucho cansancio, ya que el trajín de ese día fue
enorme. Pero como no tenía cama, esa noche durmió sobre
el suelo.
A la mañana se levantó y fue a la feria. Allí tomó un trabajo
vergonzoso para su estándar de vida que había llevado hasta
ahora. Pero necesitaba vivir, por lo que aceptó llevar los
paquetes de los compradores de la feria hasta sus casas,
a cambio de unas magras monedas que le daban.
Estuvo haciendo este trabajo durante tres días y se sentía
muy angustiado. Al cuarto día de exilio, el millonario que
lo había tenido en su casa, lo mandó a llamar. El joven
sin pensarlo dos veces acudió a la cita.
Caminó hacia la casa, golpeó a la puerta, y cuando estuvo
frente al hombre que lo tuvo en su casa tantos años, este
le dijo: ¡Ven a vivir nuevamente con nosotros! ¡Recibirás
alimento y vestimenta, te trataremos como antes de haberte
dicho que te retires!.
El huérfano escuchó lo que le dijeron, y se alegró en gran
manera, ya que fue ante sus ojos como haber nacido nuevamente.
Y causa de su tremenda alegría, comenzó a bendecir, alabar
y elogiar al millonario y su esposa con todo tipo de cortesías
y bendiciones.
Cuando llegó el momento de la comida, el joven recordó los
duros momentos que atravesó en estos últimos tres días.
Por eso alababa y elogiaba mucho al millonario. Por cada
cucharada de alimento que ingresaba a su boca, sacaba de
la misma cien bendiciones y cien alabanzas dirigidas al
dueño de casa.
En ese momento, el anfitrión llamó a su mujer y le dijo
en el oído: "¡Has hallado la respuesta a tu interrogante!,
pues aquel menesteroso que se presentó pidiendo una limosna,
carecía de todo, y ni soñaba recibir de mí más que una moneda.
Pero cuando vio que le di semejante suma, o sea, cien monedas
de una vez, se sorprendió por eso, debido a que no es algo
natural, sino una cosa extraordinaria. Por eso fue que su
boca profería todo tipo de alabanzas y bendiciones. Pero
este huérfano, que desde su niñez se alimenta y recibe todas
las atenciones en nuestra casa, le parecía algo natural
que le llegue todo eso, ya que estaba acostumbrado. Incluso
le parecía como que nosotros estamos obligados a darle lo
que necesita, así como estamos obligados a hacer con nuestros
hijos, y no veía en nuestras bondades que le hacíamos nada
novedoso para que nos bendiga y elogie. Pero después que
lo expulsé de la casa, y probó el gusto de la amargura y
el hambre, además de sentarse en el suelo y no tener como
sustentarse, sintió en carne propia que está desnudo y desprovisto
de todo. Por eso, cuando lo volví a acercar, reconoció la
bondad que le hice, y supo que todo lo que le doy y todo
lo que disfruta en mi casa es solo un acto bondadoso y gentil
de mi parte.
Es por eso que ahora nos agradece y reconoce por las bondades
y los placeres que goza al estar con nosotros, y cada momento
que recuerde las carencias y amargura que pasó cuando salió
de nuestra casa, incrementará en alabarnos, bendecirnos
y agradecernos por las bondades que le hacemos"
El muchacho huérfano del relato, es en alusión a nosotros,
y el millonario, que todo lo tiene es el Eterno. Por lo
tanto, debemos saber, que aunque ya nos hemos acostumbrado
a respirar a cada instante, y creemos que es algo natural
que el oxígeno se encuentra a nuestra disposición para que
lo tomemos, en realidad, ese aire no es nuestro, sino de
su Creador, o sea el eterno. Y si bien respiramos cuando
queremos y nadie nos lo impide, es por Su generosidad, pero
eso no signifique que no debamos agradecerle por darnos
a cada instante el oxígeno necesario para seguir viviendo.
Un ejemplo práctico,
lo hallamos en la época del diluvio universal, donde solo
se salvaron los que ingresaron al arca de Noaj (Noe).
Allí adentro, los que viajaban en el interior del arca,
seguían respirando como cuando estaban en la tierra. Pero
uno de los animales que habitaban el planeta, el conocido
como "reem", y que por su gran tamaño no podía entrar al
arca, permanecía fuera (como consta en el tratado talmúdico
de Zebajim 113), pero su nariz la tenía dentro del arca
para poder respirar (explicación de Rashi), ya que en el
exterior no había oxígeno.
Además, la construcción misma del arca sorprende, ya que
la misma no tenía ventanas, solo artefactos que iluminaban
su interior, como está escrito: "Tzohar harás al arca" (Génesis
6: 16).
Rabí Iojanán en el Talmud explicó, que la palabra "tzohar"
se refiere a iluminar, es decir, que el Eterno le indicó
a Noaj, que fije en el arca piedras que iluminen como "tzahoraim"
(luz del mediodía). Esta deducción se base en que tzohar
y tzahoraim son palabras que se originan en la mima raíz,
lo cual implica que lo que le ordenó colocar en el arca
son elementos que iluminen, y no una ventana como otros
interpretan. (Sanhedrin 108)
Sumemos esto a lo que dice el Talmud, ( Zebajim 113), que
el animal gigantesco viajaba con la nariz dentro del arca
(para poder respirar) resultando que afuera no había oxígeno.
Así que nosotros, que a cada instante respiramos sin ningún
tipo de impedimento, no debemos considerarlo como algo natural.
Sepamos que ya en la historia hubo una época donde no había
aire en el mundo y si bien ahora lo tenemos, debemos agradecer
al Eterno por suministrárnoslo y permitir que lo utilicemos.
Por eso cuando recitamos las bendiciones que nuestros sabios
elaboraron para que podamos alabar y agradecer al Eterno
por todo lo que nos da, pongamos toda la atención en el
recitado de las mismas y no nos distraigamos con ninguna
cosa, ya que como el aire es algo imprescindible para vivir,
así las bendiciones con las que agradecemos al Eterno por
darnos todo lo que necesitamos para vivir, son más importantes
aun que el aire. Pues si el Eterno lo desearía, retiraría
Su palabra de todo lo creado, y todo volvería a la nada
como era antes de la creación.
Debido a ello, agradezcamos al Eterno y concentrémonos al
máximo en el recitado de las bendiciones y plegarias, con
el fin de conseguir todo lo que necesitamos para vivir
en este mundo. Como está escrito: Serviréis al Eterno, vuestro
Di-s, y bendecirá tu pan, y tu agua, y quitará la enfermedad
de ti" (Éxodo 23: 25)
Si actuamos como
lo solicita el Eterno en el versículo, sirviéndole (cumpliendo
sus preceptos y orando a Él - Talmud), seguramente nada
nos faltará, y nuestras vidas serán alegres y llenas de
felicidad en este mundo, y en el Mundo Venidero.
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.