En el quinto libro
del Pentateuco, Deuteronomio, encontramos una declaración
trascendental: "Mira, Yo doy delante de ti el día de hoy,
la bendición y la maldición. La bendición, si escucharen
los preceptos de Hashem, vuestro Di-s, a los cuales yo ordeno
a vosotros el día de hoy. Y la maldición, en caso de que
no escucharen los preceptos de Hashem, vuestro Di-s, y se
apartaren del camino que yo ordeno a vosotros el día de
hoy, yendo detrás de otros dioses que no conocisteis". (Deuteronomio
11: 26)
Este verbo con el que comienza el versículo “Mira”, está
en singular. Eso significa que a través del mismo Moshé
ordena a cada uno en particular mirar donde está parado,
sí del lado de Di-s, o en el extremo opuesto. (Baal Haturim).
Valiéndonos de esta deducción, comprendemos acertadamente
lo que dijeron nuestros sabios en el Talmud (tratado de
Kedushim 40):
Siempre debe ver la persona a sí mismo como si estuviera
en equilibrio, o sea, que tiene mitad de actos buenos y
mitad no buenos.
Ante este panorama, si realiza un solo acto bueno, dichoso
de él, pues desequilibra la balanza hacia el lado del bien.
Pero si comete una infracción, el resultado será muy distinto,
ya que la inclinará hacia el lado opuesto.
Rabí Elazar, que era el hijo de Rabí Shimon dijo: "Al ser
que el mundo es juzgado según la mayoría, si el individuo
hace un acto bueno, dichoso de él, pues inclina el platillo
de la balanza que mide sus propios actos, y también, el
platillo de la balanza de todo el mundo hacia el lado bueno.
Aunque si comete un acto merecedor de sanción acontecerá
a la inversa "
Esta es la razón por la cual la Torá dijo a cada uno en
particular "Mira". Esto significa, esfuérzate en mirar en
cada uno de los actos que te dispones a realizar, que "Yo
doy delante de ti el día de hoy, la bendición y la maldición".
Dependerá de cómo actúes para saber cual será el resultado
en ti y en el mundo entero, sí habrá bendición o maldición.
(Maianá shel Torá en nombre de Torat Moshé.)
Conclusión
Ante la gran trascendencia de nuestros actos, los cuales
repercuten en el destino del mundo entero, es necesario
no despreciar ni la más mínima oportunidad que se nos presenta
para llevar a cabo una buena acción.
Por ejemplo, si vemos a un anciano o un niño que se dispone
a cruzar la calle y notamos que no se siente seguro, no
esperemos a que nos pida ayuda, adelantémonos y pidámosle
que nos deje cruzar con él. De esta manera habremos obrado
acorde a la voluntad de Di-s, realizando el precepto de
hacer el bien al prójimo de manera óptima.
Asimismo, si vemos que alguien se acerca con intenciones
de pedirnos ayuda económica, no es lo más correcto aguardar
a que nos plantee cual es su problema y nos suplique que
le ayudemos con lo que podamos. Si tenemos dinero en ese
momento, y estamos dispuestos a dar a un necesitado, adelantémonos
y no dejemos que se humille ante nosotros, démosle antes
que nos pida.
Así debemos actuar en cada una de las circunstancias que
se nos presentan. Siempre obrando de manera generosa y amable,
sin aguardar a que el que lo necesita, se acerque y nos
suplique.
Nosotros debemos hacer nuestra parte, y el Todopoderoso
hará la Suya, para recompensarnos por actuar con las manos
y el corazón abiertos hacia nuestros hermanos.
Algunos datos
Es importante saber, que en el Talmud, se enumeran varios
milagros que acontecieron por algo sencillo, por un minúsculo
acto realizado por alguno de los habitantes del lugar.
Ciudades invadidas por epidemias, incendios que se propagaban
sin poder ser controlados, plagas de langostas, y muchas
otras aflicciones que aquejaban a la población, cesaron
por una pequeña buena acción de uno de los vecinos.
El tratado talmúdico Taanit 21b, relata que había una horrorosa
epidemia que se había propagado por la república de Zura.
Sin embargo, en el barrio donde vivía el gran erudito Rab,
los pobladores no habían sido afectados.
En un primer momento pensaron que se debía al mérito del
gran sabio. Sin embargo, a través de un sueño les revelaron
que el milagro que acontece no es por él, ya que esta es
una cosa demasiado pequeña para que se haga a través suyo,
es por aquel vecino que presta el pico y la pala.
En Drukart sucedió algo similar, se generó un enorme incendio
que se propagó por toda la ciudad, pero el barrio de Rab
Huna no fue alcanzado por el fuego. Pensaron que era por
su mérito, pero les revelaron a través de un sueño que es
algo demasiado pequeño para que se haga a través suyo. El
real motivo es, por aquella señora que en vísperas de Shabat
calienta el horno para que vengan las demás vecinas necesitadas
a hornear sus panes.
Reflexión
Nosotros no sabemos cuál es la magnitud que alcanzará la
buena acción que nos disponemos a realizar, tanto en el
plano individual, como global. Ya que, no solo nosotros
nos beneficiaremos, sino también todo el mundo, como lo
vimos con lujo de detalles en la explicación del Talmud
recién mencionada.
Pero también es necesario saber, que el instinto malo es
poderoso y pretende alejarnos con todas sus fuerzas de los
actos buenos que queremos realizar, y en ocasiones llega
a impedir que hagamos lo que teníamos planeado. Por eso,
hay que tener permanentemente presente, algo que también
dijeron nuestros sabios en el Talmud, precisamente en tratado
de Kidushim 40ª.
Allí ellos enseñaron, que si uno pensó en hacer algo bueno,
e hizo todo el esfuerzo, pero no logró llevarlo a la práctica
por algún percance que le aconteció, en ese caso se le computa
como que realizó la buena acción. Y a la inversa, si pensó
en hacer un acto malo, pero se contuvo y no lo realizó,
tratándose solo de un pensamiento que no llevó a la práctica,
en ese caso, Di-s no contabiliza ese pensamiento como una
trasgresión.
La regla respecto a este tema es "El pensamiento por algo
bueno, Di-s lo asocia a la acción, (lo computa como realizado),
mientras que un pensamiento por algo malo, Di-s no lo asocia
a la acción".
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