La existencia de problemas en nuestras vidas implica un
desafío: responder a ellos experimentando un proceso de
crecimiento espiritual.
El Baal Shem Tov enseñaba que todo proceso de crecimiento
espiritual, y de hecho la experiencia profunda de toda faceta
de la realidad, debe atravesar tres cambios de desarrollo
en la actitud de la persona, llamados por él:
1- “sumisión”
2- “separación”
3- “endulzamiento”
La sumisión es llevar el ego a ese lugar de humildad que
es la base de toda percepción honesta de la realidad y nuestra
relación hacia él. Hasta que logremos neutralizar el ego,
éste interpondrá sus propios intereses entre nuestro yo
verdadero y nuestra percepción objetiva de nuestro problema
.
Eliminar la autoimagen receptiva derivada del ego nos permite
desasociarnos, es decir, separarnos de nuestro problema.
Cuando nos separamos del problema y dejamos de definirnos
en términos del mismo, el bien en nosotros comienza a relucir,
y adquirimos la claridad de la objetividad.
Podemos entonces proceder a “endulzar” el problema resolviéndolo.
Podemos evaluar el mal en la luz positiva del bien que está
entremezclado con él .
LUZ Y OSCURIDAD
El proceso interno de sumisión, separación y endulzamiento
es un reflejo de la interacción entre la luz y la oscuridad
que caracteriza toda revelación Divina, comenzando con la
misma creación:
En el principio... la tierra estaba desordenada y vacía...
y la tiniebla estaba sobre el abismo... Y dijo Dios: “Sea
luz” y fue luz. Y vio Dios que la luz era buena y separó
Dios la luz de las tinieblas... Y fue la tarde y la mañana
un día.
De este pasaje seminal vemos: (1) que la oscuridad antecedió
a la luz, (2) que incluso cuando la luz fue creada aun estaba
mezclada con la oscuridad y debía ser separada de ella,
y (3) que una fase completa de revelación, “un día”, se
completa solamente cuando incluye tanto oscuridad (tarde)
como luz (mañana).
La dinámica creativa establecida en el primer día de la
creación es el paradigma de todos los procesos creativos,
incluyendo el triple proceso de crecimiento espiritual enseñado
por el Baal Shem Tov.
La oscuridad inicial y la mezcla confusa de oscuridad y
luz es el problema psicológico o la ansiedad a la que debemos
responder humillando nuestro ego. Esta es la sumisión.
La “luz” y la “oscuridad” son los aspectos buenos y malos
de nuestra personalidad que el problema subraya u oscurece:
nuestra tarea es separar nuestra luz interna de nuestra
oscuridad interna e identificarnos con ella. Esta es la
separación.
El nuevo “día” es la manera superior de vivir que creamos
iluminando nuestro problema y sus raíces. Esto es endulzar
el mal con el bien .
A la dualidad de la luz y la oscuridad en la creación alude
también la visión del profeta Ezequiel acerca del carruaje
Divino, el pasaje más abiertamente místico de la Biblia:
...los cielos se abrieron y vi visiones de Dios... Y miré
y he aquí que venía del norte un viento tempestuoso y una
gran nube y fuego destellante y un resplandor lo rodeaba
y en medio del fuego, algo que parecía jashmal.
La palabra jashmal aparece en la Biblia sólo en el contexto
de esta visión y según la Cábala es una especie de luz o
energía originaria de la unicidad Divina más allá de tiempo
y espacio, y que después, en el proceso creativo, es personificada
como un tipo de ángeles. Jashmal está compuesta por dos
palabras, jash, que significa “silencio” y mal, que significa
“habla”.
En el nivel de la unicidad Divina, el nivel de la paradoja
Divina, silencio y habla existen y se expresan simultáneamente.
El silencio habla y el habla es silencio. Esta es la paradójica
“voz silenciosa, suave” oída por el profeta Elías. En el
nivel del mundo espiritual creado se dice que los ángeles-jashmal
“algunas veces están silenciosos, algunas veces hablan”
. Aquí, la dimensión de tiempo creada diferencia entre dos
estados opuestos de expresión, silencio y habla, como está
escrito: “Tiempo de hablar y tiempo de callar” .
El Baal Shem Tov conecta estas tres etapas con las tres
etapas del crecimiento espiritual arriba descritas. Permanecer
en silencio es un acto de sumisión. Al callar admitimos
que en nuestro estado aún no rectificado, no somos capaces
de decir nada, que no somos capaces de medirnos con la situación
en la que nos encontramos. Debemos entonces someternos a
la autoridad de la Torá, que nos instruye acerca de la manera
de escindirnos o separarnos del mal. Sólo entonces podemos
hablar, es decir, transformar en forma activa el mal y sus
raíces en bien, y de esa forma endulzarlo.
Las acciones externas de callar, escindir y hablar, son
entonces las manifestaciones externas de los procesos internos
de sumisión, separación y endulzamiento.
Mal Habla 3. endulzamiento
Mal Escisión 2. separación
Jash Silencio 1. sumisión
El habla es significativa sólo cuando es resaltada y contrastada
con el silencio. Efectivamente, el Baal Shem Tov enseña
que una persona que busca un mentor en su vida debe intentar
percibir el trasfondo de silencio en las palabras del mentor,
es decir, discernir si el mentor ha atravesado los procesos
de sumisión y separación antes de comenzar a hablar. Si
ha atravesado dichos procesos, será capaz de endulzar las
vidas de quienes buscan su consejo y ser un valioso mentor.
¿Cómo percibe uno esto? Un escucha sensible se verá profundamente
afectado por la contemplación silenciosa de las palabras
que está por decir el mentor. El escucha verá en sus expresiones
faciales que el mentor está atravesando las dos primeras
fases de sumisión y separación : primero, el mentor se siente
vacío de saber, sin saber qué decir. Si es meritorio, el
vacío espiritual causado por su humildad atraerá un nuevo
flujo de visión interna que le permitirá comprender el problema
del escucha. El mentor procederá entonces a separar y organizar
sus pensamientos en preparación para hablar.
Entonces, en este estado de endulzamiento, el mentor hablará
desde su estado de paz interna. En el fondo de su ser está
en paz con Dios, habiéndose sometido totalmente a Él. Ha
sobrellevado la tempestad interna que resulta del conflicto
entre el ego y Dios. Cuando las palabras del mentor reflejan
su tranquilidad interna, tocarán profundamente al escucha.
Como aconsejó el rey Salomón: “Las palabras del sabio, dichas
suavemente, son escuchadas” .
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