Artículos de Interés

Salvar una vida 
primeros auxilios y algo más

Cuando uno sale de su casa para ir a trabajar, comprar algo o simplemente a caminar, lo más probable es que regrese sin haber apreciado en el trayecto algo diferente o novedoso. 

Sin embargo, existe la posibilidad, que en alguno de esos días, no todo sea igual. Pues puede ser, que mientras realiza su salida de rutina, ocurra frente a sus ojos un accidente, tal vez de gravedad.

En ese momento, si cuenta con instrucción básica de primeros auxilios, tal vez tendrá la posibilidad de salvar una vida.

Por eso, en caso de estar usted preparado, lo primero que hará en un caso así será, recordar cuáles son los síntomas más comunes que pueden poner en riesgo la vida de una persona:

1. Paro cardíaco y/o respiratorio.
2. Hemorragia.
3. Estado de shock o pérdida del conocimiento. 

Sobre esta base y sin pérdida de tiempo, verificará rápidamente los signos vitales del accidentado, pues los mismos permiten saber si la persona está viva y en que condiciones. O sea, se dará prisa y controlará la frecuencia respiratoria, la frecuencia cardiaca, la temperatura del cuerpo, el pulso y los reflejos del accidentado. 

DATOS BÁSICOS QUE DEBEN SABERSE 

Para hacer lo que dijimos, será necesario que sepa ciertos datos básicos:
Toma del pulso: el mismo determina el número de veces que el corazón bombea 
sangre al cuerpo en cada minuto. 

La frecuencia del pulso varía según la edad de la persona y la actividad que realiza. 

Por ejemplo, en un niño menor de 3 años, el pulso normal es de 100 pulsaciones por minuto; en los niños de 3 hasta 12 años, el pulso normal es de 80 pulsaciones por minuto y a partir de los 12 años en adelante es de 60 a 80 pulsaciones por minuto. 

Es posible tomar el pulso con relativa facilidad, en dos partes del cuerpo: 

1 - en la muñeca, presionando suavemente bajo el dedo pulgar con los dedos índice, medio y anular 

2 - a un lado del cuello, bajo el oído, utilizando los mismos dedos. 

Así, con ayuda de un reloj, se cuentan las pulsaciones percibidas durante un minuto. Si detectó que el número de pulsaciones es mayor de 100 por minuto, es posible que haya una hemorragia interna, o quizá un cuadro de deshidratación, o tal vez la persona se encuentra en estado de shock.

Pero si no puede sentir el pulso, es posible que la persona tenga un paro cardiaco. Si esto sucede, debe actuar de inmediato para restablecer los latidos del corazón. 

FRECUENCIA RESPIRATORIA 

La frecuencia respiratoria es la cantidad de veces que una persona introduce oxígeno a su cuerpo mediante la inhalación y la exhalación del aire. Esta frecuencia varía según la edad y la actividad física que el individuo realiza. 

En un niño pequeño la frecuencia respiratoria es de hasta 40 respiraciones por minuto, en un chico de 3 a 12 años es de 20 respiraciones por minuto y en un individuo mayor de 12 años la frecuencia respiratoria es de 16 por minuto. 
Para saber si el individuo está respirando correctamente, se debe contar el número de respiraciones que se producen en un minuto. 

Si nota que se excedió la frecuencia normal, no se alarme enseguida, pues existen determinadas circunstancias, las cuales provocan que el número de respiraciones aumente. Por ejemplo, al sentir miedo, después de recibir un susto, o después de haber corrido. Por eso, para saber qué hacer, deberá constatar previamente si la aceleración del ritmo de la respiración no aumentó por una de estas causas.

Pero si la frecuencia respiratoria disminuye de su media normal, debe ser un signo de alerta inmediato. Por eso, si no se percibe respiración, debe colocar el dedo bajo la nariz del individuo para sentir si está exhalando el aire. En caso de que esto no suceda, será necesario suministrar al instante, respiración boca a boca, pues es posible que haya un paro respiratorio. El mismo puede haber acontecido por un golpe, asfixia, ahogamiento o estado de shock. 

TEMPERATURA 

La temperatura del cuerpo es un medio esencial para detectar alguna irregularidad de emergencia. 

Lo ideal es que el cuerpo mantenga una temperatura oscilante entre los 36.4° 
centígrados y 37.1° centígrados. Esta variación dependerá de la actividad que se 
realice. No obstante, si la misma desciende o se incrementa considerablemente, es una señal de alarma emitida por el organismo. 

Cuando se padece una infección o enfermedad, la temperatura suele aumentar. Y es común que descienda ante la presencia de algún traumatismo. 

Cabe señalar, que si la persona accidentada se encuentra fría y pálida, amarillenta o azulada, es una señal de que su vida está en riesgo. 

REFLEJOS 

Los reflejos consisten en actos involuntarios del sistema nervioso que se presentan ante una emergencia. Por ejemplo, la dilatación de la pupila, o la reacción ante un golpecillo.

Cuándo alguien se encuentra en peligro de perder la vida, sus pupilas que 
normalmente reaccionan ante la luz, se quedan estáticas. Es otro signo de suma 
gravedad en un accidentado.

ACCIÓN INMEDIATA

Al haber detectado que es lo que necesita el accidentado en este trágico momento para poder sobrevivir, le da a usted la posibilidad de salvarle la vida.

Por ejemplo, si la emergencia detectada es una hemorragia, ya sabe usted que las hemorragias pueden ocasionar la muerte. Por eso es necesario controlarlas de inmediato. 

Para ello debe tenerse en cuenta, que una persona adulta tiene aproximadamente 5 litros de sangre circulando por todo su organismo. La sangre es el medio de transporte del oxígeno, agua y nutrimentos, por lo que en caso de perderse un litro o más, la vida de la persona puede correr riesgo. 

La hemorragia consiste en una pérdida de sangre considerable, y representa una 
situación crítica que requiere de atención inmediata. 

Pero no todas las hemorragias se controlan de la misma manera. Pues pueden ser externas o internas, venosas o arteriales. 

Cuando la sangre presenta un color rojo brillante, indica que proviene de una arteria y requiere atención inmediata. Sin embargo, cuando el color de la sangre es rojo oscuro, significa que proviene de una vena y el flujo es más fácil de controlar, a través de ejercer presión. 

Las hemorragias externas se controlan presionando directamente sobre la herida, con el fin de bloquear la salida de sangre. Para hacerlo, es posible valerse de un trozo de genero limpio. 

Las hemorragias internas, por su parte, son muy difíciles de detectar. Pero si aprecia vómito fuerte o con sangre, tos con flemas y sangre, excremento con sangre o hay evacuación de sangre por los oídos, nariz o boca después de un golpe, es necesario llevar con urgencia al accidentado a un hospital. 

Pero en el trayecto, usted hará su atención de urgencia. Para ello mantendrá al 
individuo acostado, y lo cubrirá con una manta, asimismo, debe voltearle la cabeza hacia un lado, para que pueda respirar mejor. O puede levantarlo ligeramente y colocarle una almohada por debajo. Pero esto será posible únicamente si no hay sospecha de fractura craneal, del cuello o la columna vertebral. 

SERVICIO ESPECIALIZADO

Salvar una vida en caso de acontecer alguno de los desenlaces antes citados, es algo que está al alcance de cualquier individuo con conocimientos básicos de primeros auxilios. Pero ¿qué sucede si una persona cae al suelo frente a nuestras narices, y nos avisa con la voz entrecortada, que sufre un problema serio en una válvula del corazón?. 

En ese caso, alguien que sabe primeros auxilios no podrá subsanar el inconveniente. 

Pues será necesario realizar un tratamiento especializado, llevado a cabo por 
profesionales muy bien entrenados. Los mismos deberán tener conocimientos 
suficientes y equipo apropiado, con los cuales harán lo posible por reparar la válvula dañada, o sustituirla.

Para comprender como actuarán los profesionales en un caso así, debemos saber algunos datos. En tiempos de la Segunda Guerra Mundial, los cirujanos aprendieron a operar el corazón, sin embargo, no lo pudieron llevar a la práctica, por no poder operar un corazón que late y se mueve. Asimismo, en esa época era posible detener el corazón solo durante unos pocos minutos, ya que si lo hacían por más tiempo, causarían daño cerebral.

Esto fue así, hasta que dos trascendentales inventos hicieron posible la puesta en practica de la cirugía cardiovascular:

1- La máquina de circulación extracorpórea, que asume las funciones del 
corazón. 

2- Las técnicas de enfriamiento corporal, que permiten prolongar el tiempo de la 
intervención sin causar daño cerebral.

LA MÁQUINA DE CIRCULACIÓN EXTRACORPÓREA 

La máquina de circulación extracorpórea, asume las funciones del corazón realizando la acción de bombeo y oxigenando la sangre. Esto permite a los cirujanos operar un corazón que permanece inmóvil y sin la presencia de la sangre.

La máquina de circulación extracorpórea puede suplir las funciones del corazón y los pulmones por varias horas. Esto permite realizar entre otras cosas, una cirugía de restauración de válvulas coronarias, lo cual lleva por lo menos dos horas. 

LAS TÉCNICAS DE ENFRIAMIENTO CORPORAL

Las técnicas de enfriamiento posibilitan la detención del corazón durante un tiempo prolongado sin que el tejido cardíaco resulte dañado. Pues las bajas temperaturas reducen la necesidad de oxígeno del corazón, y eso impide que el tejido cardíaco se dañe.

Hay dos maneras posibles para enfriar el corazón:

· Pasando la sangre por la máquina de circulación extracorpórea. Esto 
permite además, que la sangre enfriada, reduzca la temperatura corporal al 
introducirse en el organismo. 

· Bañando el corazón en solución salina fría. 

COMIENZO DE LA OPERACIÓN

Valiéndose de los medios antes señalados, y demás equipo necesario, el cuerpo 
médico especializado dará comienzo a la intervención. 

Para ello se anestesia al paciente y se aguarda a que quede totalmente dormido. En ese momento, se le introducirá en la tráquea un tubo que se conectará a un aparato respirador. El mismo mantendrá la respiración activa. 

Asimismo, se introduce un nuevo tubo por la nariz y el esófago, hasta llegar al 
estómago. La función de este conducto es impedir la acumulación de líquidos y aire en el estómago. Es para que cuando el paciente despierte, no sufra de náuseas ni distensión abdominal. 

También será necesario colocar una sonda en la vejiga, para conducir al exterior la orina producida durante la operación.

En tanto, un especialista en flujo sanguíneo se encargará de operar la máquina de circulación extracorpórea. Pero antes de conectar al paciente a la máquina, se le administra anticoagulante, para evitar la coagulación de la sangre. 

El equipo quirúrgico será dirigido por el cirujano cardiovascular. En la constitución del equipo habrá otros cirujanos ayudantes, un anestesiólogo y enfermeras quirúrgicas.

Tras conectar al paciente a la máquina de circulación extracorpórea, se procede a detener y enfriar el corazón. 

Paso seguido, se realiza una incisión en el corazón o la aorta, dependiendo de la 
válvula que sea necesario repararse o sustituirse. 

La labor será realizada con la mayor concentración. Y cuando el cirujano acabe la reparación o sustitución, se procederá a reanimar el corazón, y desconectar el 
paciente de la máquina de circulación extracorpórea.

El tiempo que demanda una intervención de este tipo oscila entre 2 a 4 horas, o en ocasiones más. Dependiendo del número de válvulas que sea necesario reparar o sustituir.

Tras la operación, el paciente es llevado a una sala de especial.

Luego de la intervención

Cuando cese el efecto de la anestesia, el paciente despertará. En principio, será 
mantenido bajo un riguroso cuidado, y no podrá ser visitado por mucha gente, ni por tiempos prolongados. Pero a medida que se vaya recuperando, su estándar de vida tornará paulatinamente a la normalidad.

Sin embargo, esto es así, cuando la intervención salió bien y el proceso postoperatorio no presenta anomalías. Ya que en muchas ocasiones, después de una intervención quirúrgica realmente exitosa, la pieza implantada es rechazada por el organismo del paciente. Esto hace que todo el esfuerzo realizado por el cuerpo de cirujanos haya sido en vano. 

Asimismo es posible, que luego de una operación brillante y exitosa, se produzca una infección de las vías respiratorias, o de otra índole, lo cual pondrá en serio riesgo la vida del paciente. También esto puede hacer que el esfuerzo del equipo de cirujanos haya sido en vano.

CONCLUSIÓN

Para salvar una vida hay que saber con precisión como actuar, y además, contar con un elemento adicional invisible, la “buena suerte” de que nuestro adecuado y esforzado trabajo no se vea oscurecido por un imprevisto que arruine todo lo que hicimos.

Esto aparentemente no está en nuestras manos, pues por más recaudos que 
tomemos, y por más profesionales que seamos en la materia, nada nos garantiza que no habrá un contratiempo inesperado, como lo es una infección postoperatoria o el rechazo del elemento implantado.

Tras este análisis, ya no quedan dudas, de que además de un buen trabajo, hace falta algo más, “buena suerte”.

Y aquí uno pregunta ¿es posible alterar la buena suerte?. ¿Existe la posibilidad de prevenir una infección postoperatoria inesperada?.

La respuesta a esta cuestión la hallaremos sabiendo qué es lo que produce la “buena suerte” y el “éxito”. 

Para ello debemos tener en cuenta, que la buena suerte o el éxito, no puede ser 
determinado por un ser limitado por los parámetros terrenales. Pues ya vimos que los seres terrenales más duchos del mundo en la materia, que calcularon casi todo lo que puede suceder en su trabajo, no lograron evitar una simple infección que arruinó todo su trabajo. 

Por lo tanto, quién determina la buena suerte, y el éxito en los sucesos terrenales debe ser un ente que se encuentra por sobre todo lo terrenal. Y este es Di-s. 

Ahora bien, asumimos que Di-s decide si la operación saldrá bien o no, como así, si luego habrá complicaciones o no. Pero ¿es posible que seres terrenales como 
nosotros podamos modificar el destino antes de que la decisión divina se ejecute?.

La respuesta es ¡Sí!. Es posible modificar el destino, es decir, es posible evitar el 
fracaso de una operación, como así una infección postoperatoria o un rechazo. Y esto se logra, únicamente pidiéndoselo al Eterno. 

En ese momento Él considerará la petición de corazón pleno formulada por sus hijos, y decidirá si esa operación fracasará, como estaba estipulado, o si por causa de la plegaria, el decreto se anula y la misma debe tener éxito. (Ver Talmud Shabat 119 y 156)

ATANDO CABOS

Hemos apreciado, que en caso de ser requerido, se necesita la participación del 
especialista en la materia. Pero a su vez, es fundamental orar al Eterno para que lo que el especialista hace salga bien.

Estos dos puntos señalados, constituyen la base del éxito.

UN EJEMPLO

El Rabino Moshé ben Jana Feigue, hace más de diez años, contrajo una grave 
enfermedad. La misma fue avanzando y agravándose año tras año, hasta que se tornó insoportable. 

En esos momentos, la fulminante acción del flagelo obligó a trasladar de urgencia al Rabino Moshé ben Jana Feigue, a Estados Unidos. Cuando se hizo esto, la salud del paciente se encontraba terriblemente deteriorada, y su vida pendía de un hilo.

Allí fue revisado por los mejores especialistas, quienes determinaron que el cuadro es muy grave. Sentenciaron que la única manera de salvar la vida del paciente es realizar una intervención quirúrgica muy compleja.

Al enterarnos de esto, comenzamos a incluir en nuestro boletín semanal que incluye enseñanzas de la Torá, el siguiente texto:

Nuestro máximo deseo de que la lectura y el estudio de las enseñanzas de esta 
semana sean un medio para que el Eterno envíe una pronta recuperación a Rabí 
Moshé (Freedman) ben Jana Feigue.

Luego de publicar este mensaje, comenzamos a recibir semana tras semana correos de nuestros lectores, preguntando por la salud de Rabí Moshé. Asimismo, nos enviaban numerosos recados deseándole una pronta recuperación. Esto, pese a que casi nadie de los que recibían el boletín conocían al rabino, ni sabían quien es. 

Un par de meses más tarde, los médicos llevan a cabo la intervención, y Rabí Moshé salió airoso de la misma. Con el paso de los días comenzó a evolucionar 
favorablemente, y su salud recobraba lentamente la vitalidad.

A medida que fueron transcurriendo las semanas Rabí Moshé se recuperaba cada vez más. Hace unos días, lo llamé al hospital, y pude hablar con él. Su estado de ánimo era óptimo, comenzó a hablar sobre enseñanzas de la Torá y mencionaba numerosos estudios que sabía de memoria. Prácticamente no me dio chances de preguntarle como está su salud. 

Sobre el final me dijo que planea salir en breve del sanatorio y llevar adelante varios planes que tiene para el futuro. Solo que antes debe culminar el proceso de fisioterapia. 

Esto que sucedió con Rabí Moshé fue algo milagroso. Pues la compleja intervención llevada a cabo por los especialistas salió óptima, y la recuperación postoperatoria también fue óptima. Esto significa que se contó con la ayuda manifiesta del Eterno, quien hizo que todo salga bien, sin contratiempos. Y para que esto acontezca, no hay dudas de que influyó la plegaria de alguien, quizá un allegado del Rabí, o uno de nosotros. O tal vez, el estudio de alguien que leyó uno de los boletines donde constaba el deseo de recuperación del Rabí, y lo aplicó a su vida, superándose espiritualmente. 

No sabemos quien fue el que logró que el Eterno ayude para que todo salga bien. O si fue la participación de todos juntos, la causa. Solo sabemos lo que finalmente pasó.

Esto nos debe dejar un mensaje claro:

Cuando surge algún inconveniente que requiere de ayuda, hay que acudir al 
especialista, pero también es necesario orar al Eterno para que nos ayude y ayude al especialista a hacer bien las cosas y a que su labor resulte exitosa. 


Nota: Esto último que dijimos tiene su base en el código de leyes judío -Shulján Aruj- y el Talmud.

Lo dicho acerca de que uno debe cuidar su salud y concurrir al especialista en caso de necesidad, es algo que encontramos explícitamente en el código de leyes judío -Shulján Aruj-: Allí consta, que la persona debe alejarse de las cosas que dañan la salud y conducirse mediante cosas que sanan, por eso fue dicho "cuidarán mucho a vuestras almas". (Esta enseñanza, con todos los detalles de la misma, consta en el código de leyes judío -Shulján Aruj-, como dijimos, y el autor de ese apartado fue Maimónides, uno de los médicos más destacados de la historia, quien fue a su vez erudito de la Torá, y también explicó el Talmud) (Kitzur shulján Aruj 32: 1)

Maimónides mismo escribió una plegaria especial para los médicos, para que pidan al Eterno que los guíe en su labor.

Respecto a la necesidad de pedir al Eterno, además de asistir al especialista en caso de necesidad, es algo que encontramos en el Talmud. Y no solo eso, sino que allí se enseña algo sorprendente: "Todo el que tiene posibilidades de pedir clemencia al Eterno por su compañero, y no lo hace, se lo considera un pecador" (tratado de Brajot 12b)  

Últimos artículos publicados  

¡Ya está en librerías!

  .  
.

 

Clik aquí para saber más


¡La novedad que todos estaban esperando!

Si te apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer un libro que seguro te fascinará: Numerología y Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.

En el mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además, hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales, vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.

Todo está explicado en forma clara y amena. Muy recomendado: IPara conocer más sobre el libro Numerología y Cábala, click aquí

     
.

Envíanos tu comentario

Nombre:

E - Mail:

Asunto:

Recomendado
Redes Sociales
Imperdible
Seguimiento
Novedad
Buena onda
Editoriales
Entretenido
Sensacional
Videos Alegres
Shabat
 
 
 


Copyright 2007 Todos los derechos reservados
Judaismo Virtual

 

Estadisticas Gratis
 

fin

Esta pagina ha sido visitada veces