En
la vida existen situaciones, en las cuales muchas veces
la persona recibe una bondad del Cielo, siendo ésta generosa,
grandiosa e inusitada. Por ejemplo, si nuestro hijo cruzó
la calle sin prestar atención, y fue atropellado por un
automóvil, pero salió ileso. O si a uno mismo le tocó el
infortunio de padecer una enfermedad grave y se repuso.
En casos como estos, lo primero que le viene en mente a
una persona creyente es agradecer a El Eterno por la bondad
propinada.
Ahora bien, dependiendo de la importancia de lo sucedido,
el individuo actuará con más o menos efusión. Hay personas,
que tras acaecerles algo importante, invitan a los integrantes
de la congregación a la que pertenecen, y ofrecen un agasajo
de agradecimiento a El Eterno -seudat odaiá-. Otros hacen
votos, comprometiéndose a donar una suma de dinero a la
sinagoga, o un rollo de la Torá, o los elementos que hagan
falta -lámparas, bancos, un armario para los libros-.
El proceder citado es el que se estila en la actualidad.
Pero en el pasado, cuando el Templo Sagrado estaba en pie,
las personas tenían más alternativas. Muchos, se comprometían
a llevar animales al Templo Sagrado, y ofrecerlos como sacrificio
pacífico, o directamente los donaban en calidad de voto
asumido -neder o nadabá-.
Otras personas, decidían apegarse a El Eterno de manera
especial. Para lograrlo, hacían votos de nazareo -nazir-.
Nazareo es un tipo de voto mediante el cual la persona se
abstendrá por un tiempo determinado, de ciertos placeres
mundanos, como el vino y el producto de la uva.
Los pormenores de este tipo de voto constan en el Pentateuco:
“Habló El Eterno a Moshé diciendo: Háblales a los hijos
de Israel y diles: cuando un varón o una mujer formule voto
para consagrarse nazareo ante El Eterno. Se apartará del
vino nuevo y del vino añejo, vinagre de vino nuevo, y vinagre
de vino añejo no beberá, y de toda maceración de uvas no
beberá, uvas frescas y disecadas no comerá. Todos los días
de su nazareo, de todo lo que fuere hecho de la vid de vino,
desde las semillas hasta el hollejo, no comerá. Todos los
días del voto de su nazareo no pasará navaja sobre su cabeza,
hasta que se completen los días que fijó en consagración
a El Eterno, santo será, dejará crecer el cabello de su
cabeza. Todos los días del voto de su nazareo, no vendrá
a un cuerpo muerto. Por su padre y por su madre, por su
hermano y por su hermana no se impurificará por ellos cuando
murieren, pues la consagración de El Eterno está sobre su
cabeza. Todos los días de su nazareo, santo será para El
Eterno”. (Números 6: 1-8)
Enseñanza derivada
El texto citado, si es analizado minuciosamente, lega un
mensaje realmente valioso.
Prestemos atención a lo mencionado: apreciamos que la persona
que formula voto de nazareo, se lo considera santo. Y como
causa de su santidad, fue estipulado que “no vendrá a un
cuerpo muerto”. Sin embargo, el versículo a continuación
declara: “Por su padre y por su madre, por su hermano y
por su hermana no se impurificará por ellos cuando murieren”.
A partir de esta declaración uno se pregunta: Si ya fue
dicho “no vendrá a un cuerpo muerto”, ¿qué necesidad había
de enumerar al padre, la madre, su hermano y su hermana?
Para comprender la razón de esta redundancia, apelaremos
a las enseñanzas del Talmud.
Se plantea: si ya el texto bíblico manifestó “no vendrá
a un cuerpo muerto”, ¿por qué a continuación enumera al
padre, la madre, el hermano y la hermana?. ¿Acaso no están
ya incluidos en la declaración general?.
La respuesta fue: seguro estos parientes están ya incluidos
en la declaración general, solo que fueron mencionados en
el versículo, para enseñarnos algo novedoso.
La deducción:
La adición de “el padre” ¿qué viene a enseñar?.
Se respondió: Viene a enseñar que -el nazareo- por el padre
no se impurifica, pero en un caso específico sí lo hace.
Y preguntaron: ¿Cuál es ese caso?
Se respondió: Un muerto hallado en el camino, que no tiene
quien lo entierre. En ese caso, el nazareo tiene la obligación
de profanar su voto, y ocuparse de este finado.
Se continúa analizando
Los sabios prosiguieron el examen y preguntaron: ¿la inclusión
de “la madre” en el versículo, qué nos viene a enseñar?.
Pues un muerto hallado en el camino, que no tiene quien
lo entierre no podemos aprenderlo de esta redundancia -la
madre-, porque a eso ya lo aprendimos del padre. ¿Cuál es
entonces la intención del versículo al adicionar esta palabra
-la madre-?
Se respondió
Existe en el Pentateuco otro tipo de persona considerado
santo, el sacerdote -cohen-. Esto lo apreciamos claramente
en el versículo:
“Habló El Eterno a Moshé diciendo: habla a los sacerdotes
-cohanim-, los hijos de Aharón, y les dirás: por un muerto
de su pueblo -el sacerdote- no se impurificará” (Levítico
21: 1)
Luego dice: “Santos serán para su Di-s, y no profanarán
el nombre de su Di-s, porque ellos ofrecen ofrendas ígneas
de El Eterno, el pan de su Di-s ellos ofrecen, y serán santos”
(Levítico 21: 6)
Apreciamos que los sacerdotes son considerados santos.
Ahora bien, ¿qué sucede si este nazareo era también sacerdote
-cohen? En ese caso tiene dos santidades sobre él –cohen
y nazareo-. Podíamos pensar que dado su doble nivel de santidad,
si se encuentra con un muerto hallado en el camino, que
no tiene quien lo entierre, debe dejarlo, y no impurificarse
con él.
Sin embargo, en el versículo que detalla la impurificación
del nazareo fue escrito: “la madre”. Aprendemos que por
la madre no se impurifica, pero si lo hace en otro caso
específico.
Preguntaron: ¿Cuál es ese caso específico?
Respondieron: Un muerto hallado en el camino, que no tiene
quien lo entierre. Si uno que es cohen y nazareo lo halla,
se ocupa de su sepultura, pese a que tiene sobre él dos
santidades diferentes.
Se continúa el análisis
Los sabios prosiguieron con la tercera palabra que está
de más en el versículo, -el hermano-. Dijeron: ¿qué nos
viene a enseñar?.
Se responde
Existe un tipo de sacerdote, que adquiere un grado superior
de santidad, el Cohen Gadol. Esto lo apreciamos en los versículos:
“El sacerdote principal -Cohen Gadol- de entre sus hermanos,
sobre cuya cabeza se derramó el aceite de la unción, y que
fue consagrado para vestir las prendas, no dejará crecer
el cabello de su cabeza -por causa de duelo-, y sus vestidos
no desgarrará. Hacia todo cuerpo muerto no vendrá, por su
padre y por su madre no se impurificará. Y del santuario
no saldrá y no profanará el santuario de su Di-s, porque
está sobre él, como corona, el aceite de unción de su Di-s”.
(Levítico 21: 10: 12)
Los sabios prosiguieron: Si el nazareo era también Cohen
Gadol, en ese caso tiene tres santidades sobre él: nazireo,
sacerdote -cohen-, y sacerdote principal –Cohen Gadol-.
Podríamos pensar que si se encuentra con un muerto hallado
en el camino, que no tiene quien lo entierre no debe impurificarse.
Sin embargo, dado que fue escrito “por el hermano”, entendemos
que por el hermano no se impurifica, pero por un muerto
hallado en el camino, que no tiene quien lo entierre si
lo hace.
Se prosigue el análisis
Los sabios cuestionaron: aun hay una cuarta palabra adicionada
en el versículo -la hermana-, que hasta el momento no tiene
explicación ¿qué nos viene a enseñar?.
Respondieron: si se trataba del Cohen Gadol, quien además
era nazareo, que fue a cumplir el precepto de circuncidar
a su hijo y hacer el sacrificio obligatorio de Pesaj. Pese
a que tiene toda estas santidades, en caso que se tope con
un muerto que no tiene quien lo entierre, debe impurificarse.
(Talmud Brajot 19b, Tosafot)
Moraleja
De lo dicho aprendemos, que una persona puede tener muchas
santidades y preceptos por cumplir. Sin embargo si se topa
con un muerto que no tiene quien lo entierre, por más que
se trate del cadáver de la persona más humilde de Israel,
debe dejar todo de lado, y ocuparse de su sepultura.
Esto significa: “El honor de las personas, aunque ya estén
muertas, desplaza preceptos de la Torá” (Brajot 20ª, Rashi)
Aprendemos de aquí, que se debe procurar brindar a las personas
el honor que les corresponde, y no despreciar a nadie. Pues
El Eterno incluyó en la Biblia cuatro palabras de más, para
enseñarnos que el honor de las criaturas, es algo tan importante,
que desplaza la santidad de las personas, y preceptos bíblicos
(siempre y cuando estos sean incumplidos pasivamente, como
en nuestro caso, y no los profana a drede).
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