Artículos de Interés

Como se debe reprochar y amonestar al prójimo

El quinto libro del Pentateuco, llamado Devarim -Deuteronomio-, contiene en su inicio las indicaciones dadas al pueblo por Moshé, antes de morir. El objetivo de las mismas era instruir a la nueva generación para que puedan llevar adelante la difícil empresa de heredar la tierra de Israel. Ellos debían hacerlo solos, pues sus padres, que habían salido de Egipto hace cuarenta años y todos los mayores que habían participado en el becerro de oro ya habían fallecido en el desierto. 

Moshé, a sabiendas de que su muerte se hallaba en el umbral, comprendió que es el momento apropiado para impartir las últimas exhortaciones. Con total decisión se incorporó y recordó a la nueva generación todos los actos ignominiosos cometidos por la generación pasada. Aunque no actuó frontalmente en esta etapa, sino en forma indirecta. Tuvo en cuenta que el Todopoderoso hace sumo hincapié en el honor de las personas, incluso se trate de gente perversa. Por eso Moshé recordó cada lugar donde la generación pasada hizo encolerizar al Todopoderoso, solo a través de indicios.

MORALEJA

Aprendemos del reproche de Moshé, la imperiosa necesidad de reprochar al prójimo, se trate de una persona ajena, un hermano, hijo, amigo o conocido. Es porque nuestro estímulo provocará en ellos la reflexión, tras lo cual podrán recapacitar y abandonar el camino desatinado, encauzándose consecuentemente por la buena senda. 

Debido a la necesidad de esta propicia intervención de nuestra parte en el momento y lugar apropiados, los sabios nos enseñaron el proceso a seguir. 

LAS ENSEÑANZAS DE LOS SABIOS

Existe un precepto de reprochar al pecador, demostrándole un gran amor, y que estas palabras de reproche son para que se arrepienta de lo que hace y pueda salvarse de ser castigado. 

Esta manera de proceder, la aprendemos de El Eterno. Como lo confirma el versículo: “A quien Di-s ama, a él le reprocha”. (Proverbios 3: 12)

Por lo tanto, al ser que este es el modo de actuar de El Eterno, reprochar a quien ama, así también debemos obrar nosotros, reprochando a nuestro compañero cuando lo veamos cometiendo un acto erróneo. (Reshit Jojmá, shaar Anavá 5: 15)

MAS SOBRE EL TEMA

Aun debemos aprender más de El Eterno para saber exactamente como actuar en el momento de reprochar a nuestro semejante. 

El Eterno primeramente reprocha a la persona con amor, en forma secreta, enviándole una aflicción que sea perceptible por el individuo que es reprochado, pero que a su vez esté oculta de la vista de los demás. Por ejemplo, un dolor de estómago. 

Luego de esto, si el individuo recapacita y su andar toma un rumbo satisfactorio, en ese caso, El Eterno no le enviará más aflicciones. Pero si no hiciere caso, entonces le reprochará a la vista de sus amigos cercanos. 

Si luego de ello esta persona toma conciencia del error, lo asume y se encauza adecuadamente, El Eterno no le enviará ya más aflicciones. Pero si persiste en su insurrección, en ese caso El Eterno le apesadumbrará a la vista de todos, haciendo que sus negocios fracasen, y pierda dinero. O le enviará un flagelo de similar efecto. 

Tras ello, si tras esta serie de reproches, el individuo recapacita y decide comportarse adecuadamente, El Eterno no le enviará más calamidades. Pero si pese a todo, persiste en su mal andar, en ese caso, El Eterno ya no le hará nada, dejará que se vaya y haga su voluntad en este mundo. 

REFLEJO DE LO APRENDIDO

Este mismo sistema ha de ser empleado por nosotros para reprochar a nuestros amigos en el caso que los veamos descarriarse y actuar pérfidamente. 
Primeramente les reprocharemos en privado. Si no quieren escuchar, procederemos a hacerlo sutilmente, frente a sus amigos cercanos, y como última opción, frente a otros. 

Esto no debe ser interpretado como un permiso para humillar o afrentar a nuestros semejantes. Se debe actuar con extrema cautela, poniendo énfasis en no avergonzar de ninguna manera al prójimo, pues es ello algo gravísimo, severamente condenado por El Eterno. 

Por eso, si se trata de alguien que suele avergonzarse con asiduidad, en ese caso, no hay que reprocharle siquiera en privado. Con una persona así, se debe actuar de una forma astuta y sabia. Debe hablársele en forma indirecta, expresándose comúnmente, refiriéndose en la conversación a cualquier otra cosa. En medio del diálogo, se menciona “de paso”, acerca de la penalización existente para quien comete tal y tal trasgresión. De esta manera, el pecador comprenderá por si solo, y se apartará de la falta. Aunque si no lo hace, en ese caso, deberá procederse en forma más directa. 

MAS PARA SABER

Es importante tener en cuenta que para reprochar a otra persona, uno tiene que ser modelo en ese aspecto que abordará. Por ejemplo, hipócrita sería aquel que reclama a su hijo no fumar, mientras él lo hace en forma pública y sin ningún tipo de reparo. 

El individuo debe siempre conducirse por la vida acorde a los preceptos legados por El Eterno, entonces le irá bien a él, y a todos los que lo rodean. Los podrá orientar acertadamente, siendo él mismo el ejemplo viviente de lo que predica, lo cual lo torna un ser humano perito, confiable y creíble. 

UN RELATO ALUSIVO

En el poblado vivía un hombre cuyo padre era ya anciano, pero jamás reparaba en él ni se interesaba por su bienestar. No lo llevaba a su casa para alimentarlo, tampoco se ocupaba de sus ropas y menos aun de sus otras necesidades. Como resultado de esta total incomprensión por parte de su hijo, este individuo mayor vivía como podía, junto los indigentes de la ciudad. 

Aconteció un día, en el que hacía mucho frío, que el señor mayor estaba sentado junto a los otros pobres de la ciudad en una de las calles. En ese momento, pasó por el lugar su nieto. 

Al verlo, el abuelo lo llamó para suplicarle consideración y piedad. Le imploró que preste atención al terrible frío reinante, en medio del cual su abuelo yace, a la intemperie, carente de todo abrigo para poder soportar la crudeza del tiempo. Luego quebrantado por completo le rogó: "Te suplico que digas a tu padre me envíe un abrigo para cubrirme". 

El niño quedó conmovido por lo que sus ojos vieron y lo que sus oídos oyeron. Por eso, no perdió el tiempo y fue inmediatamente a contarle a su padre lo que sucede con su abuelo. 

El padre, tras escucharlo, gesticuló con la cabeza indicándole que ascienda a la azotea. A continuación se dignó abrir su boca, le dijo: "hallarás allí una prenda de vestir que está colgada en el perchero. Tómala y llévasela a tu abuelo". 

El niño subió a la azotea y halló la prenda, la cual era muy vieja y estaba totalmente destrozada. El modo de proceder de su padre le causó profundos sentimientos de dolor, impotencia y angustia. Su corazón estaba totalmente destrozado, no podía creer lo que sus ojos veían. Jamás pensó que su padre actuaría de semejante manera, demostrando una crueldad atroz ante las penurias de su semejante, y más tratándose de su propio progenitor. Por eso, el niño reunió valor y tomó una decisión audaz. Buscó una tijera, y con la misma cortó la prenda longitudinalmente, en dos partes iguales. 

Haciendo eso se demoró en la azotea. En tanto su padre, al apreciar que el niño no desciende, le lanzó un grito, para saber por que se demora y que es lo que hace. Pero no obtuvo ninguna respuesta a su llamado. 

El hombre lo intentó nuevamente, y luego otra vez más, pero su hijo no respondía. Unos minutos después, el pequeño descendió de la azotea, portando en su mano la mitad de la prenda. 

Al ver eso, su padre le preguntó: "¿Por qué cortaste la prenda en pedazos? ¿Que harás con la mitad restante?". 

El jovenzuelo le respondió: "Lo guardaré para cuando envejezcas, pues en ese entonces te arrojaré de esta casa, y forzosamente te sentarás en la calle con los pobres de la ciudad. Y en los días de frío, cuando me pidas una prenda para protegerte de las inclemencias del tiempo, te enviaré esta mitad que quedará aquí guardada, ya que las obras que hacen los padres harán sus hijos, y así como te conduces con tu padre me conduciré contigo". 

El hombre se avergonzó en gran manera, y supo el terrible pecado que cometió con el honor de su progenitor. Reflexionó un instante y temió que en el futuro le suceda a él lo mismo, por eso fue en busca de su progenitor, le pidió perdón y lo trajo a su casa. (Ben Yoiadá)

MENSAJE

El suceso narrado nos da una clara pauta de cómo debe ser nuestro modo de conducta, tanto frente a las demás personas, como ante El Eterno. Pues si no nos conducimos por un camino correcto, en ese caso no podremos reprochar a nadie por lo que hacen mal, ni siquiera a nuestros propios hijos. 

¿Qué cara puede tener este padre del relato para recriminar a su hijo por no ser considerado con sus hermanos, o con la madre, luego de lo que pasó?. Incluso cuando pretenda llamarle la atención por otra cosa, respecto de la cual él personalmente da el ejemplo de ello, seguramente lo pensará dos veces, ya que su reputación e imagen frente a su propio hijo han decaído notablemente. Ya no es ante los ojos de su hijo el padre ejemplar. Ahora cada vez que deba reprocharle algo, sentirá en su interior una sensación muy distinta a la que experimentaba en el pasado. La autoridad que tenía en la casa como padre, no es siquiera en su propia conciencia la misma que otrora. 

Estas reflexiones conducen a un solo puerto, pensar muy bien lo que deseamos hacer antes de llevarlo a la práctica. Si nos viene en gana realizar una cosa que puede estar fuera de lugar, en ese caso, pensemos en las consecuencias que ello puede acarrear en el futuro. A partir del resultado de este análisis ejecutaremos la maniobra pensada o nos abstendremos. 

UN CONSEJO

Para triunfar en esta empresa hemos de tener presente un hermoso y sabio legado de nuestros sabios. El mismo surgió como resultado de la experiencia encomendada por Rabí Iojanan ben Zakai a sus cinco alumnos más destacados, a quienes envió para investigar cual es la virtud más importante, a la cual la persona debe apegarse en su vida con el fin de ser un individuo digno y ejemplar. 

Los discípulos hicieron lo que su maestro les solicitó, y de regreso cada uno informó el resultado obtenido. 

Uno de ellos era Rabí Eliezer, él dijo: “(hace falta tener) buen ojo”. Es porque a través de ello, la persona se conforma con lo que tiene, y también se contenta con los logros de los demás. De esta manera este individuo ama a todos, y es amado por todos. Así estará ligado a la raíz misma de todas las cualidades buenas existentes en el mundo, “el amor por todo el mundo”. 

Otro de sus alumnos era Rabí Ieoshúa, él, luego de mucho investigar, dijo a su maestro: “Buen compañero”. De este modo, a través de ser un buen compañero de los demás, provocará que los demás lo sean también con respecto a uno. Así logrará alcanzar la raíz de todas las cualidades. 

Rabí Iosei dijo: “Buen vecino”. Pues a través de ser un buen vecino, la persona se habitúa a ser considerado y bondadoso con todo aquel que viene a él con una solicitud, una queja, o un reclamo. Así irá forjando su conducta adecuadamente, lo cual le permitirá alcanzar la raíz de todas las cualidades. 

Rabí Elazar, dijo “Buen corazón”. Al ser que todas las cualidades nacen en el corazón, por eso aquel que tiene un buen corazón, todas sus cualidades son buenas. El maestro, o sea, Rabí Iojanan ben Zakai se mostró muy satisfecho, y consideró como que esta sentencia dicha por Rabí Elazar, contiene a todas las que dijeron los demás alumnos (Mishná Pirkei Abot 2: 9 - Kehaty). 

Aun nos resta una opinión, la del quinto alumno. La hemos dejado para el final, por ser que es la que concierne directamente a nuestro tema en discusión. Aunque debemos aclarar que en la Mishná aparece en cuarto lugar. 

Rabí Shimon dijo: la cualidad a la que la persona debe apegarse en su vida es: “Ver el nacimiento”. Es decir, ver desde antes de hacerlo, que es lo que sucederá con lo que haremos en el futuro. De esa manera sabremos si realizar lo que pensamos o no. 

Si actuamos de acuerdo a la enseñanza de Rabí Shimon, jamás caeremos en el error cometido por ese padre del relato antes trascrito, quien fue cruel con su propio progenitor, a tal punto de llegar a ser reprendido por su propio hijo. Adaptándonos a este sistema, podremos llegar a un nivel adecuado, y no tendremos obstáculos en llamar la atención a nuestros niños cuando están cometiendo alguna travesura, ni a nuestro amigo cuando está incurriendo en un error, o al vecino, si es que no está haciendo bien las cosas. 

Este es el modo para ser personas ejemplares, y tener en nuestro entorno, las mismas posibilidades que tuvo Moshé con todo el pueblo judío, a quienes reprendió por lo que hicieron mal, y nadie le criticó nada, pues él mismo, con su propia vida, daba el buen ejemplo. 

Últimos artículos publicados  

Envíanos tu comentario

Nombre:

E - Mail:

Asunto:

Recomendado
Redes Sociales
Imperdible
Seguimiento
Novedad
Buena onda
Editoriales
Entretenido
Sensacional
Videos Alegres
Shabat
 
 
 


Copyright 2007 Todos los derechos reservados
Judaismo Virtual

 

fin

Esta pagina ha sido visitada veces