Relata
el Talmud, (Babá Metzía 85ª) que Rabi (Rabí Iehuda Hanasí),
tenía mucho dinero y en su casa había varios sirvientes.
Un día, un becerro al que iban a degollar corrió hasta donde
se encontraba Rabi, y zambulló su cabeza debajo de su vestimenta,
como buscando protección en el erudito.
Rabi le dijo al animal: “¡Ve, pues para eso has sido creado!”
(para ser degollado y comido).
En el Cielo, tras contemplar esta actitud, determinaron
que Rabi deberá soportar flagelos. Así fue como le sobrevino
una enfermedad muy dolorosa, se le formó una piedra en la
zona urinaria. Además, contrajo una molesta dolencia bucal.
Los sufrimientos que atravesaba el erudito (que era el rabino
más destacado de su generación, un hombre ejemplar y apartado
del mal por completo) protegían a toda la población, pues
entre otras cosas, jamás faltó la lluvia en esos tiempos.
Pero el dolor que sentía cada vez que debía hacer sus necesidades
era atroz, a tal extremo que sus gritos se escuchaban en
las lejanías.
Esta situación se prolongó por espacio de trece años, hasta
que un día, la empleada doméstica de Rabi se encontraba
echando unas crías de comadreja de la casa. El erudito al
verla le dijo: “¡Déjalas!. Está escrito en el libro de los
Salmos (145: 9): ‘Di-s es bueno con todos, y se apiada de
todas sus criaturas’”.
En el Cielo, al contemplar la actitud de Rabi dijeron: “Él
se apiada, apiadémonos de él”. Y las aflicciones lo abandonaron.
Hasta aquí el relato del Talmud.
Profundizando
Veamos
ahora algunos detalles de este relato analizados en profundidad,
que son mencionados en el el libro Ben Yoyadá, y aclararán
varios puntos que seguramente nos han sorprendido.
Es
totalmente certero decir que no fue la intención del becerro
hacer lo que hizo, ya que un animal no puede presagiar lo
que le sucederá.
¿Por
qué entonces zambulló su cabeza debajo de la vestimenta
de Rabi?
Lo
que ocurrió es, que dentro de él se encontraba el alma de
un judío "kosher" (apto) que ya había fallecido,
el cual se reencarnó en el animal para reparar lo que le
restó hacer cuando estuvo en la tierra anteriormente.
El motivo expuesto es el que llevó al espíritu a impulsar
al becerro a refugiarse en el sabio, insinuándole a través
de ello que lo saque de allí mencionando palabras sagradas
(“kabala”), sin la necesidad de llegar a atravesar el sufrimiento
del degüello.
Rabi entendió enseguida lo que acontecía, y también comprendió
que es lo que pedía el animal a través de su extraña actitud.
El sabio meditó y dijo: “evidentemente en el Cielo decretaron
que este espíritu se reencarne dentro de un becerro para
que pueda reparar lo que dejó pendiente en su vida anterior,
y también que le sea realizada la “shejitá” (degüello),
entonces ¿por qué sacar el espíritu suavemente?”.
Esta decisión le causó a Rabi las aflicciones que antes
mencionamos.
Otro
caso
Un
caso similar sucedió en la ciudad de Bagdad. El acontecimiento
es relatado por el Rab Iosef Jaim quién devolvió su alma
al Creador el 13 de Elul de 5669 (30 de Agosto de 1909),
y estas son las palabras de su relato:
“Este suceso aconteció aquí, en la ciudad de Bagdad, hace
más de noventa años. Un día fue un carnicero judío a comprar
animales fuera de la ciudad, para traer para degollar. En
el camino, avistó a un árabe que sale a su encuentro con
un cordero muy voluminoso. El árabe avanzó hacia él y le
dijo: ¡Judío, adquiere para ti este cordero!.
El carnicero en primera instancia se rehusó a comprarlo.
El motivo fue por una sospecha que tenía de que quizá el
animal no resulte apto según las leyes de la Torá (si es
apto se sabe únicamente cuando se lo abre, pudiéndose recién
entonces revisar la integridad de sus pulmones, etc.). Al
ser el cordero tan grande, pensó que podía perder mucho
dinero en caso de adquirirlo, y que luego de degollado sea
hallado inapto.
El árabe no se dio por vencido y le insistió mucho para
que lo compre, bajando considerablemente el precio del animal.
Finalmente, tras varias propuestas, en las que propuso precios
cada vez más tentadores, logró convencer al carnicero, que
terminó adquiriendo al cordero.
Ese día, el carnicero judío no adquirió más animales que
el mencionado. Con el mismo, emprendió el camino de regreso
a su casa y en el trayecto advirtió algo que le llamó poderosamente
la atención, el animal iba tras suyo con pasividad y calma,
cuando por lo general, un cordero de semejante tamaño, es
difícil de llevar, ya que los animales de esa envergadura
suelen retobarse con quien los lleva. Sin embargo este se
comportaba similar a un pollito, subyugándose totalmente
a su nuevo propietario, yendo tras suyo de propia voluntad
y con plena calma. El carnicero lo trajo a su casa y lo
dejó allí hasta la víspera de Shabat para degollarlo, pues
esa era la idea que había determinado en su corazón.
El hombre hizo todo lo que tenía que hacer, y luego de cenar
se acostó a descansar. Pasada la medianoche, aun dormía
plácidamente sobre su cama, pero instantes más tarde, escucha
la voz del Shojet (quien degüella a los animales) de la
ciudad, quién golpeaba a la puerta y decía: "¡Trae ya mismo
el cordero que has adquirido el día de hoy a mi casa para
que sea degollado. De ese modo podrá estar lista la carne
por la mañana para una boda que se realizará en la ciudad!".
Después de haberle dicho esas palabras desde afuera de la
casa, estando aun la puerta cerrada, el "Shojet"
se retiró. El carnicero en tanto, solo escuchó desde su
cama y le respondió: "Ahora te lo llevo!".
Enseguida se levantó, lavó sus manos, descendió a la planta
baja y tomó el cordero para llevarlo a la casa del "Shojet".
En ese momento, el carnicero descubrió una nueva cosa bastante
extraña, el cordero caminaba detrás suyo por propia voluntad,
prolongándose esta situación hasta que llegaron a la casa
del "Shojet".
En tanto el "Shojet", antes que llegue el carnicero
a su casa, soñó que venía un anciano hacia él y le decía:
"Ahora llegará el carnicero “fulano” que te trae un cordero
voluminoso que adquirió el día de hoy. Ese animal es una
reencarnación del alma de “fulano” hijo de “fulano” que
falleció poco tiempo atrás".
El
Shojet conocía al difunto, ya que se trataba de un potentado,
hijo de un padre multimillonario muy famoso quien a su vez
era el gobernante de esa ciudad. El padre de este sujeto,
que era el gobernante, aun vivía.
El
anciano del sueño dijo también al Shojet que aquella alma
que se encuentra dentro del cordero, está próxima a completar
su misión en este mundo. Eso le será posible ascendiendo
al cielo de manera apropiada desde el animal donde se encuentra,
- el anciano en ese momento le advirtió - por eso, has de
tener mucho cuidado cuando revises el cuchillo, pues debe
estar apto antes del degüello, y has de recitar la bendición
correspondiente al degüello con mucha devoción. Será menester
que realicéis todo el proceso acorde a las leyes de la Torá,
sin obviar ningún detalle. Luego, la carne no será vendida
en la carnicería al resto de los hombres, sino que has de
cocinarla y prepararla para que coman de ella sabios y temerosos
de Di-s, los cuales recitarán la bendición correspondiente
antes de comer con mucha devoción.
Después de tener este sueño, el Shojet escuchó la voz del
carnicero, quien golpeaba a la puerta y decía: "Te traje
el cordero como ordenaste".
El "Shojet" descendió a la planta baja, le abrió
la puerta y el carnicero ingresó con el cordero. Tras ingresar
a la casa, inmediatamente le preguntó: "¿Qué necesidad tenías
de molestarte en venir de noche a solicitarme que te traiga
este cordero y no aguardaste a que se haga de día?".
El Shojet le respondió: "Yo no fui a tu domicilio, ni tampoco
salí de la puerta de mi casa. Solo tuve un sueño en el que
ví un anciano que me dijo que tú vendrías con un cordero
que adquiriste... Seguramente el dueño del sueño es el que
golpeó a tu puerta. Es apropiado que hagamos acorde a lo
ordenado por el anciano del sueño.
Efectivamente, así lo hicieron, y el alma logró completar
su función en este mundo.
Conclusión
El
hecho de ayudar al alma de nuestro prójimo que ha descendido
al mundo nuevamente, reencarnándose en otra persona, un
animal o un vegetal, es muy importante, ya que de ese modo,
culminará su función a la que fue enviado, y podrá ingresar
al Jardín del Edén.
Los sabios han considerado este tema, y para que tomemos
conciencia de la magnitud de este precepto, han sentenciado
que antes de irnos a dormir por la noche, perdonemos a cualquiera
que nos haya hecho algún daño, “tanto en esta encarnación,
como en cualquier otra”.
El texto completo donde consta lo que citamos se encuentra
impreso en prácticamente la totalidad de los “Sidurim” (libros
de oraciones) que existen. El lugar exacto donde se halla
es, en el encabezado de la plegaria para antes de acostarse,
llamada “Shemá al hamitá”.
Más detalles
Veamos
ahora algunos datos más de interés acerca de este tema.
Una pregunta que surge en forma automática es ¿cuál es el
motivo por el que un alma se ve necesitada de descender
nuevamente a la tierra y reencarnar en otro cuerpo?.
Para responder a esta pregunta, debemos analizar lo que
los sabios han revelado en el Talmud: “El hijo de David
(el Mashiaj) no vendrá hasta que se terminen todas las almas
del Guf”. La palabra “Guf” tiene dos acepciones: la primera
es “cuerpo”, la segunda: es el nombre del depósito donde
se encuentran todas las almas que descenderán a este mundo.
Basándonos en la primera explicación mencionada, diremos
que se refiere a que hay almas que han sido designadas a
ingresar a “cuerpos” de animales, aves, insectos y reptiles,
las cuales se podrán elevar a través de los hijos de Israel,
por medio de sus buenas acciones valiéndose de estos seres
en los cuales están encarnadas. Cuando se terminen las almas
de estos cuerpos, entonces el hijo de David (Mashiaj) vendrá.
Di-s mismo aseguró que así acontecería, pues a eso se refiere
el versículo (Bereshit 1: 26): “Dijo Di-s: hagamos al hombre
a nuestra imagen y semejanza, y que domine sobre los peces
del mar, las aves de los cielos, los animales y en toda
la tierra. Y sobre todo reptil que se arrastra sobre la
tierra”. Esto infiere: “Aquellos que fueron desplazados
a la tierra, a reencarnarse en reptiles, insectos, y demás
seres vivientes, ustedes dominarán sobre ellos para elevarlos
a todos”.
También encontramos en el Pentateuco otro versículo que
declara (Bereshit 9: 2): “Vuestro temor y miedo (que inspiraréis)
será sobre todo animal de la tierra, y sobre toda ave de
los cielos, sobre todo lo que se arrastra en la tierra,
y sobre todos los peces del mar, (todos ellos) en vuestras
manos son dados”. O sea, también está en poder (manos) de
los hijos de Israel elevar a aquello (aquel alma) que fue
desplazada a seres bajos e impuros, como los reptiles que
se arrastran.
Respecto al motivo por el cual fueron mencionados en el
versículo “todos los peces del mar”, se debe a que existen
peces impuros, los cuales son muy difíciles de elevar, ya
que el consumo de su carne es algo prohibido por la Torá.
De todos modos, pese a los inconvenientes, es posible para
los hijos de Israel elevarlos también a ellos, porque “en
vuestras manos son dados”. (Ante la imposibilidad de elevarlos
comiendo su carne, se los puede elevar haciendo con ellos
medicamentos, etc.)
A continuación del versículo que hemos citado, el siguiente
anuncia (Bereshit 9: 3): “...como las hierbas, la vegetación,
He dado a ustedes todo”. Esta mención de los vegetales es
para informar a la persona la fuerza que le ha sido otorgada,
capaz de elevar a las creaciones varias categorías: desde
vegetal hasta parlante. El Todopoderoso informa con estas
palabras: “Les he dado todo para elevar y refinar”.
Como
puede un individuo elevar algo que se encuentra en la categoría
vegetal a parlante, lo aprendemos del versículo (Devarim
11: 15): “Daré pasto en tu campo para tus animales, entonces
comerás y te saciarás”. De este modo el animal come el vegetal,
pasando a formar parte de su organismo, elevándose de ese
modo al nivel animal. Luego el hombre ingiere al animal,
y eleva al pasto y al animal al nivel parlante.
A través de este sistema, tenemos la posibilidad de elevar
a las personas que no pudieron alcanzar la meta de realizar
completamente el objetivo para el que fueron enviados a
la tierra en su vida anterior. Actuando de este modo, es
decir, elevando el animal o vegetal en el que se hallan
investidos, les proporcionaremos la ayuda necesaria para
que puedan estar completos e ingresar al jardín del Edén.
Es por esta razón, que la sección de la Torá llamada “Bealotjá”
(“Cuando eleves”), comienza con las palabras: “Cuando eleves
las velas”. Es porque la vela representa el alma de la persona,
tal como lo declara el versículo (Libro de los Proverbios
20: 27): “la vela de Di-s es el alma de la persona”. Además,
apreciamos que el inicio de la sección que nos concierne
(Bealotjá), no emplea las palabras más adecuadas para lo
que aparentemente desea informar, pues si la intención es
hablar del encendido de las velas del candelabro, entonces
debería decir ”Cuando enciendas las velas”, ¿por qué consta
"cuándo eleves las velas"?.
El motivo de esta variante en el lenguaje empleado se debe
a que además de informarnos acerca del proceso de encendido
del candelabro, el versículo desea revelar algo más. Se
trata de lo que dijimos antes: “cuando eleves las almas
(velas = almas)” de aquellos que no han tenido éxito en
su vida, viéndose necesitados de descender nuevamente al
mundo para culminar su misión e ingresar al jardín del Eden.
A través de este aporte nuestro, ellos podrán disfrutar
de todas las bondades y placeres que hay preparados para
aquellos que logran completarse en el mundo.
Ahora
que sabemos todos estos datos, seguramente ya no actuaremos
de la misma manera cuando tengamos en nuestra mano una banana
o una pera para comer. Pues por lo general, existen ocasiones
en las que uno actúa de manera automática, y se olvida de
agradecer como corresponde al Todopoderoso por los alimentos
que nos da y por las demás cosas, necesarias para nuestra
vida. Pera ahora hemos incrementado nuestros conocimientos
y tenemos un panorama más abierto y claro de la magnitud
que alcanza nuestra acción. Ahora sabemos que además de
saciar nuestro apetito saboreando la fruta, y elevar la
palabra del Creador que se encuentra investida dentro de
la misma, también existe la posibilidad de que haya allí
adentro un alma que espera ansiosamente que recitemos la
bendición correspondiente “Bendito eres... creador de la
fruta del árbol”. El motivo es, porque eso es lo único que
le falta a esa alma que se encuentra dentro de la fruta
para completarse e ingresar al jardín del Eden.
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