La
Torá declara: (Bereshit 22: 1): “Aconteció luego de estas
palabras, que Di-s probó a Abraham y lo llamó: ¡Abraham!.
Abraham
respondió: ¡Heme aquí!
El
Creador le ordena: Toma a tu hijo único, al que amas, a
Itzjak, ve a la tierra de Moriá, y ofréndalo allí como Holocausto
sobre uno de los montes que te diré”.
Abraham
se levantó temprano por la mañana, amarró su asno, tomó
sus dos mozos con él, y a Itzjak su hijo. Partió leña para
el Holocausto, se levantó y fue al lugar que le dijo Di-s”.
Hasta
aquí lo narrado por los versículos. Solo que no sabemos
a que se refiere la expresión “Aconteció luego de estas
palabras”. No sabemos tampoco cuando sucedió este hecho.
Por eso, ahora nos ocuparemos de dilucidarlo y entonces
sabremos también la causa por la cual el Creador solicita
a Abraham sacrificar a su amado hijo, que le nació en la
ancianidad, pues el hecho hasta ahora parece bastante extraño.
El
Talmud Revela
Consta
en el tratado talmúdico de Sanedrín 89b: Dijo Rabí Iojanán,
quien escuchó de Rabí Iosi ben Zimbra: el versículo declara
(Bereshit 21: 5) “Organizó Abraham un gran banquete en el
día en que hubo crecido Itzjak”.
Al
contemplar esta actitud del patriarca judío, preguntó el
Satá’n a Di-s: “Amo del universo, ese anciano a quien a
la edad de cien años, le fue otorgado un hijo, de todo ese
banquete que organizó, ¿no tenía un toro, o un ave para
ofrendar delante de Ti?.
Hashem
le respondió: “¡Todo lo hizo por su hijo!. ¡Si Yo ahora
le digo: ofrenda a tu hijo delante de Mi, inmediatamente
lo ofrenda!”.
El
Satá’n infiere al Todopoderoso: “¡Pues pruébalo (para ver
si así lo hace)!”
Por
tal razón: “Aconteció luego de estas palabras, que Di-s
probó a Abraham”, - comprendemos que este hecho se produjo
luego de las palabras del Satá’n.
En
ese mismo día en que Hashem le encomendó este mandato, Ishmael,
tras trece años de estadía en el desierto, desde que había
sido echado junto a su madre de la casa de Abraham, por
expreso pedido de Sara, regresa para visitar a su padre.
Fue
en ese momento cuando el Creador ordena: (Bereshit 22: 2):
“Toma a tu hijo único, al que amas, a Itzjak, ve a la tierra
de Moriá, y ofréndalo allí como Holocausto sobre uno de
los montes que te diré”.
Cabe
preguntarse
¿Cuál
es el motivo de tantas especificaciones?. ¿Por qué no le
dijo directamente “Toma a Itzjak”?
Lo
que sucede es que el Creador lo hizo de esta manera, para
atribuir pago a Abraham por cada una de las palabras mencionadas,
pues el Patriarca deseaba proteger a Itzjak. El Creador
no pronunció todo el versículo seguido, sino que lo hizo
fragmentadamente, primeramente, Di-s le dijo:
“Toma
a tu hijo”.
Abraham
respondió: “Amo del universo: ¿Cuál de ellos, el hijo que
me nació cuando yo era aun incircunciso, o el que me nació
después de la circuncisión?”.
Hashem
le hace saber: “al único”
Abraham
sugiere: “Este es único de su madre (Hagar la sierva de
Sara) y el otro es único de su madre (Sara)”.
Hashem
le indica: “al que amas”.
Abraham
responde: “A este yo amo, y a este otro también amo”.
Hashem
concluye: “a Itzjak, ve a la tierra de Moriá, y ofréndalo
allí como Holocausto”
Abraham
preguntó: “¿Amo del universo: sobre qué monte?”
Hashem
responde: “En el sitio donde divises Mi honor que te aguarda”.
El
patriarca estaba totalmente decidido a cumplir de inmediato
con la ordenanza del Creador, solo restaba darle la noticia
a su esposa. En ese momento calculó que no es bueno revelarle
lo que hará, ya que el pensamiento de las mujeres es frágil,
pero por otro lado, si no le informa nada y se lleva al
muchacho, en el instante en que no lo vea, el trance que
este echo puede causar es que quizá tienda a suicidarse.
Meditó
profundamente: ¿Qué haré?.
La
decisión
Hasta
que finalmente resolvió decir a su mujer: “¡Prepara comida,
y bebida, para que nos alegremos el día de hoy!”
Sara
le pregunta: ¿Qué tiene de especial este día, y cual es
el objetivo de esta fiesta?.
Abraham
responde: “¿A una pareja de ancianos como nosotros les nace
una criatura a una edad tan avanzada, y no vamos a festejar
por ello?”
La
señora se retiró a preparar el banquete.
En
medio de la comida le dijo: “Tu sabes, que cuando fui de
tres años de vida, reconocí al Creador, y este hijo nuestro
ha crecido sin que aun haya sido iniciado en ello. Existe
un lugar, algo alejado de aquí, donde inician la educación
de los jóvenes para que tengan fe en Di-s. Le sugirió: ¡Llevémoslo
allí!”.
Sara
respondió: “¡Ve allí en paz!”.
Abraham
se va
Por
tal razón: “Abraham se levantó temprano por la mañana”,
pues pensó: “Por si se arrepiente Sara y no lo deja ir,
madrugaré y partiré mientras ella aun duerme. Además, de
esta manera nadie nos verá”.
Tomó
consigo a Itzjak, Ishamel y su siervo Eliezer, y partió.
En
medio del camino, se le aparece el Satá’n investido en un
cuerpo con forma de anciano, y le dijo: “¿Hacia dónde te
diriges?”
Abraham
responde: “A orar”.
El
anciano pregunta: “Tratándose de quien va a rezar, ¿para
qué porta en su mano elementos para encender fuego, cuchillo
y lleva leños en su hombro?”
Abraham
explica: “Por si nos demoramos allí un día o dos, y degollamos,
horneamos y comemos”.
Le
dijo: “¡Veterano!, ¿Acaso no estuve allí cuando te fue dicho:
‘Toma a tu hijo’?. ¿Un longevo como tú va a ir y perder
un chico que le nació a los cien años?: ¿Acaso no has escuchado
el refrán que dice: ‘lo que tenía en su mano perdió y ahora
pide a otros’?”
Y
le siguió diciendo: ¿Un hombre tan grande como tú hará semejante
cosa?. ¿Tú eres el que acerca las criaturas a la observancia
de los mandamientos de Di-s?. ¡Si matas a tu hijo, todos
huirán de ti y te llamarán asesino!.
Abraham
le respondió: “No escucharé lo que dices”.
Insiste
no obstante el ángel del mal y le dice: “¿No eres tú aquel
ante quien todos los personajes importantes madrugan para
presentarse en tu puerta y solicitarte consejo?. Si haces
lo que piensas, todos te abandonarán. ¡Regresa!”.
Pero
Abraham tampoco esta vez lo escuchó.
Sin
embargo, el Satá’n no se da por vencido y prosigue su tentativa
de arruinar los planes del patriarca:
Le
dice: “¿No eres tú aquel frente a quien todos los príncipes
cuando te ven se detienen y ponen de pie ante ti, e inclusiveaquellos que montan a caballo, desmontan y doblan
sus rodillas delante de ti?. Si haces lo que planeas, todas
las esas rodillas, te patearán en vez de reverenciarte”.
Abraham
se mantuvo firme y tampoco esta vez lo escuchó.
Igualmente,
el Satá’n prosiguió con su tentativa de frustrar la acción
de Abraham, a través de otros pretextos, pero el patriarca
le respondió terminantemente: “¡No escucharé lo que dices!”.
Se
fue a tentar a Itzjak
Al
no encontrar la manera de arruinar sus planes, elángel del mal se retira, y adquiere la semejanza de un muchacho,
parándose a la derecha de Itzjak. Le preguntó: ”¿Hacia donde
te diriges?”.
Itzjak
respondió: “¡A estudiar Torá!”.
Le
sugiere: “¿En vida, o después de haber fallecido?”.
Itzjak
pregunta: “¿Acaso hay alguien que estudia después de fallecer?”.
El
Satá’n responde: “humillado hijo de humillado: ¿Cuántos
ayunos realizó tu madre hasta que naciste?. Y este anciano
enloqueció y se dispone a degollarte”
Itzjak
sentencia: “Aunque así sea, no profanaré el dictamen de
mi Creador, y la ordenanza de mi padre”.
De
todos modos, pese a su contundente respuesta ante la tentativa
del ángel del mal, Itzjak se vuelve a su padre y le sugiere:
“¡Padre, mira lo que ese me dijo!”.
Abraham
contesta: “No le hagas caso, vino solo para extenuarnos”.
No
se da por vencido
Una
tentativa más intentó el Satán, se convirtió en río que
atraviesa las tierras que debían cruzar.
Abraham
se interna en las aguas y solicita a los que iban con él
aguardar en tierra firme. Cuando comprobó que la altura
del caudal llegaba hasta sus rodillas, indicó a los jóvenes
que vayan tras él.
Solo
que cuando hubieron llegado a la mitad del río, las aguas
lo cubrían hasta el cuello. En ese momento, el patriarca
alzó sus ojos al cielo y dijo: “Amo del universo: me has
escogido, también enseñado y Te revelaste ante mi y me dijiste:
‘Yo soy único y tú eres único. A través de ti se conocerá
Mi nombre en Mi mundo’ y también: ‘Ofrenda a tu hijo como
Holocausto’. Y yo no me negué. Además, me estoy ocupando
en Tu ordenanza, y ahora las aguas llegan hasta el alma.
Si yo o mi hijo Itzjak resultan ahogados, ¿Quién cumplirá
Tu mandamiento?. ¿A través de quién se declarará Tu nombre
único?”.
Hashem
le respondió: “Por tu vida, a través de ti se declarará
Mi nombre único en el mundo”.
De
inmediato, el Creador amonestó al río y las aguas se secaron,
quedando parados en tierra firme.
De
todos modos, el Satán dijo a Abraham: “He escuchado detrás
de la cortina que separa la sección más sagrada en los cielos,
llamada Pargod, que un carnero será ofrecido como Holocausto,
y no Itzjak tu hijo”.
Le
respondió: “Este es el castigo del engañador, que inclusive
cuando habla verdad no lo escuchan”.
Abraham
contempla el sitio
Inmediatamente
después, Abraham vio el lugar de lejos. Ya que se trataba
de una planicie, pero cuando Hashem se dispuso a hacer posar
su Divinidad allí, indicó a los derredores, que se reúnan
en un sitio, formando un monte, digno para que se pose allí
la Divinidad de Hashem. Es por eso que se llama al monte
donde se erigió el altar: “Har Hamoriá”, o sea “Monte Moriá”,
precisamente porque por el temor de Hashem las tierras de
ese sector se juntaron para convertirse en monte. (“Temor”,
que en Hebreo es “Irá” es el término que da origen al nombre
“Moriá” ).
Cuando
Abraham avistó la escena, preguntó a su hijo Itzjak: “¿Ves
tú lo que yo veo?”.
El
muchacho le respondió: “Yo veo un hermoso monte, y nubes
junto a él”.
Dijo
a los mozos: “¿Ven ustedes algo?”.
Ellos
contestan: “Solo vemos desiertos”.
Al
escuchar tal respuesta les comunicó: (Bereshit 22: 5): “Quedaos
aquí con el asno”. Pues pensó: “Al ser que el asno no ve,
y ustedes no ven como él, pertenecen a un pueblo que se
parece al asno, por eso, quédense con él”.
En
tanto, Abraham con su hijo Itzjak, prosiguen solos el camino,
y el joven le pregunta: “He aquí fuego, leños...”
Que
momento!!!!!
En ese
preciso momento, un gran temor se hizo presa de Itzjak,
pues no vio nada en manos de su padre para ofrendar, y presagió
lo que se avecinaba a acontecer.
Intentó
decir: “¿Dónde está el cordero para ofrendar?”.
Entonces
su padre le comunica: “Al ser que lo has dicho, el Creador
te ha elegido”.
Itzjak
comunica a su progenitor: “Si me Ha elegido, mi alma Le
es entregada, solo me apena mi madre”.
De
todos modos, (Bereshit 22: 6): “Ambos caminaban juntos”.
Uno para degollar, y el otro para ser degollado, he Itzjak
en esos momentos era de 37 años de edad.
En
el camino, el rostro de Abraham se tornó anciano, mientras
el de su hijo permanecía ruboroso y joven. El patriarca
dijo: “Yo soy anciano y él joven, quizá huya, y entonces
¿qué será de mi?”.
Itzjak
le respondió: “Padre: ¡No temas!. Sea la voluntad del Todopoderoso,
que mi medida de sangre que será ofrecida, sea aceptada
de buena voluntad delante de Hashem. 3Solo
átame fuerte porque soy joven, y temo por si mi cuerpo se
mueve por miedo del cuchillo, o te fuerzo a través de ello
a tener que sujetarme con fuerza una y otra vez. Además,
puede suceder que se arruine a través de un movimiento mío
el degüello preciso, tal como debe ser en un Holocausto
ofrendado a Hashem, y por esa causa la ofrenda no sea aceptada,
por eso (Bereshit 22: 9): ‘ató a Itzjak’”.
Itzjak
no obstante dijo a Abraham: “Cuando vayas a lo de Sara mi
madre, no se lo digas en forma repentina, para que no sufra
algún daño. Y si se halla parada en la azotea, no le reveles
lo que aconteció allí, por si se arroja desde las alturas.
O si se encuentra a orillas de un manantial, no le cuentes
allí lo acontecido, por si se arroja a las aguas y perece.
Tampoco si tiene en ese momento un cuchillo en su mano le
informes de lo sucedido, porque puede ser que lo utilice
para quitarse la vida”.
Mientras
tanto
En
tanto, Ishmael y Eliezer que habían quedado con el asno
reñían para ver quien se queda con la herencia de Abraham.
Ishmael
decía a Eliezer: “Ahora Abraham degüella a Itzjak, ofrendándolo
como Holocausto en el altar, y yo, al ser su primogénito,
heredaré a mi padre”.
Por
su parte Eliezer le respondía: “Ya te expulsó como a una
mujer a la cual divorcian, y te envió al desierto, pero
yo soy su siervo, que lo atiendo día y noche, por lo tanto,
yo heredaré su fortuna”.
Sin
embargo, el espíritu sagrado les respondía: “Ni este ni
el otro heredarán”.
Mientras
tanto, sobre el altar yacía Itzjak atado de pies y manos
cual cordero preparado para el degüello.
Su
padre Abraham alza el cuchillo, y sus ojos comienzan a derramar
lágrimas, que caen dentro de los ojos de Itzjak. De todos
modos, su corazón se hallaba alegre por hacer la voluntad
del Creador.
Se
dispone a dar el golpe final, que quitará la vida de su
amado hijo. Acerca el cuchillo hacia su cuello, y alcanza
a cortar su carne, fluyendo por la herida una medida “Rebiit”
de sangre (unos 86 centímetros cúbicos).
Pero
solo hasta allí alcanzó a cortar, ya que en ese preciso
instante, el Satá’n tocó la mano de Abraham, provocando
que el cuchillo caiga de su mano.
Abraham
se dispone a tomarlo nuevamente, pero en ese momento sale
una voz del cielo que pregona: (Bereshit 22: 12): “No dirijas
tu mano hacia el joven, ni le hagas nada, pues ya supe que
eres temeroso de Di-s, y no escatimaste a tu hijo, a tu
único de Mi”. 6Pues
desde ahora, poseo pruebas contundentes para responder al
Satá’n y a los demás pueblos que se admiran por el amor
que te tengo, ya que perciben que eres temeroso de Di-s.
Satá'n
frustrado
El
Satá’n enfurecido por no haber podido frustrar el sacrificio
de Abraham, quien no vaciló en absoluto en ningún momento,
pasando con éxito la crucial prueba, se dirige al sitio
donde se hallaba Sara, adoptando para esta ocasión la forma
de un anciano pulcro, aplomado y muy humilde.
Al
llegar a estar frente a ella, le dice: 7“¿Sabes
todo lo que hizo Abraham a tu hijo Itzjak el día de hoy?.
Construyó un altar, lo dispuso sobre él, paso seguido lo
degolló, para finamente ofrendarlo. En tanto Itzjak clamaba
frente a su padre, sin que este se inmute y apiade de él”.
De esta manera relató a la mujer el hecho unas cuantas veces.
Sara
pensó que se trata de un anciano que se hallaba presente
al lado de su hijo, en el momento de producirse el hecho,
y ahora le contó lo que había sucedido.
La
señora alzó su voz, lloró, y clamó con gritos desgarrantes
y amargos. Su alma yacía despedazada, se la vio derrumbarse
y tomar ceniza que arrojó sobre su cabeza y decía: “¡Mi
hijo Itzjak, quien trocare mi muerte por tu vida!, ¡Mi aflicción
por ti es terrible!, ¡Yo te crié, te eduqué, y ahora mi
alegría que sentía por ti, se ha convertido en duelo. Pero
siento consuelo al saber que hiciste la voluntad de tu Di-s,
pues ¿quién puede ir en contra de la voz de nuestro Di-s?.
Recto eres Tú, Hashem, pues todos Tus actos son buenos y
rectos, ya que también yo me alegré con Tus palabras. Mis
ojos con pena llorarán, pero mi corazón permanecerá alegre!”.
Sara
dejó caer su rostro sobre el plexo de una de sus siervas,
y quedó inmóvil como una piedra. Luego se puso de pie, y
comenzó a caminar e indagar acerca de la situación relatada
por el anciano hasta que llegó a Jebrón. Preguntaba a cada
transeúnte que veía si sabía que había acontecido con su
hijo. En Kiriat Arba, que es Jebrón, envió por todos lados
para tratar de saber al respecto, sin ninguna novedad. Se
dirigió a casa de Shem y Ever (el primero era el hijo de
Noaj, que se salvó del diluvio, y Ever hijo de Shem), sin
hallar tampoco allí respuesta. Buscó por toda la tierra
y nada.
En
ese momento, el Satá’n se aparece frente a Sara con aspecto
de hombre y le comunica: “¡Te mentí, porque no lo degolló,
ni falleció!”.
La
señora al escuchar la noticia, sufre un shock emocional,
y de tanta felicidad, su alma abandona el cuerpo y fallece.
Por
eso, la sección de la Torá “Jaie Sara”, comienza informando:
(Bereshit 23: 1): “Fue la vida de Sara ciento veintisiete
años... Y falleció Sara en Kiriat Arba...”. Y pese a que
se abordan temas relevantes en el cuerpo de esta sección,
como la búsqueda de una esposa apropiada para Itzjak, su
boda, culminándose con el fallecimiento de Abraham, y luego
el de Ismael, pese a ello, la sección no lleva el nombre
identificatorio con uno de estos hechos, o el del glorioso
patriarca Abraham como título, sino el de Sara.
La
Torá no otorga esta noticia al final de la sección anterior,
intitulada “Se reveló”, (“Vaierá”) pese a ser el final del
episodio allí relatado, donde Abraham ofrenda a su hijo,
etc. siendo este dato reservado hasta el inicio de la sección
siguiente, para resaltar la importancia de Sara y asignarle
a una sección completa su nombre.
Lo
que hay que aprender
Es
importante recalcar de todo este desenlace que hemos tenido
la oportunidad de conocer, dos puntos muy importantes:
El
primero es, la información que se nos lega al revelarse
cual era la verdadera intención del Satá’n, quien pretendía
frustrar la absoluta determinación de Abraham para hacer
la voluntad de Hashem, ya que en el momento en el cual vio
que no podía lograrlo, él mismo tocó su mano para impedirle
el sacrificio de su hijo Itzjak.
Vemos
que lo que se requiere de nosotros es la determinación,
no siendo necesariamente lo más relevante el resultado final
de la actitud asumida. Pues, si fuere así, no le hubieran
impedido como aconteció, culminar la acción de degollar
a Itzjak y ofrendarlo sobre el altar. Solo que a través
de la concreción del acto planeado, queda de manifiesto
cual era nuestra verdadera intención.
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.