Existe una sección
del Pentateuco llamada “Metzorá”. Es en mención a las afecciones
y llagas impuras que sobrevienen a la persona a causa de
ciertas infracciones, entre ellas, “hablar mal” del prójimo,
que es la más grave.
La gravedad y consecuencias de esta severa falta mencionada,
se encuentran implícitas en el título de nuestra sección
semanal. Para apreciarlo solo dividamos el término “Metzorá”
en dos. Nos queda “Motzé ra”, que significa precisamente:
“hablar mal”, es decir, “hablar para hacer el mal, perjudicando
a otro individuo”. Resulta que una de las principales causas
de las llagas impuras -metzorá- en la persona son sus habladurías.
Recapacitación
Ya sabemos como se contraen las llagas impuras. Veremos
a continuación qué sucede con aquel individuo que recapacitó,
se dio cuenta del mal que estaba haciendo al difamar a los
demás, se arrepintió de su mal proceder, y sanó.
Si esto acontece, el individuo merece ser reintegrado a
la sociedad. Pero como lo que hizo en el pasado fue tan
dañino y cruel, necesitará atravesar un proceso de purificación
especial. El mismo es descrito paso a paso en el Pentateuco.
El proceso de recuperación del
difamador
Está escrito: “El individuo que tenga en la piel de su carne,
(las afecciones llamadas) seet, o sapajat, o baeret, será
en la piel de su carne por llaga tzaraat (así se la llamará).
La traerá a Aharón el sacerdote, o a uno de sus hijos. Verá
el sacerdote la llaga en la piel de la carne, y si un pelo
en la llaga se volvió blanco, y el aspecto de la llaga es
más profundo que la piel de su carne, es una llaga de tzaraat.
Lo observará el sacerdote y lo declarará impuro”. (Levítico
13: 2-3)
Tras haberse detectado la afección:
El individuo poseedor de la llaga rasgará sus ropas, su
cabeza permanecerá con el cabello sin cortar, se cubrirá
hasta el bigote -como el enlutado-, y clamará: ¡Estoy impuro!,
¡Estoy impuro!.
Todos los días que la llaga permanezca en él, será impuro.
Impuro es él, y residirá solitario, fuera del campamento
será su morada. (Levítico 13: 45 - 46).
En el Talmud se explicó: ¿Qué diferencia hay entre éste
y los demás impuros, que debe residir solitario?. Respondieron:
Éste, a través de sus difamaciones causó separación entre
el hombre y la mujer, asimismo, entre el varón y su amigo,
por eso, que también él sea separado. (Erajin 16b, Rashi
en el Pentateuco)
Allí, en su domicilio solitario, habitando fuera de la sociedad,
sin poder hablar con nadie, este sujeto tendrá la posibilidad
de reflexionar. Esto le permitirá detectar y tomar conciencia
de la causa que lo llevó a estar en la situación en la que
se encuentra.
Recién cuando reconozca el daño que hizo, y la grave falta
que cometió, y se arrepienta de haberlo hecho, en ese momento
sanará.
Cuando esto ocurra, este sujeto estará en condiciones de
ser reintegrado a la sociedad. Pues haber sanado de la llaga
indica que ya entró en razón, y está preparado para vivir
una vida comunitaria sin causar más sufrimiento a sus semejantes.
Pero dado que en el pasado se comportó de manera tan cruel,
se estipuló que no se reincorpore directamente, sino que
atraviese un proceso expiatorio antes de hacerlo. El mismo
es descrito paso a paso en la Biblia y estas son las secuencias:
“Esta será la ley para el que contrajo impureza meztorá,
en el día de su purificación, él vendrá al sacerdote”. (Cuando
el impuro vio que su llaga sanó, se acercará hasta el límite
del campamento, y aguardará allí para ser revisado - Levítico
14: 2, Daat Zekenim)
Cuando esto suceda, “El sacerdote saldrá afuera del campamento,
y verá el sacerdote que la llaga impura -tzaraat- sanó en
el impuro -metzorá-. Entonces, el sacerdote ordenará que
sean tomados para el que se purificará, dos pájaros vivos
puros, madera de cedro, tinte carmesí e hisopo.
El motivo de las aves es, porque las llagas impuras -metzorá-
sobrevienen por habladurías, y la tendencia de los pájaros
es parlotear constantemente con el piar de su voz. (Rashi)
La madera de cedro es porque las afecciones de metzorá sobrevienen
por causa de arrogancia -gasut haruaj-. (Rashi) Este factor
es el causante que determinará hablar mal del prójimo, al
ser que lo considera como alguien que no vale nada, y por
ese se toma el derecho de difamarlo. Resulta que la arrogancia
es el punto de partida que provocará la difamación. (ver
Dibrei David)
Por eso, cuando el difamador se arrepiente de lo que hizo,
debe traer también madera de cedro, en recuerdo de haberse
creído grande y fuerte como esa especie. Y para expiar su
falta, traerá también hisopo y tinte carmesí (cuya tintura
con la que está teñido se extrae de gusanos).
Este es porque se creyó grande y fuerte como el cedro, pero
ahora que se arrepintió, deberá bajarse a la altura del
hisopo y el gusano, y ese será su remedio. (ver Rashi)
Prosiguiendo la expiación
Una vez que se cuenta con los elementos solicitados: “El
sacerdote ordenará y se degollará a uno de los pájaros en
una vasija de barro, sobre agua de manantial”. (Debe colocar
primero el agua en el recipiente, para que la sangre del
pájaro se note en el interior de la misma – Levítico 14:
5, Rashi)
A continuación: “Tomará al pájaro vivo con la madera de
cedro, el tinte carmesí y el hisopo, y los sumergirá junto
al pájaro vivo en la sangre del pájaro degollado sobre el
agua de manantial. (Levítico 14: 6)
A posteriori, “Salpicará sobre el que se purifica de la
impureza tzaraat siete veces. Lo purificará y enviará el
pájaro vivo al descampado (dejándolo en libertad). Entonces,
el individuo purificado lavará sus ropas, rasurará todo
su pelo, se sumergirá en agua y será puro, y después ingresará
al campamento. Aunque morará fuera de su tienda durante
siete días”. (Levítico 14: 7 - 8)
Sobre este requisito mencionado: “rasurará todo su pelo”
se dijeron varias explicaciones. Entre ellas hay una que
escuchamos, la cual tiene su base en el Talmud, y es muy
propicia para comprender el tema de acuerdo a lo que acontece
en la actualidad. Por eso la citaremos.
En la jerga popular, en referencia a aquel que dice lo que
desea sin ningún tipo de reparo, se utiliza la expresión
“ese hombre no tiene pelos en la lengua”. Es porque los
pelos o vellosidades interiores, como las que hay en las
fosas nasales, actúan como filtro, no permitiendo el ingreso
al organismo de elementos perjudiciales. Asimismo, estas
vellosidades, impiden la salida de elementos que deben permanecer
en el interior. Recíprocamente, si el sujeto de nuestro
caso hubiera pensado antes de hablar, filtrando sus palabras,
midiendo si son propicias para ser escuchadas, quizá hubiera
visto que no son certeras, y se abstenía de decirlas. Pero
este individuo no estilaba actuar de este modo, y por eso
decimos que “no tiene pelos en la lengua”. Por eso, después
de hablar lo que le viene en gana, a pesar que a través
de ello perjudica a los demás, y no tiene pelos en la lengua
para hacerlo, ahora no tendrá pelos en ninguna parte del
cuerpo si quiere reintegrarse a la sociedad. De este modo,
sabrá como conducirse apropiadamente en el futuro, si no
quiere atravesar esta situación nuevamente.
Siguiendo con el orden purificatorio
Tras el proceso expuesto, y tras vivir siete días en el
campamento, pero fuera de su tienda, “Al séptimo día rasurará
todo el pelo, su cabeza, su barba, sus cejas y todo su pelo
rasurará. Lavará sus vestimentas, sumergirá su carne en
agua, y será puro”. (Levítico 14: 10)
Con todo lo que tuvo que atravesar este hombre, pareciese
como que ya acabó su expiación y puede ir tranquilo a su
casa para disfrutar nuevamente de la vida en sociedad. Sin
embargo no es así, pues lo que hizo en el pasado fue muy
grave, por lo tanto, es necesario que tome plena conciencia
de ello. Por tal razón:
“Al octavo día, tomará dos corderos íntegros, y una cordera
íntegra de un año, tres medidas isarón (1 isarón = 2488,3
centímetros cúbicos) de sémola mezclada con aceite y un
log (1 log = 3456 centímetros cúbicos) de aceite”. (Levítico
14: 10)
Luego “El sacerdote que purifica hará parar al individuo
que es purificado, y a ellos (a los animales) ante El Eterno,
en la entrada de la Tienda de la Reunión. El sacerdote tomará
uno de los corderos y lo acercará para ofrecer por sacrificio
de culpabilidad, y (traerá también) el log de aceite, y
los mecerá en acto de mecimiento ante El Eterno”. (Levítico
14: 11- 12)
A continuación: “Degollará el cordero en el lugar donde
se degüella el sacrificio expiatorio y la ofrenda ígnea,
en el lugar sagrado, pues el sacrificio de culpabilidad,
como el sacrificio expiatorio, es del sacerdote, es santidad
de santidades”. (Levítico 14: 15)
Sangre que expía por la sangre
El individuo que se purifica, en el pasado derramó sangre,
a través de sus difamaciones, por eso se requiere ahora
sangre para expiar por la sangre.
“Tomará el sacerdote de la sangre del sacrifico de culpabilidad
y la colocará en el tabique central de la oreja derecha
del individuo purificado, y sobre la falange central del
pulgar de su mano derecha y sobre la falange central del
pulgar de su pie derecho”. (Levítico 14: 16 – ver Rashi
Éxodo 29: 20)
Una causa de esto
Este individuo derramó sangre humana, a través de sus palabras
hirientes, por eso ahora, es necesario derramar la sangre
de este animal para expiación. Este hombre causó división
entre el hombre y la mujer, o entre un individuo y su amigo,
al introducir en la oreja de uno de ellos, palabras de difamación
del otro, por eso ahora le colocan sangre en el cartílago
central del pabellón de la oreja, que es el que divide a
la misma en dos. Es para que recuerde el mal que hizo y
la división que causó entre las personas con lo que les
hizo escuchar.
En tanto, el que puso la oreja para escuchar la difamación,
ya sea de su esposa o su amigo, luego de esto cerró su puño
con el pulgar, y lo golpeó mortalmente. O al menos lo apartó
de él, matando la relación, pese a la gran amistad que existía
entre ambos. Por eso colocan al que difamó, sangre en la
falange central del pulgar, la cual separa entre el extremo
del dedo y la palma de la mano. Es porque él provocó la
muerte de una amistad. Causó que un amigo cierre su mano
con el dedo pulgar, y mate al otro.
Pero aun falta algo, el individuo que fue matado por su
amigo, después que éste escuchó la difamación, y cerró el
pulgar para matarlo, tiene personas cercanas que vengarán
el hecho. Entonces, el vengador correrá con sus pies y matará
al que mató a su pariente cercano. Esta acción está representada
en la sangre que le colocan en la falange central del pulgar
del pie, la cual separa entre el extremo del dedo y el pie.
Este dedo, es el que apoyó este individuo en el suelo, después
de levantar el talón, para correr a tomar la venganza.
Finalmente el Eterno vengará la muerte de ambos y matará
al que difamó, quien con sus palabras causó la muerte de
los dos amigos. Es por eso que nuestros sabios dijeron:
“El que difama, provoca la muerte de tres, la de él mismo,
la de quien habla, y la de quien escucha” (Arajin 15b)
Por lo tanto, se aprende de aquí, que todo este proceso,
en el que le colocan sangre en tres lugares que dividen,
provocará en el sujeto un profundo arrepentimiento por lo
que hizo, y así se dará cuenta de todo lo que destruyó hablando
pérfidamente de sus semejantes. (ver Alshij)
La expiación prosigue
Tras colocar la sangre en los lugares del cuerpo indicados
del que es purificado: “Tomará el sacerdote del log de aceite
y lo verterá sobre la palma izquierda del sacerdote. Entonces,
sumergirá el sacerdote su dedo (índice) derecho en el aceite
que se encuentra en su mano izquierda y salpicará del aceite
con su dedo siete veces ante El Eterno. Y del remanente
de aceite que se encuentra sobre su palma, colocará el sacerdote
en el tabique central de la oreja derecha del individuo
purificado, y sobre la falange central del pulgar de su
mano derecha y sobre la falange central del pulgar de su
pie derecho, sobre la sangre del sacrificio de culpabilidad.
Y lo que quedó del aceite que se encuentra en la palma del
sacerdote, lo pondrá sobre la cabeza de quién se purifica,
y el sacerdote expiará sobre él ante El Eterno”. (Levítico
14: 17 – 18)
Este último acto es totalmente diferente al de la sangre,
la cual tiene como objetivo recordarle lo que hizo, y hacerle
tomar conciencia de ello. Es por eso que se la colocan en
la oreja, la mano y el pie, para que se percate que esos
órganos fueron los principales agentes que actuaron en su
falta. El aceite, en cambio, representa la afluencia de
la santidad, la cual se manifestará plenamente sobre este
individuo arrepentido, que desea mejorar su conducta en
el futuro. Es por eso, que exactamente sobre el sitio donde
se le colocó la sangre, en esos mismos lugares, y encima
de ella, se pondrá el aceite de la abundancia y la santidad,
como muestra de que El Eterno acepta el reconocimiento de
su falta y los deseos de este hombre por mejorar su conducta
de aquí en más.
A través de la colocación del aceite que representa la abundancia
y santidad sobre la sangre que representa el pecado, El
Eterno está diciendo a este hombre: “¡Tras tu arrepentimiento,
eres el mismo de antes, has sido perdonado!”.
Pero aun hay un acto adicional, el cual indicará a este
individuo, que no solo ha vuelto a ser el de antes ante
los ojos de El Eterno, sino que ha llegado a alcanzar un
nivel más alto del que tenía previo a pecar. Se trata del
aceite que es volcado en su cabeza, sobre la cual no fue
colocada sangre. Esto representa un incremento adicional
de la abundancia Divina sobre este individuo. Por eso fue
dicho: “Al lugar que los arrepentidos pueden llegar, los
justos no pueden hacerlo”. (Talmud, tratado de Berajot)
El final de la expiación
Como culminación de la expiación: “Hace el sacerdote el
sacrificio expiatorio, y expiará al que se purifica de su
impureza. Luego degollará el sacrificio olá (olá = se eleva.
Es porque se quema íntegramente para El Eterno). El sacerdote
sube el sacrificio olá y la ofrenda vegetal al altar. Expía
el sacerdote sobre él, y se torna puro. (Levítico 14: 19
– 20)
Moraleja
El poder del habla es muy grande, ya que puede llevarnos
a niveles extraordinarios, si utilizamos esa virtud para
el bien. Pero también nos puede hacer caer a lo más bajo,
si lo empleamos para destruir a otro, aunque sea que lo
que decimos es verdad.
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