Artículos de Interés

Cómo obtener bendición y riqueza

La sección de la Torá llamada “Ki tavó” (Deuteronomio 26:1 a 29: 8), se lee siempre en el mes de Elul, el último de los meses del año. 

Un indicio de esto lo encontramos en el tratado talmúdico de Meguilá 31b. Allí se menciona a Ezra el escriba, un alto dirigente judío, que ascendió con el pueblo desde Babilonia, donde se hallaban exiliados, a la Tierra Santa. Ezra junto a las demás personas que retornaron con él a Israel, construyeron el segundo Templo Sagrado. 

Además, Ezra organizó nuevamente a la nación judía, y estableció varios decretos. Entre ellos el de leer las maldiciones del libro Deuteronomio (las 98 que encontramos en la sección “Ki tavó”) antes de Rosh Hashaná, para que se termine el año, y junto con él, sus maldiciones. 

De estas palabras, se desprende un importante mensaje que debemos extraer, y es el siguiente: si fueron sentenciados en el Cielo decretos en perjuicio de Israel, que los mismos se manifiesten y materialicen a través de las maldiciones que son leídas en la sección “Ki tavó”. 

La solicitud se basa en el énfasis puesto por nosotros al pronunciar estos versículos que contienen las maldiciones, a los cuales pretendemos que Di-s considere en reemplazo de los malos decretos. 

El motivo es, porque estos versículos narran todas las cosas ingratas que condicionalmente sobrevendrían sobre el pueblo de Israel en caso de no hacer la voluntad de Di-s. Por tanto pedimos, que cuando leemos estas maldiciones, las mismas sean consideradas en reemplazo de lo que nos sobrevendrá si no hacemos Su voluntad. Es decir, imploramos que esa lectura sea suficiente y resultemos perdonados por nuestra conducta fallida en el pasado. 

Es algo similar a lo mencionado por el profeta: “Y sean las palabras que emanan de nuestros labios, como toros ofrecidos de buena voluntad sobre el altar” (Oshea 13: 3).

Este versículo sugiere el deseo de que sea la voluntad de Di-s aceptar las palabras que salen de nuestras bocas, que pronuncian las plegarias, en reemplazo de los sacrificios expiatorios y conciliatorios que ahora no podemos ofrecer por hallarse el Santo Templo destruido. (basado en el Targum)

De esta manera se cumplirá lo que consta en uno de los poemas -piutim- que encontramos impresos en los libros de oraciones. El mismo es recitado por la congregación en la sinagoga durante Rosh Hashaná y declara: “Que se termine el año y sus maldiciones, y que comience el año y sus bendiciones”.

Este gran deseo que emergió del corazón del autor de tal poesía, es precisamente el tema que aborda nuestra sección semanal en su continuación. Decimos esto, porque inmediatamente después de culminar la enumeración de las maldiciones, está escrito: 

“Y será si escuchareis la voz de Hashem, tu Di-s, para guardar y hacer todos los preceptos que yo te ordeno hoy, entonces te pondrá Hashem tu Di-s por encima de todas las naciones de la tierra. Y vendrán a ti todas estas bendiciones y te alcanzarán, cuando escuchareis la voz de Hashem tu Di-s” (Deuteronomio 28: 1 - 2)

Cada una de las palabras citadas tiene un significado muy profundo. Detengámonos por ejemplo, en la aseveración “y vendrán a ti todas estas bendiciones y te alcanzarán”. Reflexionamos un instante, y enseguida nos surge la pregunta. Si consta explícitamente que “vendrán a ti”, seguro qué “te alcanzarán”. ¿Cuál es entonces el motivo de esta aparente redundancia?.

Para comprender la utilidad de este término adicional, nos valdremos de un hermoso relato narrado por el famoso sabio Rab Iosef Jaim, conocido popularmente como “Ben Ish Jai”.

El relato

Había un hombre de posición económica estable, quien residía con su familia que constituyó. Este individuo, vivía con lo justo, no se daba grandes lujos, pero tampoco pasaba zozobras financieras.

Aconteció cierto día, que su señora esposa oyó una noticia interesante, en la feria hay abundancia inusual de pescado. La causa que provocó esto fue, la enorme cantidad extraída por los pescadores, cuyas redes ascendieron repletas y rebosantes cada vez que fueron arrojadas al mar. 

La noticia que llegó, anunciaba también, que prácticamente la totalidad del producto obtenido por los pescadores pertenecía a una especie muy codiciada y sabrosa, llamada en lengua árabe “bigui”. Por tal razón, a diferencia de los demás días, esta especie se vendía en los puestos a precios muy bajos.

Sin demoras, la mujer corrió hasta donde estaba su marido y le solicitó que concurra a la feria y le adquiera uno de esos pescados. Sin embargo, el individuo puso varios pretextos, y se rehusó a complacer su deseo.

No obstante, la señora insistió y presionó a su esposo, hasta que él cedió viéndose forzado a hacer lo que su cónyuge pretendía.

Así fue como este hombre acudió a la feria, y se encaminó hacia uno de los puestos. Cuando llegaba al stand de venta, observó la exhibición de la mercadería expuesta y comprobó que el vendedor posee únicamente ejemplares de la magnífica especie que había sido extraída abundantemente ese día en forma inusual, o sea, “bigui”. 

Pero también advirtió, que a un costado poseía una sola unidad, de gran tamaño, perteneciente a una especie mucho menos codiciada, llamada “nathan”. Solo que ninguno de los clientes deseaba adquirirla, pese a que el puestero la ofrecía a mitad de su precio real. Los compradores decían ¿quién puede contemplar estos hermosos y deliciosos “bigui”, y adquirir uno de calidad inferior?.

Sin embargo

Al ver aproximarse a este hombre, el vendedor intuyó que se trata de un sujeto un tanto ingenuo, pues así lo indicaba su aspecto personal, entonces pensó: “quizá lo puedo convencer para que adquiera este pescado”.

Cuando el individuo se acercó, el comerciante le ofreció su producto. Le habló del gran volumen de la pieza, y la rebaja que le hará en el precio.

El cliente razonó: “si llevo a casa este ejemplar de calidad inferior a lo que hay en plaza el día de hoy, seguramente mi mujer comenzará a reñir conmigo. Me recriminará y me dirá: ¿por qué todos los demás vecinos saborearán sabrosos ‘bigui’, mientras nosotros debemos conformarnos solo con un ejemplar de la especie llamada ‘nathan’ de menor calidad?” 

Pese a observar en su cliente un evidente estado dubitativo, de todos modos, el vendedor no desistió de su oportunidad que tenía. Intentó seducirlo con una nueva oferta, más tentadora que la anterior, y luego otra más. Finalmente, tras mucho insistir, logró convencer al hombre para que compre el ejemplar en un cuarto de su precio.

El individuo llegó a su hogar, con la certeza de que su mujer reñiría con él, y lo obligaría a regresar a la feria, devolver el pescado y cambiarlo por otro de mejor calidad. Por tal razón, decidió ingresar directamente a la cocina, allí rápidamente tomó el cuchillo, y quitó las escamas de su adquisición. Luego, comenzó a cortarlo en trozos pequeños, pensando que si ahora su esposa lo ve, no se percatará de que pertenece a una especie de calidad inferior. Y si ello ocurriere de todos modos, no lo obligará a devolverlo, al estar ya trozado.

Solo que mientras hacía este trabajo, encontró en el interior del pescado una atractiva y magnífica perla. De inmediato, sin pérdida de tiempo, el afortunado sujeto se dirigió a lo de uno de los hombres más adinerados de la ciudad para vendérsela. 

El millonario, cuando la vio, se maravilló por su aspecto, y le preguntó: “¿de donde obtuviste este magnífico ejemplar?”

Quien la había encontrado no ocultó nada, y le relató todo acerca de cómo llegó esta perla a sus manos.

El capitalista responde: “Ahora que me has contado lo que te aconteció, te confesaré acerca de mi fortuna, de que manera me llegó, y verás que mi caso se asemeja al tuyo”.

Relató que su padre no era un hombre adinerado, para colmo, en cierta ocasión, cayó presa de una severa enfermedad. Pero finalmente se repuso, ya que asistió a un médico experto, quien le recetó medicación acertada y eficaz.

Luego de haberse repuesto, el doctor ordenó a mi padre que vaya fuera de la ciudad y habite en una tienda a orillas del río. El motivo fue, por el aire de esa zona, el cual es puro y bueno, muy propicio y necesario para su fortalecimiento después de la enfermedad.

Era usual que los hombres acaudalados, asistían a ese sitio en los meses (hebreos) de “Iar” y “Siván”. Ellos extendían allí sus tiendas y abonaban a la comuna una cuota que había sido estipulada en calidad de renta por el terreno utilizado. 

En el caso de mi padre, el médico le ordenó que concurra antes del tiempo en que habitualmente lo hacen todos los demás. Le dijo que vaya en el mes de “Nisán”, para poder escoger un sitio acorde y establecer la tienda donde le placiere y le sea grato, ya que nadie deambula por allí en esa época.

Mi padre se rehusó a obedecer al doctor, y en especial, a adelantarse a los demás. Pero a causa de la insistencia y obstinación del médico, no tuvo otra alternativa que ceder.

Llegó al lugar, escogió el sitio, y allí instaló la tienda. Solo que luego se arrepintió, y decidió mudarse a otro sector. Este hecho se reiteró dos o tres veces. 

Finalmente, eligió establecerse unos metros más adelante, y cuando se disponía a clavar una de las estacas para ajustar la tienda al suelo, advirtió que la misma penetró en la superficie unos cinco dedos de profundidad sin ningún tipo de presión ni esfuerzo. Cuando pretendió quitar la estaca, para colocarla en un sitio más firme y retiró la tierra que la había cubierto quedó al descubierto en el hoyo que se produjo, un cofre lleno de joyas, gemas y piedras preciosas. Con esto mi padre enriqueció mucho, y de allí proviene toda mi fortuna que ahora poseo, pues la heredé de mi progenitor.

Ahora, presta atención y verás como el motivo de la riqueza de mi padre, se asemeja al de la tuya. 

La costumbre de los individuos de alta alcurnia de la ciudad de establecer sus tiendas allí, era algo que sucedía desde varios años atrás. Era lógico que el cofre repleto de joyas que quedó al descubierto ante los ojos de mi padre, sea detectado por alguno de ellos con antelación, tras clavar alguna de las estacas que disponen para sostener sus carpas.

Es sorprendente que cada año cuando los visitantes desplegaban un toldo en el sitio donde lo hizo mi padre, insertaban las estacas a una proximidad de dos o tres puños del recipiente que contenía las joyas. Jamás aconteció que lo hagan sobre él, para que no se percaten de su existencia, hasta que por providencia Divina, llegó mi progenitor en el momento exacto que había sido decretado por el Eterno. 

Un hecho aun más sorprendente es, el consejo del médico, de adelantarse a los demás visitantes, provocando que el hallazgo se produzca en momentos en que ningún ser humano estaba presente. Pues si alguien hubiese visto, seguramente lo hubiera obligado a entregar las joyas al gobierno, por tratarse de un terreno estatal.

Además, es digno de destacarse, el hecho de que mi padre rechazaba con ambas manos la propuesta de instalar su tienda en ese lugar. Hasta que, por la dura obstinación del doctor, se vio forzado a disponer su toldo allí, para poder tomar toda esa riqueza que lo aguardaba.

Del mismo modo te aconteció a ti, ya que tu mujer fue testaruda y obstinada, hasta que logró obligarte a ir a comprar el pescado, lo cual hiciste tras rehusarte reiteradas ocasiones, y en contra de tu voluntad. Sumemos a ello, la cantidad de veces que el comerciante tuvo que insistir hasta que pudo ablandarte y hacerte ceder para que adquieras el ejemplar que quería venderte.

Adicionemos también, que ese fue el motivo que provocó que tú mismo te ocupes de trozar la presa, ante el temor de la posible reacción de tu esposa, para tomar lo que había en su interior, o sea, la perla que te cambiaría la vida.

Además, analizando detenidamente lo sucedido, es posible observar mas maravillas acontecidas. Recordemos que el vendedor antes de ofrecerte el pescado a ti, cuantas veces insistió y fastidió a los clientes que se acercaban a su puesto para que adquieran el ejemplar, y ninguno aceptó. Y todo se dio de esa manera para que vengas y heredes toda esa riqueza que estaba bien guardada dentro del pescado para ti.

Como conclusión

Esta es precisamente la explicación de lo expresado por el tratado talmúdico de Iomá 38, donde enseñaron: “Dijo Ben Azai: no debe preocuparse la persona y temer a que otro le quite su trabajo, porque por su propio nombre será cada uno llamado desde el Cielo, para que vaya o vuelva al lugar que le ha sido asignado. Y no de lo que fue establecido para otros recibirá, sino lo que le fue estipulado particularmente a él. Ningún individuo toca lo que está preparado para otro”.

Queda claro de aquí, que cada uno recibe lo que le es estipulado desde el Cielo, solo que respecto a la última declaración enunciada, llama la atención el lenguaje utilizado “ningún individuo toca lo que está preparado para otro”. ¿Por qué escogieron el término “tocar”, cuando lo más apropiado hubiese sido decir “ningún individuo toma lo que está preparado para otro”?. ¿Cuál fue el objetivo de esta forma inusual de dicción?.

La respuesta la obtenemos a través del relato antes narrado, donde no solo lo que estaba asignado a los protagonistas de nuestra historia llegó a ellos en forma directa, sino que nadie tocó lo que les estaba reservado, pese a la inmensa cantidad de ocasiones que existieron para que ello ocurra. Por ejemplo, cuando el vendedor ofrecía testarudamente su pescado a todos sus clientes, pretendiendo liberarse de él de cualquier manera. 

Esta es también la explicación del versículo de nuestra sección semanal antes mencionado: “y vendrán a ti todas estas bendiciones y te alcanzarán”. Aunque huyas de lo que ha sido asignado a ti desde el Cielo, es algo que te pertenece y te perseguirá hasta alcanzarte, sin necesidad que vayas tras ello. 

Es similar a lo acontecido con Hirshke, un simple comerciante que vivía en las frías zonas ucranianas. 

La historia de Hirshke 

Cierto día Hirshke escuchó a uno de los rabinos que llegaban a la sinagoga de la ciudad para disertar, hablar precisamente de este tema que mencionamos antes, “ningún individuo toca lo que está preparado para otro”.

El comerciante al oír estas palabras, creyó con integridad de corazón en lo que dijo el rabino, y regresó feliz a su casa. 

Cuando despuntó el alba, mucho antes de que salga el sol, su esposa se percató de que Hirshke sigue durmiendo, y no se levanta para ir a trabajar. Ella pensó que ya es demasiado tarde, y debe partir de inmediato a las afueras de la ciudad e ir en busca de los granjeros y quinteros gentiles para a negociar con ellos. Ya que estos hombres traen mercadería para vender y es necesario ir su encuentro temprano, para conseguir un buen lote y además, a precio razonable. 

La señora recriminó a su marido que ya es demasiado tarde y no es momento para remolonear. También le dijo que no puede perder más tiempo y tiene que salir a trabajar ya mismo. 

Pero todo lo que logró con eso fue, que el hombre, en medio de un enorme bostezo le responda: “no te preocupes querida, ningún individuo toca lo que está preparado para otro” -y agregó- “déjame descansar que afuera hace frío y está nevando, los gentiles no tienen ningún inconveniente en traerme hasta aquí la misma mercadería que les compro frecuentemente en las afueras de la ciudad”.

La mujer pensó que su esposo perdió la razón, por eso intentó por todos los medios hacerlo reaccionar, pero por más empeño que puso, no lo logró.

Finalmente, cuando amanecía y los primeros rayos de sol se colaban por la ventana, se escucharon voces provenientes de las afueras que decían: “¡Véndeme el lote por 30 Rublos!. ¡No, yo te pagaré 50, véndemelo a mí!”.

La señora vuelve a insistir y recrimina a su esposo: “¡Ve ya porque quedarás sin nada!”.

Pero Hirshke en la suya, no presta atención a esas palabras. 

A los pocos instantes, se oye un grito de uno de los gentiles que proclamaba: “¡No vamos a vender nada hasta que venga Hirshke!, él es siempre uno de los primeros en adelantarse y seleccionar buena mercadería ¿dónde se ha metido el día de hoy?”.

Los feriantes y revendedores, al ver que si no aparece su compañero no podrán comparar nada, deciden engañarlos y comunicarles: “Hirshke ha fallecido!”.

Los gentiles replican: “¡Es mentira, ustedes mienten!”.

Los vendedores decidieron investigar, para ello se movilizaron y comenzaron a indagar a los vecinos del lugar, hasta que obtuvieron la dirección de Hirshke. Enseguida se acercaron hasta el domicilio, y al quedar frente a la puerta de entrada, dieron unos suaves golpecillos, pretendiendo ser atendidos.

Ahora si, Hirshke se levanta, invita a los hombres a pasar y los atiende amablemente. Los gentiles le venden lo que necesitaba a un buen precio, y se despiden amistosamente.

Desde ese día Hirshke ya no volvió a salir de madrugada a anticiparse a los demás, para comprar en las afueras de la ciudad. Los quinteros le traían lo que deseaba directamente a su domicilio. ¿Y todo por qué?. Por el solo hecho de tener fe plena en lo dijo que uno de los representantes de Di-s en la tierra, que pregonan Su palabra. Nos referimos a uno de los rabinos que disertan en las sinagogas, y hacen la voluntad de Di-s dando a su vez el ejemplo con sus buenos actos y modales.

Hemos visto que para triunfar se requiere tener fe y seguridad, e Hirshke tuvo a ambas. 

Por lo tanto, al saber ahora cuales son las claves para triunfar, debemos planificar nuestro día, de acuerdo a estas claves. Es decir, hay que dedicar un tiempo a trabajar, y también un tiempo para estudiar la sagrada Torá. Ya que así está escrito en los diez mandamientos: “Seis días trabajarás y harás toda tu labor, y el día séptimo será Shabat para Hashem tu Di-s, no harás en él ninguna labor, tú, ni tu hijo, tu hija, tu siervo, tu sierva, tu animal y tu peregrino que se hallare en tu ciudad”. (Éxodo 20: 9)

El versículo citado es en lo referente al trabajo, y con respecto al estudio, hallamos: “Amarás a Hashem con todo tu corazón, con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y estas palabras que Yo te ordeno estarán sobre tu corazón, y las enseñarás a fondo a tus hijos, y hablarás de ellas cuando estés sentado en tu casa, cuando vayas por el camino, cuando te acuestes y cuando te levantes”. (Deuteronomio 3: 5 – 6)

Vemos que está claramente explicitado en la Torá, el deber de trabajar seis días a la semana, y descansar de la labor material el día séptimo, o sea el Shabat. De este modo, es posible abocarse plenamente en este día a la espiritualidad. Esto lo sabemos por lo que está escrito “y el día séptimo será Shabat para Hashem tu Di-s”. Pero a su vez, apreciamos que también debemos estudiar las palabras de Torá para enseñarlas a nuestros hijos, y hablar de ellas permanentemente y aplicarlas mientras trabajamos.

De este modo, la labor de nuestras manos será bendecida desde el Cielo, y tendremos todo lo que necesitamos, tal como lo declara el versículo antes mencionado, el cual consta en nuestra sección semanal que leemos esta semana: “vendrán a ti todas estas bendiciones y te alcanzarán”.

Una aclaración

Aun nos resta aclarar, la necesidad de evitar suponer que quedándose en la casa, sin salir a trabajar, nos llegará el sustento a nuestro domicilio. Eso está bien para un hombre de fe plena como Hirshke, pero no para nosotros. Ya que la mayoría aun no hemos alcanzado ese nivel, y debemos hacer lo nuestro, y dejar que Hashem haga lo Suyo en eso que hacemos, bendiciendo nuestra labor. Pues por más que se haya decretado que este año caerá mucha lluvia en los campos de Shimon ¿qué cosechará si no sembró nada antes deque llueva?.

También debemos saber, que en alguna ocasión pude darse un hecho que consideramos injusto. Es posible que pensemos, que hacemos la voluntad de Di-s en forma plena e íntegra, y sin embargo vemos que no es suficiente nuestro ingreso mensual. No ganamos lo necesario para vivir cómodamente, mantener la familia y cubrir todas nuestras necesidades. Si algo así se cruza por nuestras mentes, en ese caso, debemos actuar tal cual enseñaron los sabios en el tratado talmúdico de Nidá 70b:

Allí uno de los eruditos pregunta: “¿Qué debe hacer la persona para enriquecer?”.

Le respondieron: “Que compre más cantidad de mercadería y la comercialice con fe”.

Enseguida se escuchó la réplica: “¡Pero muchos hicieron eso y no les resultó!” .

Los sabios respondieron, en ese caso: “que le pida a Quien la riqueza es de El”.

Queda claro, que no es suficiente con hacer buenos negocios. Si deseamos que haya bendición en ellos, es necesario pedir al Amo del universo que bendiga nuestros negocios que hacemos, y entonces si, con Su bendición asegurada, ya nada podrá faltarnos.

Fuentes

1 - Parparaot la Torá pag. 176
2 – Explicación basada en el Targum al Arameo.

Últimos artículos publicados  

¡Ya está en librerías!

  .  
.

 

Clik aquí para saber más


¡La novedad que todos estaban esperando!

Si te apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer un libro que seguro te fascinará: Numerología y Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.

En el mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además, hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales, vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.

Todo está explicado en forma clara y amena. Muy recomendado: IPara conocer más sobre el libro Numerología y Cábala, click aquí

     
.

Envíanos tu comentario

Nombre:

E - Mail:

Asunto:

Recomendado
Redes Sociales
Imperdible
Seguimiento
Novedad
Buena onda
Editoriales
Entretenido
Sensacional
Videos Alegres
Shabat
 
 
 


Copyright 2007 Todos los derechos reservados
Judaismo Virtual

 

Estadisticas Gratis
 

fin

Esta pagina ha sido visitada veces