Muchas
veces apreciamos que nos suceden cosas ingratas. Golpes,
tropiezos, desilusiones, mentiras crueles, agravios, ofensas.
En esos momentos tan duros, doloridos por lo que pasó,
uno suele preguntar: ¿por qué me habrá
sucedido esto? ¿qué hice para merecerlo?.
Este
planteo se presenta innumerables ocasiones en la vida de
una persona, y la misma cantidad de veces la respuesta es
nula. Es decir, persiste el interrogante que clama ¿por
qué a mi? ¿qué he hecho para merecerlo?.
Antes
bien, como es de suponer, la ausencia de una respuesta válida
y concreta, ante la aflicción que sobrevino sin motivo
aparente para merecerla, provoca el debilitamiento del estado
de ánimo. Por lo tanto, lo que resulta de todo esto
es, que en vez de mejorar la calidad de vida, ésta
decrece. Consecuentemente nuestra humanidad seguirá
soportando la angustia que producen los malestares que nos
aquejan. Sumado a ello, el efecto de este mal se ve incrementado
por el debilitamiento del estado de ánimo que se
produjo tras la falta de una respuesta valedera que revele
la causa de nuestra aflicción que nos flagela.
Mas
uno no puede vivir en este estado en forma permanente. Es
necesario hacer un esfuerzo y salir del mismo. Debe lucharse
con todas las fuerzas por vivir una vida en plenitud.
Una
de las normas para lograr esto, consiste en asumir en primer
orden, que la finalidad de estos malestares que nos sobrevienen
no son algo negativo, sino un estímulo para mejorar
nuestra calidad de vida.
Por
tal razón, para saber como actuar frente a un flagelo
o circunstancia adversa que nos sobreviene, es necesario
saber interpretar el mensaje que tal aflicción nos
viene a dejar. Asimismo, debe comprenderse qué es
lo que la angustia que se hizo presente nos quiere decir.
De este modo, será posible hallar un camino fiel
que conduzca definitivamente a la mejoría de nuestro
panorama actual.
Sabiendo
esto, podremos comprender la razón del malestar que
nos sobrevino, y así estaremos en condiciones de
superar, tanto al malestar mismo, como a nuestra calidad
de vida que llevamos hasta este momento.
Esto
que se ha dicho es un panorama general. Mas para otorgar
una explicación más amplia del tema, citaremos
una pregunta alusiva que fue formulada por una de las personas
que nos consultan acompañada de la correspondiente
respuesta.
Esta
pregunta fue enviada por: Jana
Tema:
¿Prueba o castigo?
Estimado
Rab:
Cuando
estamos pasando por un mal momento y las cosas no se nos
dan como queremos ¿cómo podemos saber la causa
que lo origina? Muchas veces, por mas teshuva (arrepentimiento)
que hagamos no nos damos cuenta del mal que ocasionamos.
¿Cómo
sabemos que un mal momento es una prueba, un castigo o una
kapará (expiación)?
Gracias
por su respuesta
Jana
Respuesta
a cargo de R' David ben Israel:
Shalom
Jana:
En
primer orden debe asumirse que "Aquel a quién
ama, a él Di-s le reprocha". (Proverbios 3:
12).
Además
está escrito: "Así como un hombre castiga
a su hijo, (de esa misma manera) El Eterno Tú Di-s
te castiga" (Deuteronomio 8: 5)
También
fue dicho: "Dichoso el varón a quién
Di-s le castiga, y de Su Torá le enseña"
(Salmos 94: 12)
En
síntesis, no hay motivo real para entristecerse por
lo que nos sucede. Todo ello es merced al amor que Di-s
siente por nosotros y hace que nos suceda lo que nos sucede,
para que reflexionemos sobre nuestra conducta pasada, y
mejoremos.
Al
proceder acorde a lo enunciado, analizando la actitud pasada
y proponiéndose mejorar en el futuro, seguramente
las aflicciones se retirarán y nos permitirán
llevar una vida más alegre.
Esto
se aprende del Talmud, tratado de Berajot 5a (Dijo Raba,
y hay quien dice que fue Rab Jisda): "Si la persona
ve que le sobrevienen aflicciones, en ese caso que analice
sus acciones (de este modo podrá percatarse si cometió
alguna falta y por esa causa es posible que le hayan sobrevenido
esas aflicciones).
Sin
embargo, si analizó y no encontró nada, en
ese caso debe considerar que las aflicciones le sobrevienen
por la falta de estudio de la Torá. (Ya que si estudia,
sabrá cuales son las cosas que no debe hacer, y causan
que sobrevengan aflicciones)
Por
ejemplo, es común que un amigo le cuente al otro
una cuestión en privado. Luego este amigo que escuchó,
cuenta a un tercero lo oído. ¿Cómo
este hombre va a saber que está cometiendo una falta
si no estudia las leyes pertinentes al perjuicio ocasionado
por hablar de terceros cosas que no corresponden? Es necesario
cultivarse y estudiar para saber como actuar sin fallar.
Antes
bien, si la persona reflexionó, y comprobó
que no le faltó estudiar Torá como corresponde,
ya que lo hizo todos los días, en ese caso, que tenga
por seguro que esas aflicciones que le sobrevinieron son
por amor (es decir, Di-s le envía aflicciones aunque
no lo merece, para retribuirle más de lo que merece
en el Mundo Venidero)".
Nota:
Acerca
del estudio de la Torá y el cumplimiento de los preceptos,
consta en el libro Zohar (sección Terumá):
Los preceptos son comparados a una vela, y el estudio de
la Torá al fuego - (Proverbios 6: 23). De este modo,
el fuego del estudio enciende la vela que son los preceptos.
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