El Pentateuco
narra, cómo Di-s ordenó a Abraham circuncidarse, y este
cumplió al pie de la letra el mandato. Tras hacerlo, ingresó
a su casa, para guardar reposo hasta recuperarse.
Al tercer día, hacía mucho calor y Abraham estaba sentado
a la entrada de su vivienda cambiando sus vendajes.
En ese momento se le reveló el Eterno (Génesis 18: 1 - Rashi)
Luego de presenciar esta revelación, Abraham alzó su vista
y divisó tres individuos parados frente a él. Observó
y comprendió que no se acercan para no molestarlo, por
eso salió corriendo detrás de ellos, y les solicitó que
acepten pasar a su propiedad, tomen un poco de agua, laven
sus pies, reposen debajo del árbol y coman pan. - Y les
dijo - Luego proseguiréis vuestro camino, ya que para esto
pasasteis frente a vuestro siervo. Ellos le respondieron:
“haz tal como dijisteis” (Génesis 18: 2 – 5 - Rashi)
Si prestamos atención a los versículos citados, comprobaremos
que en las palabras utilizadas por Abraham, hay algo por
demás extraño. Nos referimos al momento en que sale corriendo
para invitar a los individuos a su morada, y al alcanzarlos
les dice: “tomen un poco de agua”
¿Por qué les dijo que tomen solo un poco? ¿Acaso le costaba
a Abraham el agua que lo racionaba de esa manera?. Algo
sabido es, que el agua está al alcance de cualquiera, ya
que se encuentra en los ríos y manantiales a granel, pudiendo
ser extraída por quien lo desee.
Además, Abraham era un hombre que se destacó por brindarse
íntegramente a recibir huéspedes y darles de lo que tenía
sin escatimar nada.
Un ejemplo evidente lo encontramos en el versículo que declara:
“estableció un eshel en Beer Sheva” (Génesis 21: 33).
El exegeta Rashi explica que “eshel” era un huerto que plantó
Abraham para traer del mismo frutas y servirlas con la comida
a los huéspedes que invitaba. Aunque hay otra interpretación
de la palabra “eshel”, la cual manifiesta que se trataba
de una hostería gratuita, donde el anfitrión -Abraham- servía
todo tipo de frutas y ofrecía a los transeúntes comida,
bebida, hospedaje y además, los acompañaba al retirarse.
(Rashi Talmud Sotá 10a)
La manera benevolente de actuar de Abraham es acorde a lo
que revela el Talmud (tratado de Shabat 127): "La acción
de recibir huéspedes es mayor a la de recibir a la Presencia
Divina". Por eso, en momentos en que estaba hablando con
Di-s, cuando se le presentó, al tercer día de su circuncisión,
Abraham dejó momentáneamente la presencia Divina y salió
corriendo detrás de los tres hombres que aparecieron frente
a él para invitarlos a su casa.
Por actuar de este modo, se dijo acerca de nuestro patriarca:
“La bondad se manifestó en Abraham”. (Miqueas 7: 2)
EN SÍNTESIS
Por todo lo que hemos dicho acerca de Abraham, reflexionamos
y nos preguntamos, si el proceder del patriarca era tal,
¿por qué causa racionó el agua que ofreció a los tres hombres
que se aparecieron frente a él al tercer día de su circuncisión?.
¿Por qué no les dijo simplemente “tomen agua”, en vez de
decirles “tomen un poco de agua”?.
Para hallar la respuesta a este interrogante, examinemos
cual es la manera de actuar de un especialista, por ejemplo
un médico. Cuando este desea curar a pacientes que padecen
problemas cardíacos ¿qué debe hacer?. Deberá estudiar y
conocer el organismo humano, y las reacciones del mismo
ante las diferentes circunstancias, para tener un panorama
general. Luego deberá estudiar minuciosamente todo lo concerniente
a la cardiología y asistir a practicas de cardiólogos experimentados
para ponerse ducho en el tema. De este modo, contará con
la información necesaria, y estará en condiciones de suministrar
un tratamiento acertado a sus pacientes.
En nuestro caso, Abraham era un especialista en invitar
huéspedes. Por lo tanto, para saber como actúa una persona
con esta especialidad, será menester analizar las características
de los huéspedes. Y para comprender el caso específico que
nos incumbe, habrá que analizar las características y reacciones
de los huéspedes que se encuentran en condiciones similares
a los tres hombres que se le aparecieron a nuestro anfitrión.
LA NATURALEZA DEL CAMINANTE SEDIENTO
Una persona, cuando se encuentra sedienta, si no bebe agua,
no podrá comer libremente. Probará un bocado, y enseguida
desistirá de proseguir, por causa de la sed que lo agobia.
Pero si bebe antes, comerá plácidamente, y disfrutará de
su plato.
Por otro lado, si una persona se encuentra muy sedienta,
y bebe demasiada agua, hasta llenar su estómago, luego de
hacerlo, no podrá comer apropiadamente. Para evitar este,
deberá beber un poco de agua, con el fin de apaciguar su
sed, y luego estará en condiciones de saborear libremente
su alimento.
Además, el individuo que viene del camino, y se encuentra
agotado por el viaje, no podrá comer adecuadamente hasta
después de descansar. Pero si sumerge sus pies en agua,
el efecto del cansancio disminuye notoriamente. Y si luego
de esto, reposa un poco a la sombra, el cuerpo del individuo
recobra gran parte de sus fuerzas, y queda en condiciones
de comer apropiadamente.
LA ACTITUD DE ABRAHAM
Abraham vio a los viajeros que venían del camino, exhaustos,
bajo un sol agobiante. Esa escena despertó en él, el profundo
deseo de recibirlos de manera apropiada, para que puedan
reconfortar su alma. Para eso les preparó una recepción
adecuada a las circunstancias.
Dispuso todo para que recobren sus fuerzas, y saboreen la
comida que les servirá, con buen apetito.
Es por esto, que al verlos venir en un día tan caluroso,
Abraham presumió que seguramente están sedientos. En ese
momento pensó, que si les sirve comida, no la podrán ingerir.
Pero tampoco era apropiado traerles mucha agua, ya que llenarán
su estómago con ella, y su apetito se cerrará. Ante este
panorama, decidió traerles “un poco” de agua para que apacigüen
su sed.
Luego les trajo un cubo grande con mucha agua para que sumerjan
sus pies, y se disipe el agotamiento de sus cuerpos.
Además, les suministró un lugar a la sombra, debajo del
árbol, para que se reconforten y recobren sus fuerzas.
Tras esto, Abraham “trajo manteca y leche”.
A posteriori, sirvió comidas cárneas, “trajo el ternero
que preparó, y lo dispuso ante ellos. Y él permanecía junto
a ellos debajo del árbol, y comieron”. (Génesis 18: 8)
Observando los versículos que citamos, apreciamos la entrega
total de Abraham por cumplir de la mejor manera posible
el precepto de recibir huéspedes. Además, notamos las reglas
de cortesía que empleaba al atenderlos, y su conducta en
la mesa. Ya que el versículo revela que no solo los recibió,
sino que compartió con ellos la velada “Y él permanecía
junto a ellos debajo del árbol, y comieron”.
Esta conducta que mencionamos acerca de Abraham, el fundador
del judaísmo, es algo que debe ser tenido en cuenta por
nosotros, sus descendientes. Y también es apropiado, que
intentemos llevarlo a la práctica de la mejor manera posible.
Para hacerlo, nada mejor que estudiar las enseñanzas que
nuestros sabios recopilaron para nosotros sobre este tema.
Y también, estudiar las leyes pertinentes a la conducta
que se debe asumir, tanto al recibir huéspedes, como al
estar en la mesa, ya sea solo con nuestras familias, o con
invitados.
LEYES DE CORTESÍA Y CONDUCTA EN LA MESA
A continuación, brindamos una reseña de leyes correspondientes
a la conducta que se debe adoptar en la mesa.
Si dos individuos comen de una misma bandeja, o plato, que
se encuentra entre ambos y uno cesa de comer para beber,
el compañero debe también suspender la toma alimentos de
la bandeja hasta que el otro acabe de beber. Pero si son
tres, y uno de ellos hace un alto para beber, los otros
dos no interrumpen. (Shulján Aruj Oreaj Jaim 170: 2)
Hemos dicho que dos personas que comen de una misma bandeja,
y uno de ellos interrumpe para beber, en ese caso, el otro
debe esperarlo para seguir comiendo. Pero esto es, únicamente
si el que interrumpió no se demora demasiado, o si no comienza
a hablar. (Mishná Brurá)
Otra regla es, que no se puede mirar al que come, ni a su
porción para no avergonzarlo. (Shulján Aruj Oreaj Jaim 170:
4)
El individuo no debe ser riguroso o severo en la comida.
El motivo es, porque si actúa de este modo generará un impedimento
a los miembros de su casa de dar a los pobres, ya que temerán
que se enoje con ellos si les llegan a dar. Además, si el
hombre es severo o riguroso, tanto su familia, como los
huéspedes, sentirán vergüenza de comer, pues presumirán
que quizá al dueño de casa no le agrada esa actitud de ellos
y se enfadará. (Shulján Aruj Oreaj Jaim 170: 6 – Mishná
Brurá)
No debe beber la persona su vaso de una sola vez, pues si
procede de este modo, demuestra avidez por la bebida. Si
su vaso es de unos 85 a 100 centímetros cúbicos de volumen,
lo correcto es beberlo en dos veces. Pero si lo bebe en
tres o más veces, mediante sorbos muy pequeños, tampoco
está bien y este individuo es considerado un grosero.
Esto que hemos dicho es, para el caso de un vaso mediano,
de 85 a 100 centímetros cúbicos de volumen. Pero si se trata
de un vaso muy pequeño, se lo puede beber de un solo trago,
y si es más grande de la medida citada, se lo puede beber
en más de dos tragos. (Shulján Aruj Oreaj Jaim 170: 8 –
Ram”á - Mishná Brurá)
Con respecto a los alimentos, no debe ingerir primero lo
más rico y luego el resto. Por ejemplo, si tiene ajo tierno,
o cebolla de verdeo, no debe ingerir primero de la cabeza,
sino de las hojas. Y si come primero de la cabeza, este
individuo es considerado un ávido.
El motivo es, porque la parte blanca interior, la cabeza,
es la parte más sabrosa del ajo y de la cebolla de verdeo.
En cambio, las hojas verdes, son menos apetitosas, aunque
también se las ingiere. Por eso, si comienza a comer de
la cabeza, esta persona se ve como un ávido. (Mishná Brurá)
Tampoco debe comer como un hambriento, desesperadamente,
y no es correcto sostener el alimento en una mano, y arrancar
del mismo trozos con la otra mano, para comer. (Shulján
Aruj Oreaj Jaim 170: 9 – Ramá)
No se debe morder un alimento y luego dejarlo sobre la mesa.
El motivo es, porque causará repugnancia los demás comensales
(Shulján Aruj Oreaj Jaim 170: 10 - Mishná Brurá)
Además, si el individuo mordió un alimento, y quedó una
parte del mismo fuera de su boca, no puede colocar la parte
que quedó, en una bandeja, o frente a su compañero. Pues
tocó ese trozo con sus dientes al morder, y no todos soportan
eso. (Shulján Aruj Oreaj Jaim 170: 15 - Mishná Brurá)
Dos individuos cuando se sientan a la mesa a comer, el más
grande extiende en primer lugar su mano para servirse. Y
aquel que extiende su mano para servirse antes que alguien
más grande que él, es un glotón. (Shulján Aruj Oreaj Jaim
170: 12 - Mishná Brurá)
No debe beber el individuo de un vaso y darlo luego al compañero,
pues es eso peligroso. El motivo es, porque el que bebe
puede estar enfermo, y a través de la saliva que quedó depositada
en el vaso, el otro se contagia. Aunque también debemos
tener en cuenta otro motivo, el mismo consiste en que si
uno da el vaso del cual bebió al compañero, este por vergüenza
lo recibirá, y beberá por la fuerza. Y puede ser, que le
repugna beber de los restos que dejó otro, por lo que, al
hacerlo forzado por la situación, tal vez se atragante,
y su salud se perjudique. (Shulján Aruj Oreaj Jaim 170:
16 - Mishná Brurá)
Estas son solo algunas de las reglas pertinentes a la conducta
que corresponde asumir en la mesa. En el código de leyes
–Shulján Aruj- hay muchas otras que complementan a las que
mencionamos. Estudiándolas, y poniéndolas en práctica, lograremos
alcanzar el tipo de vida social que se requiere de nosotros,
una vida con matices de la vida de Abraham, el primer judío.
Este patriarca, fue el precursor de los buenos modales que
deben exhibirse en la mesa y la diligencia en la recepción
de huéspedes. Por eso nosotros, sus descendientes, debemos
esforzarnos en poner en práctica esta enseñanza, para heredar
el mundo venidero, y estar sentados junto a su mesa en el
futuro. Tal como lo declara el Talmud: “En el futuro, el
Eterno hará un banquete a los justos, y después de comer
y beber, ofrecerán a Abraham el vaso de vino para recitar
sobre el mismo la bendición”. (Tratado de Pesajim 119b)
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