En el corazón
de la ciudad de Jerusalem hay un atractivo especial, el
muro de los lamentos. Gran cantidad de personas se hacen
presentes a diario en ese sitio para derramar allí sus plegarias
al Eterno. Prácticamente cada uno que llega, abre su corazón,
y cuenta allí mismo sus problemas al Altísimo.
También individuos que no tienen ningún vínculo con el judaísmo
se hacen presentes allí para orar. Tal es el caso de innumerables
candidatos a presidente, políticos, planteles enteros de
selecciones de fútbol, destacados hombres de negocios, personas
que pretenden un futuro mejor, o simplemente, aquellos que
desean superar algún inconveniente que los tiene a maltraer,
asisten al muro para pedir ayuda, y retirarse de allí llenos
de esperanza.
Al escuchar todas estas cosas, la pregunta que uno automáticamente
se formula es ¿qué tiene de especial ese sitio?. ¿Qué es
lo que el mismo representa?.
Para responder a esta cuestión, diremos que el muro de los
lamentos es, nada más ni nada menos, que uno de los muros
que pertenecían al edificio del Templo Sagrado, precisamente
el que se encontraba en el sector occidental.
Este Templo Sagrado al que hemos hecho mención, en sus tiempos
de esplendor, albergaba cada jornada a gran cantidad de
fieles que venían para traer sus ofrendas y orar al Eterno.
Asimismo, durante los citados años de esplendor de este
Templo Sagrado, había días cumbres, en los que afluía mucho
más público que el habitual. Estos días cumbres mencionados
eran aquellos en los cuales se celebraban las festividades
encomendadas por Di-s al pueblo judío. Las festividades
a las que nos referimos son, la festividad de Pesaj, (la
fiesta en la que se come pan ácimo y se conmemora la liberación
del pueblo judío de la esclavitud de Egipto), Shavuot, (la
fiesta en la que se conmemora el momento de la entrega de
la Torá), Sucot, (la fiesta de las cabañas, en conmemoración
a las cabañas en las que nos hizo habitar el Eterno durante
la salida de Egipto).
Durante estas festividades, los pies de los concurrentes
al Templo sagrado no tocaban el suelo, pues ante la gran
cantidad de presentes, los cuerpos quedaban suspendidos
en el aire por causa de los apretujones. Sin embargo, en
forma milagrosa, cuando llegaba el momento de la prosternación
a Di-s, cada uno disponía de un espacio de cuatro codos
a la redonda (1 codo = 48 centímetros).
Más milagros que acontecían en
el Templo Sagrado
El hecho que mencionamos, no era el único acontecimiento
antinatural que sucedía en el Templo sagrado. Por citar
algunos más, diremos que pese a que había allí constantemente
carne de las ofrendas, jamás sucedió que la misma entre
en estado de descomposición, o despida olor desagradable.
Para darnos cuenta de la magnitud de este milagro, consideremos
que en el verano las temperaturas alcanzadas en Jerusalem
son bien altas, y que algunas de esas ofrendas era posible
comerlas durante dos días seguidos, sin embargo, pese a
ello, la carne se mantuvo siempre en óptimo estado.
Asimismo, pese a la gran cantidad de carne que había dispuesta
sobre las mesas de mármol ubicadas en el patio (“Azará”)
del Templo Sagrado, que era el lugar donde se lavaban las
entrañas de las ofrendas, jamás se vio a ninguna mosca merodear
por ese lugar.
Otro suceso digno de destacar es, que nunca la lluvia apagó
el fuego de la fogata que se encontraba al lado del altar
externo, pese a que la misma se hallaba al aire libre. Tampoco
sucedió jamás, que el viento desvíe la columna de humo en
forma de hongo, que se elevaba ascendentemente, tras haber
sido generada por el incienso que era allí sahumado.
Estos son solo alguno de los innumerables milagros que acontecían
en el Templo Sagrado, en el cual existían a diario muchas
otras situaciones sobrenaturales que acontecían allí, siendo
los datos que mencionamos solo una síntesis de ellas.
Luego de haber descrito brevemente los milagros que sucedían
en el Templo Sagrado, pasaremos a dar un resumen del panorama
histórico del mismo, el cual nos permitirá situarnos en
la escena con mayor exactitud.
La historia del Templo Sagrado
Respecto a la historia del Templo Sagrado, diremos que el
primero que existió fue construido por el rey Shelomó, quien
era el hijo del rey David. La construcción tuvo lugar 480
años después de haber salido el pueblo judío de Egipto,
tras haber permanecido en esa tierra por espacio de 210
años.
El motivo original por el cual el pueblo judío había ido
a Egipto 210 años antes de esta salida victoriosa fue, para
conseguir provisiones, dada la escacés de alimentos que
había en el resto del mundo por aquellos tiempos. Cuando
llegaron, los hijos de Israel fueron invitados a quedarse
allí honorablemente, pues el Faraón estimaba mucho a Yosef,
su virrey, quien era judío y hermano de los que habían venido
por víveres. Por eso les ofreció traer todas sus pertenencias,
y familias, asignándoles asimismo la tierra de Goshen, para
que habiten cómodamente en Egipto.
Pasados unos años, Yosef muere, y también el primer mandatario
egipcio. El Faraón entrante no se comportó como el anterior,
y esclavizó al pueblo judío. Los últimos 86 años de esclavitud
fueron durísimos, pues los egipcios no permitían al pueblo
de Israel regresar a sus casas para así evitar que se reproduzcan,
y sumado a eso, los obligaban a realizar trabajos forzados
degradantes y ultrajantes. Pues entre otras cosas, daban
a los varones los trabajos que suelen realizar las mujeres,
y viceversa.
Al cabo de este período de dura esclavitud soportada por
el pueblo judío, los hijos de Israel clamaron al Todopoderoso,
y Él los sacó de Egipto a través de numerosos milagros.
Luego de la salida de Egipto, Di-s condujo al pueblo por
el desierto durante cuarenta años, hasta que ingresaron
a la tierra prometida, Israel.
La
entrega de la Torá en el desierto
Durante esta travesía por el desierto que hemos mencionado,
tuvo lugar un hecho histórico relevante, Di-s entregó la
Torá a su pueblo elegido, en el monte Sinaí, que se encuentra
en medio del desierto.
En este lugar donde fue entregada la Torá, aun no había
un Templo Sagrado, pero si un Tabernáculo Móvil, el cual
fue construido por Moshé. Este Tabernáculo Móvil acompañó
al pueblo de Israel hasta su ingreso a Israel.
Una vez que el pueblo ingresó a Israel, fueron construidos
Santuarios provisorios, hasta que fue erigido el Primer
Templo Sagrado por el rey Shelomó en el año - 883 antes
de la era común (2928 según el calendario hebreo)
Este Primer Templo Sagrado estuvo en pie por espacio de
410 años, hasta que fue destruido por Nabucodonosor, el
rey de Babilonia, en el año - 423 antes de la era común
(3338 según el calendario hebreo). Este rey exilió al pueblo
judío, llevándolo a Babilonia, donde permanecieron por espacio
de setenta años.
Pasados esos setenta años, el pueblo judío regresa a Jerusalem
bajo el liderazgo de Ezra el escriba. Una vez en Jerusalem,
estos mismos hombres se abocaron con todas sus fuerzas a
reconstruir el Templo Sagrado. La obra fue culminada con
éxito, y el día de la inauguración, Ezra leyó párrafos del
rollo de la Torá en voz alta, lo cual hizo emocionar y estremecer
a los presentes a más no poder.
Este segundo Templo Sagrado permaneció activo por espacio
de 420 años, hasta que fue destruido por el emperador romano
Tito en el año 70 (3830 según el calendario hebreo), quedando
en pie solo el muro que contemplamos hasta hoy en día, conocido
como “el muro de los lamentos”.
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