En la sección de la Torá llamada
"Vaierá", se narra la revelación de Di-s a Abraham,
mientras este se hallaba sentado a la entrada de su vivienda
cambiando sus vendajes, pues era el tercer día desde que
había practicado sobre su carne la circuncisión, por orden
expresa del Creador.
Aun permanecía frente a Di-s, cuando
alza su vista y divisa tres individuos parados a una distancia
prudencial, por lo cual, sale presuroso tras ellos, y les
solicita que acepten pasar a su propiedad, lavar sus pies,
reposar debajo del árbol y comer pan, para luego proseguir
su camino.
Los hombres, quienes en verdad eran
ángeles enviados por el Creador, aceptan el convite, y el
dueño de casa trae deliciosos manjares para que se deleiten
y queden satisfechos con el fin que luego alaben a Di-s
y le agradezcan por el alimento.
Momentos más tarde, uno de los huéspedes
informa al anfitrión, que el año próximo su esposa Sará
dará a luz un varón.
Luego, los varones se retiran y observan
la ciudad de Sodoma, en tanto Abraham, totalmente abocado
a cumplir de manera óptima el precepto de recibir huéspedes,
se había olvidado de los dolores que lo aquejaban a causa
de la herida, y los acompañaba para despedirlos.
En ese momento, Di-s confiesa a Abraham
que a partir de él se constituirá una grande y poderosa
nación, cuando de pronto, el Creador declara: "el clamor
de Sodoma y Amorá ("Gomorra") es muy grande, y
el pecado de ellos es gravísimo. Descenderé y veré si hicieron
acorde al clamor que llega hasta Mi, y si no, lo sabré".
Los
visitantes se retiran
Los individuos se dirigieron a Sodoma,
mientras Abraham permanecía de pie frente a Di-s. En ese
momento, el patriarca hebreo comienza a solicitar al Creador
consideración por la nación pecadora, y esgrime su defensa
para intentar evitar el castigo que se avecinaba. Además,
recordemos que entre ellos moraba su sobrino Lot, cuyo padre
había fallecido, y él mismo había criado.
Di-s acepta la propuesta presentada,
consistente en que si se hallaren al menos diez hombres
justos en aquel lugar, perdonará gracias al mérito de ellos
al resto de la población.
Luego de esto, Di-s se retiró, y
Abraham volvió a su sitio de residencia.
En tanto, dos ángeles de los tres
que visitaron a Abraham, llegan a Sodoma en horas del atardecer,
mientras Lot, se hallaba sentado en el portal de la ciudad,
pues en ese día lo habían nombrado juez del lugar.
Lot al verlos, salió tras ellos,
y les pidió que ingresen a su vivienda y pernocten allí,
laven sus pies, y por la mañana prosigan su camino.
En principio, los caminantes no aceptaron,
pero ante la incansable insistencia del sobrino de Abraham,
finalmente dieron su visto bueno e ingresaron a su casa.
El anfitrión organizó un banquete,
horneó pan ácimo y comieron.
La velada transcurrió de manera muy
amena, pero antes de acostarse, los hombres de laciudad, tanto jóvenes como ancianos, rodearon totalmente la
propiedad, exigiendo al dueño de casa que saque a sus huéspedes
para que "los conozcan".
Lot sale para tratar de interceder
y apaciguarlos, e intentar lograr un pacto que permita salvar
a sus convidados, cerrando inmediatamente la puerta que
había quedado a sus espaldas, para que los intrusos no ingresen,
pero no fue escuchado por la multitud que estaba muy excitada.
Finalmente los huéspedes estiran
su mano, e ingresan a Lot al interior de la vivienda, cierran
la puerta y de inmediato provocan un total estado de ceguera
en quienes intentaban violar la puerta e ingresar por la
fuerza.
Los individuos dicen a Lot que saque
del lugar a todos sus familiares, porque se aprestan adestruir todo ese sitio, ya que el clamor de su pecado
llegó hasta Di-s y el Creador encomendó la destrucción total.
Lot
no se da prisa
Cuando despuntaba el alba, los ángeles
vieron que Lot se demoraba, entonces le dijeron que se apresure.
Tomaron luego la mano de él, la de su esposa, y la de sus
dos hijas solteras, y los depositaron fuera de la ciudad.
Enseguida el ángel le dijo: "Huye
por tu alma, no mires hacia atrás ni te detengas en toda
la planicie, escapa al monte para que no seas aniquilado".
Lot en tanto rogó que ante la falta
de fuerzas para alcanzar el monte, le permitiese huir a
una ciudad pequeña no muy distante de allí, a la que se
dio el nombre de Tzoar.
El ángel consintió y le advirtió
que se apresure porque no podrá hacer su mandato encomendado
por Di-s hasta que llegue a ese lugar.
El sobrino de Abraham llegó a destino,
cuando el sol ya asomaba, y fue en ese preciso instante,
cuando Di-s hizo llover sobre Sodoma y Amorá azufre y fuego
del cielo, siendo totalmente destruidos de esta manera todos
los moradores de ese lugar, además de toda la vegetación.
En tanto, los sobrevivientes no miraban
la escena, tal como había sido encomendado por el ángel.
Aunque repentinamente la esposa de Lot por detrás de él
se dio vuelta y observó el panorama, convirtiéndose de manera
automática en una columna de sal.
Luego de haber culminado la tragedia,
Lot temió vivir en Tzoar, al estar demasiado cerca de Sodoma,
por lo que subió la montaña y vivió con sus dos hijas en
una cueva.
Moraleja
Lo realmente interesante de lo visto
hasta aquí, es la acción de Abraham, quien cuando divisa
hombres con posibilidad de convertirse en sus huéspedes,
sale a toda prisa tras ellos, dejando a la mismísima Presencia
Divina aguardando. Entendemos entonces, evaluando el hecho,
la magnitud y el valor que alcanza esta acción de recibir
invitados. Es por ello que los sabios sentenciaron en el
Talmud: Shabat 127 "La acción de recibir huéspedes
es mayor a la de recibir a la Presencia Divina"
Por lo tanto, haciendo una breve
reflexión llegamos a la conclusión, que si recibir huéspedes
es algo tan grande, importante y de tan alto valor, debe
haber por ello una gran recompensa por parte del Creador
a quien hace tal precepto. Y en contraposición, que gravedad
debe alcanzar el pecado de aquel que impide a alguien recibir
invitados, obstaculizándolo de algún modo para que no lo
haga.
Y ese es precisamente el motivo por
el cual la esposa de Lot fue convertida en una columna de
sal, ya que cuando se estructuró Sodoma, 1cincuenta y dos años antes de la destrucción total mencionada,
a través del remanente de quienes habían construido la torre
de Babel intentando subir al cielo y hacer idolatría, siendo
finalmente esparcidos por Di-s, vieron esta hermosa llanura,
y construyeron en ella cuatro ciudades: Sedom (Sodoma),
Amorá (Gomorra), Admá y Zboim. Aunque todas ellas eran llamadas
según el nombre de la primera, la cual se sobreponía a todas
las demás en poder y maldad.
Luego, aguardaron un año, y al pie
del monte contiguo, al este, ensancharon su dominio, construyendo
allí una quinta ciudad, llamada Tzoar.
Era otra
época
Respecto a los tiempos en los que
este imperio se inició, era una época extremadamente dura,
pues había mucha hambre en toda la Tierra, y las personas
deambulaban de un lado a otro en busca de algún alimento
para calmar su necesidad.
Por entonces los sembrados no crecían,
y era muy dificultoso obtener resultados positivos en el
cultivo de la tierra. Solo aquellos que descubrieron la
hermosa planicie de Sodoma, disfrutaban de un suelo fértil
que producía todo tipo de vegetales con una rapidez asombrosa.
Este fenómeno hace suponer que lo
ideal y lógico, tras el hallazgo, hubiera sido que envíen
mensajeros para informar al resto de la población acerca
de este suelo, que permite por su fertilidad, alimentar
a todo el mundo.
Sin embargo no obraron de ese modo,
prefirieron construir un cerco, y privar a todo extraño
ingresar al lugar, querían toda la riqueza para ellos.
Sobre estos fundamentos perversos
y egoístas se fundó Sodoma, y no cuesta mucho deducir que
las leyes que se legislaron allí en lo sucesivo, como parte
de la constitución nacional de ese lugar, fueren basadas
en esta vil manera de conducta.
Así, en el citado código constaba
que quien da sustento a un pobre, debe ser condenado a recibir
la pena capital a través de fuego. Y aquel que ingresa a
su casa un huésped, su propiedad debía ser quemada, mientras
que al invitado le quitaban sus ropas y aplicaban sobre
él la ley de "conocerlo", tomando asimismo todo
su dinero.
Por lo tanto, la esposa de Lot, al
enterarse de la acción de su marido de traer convidados,
comenzó a riñar con su cónyuge reclamándole: "¿La gente
de la ciudad se abstienen de permitir el ingreso de huéspedes
a la ciudad, y tú los introduces en nuestra casa. Acaso
pretendes que te maten a ti y también a mi?. Si los quieres
aceptar de todos modos, dividamos la casa, y los recibes
en tu parte".
Lot en tanto, se dispone a hornear
pan, y solicita a su mujer: "Dame para los huéspedes
un poco de sal".
Ella le responde: "¿No te alcanza
con haberlos traído a la casa, que también les quieres dar
de comer?. ¿Acaso deseas instaurar por estos pagos nuevas
costumbres?".
La señora luego de este altercado
simuló buscar sal sin hallar por ningún lado, hasta que
sale y se dirige a lo de sus vecinas, entonces dice a cada
una de ellas: "Hazme un favor vecina, préstame un poco
de sal, que tengo huéspedes en mi hogar y la necesito para
ellos...".
Lot se enteró de la situación generada
por su mujer, y sabía ahora lo que le esperaba, sin embargo,
prosiguió con la suya, horneó pan y trajo vino a los convidados,
pues en Sodoma no existía una comida sin vino.
Mientras cenaban, los invitados preguntaron
al anfitrión acerca de los habitantes del lugar, y les respondió
que por estos pagos, la mayoría son perversos.
Aun se hallaban sentados a la mesa
y platicaban, cuando se siente que un joven, quien había
visto a los huéspedes ingresar a la vivienda, salió a toda
prisa gritando: "Hay huéspedes en la casa de Lot!".
De este modo, a causa de la mujer
de Lot y este joven, se corrió la voz, hasta hacerse público
que el sobrino de Abraham ha violado la ley local que prohíbe
la recepción de invitados, llegando a reunirse todos allí
hasta rodear la vivienda del anfitrión, tal como narramos
arriba.
Vemos que lo sucedido a la esposa
de Lot, le aconteció a través del mismo medio que ella utilizó
para intentar impedir a su esposo recibir huéspedes, o sea,
la sal, pues fue precisamente este, el elemento que la dama
empleó para difundir la noticia públicamente, y ese mismo
componente la tornó una columna inerte salificada cuando
miró hacia atrás.
Queda claro pues, que es algo gravísimo impedir al
prójimo realizar un acto de bien y en contrapartida deducimos,
que ayudar a nuestro prójimo a hacer un acto de bien, tiene
una recompensa inigualable.
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