Dentro de cada
familia suceden acontecimientos que algunas veces provocan
alegría y otras, tristeza. Si uno de los niños ganó el concurso
que tuvo lugar en la escuela, sus padres estarán contentos
y festejarán.
De igual manera, si justo el número del sorteo que compraron
para ayudar a los no videntes salió elegido, adjudicándose
el primer premio. O cuando la abuela cumplió ochenta años
y todos se reunieron para celebrar.
Muchas son las ocasiones que despiertan en el núcleo familiar
síntomas de regocijo.
Pero en otras oportunidades, se da a la inversa, y el nene
que creció, decide contraer enlace con la joven que conoció
para radicarse fuera del país. Esta noticia genera el desliz
de algunas lágrimas en la mejilla de mamá, aunque ello no
será un impedimento para la partida del flamante matrimonio.
ESTÁN LEJOS...
La nueva pareja, según relatan las cartas, tiene una criatura
que los médicos derivan a una incubadora, ya que su nacimiento
fue prematuro.
Luego, se detecta algún problema cardíaco, y el cuerpo de
cirujanos decide que es necesario intervenir al niño quirúrgicamente
para salvar su vida.
La operación es riesgosa, la tensión en los padres y abuelos
que llegaron hasta allí crece. Caminan de aquí para allá,
similar a como lo hacen los leones enjaulados, sin saber
como ayudar para que este trágico momento que están atravesando
llegue a buen término.
Para colmo, luego de unos breves instantes de ingresar a
la sala de cirugía, la situación se complica y el doctor
comunica que lo único que pueden hacer es rezar.
Es en ese preciso instante cuando se acuerdan que existe
Di-s, y es el Unico a quién se puede recurrir en una situación
de este tipo, pues tiene el poder de ayudar.
Aunque también en ese momento en que decidieron recurrir
al Creador, se les cruza por la mente: “¿qué méritos tengo
en mi haber, para que me escuche y complazca mi solicitud?”.
MORALEJA
Esta es la razón por la cual es necesario despertar ahora
y entrar en comunicación con Di-s ya. Es menester tomar
conciencia de que somos Sus hijos y debemos comportarnos
como tales.
De esta manera, el diálogo fluido que mantendremos con el
Padre Celestial, permitirá que no sintamos ningún tipo de
impedimento cuando llegue el momento de solicitarle lo que
necesitamos, será algo natural para nosotros.
Alegóricamente, un rey es secundado por príncipes, consejeros,
ministros y auxiliares. Cada uno de ellos, conforme a su
rango, dispone de mayor o menor acceso al primer mandatario.
Estos hombres, en situaciones especiales como el cumpleaños
del mandatario o el aniversario de asunción al poder, tendrán
la oportunidad de ingresar a saludarlo. El tiempo que cada
uno dispondrá para hacerlo, será acorde a su jerarquía.
Aunque esto será factible, solo si el rey se encuentra de
buen humor, pues en caso de hallarse exasperado, nadie se
atreverá a ingresar a su despacho.
Por esta razón, los que vinieron a visitarlo, antes de entrar
reflexionan acerca del posible estado de ánimo del monarca
en este momento. Sopesan diferentes ideas y valiéndose del
sentido común, deciden que quizá no esté muy alegre. Por
esta causa, aun antes de pasar a su despacho sienten temor.
A su vez, independientemente del estado de ánimo del monarca,
piensan en el efecto que causará lo que le van a decir.
Pues quizá el discurso contenga algún término que involuntariamente
lo haga encrespar. Por tal razón, tratan de ser lo más breve
posible y se retiran inmediatamente de su presencia.
Sin embargo, esto no ocurre con el hijo amado del rey, a
quien no perturban todos estos temores. Es más, al ingresar,
a pesar de estar enojado, la presencia del niño disipa toda
la furia, la cual se transforma automáticamente en alegría.
Por eso, al ser que el chico tiene libre acceso y existe
tanto amor de por medio, es su deber saludar y alabar cada
día a su progenitor.
Del mismo modo debemos conducirnos con nuestro Padre que
está en los cielos, saludándolo al levantarnos y al acostarnos,
más lo que incorporaremos durante el transcurso del día
y la noche según nuestras posibilidades.
De esta manera nuestra comunicación con Él será permanente,
y gustoso escuchará nuestras plegarias.
Pero, para lograr que las peticiones por nosotros formuladas
sean respondidas, necesitamos además de una comunicación
fluida, conducirnos por la vida según las normas de conducta
que nuestro Padre nos legó. Esta enseñanza se encuentra
en la Torá escrita, y también en la oral que los grandes
sabios de Israel se tomaron el trabajo de comentar y esclarecer,
para que todos podamos servir al Creador y nos comportemos
como Sus hijos.
REFLEXIONANDO
No interesa si toda la vida infringimos y no hay en nuestro
favor siquiera un acto bueno. Tampoco importa si desde que
tuvimos uso de conciencia nos comportamos de manera intachable,
respetando y cumpliendo con todos los mandamientos y preceptos
que el Creador nos encomendó.
Todo esto ya pasó y no queda duda alguna que recibiremos
el pago por cada uno de las buenas obras que consumamos.
Ellas están muy bien registradas, para que ni la más pequeña
quede sin recompensa.
Pero esto será en el mundo venidero, y lo que nos debe preocupar
en este momento es, como seguir nuestra vida aquí y ahora.
Además tenemos que esforzarnos en incrementar el número
de buenas obras para percibir más retributo en el futuro.
Semejante a aquel que tiene en su cuenta bancaria 100.000
pesos, sin duda se esforzará por engrosar ese monto. Hará
esto, para que su capital sea mayor y pueda disponer de
él, y de las utilidades que genera, en el futuro, cuando
sea el momento de disfrutar de lo ahorrado.
Un detalle de relevancia es, que desconocemos cual es el
valor de cada precepto. Por lo tanto, uno que parece vulgar
y despreciable a nuestros ojos, puede tener un premio mucho
mayor que aquel que creemos grave y grande.
Por tal razón, quien posee en su haber solo lo que hizo
ahora, el día de hoy, puede alcanzar a aquel que toda su
vida se comportó intachablemente. Más aun si este último
se duerme en lo ya hecho y no se preocupa en progresar.
Ya que aquel que trae siempre 10 en su boletín de calificaciones,
su padre lo aguarda cada día con tremendo orgullo. Espera
con ansiedad la llegada de su hijo de la escuela, y cuando
entra a la casa, se apresura a felicitarlo por las nuevas
buenas notas que recibió. Además, en retribución trata de
complacer todos los deseos del chico, ya que lo merece.
Mientras todo siga así, el aplicado y ejemplar joven podrá
pedir lo que le plazca, y su padre tratará de dárselo.
Pero que gran desazón aquel día, cuando el alumno brillante
informa que le fue mal en el examen y sacó solo un tres.
Y que terrible será para la familia si este hecho se reitera
hasta hacerse frecuente. Se olvidarán de todo lo que el
joven logró en etapas anteriores y lo comenzarán a tratar
como si nunca hubiera sido lo que la historia manifiesta.
Dirán, ¡si pretende que le compren algo, que se lo gane!
.
Sin embargo, distinto será el caso de aquel hijo que fue
“un tiro al aire” durante toda su vida. La máxima nota que
trajo a casa no sobrepasaba los cuatro puntos. No le interesaba
el estudio, solo jugar y divertirse con los amigos.
Durante años se comportó así. Los padres trataron de ponerle
maestros particulares, incentivarlo con premios, agotaron
todos los recursos, pero nada funcionó.
Solo que cierto día, Moishele entra a la casa con la cara
sucia, la chaqueta hecha un desastre, todo como era usual
en él. Pero esta vez, algo diferente sucedió, saca su cuaderno
de comunicaciones y dice a su progenitora “¡Madre! ¿Me firmas
este 9 que saqué en la prueba?”.
En ese momento, al escuchar la noticia, todos corren a felicitarlo,
festejan, le compran un regalo. La alegría de una sola buena
calificación, cambió el semblante a la familia entera. Ya
no miran a Moishele como “un burro”, lo ven como “triunfador”
y se lo hacen saber.
Una sola nota sobresaliente borró todo un pasado adverso.
¿Y que sucederá si de aquí en más, en todos sus exámenes
saca 7, 8 y 9?. Nadie hablará de lo que fue, verán al niño
como lo que es ahora y lo tratarán como merece.
NUESTRO MENSAJE
Con una sola acción decorosa es posible revertir íntegramente
nuestra imagen frente al Padre Celestial. Y si se reitera
y progresamos cada día, ni rastro quedará de lo que fuimos.
Mas, si sacamos “notas elevadas”, no deberemos ya esperar
tras pedir cien veces a que complazca nuestra petición,
bastará con una para que Di-s haga nuestra voluntad.
Los sabios de Israel plasmaron la reflexión recién mencionada
en esta frase: “Haz Su voluntad como tu voluntad para que
se haga tu voluntad como Su voluntad”. (Tratado de Pirkey
Abot)
Esto implica que debemos hacer la voluntad de Di-s estudiando
los libros sagrados de la Torá y llevando a la práctica
lo aprendido con integridad de corazón. Hay que hacerlo
como si fuera nuestra propia voluntad la que nos impulsa
a proceder así, para que el Creador nos otorgue las necesidades
que nuestro corazón solicita. Pues es verdaderamente Su
voluntad beneficiar a Sus criaturas, más cuando hacen Su
voluntad.
Una sola buena obra que realicemos, por más pequeña que
sea, tiene fuerza suficiente como para revertir nuestra
suerte, y la suerte del mundo. (Talmud, Kidushim 40)
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