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LOS PROFETAS JUDÍOS Y NO JUDÍOS 

El pueblo judío había salido de Egipto, y se dirigían a la Tierra Prometida. Para ello, debieron atravesar el desierto, y librar duras batallas con otros pueblos. Entre ellos, los emorreos, una de las principales potencias mundiales de aquella época. Estos hombres enfrentaron a los hijos de Israel, y fueron derrotados por ellos de manera unánime. 

En tanto Balak, el rey de Moab, vio todo lo que había hecho Israel a los emorreos. Al contemplar a la poderosa nación vencida, el pueblo de Moab temió mucho y decidió aconsejarse con los ancianos de la nación vecina, Midián.

Moab y Midián eran dos naciones que jamás se habían llevado bien entre ellas. Pero aun así, por causa del gran temor que sintieron por el avasallante avance de Israel, quienes triunfaban en la batalla de manera sobrenatural, decidieron unirse para buscar una solución al problema. (Números 22: 2-3, Rashi)

TOMAN CONSEJO

Los representantes de Moab preguntaron a los de Midián acerca de las características del líder judío, que era Moshé, para saber en que se basa su fuerza. 

Los midianitas contaban con ese dato porque Moshé había crecido en el país de ellos. Enseguida dijeron a los moabitas: “¡La fuerza de él está en su boca!”.

De inmediato sentenciaron: “Llamemos a Bilam, que también tiene mucha fuerza en su boca”.

Así fue como decidieron enviar mensajeros a “Petor”, una ciudad que se ubicaba junto al río, para llamar a Bilam que vivía allí. (Números 22: 4-5, Rashi.

REFLEXIÓN

Después de habernos enterado de esto uno se pregunta: ¿Por qué razón el Todopoderoso dio a los gentiles profetas tan grandes como los que otorgó al pueblo de Israel?. Pues de aquí se ve que Bilam era muy poderoso en ese aspecto, similar a Moshé. 

Se responde:

Lo que ocurre es, que Di-s no quiso dejar a las naciones del mundo, las cuales no aceptaron la Torá, la posibilidad de abrir la boca en el futuro, en el día del gran juicio. Pues en ese momento ellos podrían aludir que no hicieron la voluntad de Di-s porque carecieron de líderes y profetas como los que tuvo el pueblo judío.

Por esta razón el Todopoderoso dio a Israel un rey muy sabio como lo fue Salomón –Shelomó-, y también a las naciones dio un rey muy sabio, que fue Nabucodonosor.
El rey Salomón empleó su sabiduría para componer innumerables alabanzas y cánticos en honor del Creador. Además, construyó el Templo Sagrado - Beit Hamikdash-.

Nabucodonosor en cambio, utilizó la enorme capacidad con la que fue dotado por Di-s para desterrar al pueblo judío y destruir el Templo Sagrado que construyó Salomón.

EL DETALLE

Este es el extracto de los acontecimientos, que culminó con la funesta acción de Nabucodonosor.

Entre los reyes que gobernaron en Jerusalén antes de la destrucción del Templo Sagrado, hallamos a Yoash. Este monarca se condujo por la senda del bien todo el tiempo que estuvo con vida Yeoyadá el sacerdote –kohen-. Luego que este último falleció a la edad de 130 años, el rey se dejó influenciar por los hombres de Judea –Yehuda- quienes le propusieron escuchar todos sus mandatos con la condición que les permita ser como los demás pueblos, quienes adoran a los diversos ídolos. 
Tras este convenio el rey se apartó del camino de Di-s, y también el pueblo lo hizo. 

Los hijos de Israel comenzaron a cometer actos idólatras, abandonando al Todopoderoso. Por eso, el hijo de Yeoyadá, de nombre Zejariá, sobre quien se había posado el espíritu de Di-s, salió a reprender al pueblo, les dijo: “Así dijo Di-s: ¿por qué transgredís los preceptos del Todopoderoso, y no tendréis éxito (en lo que hagáis), pues abandonasteis a Di-s, y por eso El os abandonará?”.

El pueblo no hizo caso a las palabras de Zejariá, y lo mataron a pedradas en el interior del Templo Sagrado por orden del rey. 

En ese día los malvados que había en el pueblo de Israel cometieron siete transgresiones: 

1. Mataron un sacerdote -kohen- (oficiante del Templo Sagrado)
2. Mataron un Profeta (pues Zejariá lo era)
3. Mataron un Juez (pues Zejariá lo era)
4. Derramaron sangre inocente (es un pecado independiente, sin tomar en cuenta la honorabilidad de la persona)
5. Profanaron el nombre de Di-s (matando a su maestro, kohen, y profeta a la vista de los no judíos en un lugar tan sagrado y en un día tan sagrado)
6. Impurificaron la Azará (el atrio del Templo - con un muerto)
7. Profanaron el Shabat (ese día era Shabat)
8. Profanaron el día de Yom Kipur (ese día era también Yom Kipur)

Yoash no actuó como lo hicieron los reyes justos que hubo en Israel, quienes no solo se condujeron acorde a la voluntad Divina, sino que cuando lo necesitaron solicitaron socorro a Di-s en vez de confiar en sus propias fuerzas. 

LOS REYES JUSTOS

En Israel hubo cuatro reyes justos que pidieron ayuda al Todopoderoso para enfrentar a sus enemigos. Ellos fueron: David, Asa, que era el nieto de Salomón, Ioshafat hijo de Asa, y Jizkiahu. 

El Todopoderoso ayudó a ellos, y triunfaron en la batalla. Además, algo digno de destacar es, que cada uno de ellos, en orden progresivo pensaba que no es digno él ni su generación como lo eran las pasadas, por eso cada uno pidió más ayuda a Di-s que la que había solicitado su antecesor. 

David pidió a Di-s: “Ayúdame, entonces perseguiré a mis enemigos, los alcanzaré y no tornaré hasta exterminarlos”.

Di-s le respondió: “¡Yo actuaré (tal como pediste)!”. Y así aconteció.

El rey Asa pidió al Todopoderoso: “Yo no tengo fuerza para matar a las huestes enemigas, por eso yo los perseguiré y Tú actuarás”.

Di-s le respondió: “¡Yo actuaré (tal como pediste)!”. Y así aconteció.

Posteriormente Ieoshafat pidió: “Yo no tengo fuerza para matar a las huestes enemigas ni para perseguirlos, por eso yo entonaré una alabanza y Tú actuarás”. 

Di-s le respondió: “¡Yo actuaré (tal como pediste)!”. Y así aconteció.

Jizkiahu pidió al Todopoderoso: “Amo del universo: Yo no tengo fuerza para matar a las huestes enemigas ni para perseguirlos, y tampoco para entonar alabanza, por eso me acostaré a dormir en mi cama y Tú actuarás”. 

Di-s le respondió: “¡Yo actuaré (tal como pediste)!”. Y así aconteció.

EL DESENLACE

Los versículos narran como ocurrió este último suceso que mencionamos: (2 Reyes 19: 35): “Aconteció en esa noche, que salió el ángel de Di-s y aniquiló al campamento de Ashur (donde era rey Sanjeriv). Los eliminados fueron 185.000 hombres (comandantes de tropas). Por la mañana (los pocos que quedaron vivos) se levantaron y encontraron a todos los jefes muertos, y también a los soldados que estaban con ellos.

Los sobrevivientes que se salvaron fueron muy pocos, no siendo más que catorce hombres. Entre ellos se encontraban Nabucodonosor y Navuzradán.

Años después, cuando la tribu de Yehudá provocó la rebelión de Israel contra Di-s, tal como lo mencionamos arriba, en ese entonces el Todopoderoso dijo a Nabucodonosor: “Sube y destruye el Templo Sagrado”.

Nabucodonosor pensó: “Di-s quiere arrastrarme para que haga la guerra en Jerusalén y luego hacerme lo mismo que hizo a mi abuelo Sanjeriv, el rey de Ashur, cuando pretendió guerrear con Jizkiahu”. 

Nabucodonosor no creía que Di-s destruiría Jerusalén, pues ¿quién puede pensar semejante cosa después de todos los milagros que el Todopoderoso había hecho con el poderosísimo ejército de Sanjeriv?.

Lo que hizo entonces fue aguardar en Dafne, que quedaba en Antioquia, entre Babilonia e Israel. En tanto envió a Navuzradán, ministro de su ejército, para que destruya Jerusalén.

SE DIRIGE A LA META

Navuzradán sitió a Jerusalén durante tres años y medio. Cada día, rondaba para ver si sus tropas consiguieron abrir una brecha en la muralla que protegía la ciudad. Pero pese a la insistencia no lograron hacer allí ninguna mella. Por eso Navuzradán decidió abandonar la misión, y regresar.

En ese momento, el Todopoderoso puso una idea en el corazón de Navuzradán: medir la altura de la muralla día tras día.

Al poner en práctica esta idea, comprobó que la altura de la muralla decrecía cada día dos puños y medio, eso indicaba que poco a poco se estaba hundiendo en la tierra. 
Esto prosiguió así hasta que la misma desapareció por completo. En ese momento el invasor ingresó a Jerusalén, rompiendo todos los pronósticos que existían. Pues ningún rey de todos los que había sobre la faz de la tierra esperaba que alguien pueda penetrar a la ciudad de Jerusalén. Solo un milagro podía hacer que eso suceda. Al ser que el pueblo judío pecó, posibilitó ese milagro, siendo los hijos de Israel enviados al exilio por esa causa.

DATOS RELEVANTES

Nabucodonosor había ordenado a Navuzradán: El Di-s de ellos acepta a los arrepentidos, y los recibe con las manos abiertas, por eso, cuando conquistes la ciudad, no les permitas orar y pedir clemencia a su Di-s. Pues si lo hacen este hombre (Nabucodonosor en referencia a él mismo) correrá la misma suerte que Sanjeriv. No desprecies la fuerza de ellos que está en sus bocas y corazones, a pesar de que estén encadenados. Has de ser cuidadoso en no dejarles ninguna opción.
Navuzradán finalmente conquistó Jerusalén y cumplió la orden del rey, azotando al pueblo judío para que marche sin detenerse. Cuando alguien desobedecía, y no podía seguir, lo tomaba, cortaba su cuerpo en pedazos y lo arrojaba delante de los hijos de Israel. Ellos, al ver esta escena, caminaban sin parar todo el tiempo que sus fuerzas les permitían hacerlo. 

Recién pudieron descansar cuando llegaron al río Eufrates –Perat-. En ese lugar Navuzradán ordenó a sus soldados dejar al pueblo judío hacer un alto “porque desde aquí en más, Di-s ya no tornará a ellos para regresarlos a su tierra”. 

LA DETENCIÓN

Los hijos de Israel se hallaban sedientos y bebieron de las aguas del río Eufrates. Pero ellos estaban habituados a beber aguas de lluvia y manantial, por eso, ante el brusco cambio, muchos perdieron la vida en ese lugar. Es por eso que el libro de los Salmos declara (137: 1): “Sobre los ríos de Babilonia, allí reposamos, y también lloramos”.

El motivo del llanto era por los que fueron matados por el ejército de Nabucodonosor. Pero también lloraban por los muertos en el camino, a quienes los soldados no permitieron dar sepultura, y ahora los que fallecieron por beber las aguas del río Eufrates.

Pero eso no fue todo. Nabucodonosor se encontraba allí navegando en una embarcación junto a sus ministros. Mientras los reyes de Yehudá totalmente desnudos, con sus manos sujetadas por detrás con cadenas de hierro, caminaban por la orilla del río, formando parte de la gran caravana de judíos exiliados. 

En ese momento Nabucodonosor alza sus ojos y contempla la escena. Inmediatamente después de ver eso pregunta a sus hombres: ¿Por qué esos caminan erguidos sin ninguna carga?. ¿No tienen ustedes nada para poner sobre sus cuellos?.
Los siervos de Nabucodonosor enseguida trajeron alforjas, las llenaron de arena, y las colocaron sobre los hombros de los judíos, hasta que sus cuerpos quedaron encorvados. 

Además, en Babilonia no había molinos de piedra, pues el suelo de allí es solo de tierra blanda y arena. Cuando necesitaban moler especias, lo hacían en morteros de cobre o madera. Pero cuando Nabucodonosor conquistó Jerusalén, colocó sobre los hombros de los vigorosos jóvenes judíos piedras de molino para que las lleven a Babilonia. Así arruinó a los adolescentes, doblegando su fortaleza. 

SITUACIÓN DE PENA

En ese momento de penuria, los hijos de Israel alzaron sus voces y estallaron en llanto y su clamor ascendió hasta las alturas celestiales.

Luego salieron al encuentro de ellos los pobladores de Beery y otras ciudades vecinas, quienes veían que los judíos estaban sin ropa. Pensaron que seguramente el rey Nabucodonosor ama a los desnudos. Por eso sacaron las vestimentas a sus esclavos y los llevaron al rey para ofrecérselos.

Nabucodonosor al darse cuenta de lo que pensaron de él ordenó: “Vistan a los hijos de Israel”.

Así comenzó una nueva vida para los hijos de Israel, lejos de sus casas, y sin sus pertenencias. Había comenzado el duro exilio babilónico que se prolongaría por espacio de 70 años. A partir de este momento el pueblo judío tenía la posibilidad de darse cuenta que el único que los puede ayudar es el Amo del universo, y a Él concierne clamar y pedirle la salvación. Las estatuillas de piedra y demás imágenes que comenzaron a adorar, cambiándolas por el Todopoderoso, no tenían la fuerza suficiente para escuchar sus penas, solo el Di-s verdadero podía hacerlo. Por eso, pese a las aflicciones causadas por el exilio, algo bueno saldría de ello, el pueblo tenía la posibilidad de reflexionar, recapacitar, y recomponer su fe en Di-s.

AÑOS DESPUÉS

Algunos años más tarde, después de haber expulsado a los hijos de Israel de su tierra, Nabucodonosor decide enviar nuevamente a Navuzradán a Jerusalén, pero esta vez para conquistar el último bastión que quedaba en pie, el Templo Sagrado.
El jefe del ejército de Nabucodonosor tras una ardua lucha logró franquear la resistencia hasta llegar a penetrar al interior del Templo Sagrado. En ese momento comenzó a brotar en el Atrio Sagrado -Azará-, la sangre de Zejariá (Sacarías). La misma burbujeaba como si manara de un cuerpo recién fallecido, cuando en realidad habían transcurrido unos 250 años desde el asesinato.

Navuzradán vio esa imagen y preguntó a los sacerdotes –kohanim-, a que se debe. Ellos le respondieron: “Es sangre de los sacrificios sagrados: toros, ovejas y cabras”.
Enseguida el jefe del ejército envió a traer sangre de animales como los que mencionó el sacerdote –kohen- para ponerla al lado de la que emergía y burbujeaba, con el fin de compararla para ver si es igual. 

Tras el examen realizado se comprobó que lo que dijo el sacerdote no era cierto, pues las sangres no se parecían para nada a las recién traídas.

Navuzradán les dijo: “Si ustedes me dicen, bien, si no, peinaré la carne de ‘esta gente’ con peines de acero”.

Los sacerdotes le respondieron: “¿Qué te podemos decir?. El muerto era un profeta y también sacerdote, quien nos reprochaba en nombre de Di-s, y no escuchamos su reprenda. Encima nos levantamos y lo matamos. Desde ese momento la sangre no cesa de burbujear”.

Navuzradán sentenció: “¡Yo la calmaré!”.

Trajo a los jueces del Tribunal Mayor y también a los del Menor, y los mató en ese lugar. Las sangres derramadas formaron un río que llegó hasta donde se encontraba la de Zejariá. Después de eso, aun la sangre del profeta seguía burbujeando.

Por eso Navuzradán trajo varones y mujeres adolescentes de entre los hijos de Israel, y los asesinó en ese lugar. Pero la sangre de Zejariá no cesaba de burbujear.

El jefe del ejército trajo entonces niños pequeños judíos y los mató allí. Sin embargo la sangre de Zejariá no se calmaba.

Trajo a continuación ochenta mil jóvenes Kohanim y también los liquidó en ese lugar. Pero la sangre proseguía ardiente.

Finalmente Navuzradán dijo: “Zejariá, Zejariá: a todos los mejores de ellos he matado, ¿deseas que los extermine a todos?”.

En ese momento la sangre cesó de burbujear y se calmó totalmente.

CONSIDERACIÓN

Luego de contemplar esta escena, Navuzradán reflexionó sobre todo lo que había acontecido y se le cruzó por la mente la idea de convertirse al judaísmo. Pensó: “Si por una sola persona que estos mataron, el castigo resultó tan severo, respecto a ‘este hombre’ (refiriéndose a él mismo), que mató todas estas personas, ¡cuanto más grave será la pena!”. 

Tras esta reflexión Navuzradán huyó del frente de ataque, y del ejército que comandaba, envió un presente a su casa, y se convirtió al judaísmo.

MORALEJA

Al final, después de semejante tragedia, al menos sucedió algo positivo, pues cuando una persona se interna en el camino de la verdad después de haber pecado, es recibido por el Todopoderoso con los brazos abiertos. Pero analizando todo lo que hemos narrado, lo cual sucedió previo al final positivo de Navuzradán, podemos apreciar la enorme diferencia existente entre el rey sabio que fue dado por Di-s al pueblo judío, o sea Salomón, y el de similar capacidad que fue dado a las naciones, o sea Nabucodonosor. Salomón construyó, Nabucodonosor destruyó.

Ahora si, las naciones no podrán decir que no contaron con un dirigente capaz, tal como tuvo el pueblo de Israel. Sin embargo, hay otras cosas que podrían aludir de las cuales carecieron, como ser líderes poseedores de riqueza, hombres dotados de fortaleza física, o grandes profetas.

Por eso, otorgó el Creador al pueblo de Israel al rey David, a quien dio mucha riqueza. Con la misma el monarca adquirió el monte Moriá para construir en él el Templo Sagrado. Asimismo preparó mucha plata y oro para cubrir los gastos de la construcción de la casa de Di-s. 

Del mismo modo el Todopoderoso otorgó a las naciones un hombre a quien dio mucha riqueza, ese individuo fue Hamán, quien a diferencia de David, pretendió utilizar su fortuna para destruir por completo al pueblo elegido de Di-s.

También hombres dotados de una gran fortaleza el Todopoderoso dio a las naciones al igual que a Israel. A los judíos dio a Sansón –Shimshon-, quien fue nazareo, y a las naciones dio a Goliat, quien pretendió eliminar al pueblo judío.

Asimismo aconteció con los profetas, pues del mismo modo como a Israel dio el Todopoderoso a Moshé, a las naciones dio a Bilam. Moshé condujo al pueblo a una vida santa y pura. También les enseñó a apartarse del pecado. Y lo mismo hicieron los demás profetas del pueblo judío que sucedieron a Moshé.

Bilam en cambio, no solo que no hizo apartar a las naciones del pecado, sino que él mismo se comportaba perversamente. Hacía brujerías, hechizos y demás magias. Además era tremendamente orgulloso y vanidoso. Instó a las criaturas a pervertirse sexualmente, dando por tierra el cuidado que casi todos tenían después de la catástrofe ocurrida en el diluvio universal por haber violado este mandato Divino. Y no solo eso, sino que aconsejó a los midianitas introducir la perversión en el pueblo de Israel, logrando que pierdan la vida muchos judíos, tal como consta en el Pentateuco: (Números 25: 16): “Habló Di-s a Moshé diciendo: Hostiliza a los midianitas y mátalos, pues ellos os hostilizaron con sus artimañas con que os sedujeron en el asunto de Peor (era el nombre de un culto idólatra), y por causa de Kozvi, la hija de un príncipe de Midián, hermana de ellos, (quien al igual que sus coterráneas, se ofrecieron vilmente a los hijos de Israel para que pequen con ellas). (Kosvi también fue) abatida en el día de la plaga por el asunto de Peor”.

CIERRE

Hemos tenido la oportunidad de contemplar hacia donde llevaron al mundo los profetas, líderes y dirigentes de las naciones idólatras y desviadas. También apreciamos la influencia negativa que tuvieron en el pueblo judío, y los malestares que causaron a los hijos de Israel. Por eso, hay que ser cautos y no cometer nuevamente el mismo error, desviándonos tras las tentaciones que ellos ofrecen, y a través de las cuales pretenden introducirse entre nosotros para hacernos trastabillar y perder la fe en Di-s. 

Nuestra misión es sobreponernos a sus viles ofrecimientos, y proseguir el camino de santidad enseñado por nuestros profetas, líderes y maestros que siempre fueron fieles a la tradición bíblica. De esta manera, nos será posible alcanzar un nivel espiritual elevado y ser dignos servidores del Todopoderoso, quien al advertir nuestra fidelidad, seguramente nos permitirá gozar nuevamente del Templo Sagrado, la ciudad de Jerusalén reconstruida, y una vida en paz, feliz y honorable.

  • 1 – Dibrei Haiamim B 24: 17 a 21
  • 2 – Midrash Rabá Eijá, Petijá 23
  • 3 – Midrash Rabá Eijá, Petijá 30
  • 4 – Midrash Rabá Eijá, 5: 5
  • 5 - Midrash Rabá Amebuar. Eijá, 5: 5, ver la explicación que comienza con las palabras “Hu Erioj”.
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