En el
Pentateuco es descrito el crítico estado moral manifestado
por la generación que habitaba el mundo antes del diluvio
universal. Esta perversa conducta de los hombres fue advertida
por el Eterno: “Vio Di-s que es mucha la maldad del hombre
en la tierra, y todo lo que se origina en sus pensamientos,
únicamente mal todo el día” (Génesis 6: 5).
El Talmud cuenta, que los pobladores de ese entonces cometían
todo tipo de actos repudiables, y sumado a eso, delinquían
evadiendo la ley de manera sagaz.
Todos
sabemos que para llevar a juicio a un individuo por robo
o hurto, se requiere que lo que haya sustraído sea un elemento
de cierto valor mínimo, pues ¿quién podría denunciar al
vecino porque le sacó una aceituna de su canasta llena que
traía de la feria?. A nadie se le ocurriría concurrir al
departamento de policía y elevar una denuncia semejante.
Ahora bien, ¿qué pasaría si en vez de ser uno solo el que
realiza un acto como el que señalamos, cada uno que pasa
extrae una aceituna de nuestra canasta y la ingiere, o se
la lleva?. Quedaríamos con las manos vacías, sin poder reclamar
a nadie. Pues si nos dirigimos a las autoridades y les exponemos
lo que nos aconteció ¿condenarán a alguno de los sujetos
por habernos sustraído solo una aceituna?.
ESTO ACONTECÍA ANTES DEL DILUVIO
El descrito arriba, era el tipo de conducta característico
de las personas que habitaban la tierra en la era prediluviana.
Ese comportamiento era similar a lo que aconteció en Sodoma
y Gomorra, donde se cometían las mismas atrocidades. En
esos lugares, ocurría justamente lo que señalamos antes,
cada uno robaba algo minúsculo de su semejante, hasta que
entre todos, lo dejaban sin nada. Pero no era esa la única
abominación de aquel lugar, ya que además del pésimo comportamiento
de los pobladores, también sus estatutos eran espantosos.
Sus códigos de leyes estaban constituidos de la manera más
vil.
2Para poder imaginar la perversidad de esa gente, mencionaremos
algunos casos de hechos que sucedían en ese lugar, y están
registrados en el Talmud.
Cuando alguien hacía ladrillos para construir o vender,
debía realizar un gran esfuerzo. Pues necesitaba reunir
la paja, preparar el barro, amasar y hornear el producto.
Además, hay que tener en cuenta que la materia prima, el
espacio físico requerido, el horno y las demás herramientas,
requieren una inversión de dinero. Pero todo esto no interesaba
en absoluto a sus vecinos, quienes pasaban y tomaban una
unidad cada uno, hasta que dejaban a quién se disponía a
edificar o vender su mercancía que produjo, sin material.
Entonces el dueño le reclamaba a alguno de ellos por la
sustracción. Y la respuesta era “¿Qué quieres de mi vida,
yo solo tomé uno, me demandarás por un ladrillo?”.
Lo mismo acontecía con quién tenía plantaciones de ajo o
cebolla, o había adquirido una partida para comercializar.
El individuo disponía los bulbos en su campo, o en un terreno
que poseía, en hileras, para que se sequen y conserven por
largo tiempo. Este proceso permitía que luego puedan ser
vendidos de acuerdo a la demanda. Pero el dueño de esta
mercancía jamás la llegaba a vender, porque cada uno que
pasaba tomaba una unidad hasta que dejaba al dueño de la
producción con las manos vacías. Y cuando este les reclamaba,
la respuesta era idéntica al caso antes mencionado: “¿Me
demandarás por haber tomado una cabeza de ajo?”.
LOS MAGISTRADOS
También los propios jueces de ese lugar eran corruptos y
malvados.
Por ejemplo, había veces, en las que asistía a tribunales
algún habitante de la zona, pretendiendo demandar a otro
porque le asestó un golpe a su esposa y le produjo la pérdida
del embarazo. El juez tras analizar el caso sentenciaba
que el que propinó el golpe, tome a la mujer del demandante,
y cuando quede embarazada nuevamente se la reintegre “igual
a como estaba antes”.
La misma manera de proceder exhibían, cuando se presentaba
en tribunales un juicio por animales.
Por citar un caso, mencionaremos el que ocurrió cuando un
poblador fue al tribunal acusando a otro, de que le produjo
una lesión a su burro en la oreja, seccionándosela. El juez
escuchó los testimonios del demandante y el demandado, analizó
la situación y finalmente sentenció que el animal pase a
poder del que provocó el daño “hasta que le crezca nuevamente
la oreja”.
Cuando alguien se presentaba en el Palacio de Justicia reclamando
precisamente “justicia” por haber sido golpeado, el juez
le preguntaba ¿te sacó sangre?. El demandante respondía
afirmativamente. Entonces el juez sentenciaba: “En ese caso
le debes pagar tú a él, pues si asistes al médico para hacerte
una sangría te cobran, así que debes abonarle a quien te
extrajo sangre, por el servicio prestado”.
OTRA LEY PERVERSA
Tenían además una ley consistente en que quién cruza el
río por el puente debía abonar cuatro monedas, y quién lo
hace a nado, la tarifa era de ocho monedas.
En una ocasión, visitó el lugar un lavandero que no era
oriundo de allí y cruzó nadando. Llega al puesto de guardia
y le solicitan: “debes abonar cuatro monedas por peaje”.
El lavandero les comunica: “pero yo crucé por el agua!”.
Le dijeron: “En ese caso nos debes ocho monedas”. Se negó
a abonar y lo golpearon hasta que manó sangre de sus heridas.
La víctima eleva la denuncia al tribunal y se lleva a cabo
el juicio. Luego de escuchar a las partes, el juez sentencia,
“debes abonar ocho monedas por cruzar el río nadando y además
tienes que pagar al que te golpeó por haberte extraído sangre”.
En cierta ocasión, Eliezer, el siervo del patriarca Abraham
fue allí, y lo golpearon. Elevó la denuncia frente a las
autoridades y el juez le comunicó: “debes tanto dinero –le
dijo la cifra- por la extracción de sangre que te realizaron”.
Tras escuchar la sentencia, Eliezer tomó un objeto contundente
y comenzó a azotar al juez. Este le replica “¿qué haces?”.
El siervo de Abraham le respondió: “¡Lo que me tienes que
pagar a mí por haberte sacado sangre, dáselo a quién me
extrajo a mí, y mi dinero que quede como está!”.
EL FINAL DE LA BARBARIE
En el Talmud se relatan muchos otros episodios similares,
los cuales permiten comprender perfectamente cual fue la
causa de la destrucción de Sodoma y Gomorra. También, a
través de estos ejemplos comprendemos cuál fue la causa
del diluvio universal, pues como dijimos, la actitud de
esa generación tenía muchas cosas en común con los casos
expuestos.
Es por eso que tras acontecer en la tierra sucesos como
los narrados, y muchos más, el Creador anunció a Noaj, que
el final para todo ser vivo que hay sobre la superficie
terrestre, está cerca. También le ordenó construir el arca
que serviría de refugio a los que merecían salvarse de la
destrucción y serían los encargados de conservar su especie
en el futuro. Nos referimos a aquellos que no se entremezclaron
dando origen a mixturas, pues quién procedió así, no sería
aceptado en el navío.
La destrucción planeada por Di-s no ocurrió repentinamente
y sin aviso. Antes de llevar a cabo la triste tarea de enviar
el diluvio que causaría la destrucción total de la vida
que habitaba sobre el planeta, Di-s otorgó una última oportunidad
a la población para que reflexione y retome la senda del
bien.
Para que perciban la tormenta que sobrevendría, el Creador
ordenó a Noaj que la construcción de la embarcación se efectúe
en un plazo de 120 años. De esta manera la gente seguramente
le preguntaría por el motivo de su obra, y él les debía
explicar que por causa de la mala conducta que están teniendo,
Di-s originará un diluvio universal.
Los individuos se acercaban y preguntaban a Noaj por qué
construye un arca. Y este les explicaba, que por causa de
la mala conducta manifestada por las criaturas en la tierra,
Di-s traerá un diluvio. Pero pese a la advertencia, nadie
se apartó del mal camino. Por eso, a los 120 años desde
que Noaj comenzó la construcción del arca, Di-s trajo el
diluvio sobre la tierra.
Todos los humanos murieron allí, menos Noaj y su esposa,
más sus tres hijos y las esposas de ellos. Estos 8 individuos
ingresaron al arca, y estuvieron a salvo. Así preservaron
sus vidas, y fueron los artífices de la continuación de
la especie humana después del diluvio. También se salvaron
las parejas de animales que ingresaron con Noaj al arca,
siendo estos ejemplares, los encargados de continuar la
especie en la época postdiluviana.
Tras contemplar lo sucedido en la época del diluvio, apreciamos
que había dos opciones, seguir siendo vil e infame y morir
por el efecto de las aguas torrenciales, o abandonar el
camino perverso y convertirse en una persona correcta, ingresar
al arca y salvarse. La mayoría hizo caso omiso a las advertencias,
y prefirieron morir, en vez de plegarse al plan de Di-s,
entrar al arca y salvarse.
UNA REFLEXIÓN
El término hebreo atribuido a arca es “teva”. Este vocablo
-teva- significa “arca”, y también “palabra”. Es para enseñarnos,
que para estar a resguardo, debemos entrar a la “teva”,
es decir, a la “palabra” de Di-s, que es Su sagrada Torá.
Si ingresamos a la “teva” y estudiamos los estatutos, leyes
y decretos del Eterno para cumplirnos, estaremos a salvo
del diluvio de problemas que nos acosan. Al proceder de
esta manera, nuestras vidas serán felices y placenteras.
Respecto a la manera de entrar a la “teva”, es decir, estudiar
la palabra de Di-s, solo hace falta buena voluntad y predisposición.
Con estos elementos, estaremos en condiciones de aprender
todo lo necesario para vivir acorde a la voluntad Divina
y acreditarnos Su resguardo y protección.
En ningún momento uno debe pensar que no tiene capacidad
suficiente, y por eso se abstiene del estudio de la Torá.
En el libro Tana debí Eliahu se menciona el caso de un individuo
que se creía falto de capacidad, y el profeta Eliahu le
demostró que no es cierto, y su excusa no es válida.
Este fue exactamente el desenlace del suceso acontecido.
Cierta vez, -dice el profeta Eliahu- iba yo de lugar en
lugar, y me topé con un hombre que no sabía la Torá escrita
(el Pentateuco, los profetas y demás escritos sagrados),
ni la Torá oral (la Mishná, que explica los escritos sagrados).
El sujeto, hablaba palabras grotescas y burlonas, y se acercó
a mí.
En ese momento le dije: “hijo mío, ¿qué le responderás a
tu Padre Celestial en el día del juicio?”.
El sujeto respondió: “Rabi, ¡Tengo argumentos para responderle!,
¡No me han dado del Cielo inteligencia y capacidad de comprensión
para que lea y estudie!”.
Le pregunté: “Hijo mío, ¿de qué trabajas?”
Me respondió: “Soy pescador”
Le dije: “Hijo mío, ¿quién te enseñó a recolectar lino,
tejer las redes, lanzarlas al mar, y extraer pescado?”
Me comunicó: “Rabi, ¡para ello sí me han dado del Cielo
inteligencia y capacidad de comprensión!
Le dije: “¿Para a recolectar lino, tejer las redes, lanzarlas
al mar, y extraer pescado te han dado del Cielo inteligencia
y capacidad de comprensión, y para las palabras de la Torá,
sobre las cuales está escrito ‘porque la cosa está muy cercana
a ti, en tu boca y en tu corazón, para que la hagas’ (Deuteronomio
30: 14), no te han dado del Cielo inteligencia y capacidad
de comprensión?”.
Inmediatamente el individuo alzó su voz, estalló en llano
y se lamentaba.
Le dije: “Hijo mío, ¡no te aflijas!, Pues todos los demás
hombres responden de esta misma manera, según la actividad
que realizan. Aunque su desempeño en la labor prueba que
en realidad tienen inteligencia y potencial para comprender”.
Solo les falta tomar conciencia de su capacidad y aprovecharla
para abocarse al estudio de manera plena, y hacer la voluntad
de Di-s como corresponde.
A partir de este concepto mencionado, “abocarse al estudio
para hacer la voluntad de Di-s”, además de las bondades
que nos acreditamos por hacerlo, también nace la posibilidad
de la redención final que todos esperamos. ¡Sí, la tan ansiada
venida del Mesías, será por causa del estudio!.
¿Cómo es esto?
“El pueblo de Israel no será redimido por los sufrimientos
que atraviesan, por las opresiones a las que son sometidos,
por las idas y venidas, por las perturbaciones que padecen,
por las aflicciones, por la falta de alimento que soportan.
Serán redimidos por causa de diez individuos que se sientan
juntos, y leen y estudian con el compañero, y se oyen sus
voces”. (Tana debi Eliahu Zuta 14: 5)
Esta es la manera correcta de entrar a la “tevá” y quedar
a salvo de todos los diluvios para siempre, estudiar la
palabra de Di-s en armonía con los demás. De este modo,
estaremos haciendo la voluntad de Di-s a pleno, y seguramente
alcanzaremos el tan esperado momento de la redención final
en breve.
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