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El fin de los problemas

En el Pentateuco, más precisamente en el cuarto libro de Moshé, llamado Bamidvar (Números) encontramos la sección llamada “Bealotjá”, término este que significa “cuando enciendas (las velas del candelabro)”. En la misma se narra entre otras cosas, el primer viaje que emprendería el pueblo de Israel después de recibir la Torá en el monte Sinaí, detallándose puntillosamente el orden de marcha de las tribus con sus respectivos estandartes. 

Los versículos revelan a continuación, que los hijos de Israel viajaron por el desierto durante tres días, y luego de eso se quejaron, y parte de ellos reclamaron carne, y frutas como las que comían en Egipto. Esto causó graves problemas y altercados, por lo que el Todopoderoso ordenó a Moshé: “Reúneme setenta hombres de los ancianos de Israel, que sabes son de los ancianos (sabios) del pueblo y sus magistrados. Los llevarás a la tienda del plazo y ellos se pararán allí contigo”. (Números 11: 16)

Moshé pensó: “¿Qué haré ahora?. Si traigo cinco hombres de cada una de las doce tribus de Israel, no serán setenta los escogidos, sino sesenta. Y si traigo seis de cada tribu, resultarán setenta y dos y excederán el cupo solicitado”.

El líder judío reflexionó al respecto y decidió convocar a setenta y dos hombres, seis de cada tribu. Luego tomó setenta y dos trozos de papiro, en setenta de ellos escribió la palabra “anciano”, y a los dos restantes, los dejó en blanco.

Paso seguido mezcló todos los papiros en una urna y dijo a los setenta y dos individuos que había reunido: “vengan y escojan”. No obstante les aclaró: “quién extraiga un papiro donde está escrito ‘anciano’, ha de saber que fue nominado para ser ‘anciano’ (este atributo ‘anciano’ no solo indica que se trata de una persona entrada en años, sino dotado en la Torá y temeroso de Di-s), y si el papiro que extrajo está en blanco, sabrá que no fue nominado”.

El encargado de controlar el proceso de elección, cuando advertía que uno de los participantes tras ingresar su mano en la urna para escoger, había extraído un papiro en blanco, le informaba: “hay allí uno en el que está escrito ‘anciano’, si hubieras sido adecuado para ser nominado, el otro papiro hubiera subido en tu mano, y no, uno que está en blanco”.

De este modo fueron nominados los setenta ancianos solicitados por Di-s a Moshé.

Advertimos tras este suceso, la gran piedad de Moshé y el amor que tenía por los seres humanos, ya que tomó todos estos recaudos únicamente para que no haya resentimientos, riñas ni reclamos entre los integrantes de las tribus, en caso de que sean elegidos seis varones de una y cinco de otra, como finalmente acontecería. Y también fue precavido con los setenta y dos participantes escogidos para la elección final, a quienes nominó sutilmente, para que no haya ningún resquemor ni queja posterior esgrimida por los que no resulten elegidos.

Tras esto que hemos narrado, es importante destacar que Moshé no solo se comportaba de esta manera con las personas, sino también con todas las demás criaturas creadas por Di-s.

Una anécdota

Contaron nuestros sabios, que cuando uno de los cabritos se escapaba, Moshé lo perseguía corriendo tras de él hasta darle alcance. En ese momento, al ver que el animalito se hallaba en un sitio donde había agua para beber, se le acercaba tiernamente y le decía: “No sabía que corrías por causa de estar sediento, seguramente debes estar cansado” – entonces lo cargaba sobre sus hombros y lo regresaba al rebaño.

Uno de esos días en los que sucedió una escena como la que citamos, Di-s le dijo a Moshé: “¡Tú tienes piedad para conducir un rebaño humano!. ¡Tú pastorearás Mi rebaño, el pueblo de Israel!”.

Este fue el motivo por el cual Di-s convocó a Moshé para que sea el líder que saque al pueblo judío de Egipto, y lo conduzca a la libertad, tal como es narrado en el Pentateuco (en el libro del Éxodo) con lujo de detalles. 

Esto que aconteció en el pasado, hizo posible que en la actualidad podamos gozar de la tan ansiada libertad, siendo un pueblo libre (aunque esparcido entre las naciones). Por tal razón, no debemos olvidar que esta libertad de la que gozamos, se la debemos a aquellos ancestros que estuvieron esclavizados en Egipto, y soportaron viles penurias, vejaciones, y ultrajes a manos de los egipcios, tras lo cual clamaron fervientemente a Di-s, derramando frente a Él sentidas plegarias que brotaban de los más profundo de sus corazones, hasta que Di-s convocó a Moshé para que los libere. 

Por lo tanto, nosotros, que hoy por hoy gozamos de esa libertad que heredamos de nuestros ancestros que salieron de Egipto, y podemos ir de aquí para allá a hacer lo que deseamos, sin que nadie nos lo impida, debemos imitar lo que ellos hicieron cuando estaban oprimidos, elevando plegarias a Di-s de lo más profundo de nuestro corazón. Asimismo, también debemos imitar a nuestro formidable líder de antaño, llamado Moshé, asumiendo una conducta como la de él, teniendo piedad por las criaturas y ayudándoles en todo lo que esté a nuestro alcance. 

Actuando de esta manera, orando a Di-s de todo corazón, y haciendo por el prójimo, ayudándolo y no dejándolo caer, aliviando su situación y devolviendo la sonrisa a su rostro, lograremos alcanzar la unión entre los integrantes del pueblo judío. 

La unión es una de las condiciones requeridas para que Di-s nos envíe a un líder como Moshé, para que nos saque de la opresión espiritual en la que nos encontramos. Pues pese a que no somos esclavos de ninguna nación, vivimos inmersos en problemas, preocupaciones, y dolor. Y de esta situación tenemos que salir, tal como Di-s nos lo aseguró a través de los profetas de antaño, pero para que eso acontezca pronto, es necesario hacer lo mismo que nuestros ancestros hicieron (orar a Di-s en momentos de aflicción) y lo que nuestro líder Moshé hizo (ser amables con el prójimo, y preocuparse por su bienestar). 

De esta manera, el Todopoderoso se apiadará de nosotros, y nos enviará al líder esperado, llamado Mashiaj, para que nos conduzca a la tierra de Israel, pero esta vez, totalmente limpia de toda cosa que nos cause indignación, dolor o sufrimiento. Así seremos libres físicamente, tal como aconteció después de la salida de Egipto, y también espiritualmente, ya que no tendremos motivos de preocupación, y podremos vivir felices y en paz, sirviendo a Di-s todos los días con devoción y alegría. 

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