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EDUCACIÓN Y ENTORNO
de nuestros hijos

El sabio Moshé Sofer, popularmente conocido por el seudónimo de Jatán Sofer, era muy riguroso con el entorno de sus hijos. Por eso averiguaba constantemente cuáles son sus compañeros y les preguntaba mucho acerca de la conducta de ellos. 

Cierta vez, el citado sabio explicó a sus discípulos, la causa por la cual los padres deben interesarse en saber quienes son los compañeros de sus hijos, y como estos se comportan. Citó para ello un versículo del Pentateuco que habla de la preñez de Rivka, quien estaba embarazada de mellizos, acerca de los cuales fue escrito "pugnaban los hijos por salir" (Génesis 25: 22)

El exegeta Rashi explica la causa por la cual los hijos pugnaban en el vientre de su madre. Cuando Rivka pasaba cerca de las academias de Shem y Ever, donde se estudiaba Torá, el hijo que sería llamado Yaakov pugnaba por salir, pues tenía tendencia a estudiar Torá. Cuando la señora pasaba frente a un lugar donde practicaban idolatría, el hijo que sería llamado Esav pugnaba por salir, pues tenía tendencia a la practica de idolatría.

Ante este panorama descrito, es posible plantear una pregunta concreta y evidente. ¿Por qué cuando la madre pasaba cerca de las academias donde se estudiaba Torá, Yaakov pugnaba por salir?. Mas, teniendo en cuenta lo que nuestros sabios dijeron: cuando el hijo se encuentra en el vientre de su madre, se presenta un ángel y le enseña toda la Torá (Talmud, tratado de Nidá 30b). Asumiendo esto preguntamos ¿cabe la posibilidad de pensar que Yaakov necesitaba un maestro mejor que el ángel de Di-s para que le enseñe Torá?. ¡Es algo ilógico!.

El sabio Jatán Sofer sonrió y respondió: “cuando alguien convive en un mismo compartimiento con Esav el malvado, no hay ningún beneficio del estudio de la Torá que allí se efectúe, incluso que el mismo provenga de la boca del ángel de Di-s”. 

De lo enseñado por el sabio Jatán Sofer, aprendemos, que es imprescindible estar en alerta permanente respecto al entorno de nuestros hijos, para poder apartarlos a tiempo de las malas influencias. Actuar de esta manera implica adelantarse al futuro, es decir, ver desde el principio, que sucederá después. 

UN EJEMPLO

Para comprender mejor el citado concepto de calcular lo que sucederá en el futuro desde un principio, nos valdremos de un suceso relatado por Rabí Iosef Jaim, el máximo rabino de Bagdad, el siglo antepasado.

El erudito contó, que había dos hombres a quienes un intermediario llevó hasta lo del gran empresario para comprar mercadería. Uno de ellos no disponía de capital para adquirir mercancía para vender. Pero el capitalista le otorgó crédito, y le dio productos por la suma de tres mil dinarim (tipo de moneda de la época) a pagar en un plazo máximo de seis meses. El segundo señor no quiso adquirir más mercadería de lo disponía en ese momento, que eran trescientos dinarim.

Al ver su actitud, el intermediario le dijo, "Solicita también tú crédito como hizo el primer cliente, pues el empresario está dispuesto a venderte en las mismas condiciones. Así podrás obtener buenas ganancias. Pero si compras mercadería por valor de trescientos dinarim ¿de qué sirve?".

Le respondió: "De la mercadería adquirida, es posible ganar un veinte por ciento, o también existe el riesgo de perder un veinte por ciento. Y si efectivamente compro por el valor de tres mil dinarim, si gano, las utilidades serán muy altas, pero si pierdo un veinte por ciento, mis pérdidas treparán a seiscientos dinarim, y yo no dispongo sino de trescientos. ¿De dónde conseguiré los trescientos restantes?. Es posible que por esa causa me lleven a la cárcel. En cambio el que retiró el crédito, aunque sea que no dispone de capital propio para finiquitar la deuda en caso de pérdidas, de todos modos tiene a su padre, que es un conocido multimillonario, y si llegase a perder y lo llevan a la cárcel, él abonará la suma requerida para rescatar a su hijo y que salga en libertad. 

La declaración de este hombre prudente está basada en el sabio mensaje enseñado por nuestros maestros "La persona debe ver el futuro desde un principio", es decir, calcular lo que saldrá en el futuro de lo que se dispone a realizar en este momento. (Pirkey Abot 2: 1)

Este concepto debe ser aplicado para controlar el entorno de nuestros hijos, y así prever que sucederá con la influencia de esas amistades que posee. 

MÁS PROVECHO

Además de este gran beneficio concerniente a las amistades de nuestros hijos, este consejo de los sabios nos aporta también la base para programar otras facetas de la educación. 

Por ejemplo, si nos proyectamos mentalmente hacia el futuro, veremos a nuestro hijo adulto. Mientras permanecemos con esa imaginación en mente, pensamos ¿tiene cómo obtener su sustento honorablemente?. Es entonces cuando nos damos cuenta que es imprescindible enseñarle un oficio, para que a través del mismo, tenga acceso a una fuente de trabajo honorable y digna. De esta manera le será posible constituir una familia y mantenerla dignamente.

ENSEÑAR AL HIJO UNA PROFESIÓN

Un ejemplo claro de lo que dijimos lo hallamos en el siguiente relato, también contado por Rabí Iosef Jaim. 

Había un hombre muy rico, que tenía un único hijo al que crió con paciencia y amor. Cuando el joven llegó a tener dieciocho años, antes que contraiga enlace, su padre quiso enseñarle un oficio, y eligió el de joyero.

Para tal fin, contrató a un joyero profesional, cuyos trabajos se cotizaban el triple que los de sus colegas, debido a la belleza de sus creaciones.

Pero el hijo no quiso aprender, dado que esto requería esfuerzo y no estaba dispuesto a realizar ese sacrificio. Por eso dijo a su padre: “¿Acaso necesito de este trabajo? En nuestra casa hay una gran riqueza, y hay muchas personas que son sustentadas por ti gratuitamente, ¿por qué yo tengo que padecer esta aflicción y debo esforzarme en aprender este oficio tan duro?".

El padre le respondió: “Hijo mío, es mi deseo que aprendáis este trabajo".

El muchacho se negó nuevamente, por lo que su progenitor se vio forzado a sobornarlo con dinero. Le ofreció por cada día que cumpla con el requisito de asistir a clase, la suma de cinco monedas de oro. 

El profesional contratado conocía muy bien su trabajo, y se esforzó en transmitirle al joven todos los conceptos sobre la materia. 

Durante el tiempo que duró el estudio, el progenitor daba a su hijo la suma de cinco monedas de oro por día y al maestro le abonaba dos monedas de oro. Al contemplar esto, el joven pensaba ¡Qué tonto es mi padre, despilfarra tanto dinero por este oficio en forma vana, ya que no hay ninguna necesidad de él!.

Tras un año de estudio, el joyero logró cumplir con la misión encomendada por el padre, pues instruyó al adolescente y este captó perfectamente las enseñanzas.

SE REALIZA LA BODA

Tras aprender el oficio de joyero, unos meses más tarde, el joven conoció a la mujer de su vida. Con ella contrajo enlace y formó una hermosa familia.

No pasó mucho tiempo de la boda, y el padre del joven falleció. Tras este suceso, y luego de los días de duelo, el muchacho ingresó al tesoro de su progenitor. Se acercó hasta los cofres que contenían las bolsas repletas de oro, las sacó de allí y las llevó a su habitación. Su mujer estaba con él y vio todo.

Los años comenzaron a pasar, y el joven no cesaba de perder dinero. Hasta que dilapidó toda su fortuna, como así las propiedades, a las cuales tuvo que vender para pagar las deudas que contrajo. Finalmente quedó solo él, con su mujer y sus hijos, carentes de todo.

En ese momento, recordó a su padre, quien le enseñó el trabajo de joyero. También se acordó de los elementos que se necesitan para desenvolverse en esa profesión, los cuales estaban guardados en una habitación de la casa.

El joven se dirigió a ese cuarto, y abrió la puerta. Enseguida buscó los elementos y los extrajo de allí con gran alegría, pues con ellos se sustentaría ahora en forma digna. 

En el momento en el que sacó las herramientas, bendijo a su padre y dijo “Sea su descanso con honor y su alma glorificada por la eternidad". Cuando dijo esto, su mujer estaba con él y escuchó sus palabras.

Luego de retirar todo lo necesario, el joven se sentó y comenzó a ocuparse en su labor. Cada vez que golpeaba con el martillo sobre el yunque, se refería a su padre diciendo: “Sea su descanso con honor y su alma glorificada por la eternidad en el Jardín del Edén".

La mujer escuchaba todo y un día le dijo: “Hay algo que me sorprende en gran manera, ¿por qué en el momento en que ingresasteis al tesoro de tu padre que te dejó por herencia, y tomasteis toda la fortuna que te dejó, no escuché que lo bendijeses. Y ahora que tomasteis las herramientas que requieren esfuerzo y sudor, del cuarto donde estaban guardadas, bendijisteis a tu padre y a cada momento que te ocupáis en la labor con esfuerzo, lo bendices? ¿A qué se debe?".

El hombre respondió a su esposa: “Cuando era yo un adolescente, mi padre ansió enseñarme este oficio, y contrató a un famoso profesional.

Yo me rehusé y él se vio obligado a derrochar mucho dinero para sobornarme, hasta que aprendí.

Cada día yo pensaba en mi corazón, que era una tontería de su parte, pues ¿para qué necesito de tal profesión?.

Sin embargo, ahora la rueda giró, y todo aquel dinero que dejó se perdió, y no me quedó ninguna forma de lograr sustento. Solamente este oficio que me enseñó mi padre por la fuerza.

Ahora sé, que mi progenitor era sabio, y me hizo un gran bien enseñándome esta profesión. Pues es un capital que se mantendrá por siempre para que pueda a través de él lograr todo lo necesario para nuestra manutención. Y si no hubiese sido por él, todos nosotros hubiésemos perecido de hambre. Es por eso que lo recuerdo para elogio, lo bendigo y honro cada día. Es en compensación por todo lo que lo desprecié en mi corazón en momentos en que estudié el oficio pensando que es una tontería, Di-s libre. 

MORALEJA

De este suceso comprobamos cuan sabias son las palabras de nuestros maestros, quienes dijeron: Está obligado el padre a enseñar a su hijo Torá y un oficio (además de circuncidarlo y rescatarlo según la ley si es primogénito). Rabí Iehuda aclara, quién no enseña a su hijo una profesión, le está enseñando a delinquir, pues si no tiene como lograr una manutención digna de su hogar, ya que ningún trabajo sabe hacer, entonces se convertirá en un asaltante. (Talmud, tratado de Kidushim 29ª - Rashi)

Al pie de la citada sentencia, se explica cuales son los trabajos que le debe enseñar el padre a su hijo. Deben ser limpios y que no provoquen un desgaste físico excesivo. Además, le debe enseñar que no depende de él lo que va a ganar, sino que debe hacer el esfuerzo en su trabajo y pedir a Di-s que le envíe retribución por el mismo. 

Actuando de esta manera, controlando la calidad de las amistades de su hijo, viendo el futuro desde el principio, y enseñándole Torá y un oficio, el padre logrará para su retoño un entorno y una educación sobrios y ecuánimes. Lo cual le permitirá crecer sano mental y espiritualmente, formar una familia digna y desarrollar una vida llena de felicidad, armonía y paz. 

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