Desde
la conquista de Israel
hasta
la destrucción del Templo Sagrado
El
Pentateuco narra la salida de Israel de Egipto, el viaje
por el desierto que duró cuarenta años, y a continuación,
el momento en que el pueblo judío avanza hacia la tierra
prometida. Los versículos describen como en el tramo final,
los judíos se aproximan a Moab, nación esta que era gobernada
por Balak.
Al
escuchar del avance de Israel, el rey de Moab, vio todo
lo que había hecho Israel a los emorreos, quienes eran una
de las principales potencias mundiales en aquellos tiempos.
Sin embargo, a pesar del semejante poderío del enemigo,
los judíos los derrotaron terminantemente. Al ver a la gran
nación vencida, el pueblo de Moab temió mucho y decidió
aconsejarse con los ancianos de Midián.
Hicieron
esto, pese a que Moab y Midián eran dos naciones que jamás
se habían llevado bien entre ellas. Pero aun así, por causa
del gran temor que sintieron por el avasallante avance de
Israel, quienes triunfaban en la batalla de manera sobrenatural,
decidieron unirse para buscar una solución al problema.
Los
representantes de Moab preguntaron a los de Midián acerca
de las características del líder judío, que era Moshé, para
saber en que se basa su fuerza.
Los
medianitas revelan el dato
Los
medianitas contaban con ese dato porque Moshé había crecido
en el país de ellos. Por eso, enseguida dijeron a los moabitas:
“¡La fuerza de él está en su boca!”.
De
inmediato sentenciaron: “Llamemos a Bilam, que también tiene
mucha fuerza en su boca”.
Así
fue como decidieron enviar mensajeros a “Petor”, una ciudad
que se ubicaba junto al río, para llamar a Bilam que vivía
allí.
Reflexionando
Después
de haber escuchado esto uno se pregunta: ¿Por qué razón
el Todopoderoso dio a los gentiles profetas tan grandes
como los que otorgó al pueblo de Israel?. Pues de aquí se
ve que Bilam era muy poderoso en ese aspecto, similar a
Moshé.
Lo
que ocurre es, que Di-s no quiso dejar a las naciones del
mundo, las cuales no aceptaron la Torá, la posibilidad de
abrir la boca en el futuro, en el día del gran juicio. Pues
en ese momento ellos podrían aludir que no hicieron la voluntad
de Di-s porque carecieron de líderes y profetas como los
que tuvo el pueblo judío.
Por
esta razón, para que en el futuro no haya quejas ni protestas,
el Todopoderoso dio a Israel un rey muy sabio como lo fue
Shelomo (Salomón), y también a las naciones dio un rey muy
sabio, que fue Nabucodonosor.
Sin
embargo, fue muy diferente la manera en que ambos se comportaron
durante su paso por el mundo. El rey Shelomó empleó su sabiduría
para componer innumerables alabanzas y cánticos en honor
del Creador. Además, construyó el Templo Sagrado.
Nabucodonosor
en cambio, utilizó la enorme capacidad con la que fue dotado
por Di-s para desterrar al pueblo judío y destruir el Templo
Sagrado que construyó Shelomó.
Este
es el detalle de los acontecimientos, que culminó con la
funesta acción de Nabucodonosor.
El
detalle
Entre
los reyes que gobernaron en Jerusalem antes de la destrucción
del Templo Sagrado, hallamos a Yoash. Este monarca se condujo
por la senda del bien todo el tiempo que estuvo con vida
Yeoyadá el Cohen. Luego que este último falleció a la edad
de 130 años, el rey se dejó influenciar por los hombres
de Yehuda quienes le propusieron escuchar todos sus mandatos
con la condición que les permita ser como los demás pueblos,
quienes adoran a los diversos ídolos.
Tras
este convenio el rey se apartó del camino de Di-s, y también
el pueblo lo hizo. Los hijos de Israel comenzaron a cometer
actos idólatras, abandonando al Todopoderoso. Por eso, el
hijo de Yeoyadá, de nombre Zejariá, sobre quien se había
posado el espíritu de Di-s, salió a reprender al pueblo,
les dijo: “Así dijo Di-s: ¿por qué transgredís los preceptos
del Todopoderoso, y no tendréis éxito (en lo que hagáis),
pues abandonasteis a Di-s, y por eso El os abandonará?”.
El
pueblo no hizo caso a las palabras de Zejariá, y lo mataron
a pedradas en el interior del Templo Sagrado por orden del
rey.(2 Crónicas
24: 17 a 21)
En
ese día, al realizar el macabro acto recién citado, los
malvados que había en el pueblo de Israel cometieron siete
transgresiones:
1.Mataron un -Cohen- oficiante del Templo Sagrado (pues
Zejariá era Cohen)
2.Mataron un Profeta (pues Zejariá lo era)
3.Mataron un Juez (pues Zejariá lo era)
4.Derramaron sangre inocente (es un pecado independiente,
sin tomar en cuenta la honorabilidad de la persona)
5.Profanaron el nombre de Di-s (matando a su maestro,
Cohen, y profeta a la vista de los no judíos en un lugar
tan sagrado y en un día tan sagrado)
6.Impurificaron la Azará (el atrio del Templo - con
un muerto)
7.Profanaron el Shabat (ese día era Shabat)
8.Profanaron el día de Yom Kipur (ese día era también
Yom Kipur)
Yoash
no actuó como lo hicieron los reyes justos que hubo en Israel,
quienes no solo se condujeron acorde a la voluntad Divina,
sino que cuando lo necesitaron solicitaron socorro a Di-s
en vez de confiar en sus propias fuerzas, Yoash se comportó
bien diferente.
Rememorando
En
Israel hubo cuatro reyes justos que pidieron ayuda al Todopoderoso
para enfrentar a sus enemigos. Ellos fueron: David, Asa,
que era el nieto de Shelomó, Ioshafat hijo de Asa, y Jizkiahu.
El
Todopoderoso ayudó a ellos, y triunfaron en la batalla.
Además, algo digno de destacar es, que cada uno de ellos,
en orden progresivo pensaba que no es digno él ni su generación
como lo eran las pasadas, por eso cada uno pidió más ayuda
a Di-s que la que había solicitado su antecesor.
David
pidió a Di-s: “Ayúdame, entonces perseguiré a mis enemigos,
los alcanzaré y no tornaré hasta exterminarlos”.
Di-s
le respondió: “¡Yo actuaré (tal como pediste)!”. Y así aconteció.
El
rey Asa pidió al Todopoderoso: “Yo no tengo fuerza para
matar a las huestes enemigas, por eso yo los perseguiré
y Tú actuarás”.
Di-s
le respondió: “¡Yo actuaré (tal como pediste)!”. Y así aconteció.
Posteriormente
Ieoshafat pidió: “Yo no tengo fuerza para matar a las huestes
enemigas ni para perseguirlos, por eso yo entonaré una alabanza
y Tú actuarás”.
Di-s
le respondió: “¡Yo actuaré (tal como pediste)!”. Y así aconteció.
Jizkiahu
pidió al Todopoderoso: “Amo del universo: Yo no tengo fuerza
para matar a las huestes enemigas ni para perseguirlos,
y tampoco para entonar alabanza, por eso me acostaré a dormir
en mi cama y Tú actuarás”.
Di-s
le respondió: “¡Yo actuaré (tal como pediste)!”. Y así aconteció.
Los
versículos narran como ocurrió este último suceso que mencionamos:
(2 Reyes 19: 35): “Aconteció en esa noche, que salió el
ángel de Di-s y aniquiló al campamento de Ashur (donde era
rey Sanjeriv). Los eliminados fueron 185.000 hombres (comandantes
de tropas). Por la mañana (los pocos que quedaron vivos)
se levantaron y encontraron a todos los jefes muertos, y
también a los soldados que estaban con ellos.
Los
sobrevivientes que se salvaron fueron muy pocos, no siendo
más que catorce hombres. Entre ellos se encontraban Nabucodonosor
y Navuzradán.
Lo
que ocurrió luego
Años
después, cuando la tribu de Yehudá provocó la rebelión de
Israel contra Di-s, tal como lo mencionamos arriba, en ese
entonces el Todopoderoso dijo a Nabucodonosor: “Sube y destruye
el Templo Sagrado”.
Nabucodonosor
pensó: “Di-s quiere arrastrarme para que haga la guerra
en Jerusalem y luego hacerme lo mismo que hizo a mi abuelo
Sanjeriv, el rey de Ashur, cuando pretendió guerrear con
Jizkiahu”.
Nabucodonosor
no creía que Di-s destruiría Jerusalem, pues ¿quién puede
pensar semejante cosa después de todos los milagros que
el Todopoderoso había hecho con el poderosísimo ejército
de Sanjeriv?.
Lo
que hizo entonces fue aguardar en Dafne, que quedaba en
Antioquia, entre Babilonia e Israel. En tanto envió a Navuzradán,
ministro de su ejército, para que destruya Jerusalem.
Navuzradán
sitió a Jerusalem durante tres años y medio. Cada día, rondaba
para ver si sus tropas consiguieron abrir una brecha en
la muralla que protegía la ciudad. Pero pese a la insistencia
no lograron hacer allí ninguna mella. Por eso Navuzradán
decidió abandonar la misión, y regresar.
En
ese momento, el Todopoderoso introdujo una idea en el corazón
de Navuzradán: medir la altura de la muralla cada día.
Al
poner en práctica esta idea, comprobó que la altura de la
muralla decrecía cada día dos puños y medio, eso indicaba
que poco a poco se estaba hundiendo en la tierra.
Esto
prosiguió así hasta que la misma desapareció por completo.
En ese momento el invasor ingresó a Jerusalem, rompiendo
todos los pronósticos que existían, pues ninguno de todos
los reyes que había sobre la faz de la tierra esperaba que
alguien pueda penetrar a la ciudad de Jerusalem. Solo un
milagro podía hacer que eso suceda. Al ser que el pueblo
judío pecó, posibilitó ese milagro, siendo los hijos de
Israel enviados al exilio por esa causa.
Un
dato importante
Nabucodonosorhabía ordenado a Navuzradán: El Di-s de ellos acepta
a los arrepentidos, y los recibe con las manos abiertas,
por eso, cuando conquistes la ciudad, no les permitas orar
y pedir clemencia a su Di-s, pues si lo hacen este hombre
(Nabucodonosoren
referencia a él mismo) correrá la misma suerte que Sanjeriv.
No desprecies la fuerza de ellos que está en sus bocas y
corazones, a pesar de que estén encadenados. Has de ser
cuidadoso en no dejarles ninguna opción.
Navuzradán
finalmente conquistó Jerusalem y cumplió la orden del reyazotando al pueblo judío para que marche sin detenerse.
Cuando alguien desobedecía, y no podía seguir, lo tomaba,
cortaba su cuerpo en pedazos y lo arrojaba delante de los
hijos de Israel. Ellos, al ver esta escena, caminaban sin
parar todo el tiempo que sus fuerzas les permitían hacerlo.
Recién
pudieron descansar cuando llegaron al río Perat. En ese
lugar Navuzradán ordenó a sus soldados dejar al pueblo judío
hacer un alto porque sabía que “desde aquí en más, Di-s
ya no tornará a ellos para regresarlos a su tierra”.
Un
alto en el camino
Los
hijos de Israel se hallaban sedientos y bebieron de las
aguas del río Perat. Solo que ellos estaban habituados a
beber aguas de lluvia y manantial, por eso, ante el brusco
cambio, muchos perdieron la vida en ese lugar. Es por eso
que el libro de los Salmos declara (137: 1): “Sobre los
ríos de Babilonia, allí reposamos, y también lloramos”.
El
motivo del llanto era por los que fueron matados por el
ejército de Nabucodonosor, pero también lloraban por los
muertos en el camino, a quienes los soldados no permitieron
dar sepultura, y ahora los que fallecieron por beber las
aguas del río Perat.
Pero
eso no fue todo. Nabucodonosor se encontraba allí navegando
en una embarcación junto a sus ministros. Mientras los reyes
de Yehudá totalmente desnudos, con sus manos sujetadas por
detrás con cadenas de hierro,caminaban por la orilla del río, formando parte de
la gran caravana de judíos exiliados.
En
ese momento Nabucodonosor alza sus ojos y contempla la escena.
Inmediatamente después de ver eso pregunta a sus hombres:
¿Por qué esos caminan erguidos sin ninguna carga?. ¿No tienen
ustedes nada para poner sobre sus cuellos?.
Los
siervos de Nabucodonosorenseguida trajeron alforjas, las llenaron de arena,
y las colocaron sobre los hombros de los judíos, hasta que
sus cuerpos quedaron encorvados.
Cabe
aclarar que en Babilonia no había molinos de piedra, pues
el suelo de allí es solo de tierra blanda y arena. Por eso,
cuando necesitaban moler especias, lo hacían en morteros
de cobre o madera. Pero cuando Nabucodonosorconquistó Jerusalem, colocó sobre los hombros de
los vigorosos jóvenes judíos piedras de molino para que
las lleven a Babilonia. Así arruinó a los adolescentes,
doblegando su fortaleza e integridad física.
El
grito sagrado
En
ese momento de penuria, los hijos de Israel alzaron sus
voces y estallaron en llanto y su clamor ascendió hasta
las alturas celestiales.
Luego
salieron al encuentro de ellos los pobladores de Beery y
otras ciudades vecinas, quienes veían que los judíos estaban
sin ropa. Pensaron que seguramente el rey Nabucodonosor
ama a los desnudos. Por eso quitaron las vestimentas a sus
esclavos y los llevaron al rey para ofrecérselos.
Nabucodonosor
al darse cuenta de lo que pensaron de él ordenó: “Vistan
a los hijos de Israel”.
Así
comenzó una nueva vida para los hijos de Israel, lejos de
sus casas, y sin sus pertenencias. Había comenzado el duro
exilio babilónico que se prolongaría por espacio de 70 años.
A partir de este momento el pueblo judío tenía la posibilidad
de darse cuenta que el único que los puede ayudar es el
Amo del universo, y a El concierne clamar y pedirle la salvación.
Las estatuillas de piedra y demás imágenes que comenzaron
a adorar, cambiándolas por el Todopoderoso, no tenían la
fuerza suficiente para escuchar sus penas, solo el Di-s
verdadero podía hacerlo. Por eso, pese a las aflicciones
causadas por el exilio, algo bueno saldría de ello, el pueblo
tenía la posibilidad de reflexionar, recapacitar, y recomponer
su fe en Di-s.
Posteriormente
Algunos
años más tarde, después de haber expulsado a los hijos de
Israel de su tierra, Nabucodonosor decide enviar nuevamente
a Navuzradán a Jerusalem, pero esta vez para conquistar
el último bastión que quedaba en pie, el Templo Sagrado.
El
jefe del ejército de Nabucodonosor tras una ardua lucha
logró franquear la resistencia hasta llegar a penetrar al
interior del Templo Sagrado. En ese momento comenzó a brotar
en la Azará (el Atrio sagrado), la sangre de Zejariá. La
misma burbujeaba como si manara de un cuerpo recién fallecido,
cuando en realidad habían transcurrido unos 250 años desde
el asesinato.
Navuzradán
vio esa imagen y preguntó a los Cohanim (oficiantes del
Templo Sagrado), a que se debe. Ellos le respondieron: “Es
sangre de los sacrificios sagrados: toros, ovejas y cabras”.
Enseguida
el jefe del ejército envió a traer sangre de animales como
los que mencionó el Cohen para ponerla al lado de la que
emergía y burbujeaba, con el fin de compararla para ver
si es igual.
Tras
el examen realizado se comprobó que lo que dijo el Cohen
no era cierto, pues las sangres no se parecían para nada
a las recién traídas.
Navuzradán
les dijo: “Si ustedes me dicen, bien, si no, peinaré la
carne de ‘esta gente’ con peines de acero”.
Los
Cohanim, temerosos, le respondieron: “¿Qué te podemos decir?.
El muerto era un profeta y también Cohen, quien nos reprochaba
en nombre de Di-s, y no escuchamos su reprenda. Para colmo
nos levantamos contra él y lo matamos. Desde ese momento
la sangre no cesa de burbujear”.
Navuzradán
sentenció: “¡Yo la calmaré!”.
Trajo
a los jueces del Sanhedrín (Tribunal Mayor de justicia)
y también a los del Tribunal Menor, y los mató en ese lugar.
Las sangres derramadas formaron un río que llegó hasta donde
se encontraba la de Zejariá. Después de eso, aun la sangre
del profeta seguía burbujeando.
Por
eso Navuzradán trajo varones y mujeres adolescentes de entre
los hijos de Israel, y los asesinó en ese lugar. Pero la
sangre de Zejariá no cesaba de burbujear.
El
jefe del ejército trajo entonces niños pequeños judíos y
los mató allí. Sin embargo la sangre de Zejariá no se calmaba.
Trajo
a continuación ochenta mil jóvenes Cohanim y también los
liquidó en ese lugar. Pero la sangre proseguía ardiente.
Finalmente
Navuzradán dijo: “Zejariá, Zejariá: a todos los mejores
de ellos he matado, ¿deseas que los extermine a todos?”.
En
ese momento la sangre cesó de burbujear y se calmó totalmente.
Luego
de contemplar esta escena, Navuzradán reflexionó sobre todo
lo que había acontecido y se le cruzó por la mente la idea
de convertirse al judaísmo. Pensó: “Si por una sola persona
que estos mataron, el castigo resultó tan severo, respecto
a ‘este hombre’ (refiriéndose a él mismo), que mató todas
estas personas, ¡cuánto más grave será la pena!”.
Tras
esta reflexión Navuzradán huyó del frente de ataque, y del
ejército que comandaba, envió un presente a su casa, y se
convirtió al judaísmo.
Al
final, después de semejante tragedia, al menos sucedió algo
positivo, pues cuando una persona se interna en el camino
de la verdad después de haber pecado, es recibido por el
Todopoderoso con los brazos abiertos. Pero analizando todo
lo que hemos narrado, lo cual sucedió previo al final positivo
de Navuzradán, podemos apreciar la enorme diferencia existente
entre el rey sabio que fue dado por Di-s al pueblo judío,
o sea Shelomó, y el de similar capacidad que fue dado a
las naciones, o sea Nabucodonosor. Shelomó construyó, Nabucodonosor
destruyó.
Ahora
sí, las naciones no podrán decir que no contaron con un
dirigente capaz,tal
como tuvo el pueblo de Israel. Sin embargo, hay otras cosas
que podrían aludir de las cuales carecieron, como ser líderes
poseedores de riqueza, hombres dotados de fortaleza física,
o grandes profetas.
Por
eso, otorgó el Creador al pueblo de Israel al rey David,
a quien dio mucha riqueza. Con la misma el monarca adquirió
el monte Moriá para construir en él el Templo Sagrado. Asimismo
preparó mucha plata y oro para cubrir los gastos de la construcción
de la casa de Di-s.
Del
mismo modo el Todopoderoso otorgó a las naciones un hombre
a quien dio mucha riqueza, ese individuo fue Hamán, quien
a diferencia de David, pretendió utilizar su fortuna para
destruir por completo al pueblo elegido de Di-s. (Tal como
es narrado con lujo de detalles en el libro de Ester que
se encuentra en el Tanaj -la Biblia-)
También
hombres dotados de una gran fortaleza el Todopoderoso dio
a las naciones al igual que a Israel. A los judíos dio a
Shimshon (Sansón), quien fue “nazir”, (consagrado a Di-s)
y a las naciones dio a Goliat, quien pretendió eliminar
al pueblo judío.
Asimismo
aconteció con los profetas, pues del mismo modo como a Israel
dio el Todopoderoso a Moshé, a las naciones dio a Bilam.
Moshé condujo al pueblo a una vida santa y pura. También
les enseñó a apartarse del pecado. Y lo mismo hicieron los
demás profetas del pueblo judío que sucedieron a Moshé.
Bilam
en cambio, no solo que no hizo apartar a las naciones del
pecado, sino que él mismo se comportaba perversamente. Hacía
brujerías, hechizos y demás magias. Además era tremendamente
orgulloso y vanidoso. Instó a las criaturas a pervertirse
sexualmente, dando por tierra el cuidado que casi todos
tenían después de la catástrofe ocurrida en el diluvio universal
por haber violado este mandato Divino. Y no solo eso, sino
que aconsejó a los medianitas introducir la perversión en
el pueblo de Israel, logrando que pierdan la vida muchos
judíos, tal como consta en el Pentateuco: (Números 25: 16):
“Habló Di-s a Moshé diciendo: Hostiliza a los medianitas
y mátalos, pues ellos os hostilizaron con sus artimañas
con que os sedujeron en el asunto de Peo”r (era el nombre
de un culto idólatra), y por causa de Kozvi, la hija de
un príncipe de Midián, hermana de ellos, (quien al igual
que sus coterráneas, se ofrecieron vilmente a los hijos
de Israel para que pequen con ellas). (Kosvi también fue)
abatida en el día de la plaga por el asunto de Peo”r”.
Hemos
tenido la oportunidad de contemplar hacia donde llevaron
al mundo los profetas, líderes y dirigentes de las naciones,
y también apreciamos la influencia negativa que tuvieron
en el pueblo judío, y los malestares que causaron a los
hijos de Israel. Por eso, debemos ser cautos y no debemos
cometer nuevamente el mismo error desviándonos tras las
tentaciones que ellos ofrecen, y a través de las cuales
pretenden introducirse entre el pueblo judío para hacernos
trastabillar y perder la fe en Di-s.
Nuestra
misión es sobreponernos a sus viles ofrecimientos, y proseguir
el camino de santidad enseñado por nuestros profetas, líderes
y maestros. De esta manera, podremos llegar a alcanzar un
nivel espiritual elevado y ser dignos servidores del Todopoderoso,
quien al advertir nuestra fidelidad, seguramente nos permitirá
gozar nuevamente del Templo Sagrado, la ciudad de Jerusalem
reconstruida, y una vida en paz, feliz y honorable.
1 –
Dibrei Haiamim B 24: 17 a 21
2 –
Midrash Rabá Eijá, Petijá 23
3 –
Midrash Rabá Eijá, Petijá 30
4 –
Midrash Rabá Eijá, 5: 5
5 - Midrash
Rabá Amebuar. Eijá, 5: 5, ver la explicación
que comienza con las palabras “Hu Erioj”.
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