Es una costumbre
judía dejar crecer el cabello a los niños durante sus primeros
tres años de vida. Por eso, en esta oportunidad, nos abocaremos
a brindar el motivo de esa costumbre y los orígenes de la
misma.
Esto es lo que
los sabios dijeron al respecto:
La Torá compara a la persona al árbol: (Devarim 20: 19):
"Porque el hombre es un árbol... ". Y con respecto a ellos
(a los árboles), se dijo: (Vaikrá 19: 23): "Cuando viniereis
a la tierra (Israel), y sembrareis todo árbol frutal, su
fruto permanecerá cubierto durante tres años, (todo lo que
produzca en ese tiempo), no será comido".
Esta es la razón de la tan popular costumbre de dejar al
niño crecer su cabello durante los tres primeros años, y
luego de ese lapso, se realiza una ceremonia festiva, donde
su cabellera será cortada por primera vez. (Shulján Aruj,
Oreaj Jaim 531: 7, Shaarei Teshuba)
Con respecto al motivo de este precepto desde un punto de
vista natural, es posible decir que las frutas producidas
por los árboles en sus primeros tres años de vida, causan
trastornos al aparato digestivo. La causa es, porque aun
permanece en ellos un marcado estado de humectancia, causado
por la absorción de sustancias proteicas de la tierra y
líquidos, necesarios para su desarrollo, sin que aun los
rayos solares y el efecto del aire hayan podido inducirse,
infiltrando en ellos calor suficiente para secar esa acuosidad.
Por eso, los frutos producidos por el árbol en ese estado,
serán acuosos y arenosos. Este fenómeno es similar al que
acontece con los peces que no tienen escamas, los cuales
al no contar con esa protección ante el agua que choca contra
sus cuerpos en forma permanente, manifiestan en la carne
de ellos, un predominio sustancial de acuosidad. (Rabino
Bejaie Kedoshim 19: 23)
En conclusión, tal como lo expresamos, al compararse al
ser humano con el árbol, el cual hasta la edad de tres años,
tampoco puede dar sus frutos en forma óptima y provechosa,
como ser, hablar, comprender, discernir entre el bien y
el mal, etc. por tal razón, la citada costumbre de dejar
crecer su cabello hasta ese entonces, y a partir de ese
momento se inicia una instrucción seria a través de docentes
profesionales, llevándolo a un jardín de infantes competente,
en el cual el niño aprenderá las letras, luego a leer, y
recibirá una orientación espiritual adecuada que le permita
la posibilidad de seguir desarrollándose en el futuro, y
poder producir buenos y abundantes frutos.
Este momento, es muy importante, a tal punto que los sabios
dijeron: "Cuando llega el tiempo de enviar al chico al colegio,
debe el padre madrugar, despertar al niño, y llevarlo a
su maestro. Y es correcto que él mismo lo haga, aunque se
trate de un individuo importante, acaudalado, o sea un rabino.
En ninguna circunstancia debe sentir algún tipo de vergüenza
por llevar a su hijo la primera vez ante el maestro. Es
más, luego de hacerlo, corresponde que agradezca al Creador
por haberle adjudicado un hijo, y la posibilidad de hacerlo
ingresar "debajo de las alas de la presencia Divina" (Kav
Haiashar 72)
Todo este esfuerzo que el padre realiza para que su hijo
crezca en un entorno acorde, estará permanentemente presente
frente al Creador, Quien en mérito de la acción de este
progenitor, Velará por ese niño, y lo protegerá.
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