¡Que
bueno es conformarse con lo que uno tiene! (Incluye
el "cuento de un zorro")
Dos individuos vivían en el
mismo barrio, y dialogaban con frecuencia. Uno de ellos
era próspero y exitoso, poseedor de ganado lanar y vacar,
dueño de campos y viñedos. Su mesa era elegante y exquisita,
parecida a la de un rey, y su vivienda era hermosa y amplia.
Pero el aspecto del dueño de todo esto, desentonaba con
tamaña magnificencia, pues era flacucho y débil.
Su vecino, sin embargo, trabajaba
en la orfebrería, y el dinero que ganaba no era mucho. No
podía comprar carne para comer todas las noches, haciéndolo
solamente los días jueves, para preparar la comida en honor
al Shabat.
La vivienda de este hombre
estaba semivacía. Los muebles y utensilios que allí había
eran escasos, viejos, y gastados. Las camas eran precarias,
y la superficie de la casa era tan estrecha que vivían muy
ajustados. Pero era un hombre sano y fuerte, de gran contextura
física y siempre estaba alegre.
En una de las conversaciones,
el vecino rico le preguntó al pobre ¿Qué piensas acerca
de la gran diferencia que hay entre nosotros?, ¿Por qué
yo tengo mucho dinero y bienes, y a pesar de ello mi aspecto
es desmejorado y falto de alegría, mas tú, pese a que trabajas
arduamente durante todo el día para ganar solo unas monedas,
eres fuerte, robusto y alegre?.
El vecino le respondió: La
causa es, porque tú eres una persona propensa a enojarse
y ponerse nervioso. Por tal razón, al menos diez veces al
día te enfadas con tus servidores y pobladores de tu casa.
Ese enojo, disminuye tu carne y debilita tus fuerzas.
Además tienes por naturaleza,
tendencia a la codicia y a las tentaciones mundanas. Sumemos
a ello que pasas la jornada envidiando lo de los demás.
Por tales razones, todos tus días son solo aflicción y dolor,
ya que estás siempre inmerso en pensamientos orientados
hacia la manera de obtener más dinero.
Pero es imposible que puedas
saciar todas tus tentaciones y codicias. Por eso, inevitablemente
sufres y gimes sin cesar, lo cual provoca la disminución
de tu carne y tus fuerzas, ya qué ¿cómo pueden otorgarte
los alimentos que consumes fuerza y vigor, con semejantes
cualidades que tienes y consumen todo lo que comes?.
En cambio yo soy diferente
y me siento bien, ya que no tengo tendencia a enojarme y
ponerme nervioso. Incluso en las ocasiones propensas a que
lo haga, me contengo, reflexiono un instante y no me enfado.
Además, cuento con la virtud de conformarme con lo que tengo,
y lo poco que está delante de mí, es ante mis ojos como
si fuera mucho. Por otro lado, no siento envidia por lo
que poseen los demás. Esta manera de ver las cosas y de
vivir me permite estar siempre sano y fuerte. Es por el
confort interior que permanentemente siento. (Rab Iosef
Jaim)
MORALEJA
Este relato nos enseña, que no debemos preocuparnos por
acumular riquezas en este mundo. Solo conformarnos con lo
que Di-s nos da, disfrutar de ello y agradecerle. Hay que
evitar entrar en disputas por pequeñeces, o ponerse nervioso,
ya que como vimos, los nervios consumen la vida.
Para motivarnos y alcanzar
esta meta de agradecer por lo que tenemos y no enojarnos,
es bueno transportarnos mentalmente a los días postreros.
Cuando nos llegue el momento de partir y debamos devolver
nuestra alma al Creador, no podremos llevarnos nada de lo
que tuvimos en este mundo, solo las buenas obras realizadas.
Entre estas obras cuentan, sobreponerse al enojo, y satisfacerse
con lo que Di-s nos dio.
Es como el caso del zorro que
vio detrás del cerco un huerto con magníficos árboles frutales.
Su deseo de comer de esas frutas era muy grande, y no le
importó que las mismas no le pertenecían.
Observó el panorama, y detectó
un agujero entre las maderas del cerco. Pero el mismo era
demasiado pequeño para poder entrar por allí.
Día tras día el zorro contemplaba
el huerto y su corazón codiciaba los frutos que allí había,
mas nada podía hacer para saborearlos.
Finalmente, carcomido por el
deseo, decidió sacrificarse vislumbrando una posibilidad
concreta de alcanzar la tentación. Se propuso ayunar varios
días, hasta que su cuerpo quede del tamaño del agujero que
había en el cerco, y así podrá entrar para deleitarse con
las frutas.
Diariamente el zorro realizaba tentativas para saber si
ya llegó el momento de ir en busca del objetivo. Para ello
se acercaba al hueco del cerco y trataba de atravesarlo.
Tras el intento fallido, retrocedía,
y se aprestaba a aguardar el momento de una nueva chance.
La misma tendría lugar cuando pasen algunas horas y su cuerpo
esté más delgado.
Finalmente, tras algunos días, el efecto del ayuno doblegó
el impedimento, y con su contextura física notoriamente
disminuida consiguió ingresar al huerto.
El zorro estaba muy débil,
por los ayunos, pero se alegró de haber alcanzado el éxito
en lo que se había propuesto. Por eso permaneció en ese
huerto por varios días. Disfrutaba y comía sin ningún tipo
de limitación, de los deliciosos frutos que estaban a su
alcance.
Este goce le duró un mes entero.
Pero un día recordó que del otro lado del cerco quedó su
familia y sus amigos. Este pensamiento lo hizo reflexionar
y consideró, que quizá es mejor abandonar todos estos placeres
y regresar a disfrutar de los suyos.
Quiso entonces atravesar el
cerco para regresar a su hogar, pero se llevó una gran sorpresa,
su cuerpo no pasaba por el agujero. El motivo es, porque
en su estadía allí, comió muchas frutas que le hicieron
engordar.
El zorro pensó mucho, y llegó
a la conclusión que no quiere vivir solo, pese a tener al
alcance de su mano los placeres que tanto codició. Por tal
razón, tomó la decisión de ayunar nuevamente, desprenderse
de todo el materialismo que ingresó a su cuerpo, y regresar
a su hogar.
Así lo hizo, ayunó hasta adelgazar
nuevamente, y así pudo regresar a su casa para volver a
estar con su familia y amigos.
En ese momento el zorro se
dio cuenta, que debe conformarse con lo que Di-s le dio,
pues cuando quiso más, debió reducir su propio peso y cuando
obtuvo lo que quería, se dio cuenta que eso no es lo importante.
Lo trascendental es, conformarse con lo que se tiene y donde
uno lo tiene. (Midrash Raba)
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