La
comida del sábado por la noche
y la
resurrección de los muertos
Los sabios dijeron:
"Que ordene la persona su mesa después de la salida del
Shabat, aunque no la necesite sino para comer únicamente
una porción tan pequeña como del tamaño de una aceituna"
(Shulján Aruj, Oraj Jaim 300: 1)
El motivo de esta comida es porque, así como salimos a recibir
al rey (“Shabat”) cuando ingresa (ceremonia conocida como
Kabalat Shabat), del mismo modo lo debemos acompañar al
retirarse.
Esta comida de acompañamiento del Shabat en su despedida
–melave malka-, provoca muchas bondades a quien la cumple,
y una de ellas es que nutre al huesillo llamado “luz”.
El citado huesillo -luz- es distinto a todos los demás huesos
del cuerpo humano. Para explicar esto y conocer mayores
detalles de este apasionante tema, nos valdremos de un interesante
extracto del Talmud que trascribimos a continuación.
La creación del hombre
El día sexto de la creación (viernes), en la primera hora
del día, Di-s reunió el polvo de la tierra para crear a
Adam, el primer hombre.
En la segunda hora fue creado el aspecto de Adam.
En la tercer hora fue dada la forma a la masa, quedando
constituido el cuerpo de Adam.
En la cuarta hora los miembros se unieron.
En la quinta hora fueron abiertos los orificios del cuerpo
de Adam.
En la sexta hora le fue introducida el alma.
En la séptima hora Adam se paró (en esa hora Adam fue adormecido
por Di-s, luego le quitó un hueso, y con el mismo fue creada
Java -Eva-, la primer mujer).
En la octava hora, Adam se allegó a Java.
En la novena hora lo llevó Di-s al Jardín del Edén.
En la décima hora Di-s le ordenó no comer del árbol del
conocimiento.
Hasta ese momento Adam yacía plácidamente en el Jardín del
Edén, mientras los ángeles lo servían. Asaban para él carne,
y filtraban para él vino. Pero la serpiente vio los grandes
honores de los que gozaba Adam, y sintió envidia.
En la undécima hora Adam pecó comiendo del árbol prohibido.
En la duodécima hora Adam fue expulsado del Jardín del Edén.
(Avot de Rabí Natán 1: 8)
Analizando
Apreciamos de la cronología de los hechos que el pecado
de Adam, cuando comió del árbol prohibido, se produjo el
día sexto de la creación, el viernes. Ese alimento, consumido
por Adam, fue digerido, procesado, y enviado al torrente
sanguíneo. A través de la sangre, llegó a todos los miembros
de su cuerpo, sufriendo el mismo proceso que se origina
en nuestro organismo cuando comemos algo.
No obstante, los sabios nos enseñan que existe en el cuerpo
humano un huesillo pequeño, el cual no tiene provecho del
alimento consumido durante los días de la semana. Solo tiene
provecho del alimento consumido en la noche que llega al
concluir el Shabat (noche del Sábado).
Si es así, este huesillo, llamado “luz”, no tuvo provecho
del fruto del árbol del conocimiento que fue prohibido por
Di-s a Adam. Por lo tanto, debemos reconocer que este huesillo
no participó del pecado. Eso hace que en nuestro cuerpo
haya un hueso diferente a todos los demás, que aun mantiene
la santidad del cuerpo de Adam, antes de pecar.
Este huesillo -luz-, jamás se altera ni cambia de estado.
Aunque lo arrojemos al fuego, o intentemos molerlo o quebrarlo
valiéndonos de un mortero, martillo o cualquier tipo de
fuerza que le podamos aplicar, permanecerá intacto, sin
mella alguna.
Este huesillo es la conexión que queda entre el alma y el
cuerpo después de la muerte. Incluso cuando la materia se
desintegre por completo, el “luz” permanecerá intacto.
El “luz” se encuentra en la parte posterior del cráneo,
y no está ligado a ninguno de los demás huesos. Su tamaño
es tan pequeño como un grano de cebada, semi redondo, casi
cuadrado. Lo recubren unas delgadas venillas portadoras
de sangre, quedando de un aspecto parecido al de una araña
que lo aprisiona.
Los sabios nos enseñan que a partir de este huesillo, en
la época de la resurrección de los muertos, comenzarán a
desarrollarse en su interior todos los miembros, tendones,
piel y carne. Así vendrá rodando hasta la tierra de Israel,
donde finalmente recibirá el alma y revivirá.
El rey Adriano
El rey Adriano sabía de este huesillo extraordinario, y
decidió ahondar sobre el tema.
¿Cómo lo hizo? Era usual en el citado monarca acudir a los
sabios de Israel para consultarles sus cuestiones. Por eso,
cuando quiso esclarecer su incógnita sobre el huesillo “luz”,
se dirigió a Rabí Ieoshúa ben Jananiá y le preguntó: ¿de
qué parte del cuerpo Di-s comenzará la resurrección?.
Rabí Ieoshúa ben Jananiá le dijo: “Del hueso que hay en
el extremo superior de la columna vertebral, llamado ‘luz’”.
El rey le preguntó: “¿De donde se sabe que es así?”.
El sabio le dijo: “Tráeme uno de esos huesos y verás”.
Adriano le trajo uno y se lo entregó a Rabí Ieoshúa ben
Jananiá, quién lo colocó en un molino, sin que nada le suceda.
Luego lo pasó por fuego, y tampoco éste lo afectó. Lo colocó
en líquidos, sin que nada le acontezca. Procedió a ubicarlo
sobre un yunque, golpeó fuertemente sobre él con un martillo,
y el resultado fue que se quebró el yunque, sin que al hueso
le suceda ningún daño.
Con eso le demostró que el huesillo “luz” es la semilla
de origen Divino, a partir de la cual el Eterno reconstruirá
el cuerpo en la época de la resurrección de los muertos
(Bershit Rabá 28).
Por tal razón, ante la tremenda importancia de este huesillo,
es menester alimentarlo cada sábado por la noche, dándole
de comer comida apta -kosher. De esta manera lo mantendremos
bien nutrido y podremos disfrutar de un cuerpo sano y fuerte
en el Mundo Venidero.
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