La sección de la Torá
Sheminí enumera un amplio detalle de las especies
vivientes que son permitidas para los hijos de Israel ingerir,
y las que son prohibidas. Entre las vetadas, hallamos al
mono, y al cerdo.
El mono
es considerado por muchos decanos, el antecesor del hombre.
Ellos pretenden que estos especímenes fueron evolucionando
hasta convertirse en seres humanos, dando así, origen
a toda la humanidad. Es por esta razón, que mucha
gente se siente vinculada en muchos aspectos con el mono,
producto de esta información suministrada y publicitada
por los científicos evolucionistas, cuya teoría
se ve fortalecida, por la aparente semejanza física
de estos animales a las personas.
El cerdo,
es un mamífero totalmente diferente al antes nombrado.
Es común en las personas considerarlo un animal detestable,
sucio y que trae enfermedades. En la jerga callejera, es
común escuchar de boca de aquellos que ofenden inescrupulosamente
a su prójimo, términos como: “¡Eres
un cerdo!”. “¡Cochino!”. “¡Chancho!”.
“¡Puerco!”.
Informes
de expertos declaran, que la composición de la carne
de cerdo, es realmente perjudicial para la persona, pues,
en este animal, la grasa se encuentra intra-celular, mientras
que en otras especies (res, carnero) está fuera de
la célula, en el tejido conectivo. Existe la posibilidad
de hallar en algunas reses muy viejas, pequeñas cantidades
de grasa dentro de la célula, pero en el cerdo el
porcentaje es bien alto. Esto se puede apreciar realizando
un experimento muy sencillo, colocando un trozo de carne
magra de cerdo en una sartén caliente. De inmediato
la grasa saldrá despedida de la carne y esta comenzará
a fritarse “en su propia salsa”.
Puesto
que la grasa de puerco contiene el doble de calorías
que los hidratos de carbono y las proteínas, lo primero
que el cuerpo hace con ella es almacenarla en el tejido
conectivo. Esto explica la gran cantidad de obesos entre
los comedores de cerdo. La de ellos, es una grasa firme
y dura, difícil de desmontar.
La grasa
siempre está asociada al colesterol. Las macro-moléculas
están cargadas de colesterol y juegan un papel importante
en la hipertensión y en la arteriosclerosis. Se las
considera factores adicionales en el infarto del miocardio
y en las coronariopatías, en las afecciones circulatorias
de la periferia especialmente en combinación con
nicotina.
El grueso
de la gente sabe, que el cerdo es un animal capaz de comer
basura y revolcarse en el barro, pues lo han podido observar
en sus visitas a granjas, jardines zoológicos, o
viendo documentales. Por esta razón, aunque desconozcan
los efectos que ocasiona la carne porcina a la salud, de
todos modos, consideran al puerco, un ser detestable, y
abominable por su conducta. Existen, no obstante, aquellos
que pese a este cuadro expuesto, consumen carne porcina.
Ello se debe a que son personas poco reflexivas, y no piensan
en el origen y procedencia de lo que llevan a su boca, ni
en las consecuencias para la salud que ello puede acarrear.
Es algo similar a lo que acontece con el fumador, quien
cuando se inicia en este hábito, seguramente ya ha
escuchado lo que sucede finalmente a los fumadores. Pero
en ese momento, no considera nada de esos informes y sugerencias,
prefiriendo disfrutar de la vida, sin pensar en lo que puede
ocurrir en el futuro.
El individuo
que come cerdo, demuestra una gran falta de responsabilidad
en el cuidado de su propia salud, al ingresar las carnes
porcinas a su organismo. Además, deja al descubierto
su total falta de coherencia, en el momento en que le surge
insultar a sus semejantes, pues en esa oportunidad les dice:
“¡Eres un cochino!”. ¡Cerdo!. ¡Puerco!.
Desprecia a los otros, utilizando lo que él mismo
lleva a su boca.
El cuadro
descrito permite vaticinar que nadie desea compararse ni
asemejarse a este tipo de animales. Sería una verdadera
hipocresía pretender, tal como se dijo del mono,
que los seres humanos provienen del cerdo, dadas las enormes
e insalvables diferencias entre ambas especies.
El informe
que presentaremos a continuación, seguramente provocará
un marcado cambio con respecto a este enfoque popularizado.
Los
seres humanos, como es sabido, comúnmente sufren
enfermedades. Muchas veces, los médicos comprueban
que ya nada se puede hacer por el paciente, dado que su
hígado se encuentra destruido, o las válvulas
cardíacas ya no pueden seguir funcionando, por lo
que las horas del afectado están contadas, a menos
que se realice un transplante urgente. Pero para que esto
pueda hacerse, deberá aparecer algún donante,
que suministre el órgano necesario.
Las
grandes eminencias en el campo de la medicina, lograron
realizar con éxito sustituciones de órganos,
reemplazándolos por el de un donante humano Desde
que el Doctor Christiaan Barnard hiciera su primer trasplante
de corazón, la técnica de trasplante de órganos
se ha generalizado en la práctica médica,
habiendo alcanzado altísimos niveles de perfección.
El problema
que comenzó a suscitarse es, que la demanda de órganos
comenzó a crecer, y los donantes en existencia no
eran suficientes para cubrir el cupo solicitado.
Los
médicos pensaron en la posibilidad de recurrir a
especies animales como donantes de órganos (xenotransplantes).
La utilización
de órganos procedentes de monos tenía la lógica
de su proximidad evolutiva con la especie humana. Por eso,
se pensó en ellos como potenciales abastecedores,
pero la diferencia de tamaños de los órganos
entre las especies era un serio inconveniente. De todos
modos, ante la ausencia de otra alternativa, se han llegado
a realizar muchos xenotrasplantes de riñón,
corazón, hígado y médula ósea
procedentes mayoritariamente de chimpancé y mandril
con un resultado negativo en la mayoría de los casos.
No existió compatibilidad, y además fue absoluto
el rechazo provocado por el organismo humano. Además,
estaban las innumerables enfermedades transmitidas a través
de los órganos procedentes de los simios, las cuales
resultaban letales para el paciente trasplantado. Esto provocó
que se deje de lado esta hipótesis, basada en una
fantasía evolucionista de parentezco entre el hombre
y el mono, y se comience a buscar algún animal, cuya
fisonomía se asemeje más al hombre, para poder
proveerle de órganos sustitutos.
Los
investigadores sabían que la demanda de órganos
es cada vez mayor, por lo que urgía encontrar una
solución a este tema. Se pensó en el cerdo.
Sólo para tener una idea de la importancia que el
cerdo puede asumir en la área de donación
de órganos para el hombre, presentamos las estadísticas
de EE.UU. las cuales muestran que en el año 2000,
había 67.000 pacientes esperando por los trasplantes
en ese país (44.000 para el Hígado, 4.000
para el corazón y 3.600 para los pulmones). Infelizmente,
sólo 20 mil trasplantes fueron realizados. La investigación
mostró que más de 100.000 personas, ni entraron
en esta " línea de espera" y que miles
se mueren todos los días por la falta de donadores.
Las
cifras expuestas son aterradoras, por eso, los científicos,
buscando una solución al dilema, estudiaron el desarrollo
y estructura del cerdo, y quedaron sorprendidos por la enorme
similitud que presenta con la raza humana. Se ha podido
apreciar claramente, que en la fase fetal, un porcino de
21 días, es sorprendentemente similar a un feto humano
de 31 días. También se pudo contemplar la
enorme similitud entre un embrión humano de 9 semanas,
a uno de cerdo de 8 semanas.
Los
cuerpos de expertos en el campo de la medicina, decidieron
que el cerdo puede ayudar a vivir a mucha gente que se halla
en lista de espera de un posible donante para recibir un
trasplante. Así fue, como comenzaron a desarrollar
este proyecto, y pudo comenzar a aplicarse en pacientes
que tenían las horas contadas.
El cerdo
comenzó a utilizarse para proporcionar válvulas
cardiacas que son retiradas de su corazón y conservadas
en una mezcla química, hasta que se las necesite
para transplantar en seres humanos. Estas válvulas
pueden permanecer en ese preparado por 5 años, hasta
que sean requeridas.
El hígado
de cerdo también comenzó a emplearse: en 1992,
en la Universidad de Pádova, Italia, una mujer de
33 años recibió el primer trasplante de un
hígado artificial, producido a partir de células
modificadas de cerdo. Afectada por una hepatitis fulminante,
con el trasplante consiguió sobrevivir durante 4
días, hasta que se encontró un hígado
humano para el trasplante definitivo.
El páncreas
del cerdo es un órgano del que se obtiene la Insulina,
una hormona esencial para los diabéticos. Es él,
el encargado de permitir la entrada de azúcar en
las células y de reducir su tasa en la sangre, evitando
de esa manera que alcance niveles mortales para el hombre.
De la
glándula pituitaria del cerdo puede obtenerse el
ACTH que es una hormona usada en la medicina humana para
el tratamiento de artritis y enfermedades inflamatorias.
La Tiroides
del cerdo se usa para obtener medicamentos que se usarán
por personas que poseen glándulas tiroides poco activas.
La mucosa
intestinal del cerdo se usa para obtener una sustancia llamada
Heparina que tiene propiedades anticoagulantes y es aplicada
en medicina humana en los casos de trombosis.
Del
pulmón del cerdo, puede ser retirada una sustancia
llamada surfactante que es indispensable para el tratamiento
de bebés nacidos con el síndrome de inmadurez
pulmonar. Sin esa sustancia, que es utilizada como lubricante,
los bebés corren un serio riesgo de morir por asfixia.
La piel
del cerdo puede usarse en los trasplantes temporarios en
el hombre, en los casos de quemaduras de tercer grado, que
causan grandes discontinuidades de su piel. Ella no sirve
para los trasplantes definitivos, debido a su rechazo.
El panorama
descrito, es elocuente y demuestra que el ser humano tiene
mucha mayor afinidad con el cerdo que con el mono. El organismo
del cerdo se asemeja increíblemente al del ser humano,
mientras que el del mono es totalmente diferente, e incompatible.
Esto demuestra claramente que “las apariencias engañan”,
y no hay que fijarse en lo superficial o exterior, sino
en la esencia, o lo interior. Este concepto tan importante
ha sido enseñado por los sabios en el Talmud: 1“no
te fijes en el recipiente, sino en su contenido”.
El Talmud,
es la enciclopedia judía más maravillosa que
existe, y es la explicación de la Torá escrita.
En la misma, se pueden encontrar enseñanzas que abarcan
todos los ámbitos de la vida y el mundo. Todo lo
que se necesita saber, está allí escrito.
Si uno desea cerciorarse acerca de la bendición que
corresponde recitar antes de ingerir una fresa, recurrirá
al tratado de “Berajot”, el cual brinda un amplio
detalle sobre las bendiciones para antes de consumir alimentos.
Si uno pretende saber como invertir su dinero, abrirá
el tratado de Babá Metzía, en la página
42, y encontrará la solución a su preocupación,
pues allí le es explicado que divida su capital en
tres partes, e invierta un tercio en inmuebles, el segundo
en mercadería, y el tercer tercio, debe mantenerlo
disponible para aprovechar algún lote de mercancía
barata que surja de improvisto. Y si uno quiere saber acerca
del tema del cerdo que hemos tratado en esta entrega, también
acudirá al Talmud y hallará un resumen de
lo que ha llevado a los científicos, varios siglos
descubrir.
En el
tratado de Taanit, 21ª consta que cierta vez, hubo
una peste que afectó a los cerdos. Rabí Iehuda,
que era uno de los eruditos más importantes, al enterarse,
decretó inmediatamente que toda la población
ayune, para que el Todopoderoso se apiade de los pobladores,
y quite de allí ese flagelo. El sabio movilizó
a todos los habitantes del lugar, provocándoles todos
las molestias que ocasiona abstenerse de probar alimento,
e inclusive agua, durante todo el día, pese a que
ningún ser humano había resultado afectado
por la epidemia.
El decreto
sentenciado por Rabí Iehuda, fue analizado por los
sabios que le sucedieron, los cuales se reunieron para averiguar
pormenores del asunto. Los presentes se preguntaron: ¿Por
qué razón decretó Rabí Iehuda
ayuno público?. La respuesta fue: Por una peste que
se había propagado entre los cerdos.
Uno
de los sabios preguntó: ¿Acaso consideraba
Rabí Iehuda que si una especie animal es afectada,
eso causará que las demás especies se contagien,
provocando peligro a los hombres?.
La respuesta
le fue dada de inmediato: “!De ninguna manera¡”.
Si se propaga una peste entre los monos, no se decreta ningún
ayuno. En caso de contraer las vacas una epidemia, tampoco
se sentencia ayuno alguno. Y así se ha de proceder
con todas las demás especies animales, ya que no
es peligroso para la humanidad que ellos sean alcanzados
por pestilencias. Los virus que los afectan, no son peligrosos
para los organismos de las personas. (A menos que se consuma
su carne, en ese caso si existe riesgo).
La pregunta
obvia no tardó en saltar a la mesa de debate: “¿Qué
tienen de diferente los cerdos, para que por su causa se
deba hacer ayunar a toda la población, para pedir
clemencia al Creador por ese flagelo?”.
La respuesta
a este interrogante fue terminante: “Es necesario
ayunar en caso de peste en los cerdos, porque su aparato
digestivo es similar al de los humanos”. Por eso,
los virus que los atacan, son propensos a contagiar a las
personas, a pesar que no consuman su carne.
La sentencia
enseñada, llevó al comentarista Tosafot, a
deducir: “Si la razón del peligro de contagio
en los humanos es, por causa de que el aparato digestivo
de los cerdos se asemeja al de los hombres, en ese caso,
corresponde decretar ayuno cuando hay una epidemia entre
los gentiles”. Su deducción fue aceptada.
Evidentemente,
los sabios de Israel, sabían como están formados
interiormente los hombres, los animales, y todo el universo,
ya que todo les fue explicado vía oral por sus padres
y maestros. Esta información fue transmitida de boca
en boca, generación tras generación, desde
que el Todopoderoso la entregó a Moshé en
el Monte Sinaí. Luego, cuando el pueblo fue exiliado
a Babilonia, fue necesario escribir estas enseñanzas,
porque al estar dispersos por la diáspora, era factible
que muchas cosas se olviden. Desde ese entonces, se decidió
compilar el Talmud, que contenía las bases de esas
enseñanzas transmitidas oralmente. Esta es la razón
por la cual los sabios sabían hace más de
dos mil años la compatibilidad del cerdo con los
humanos.
Al analizar
las distintas utilidades del cerdo en el campo de la medicina,
parte de las cuales hemos trascripto unos renglones más
arriba, comprobaremos que varios de esos usos, provienen
de órganos pertenecientes o vinculados al aparato
digestivo del animal, tal como lo declara el Talmud, en
el tratado de Taanit. Esto significaría que ese sector
del cerdo es uno de los puntos de mayor compatibilidad con
las personas.
La necesidad
de ayunar, para pedir clemencia al Todopoderoso, ante una
epidemia que se ha propagado entre los cerdos, ha sido legislado
por los sabios como ley oficial, para ser acatada en todo
lugar y tiempo, donde este flagelo sobrevenga. Tal sentencia
consta en el código de leyes judío (Shulján
Aruj: Oreaj Jaim 576: 3).
El tratado
talmúdico de Julín (122ª) menciona otra
similitud entre el puerco y el hombre. Explica la semejanza
existente entre la piel de cerdo doméstico con la
humana. Para corroborar la veracidad de esta declaración,
solo habrá que rememorar lo expuesto arriba, donde
dijimos que en la actualidad, una de las variantes empleadas
en los trasplantes temporarios en el hombre, en los casos
de quemaduras de tercer grado, es la piel de cerdo doméstico.
El Rabí
Iosef Karo, es el autor de varios libros sobre leyes judías,
entre ellos, su obra cumbre, el compendio general de leyes
judías (Shulján Aruj). Este volumen contiene
la sentencia expuesta arriba, la cual declara la necesidad
de ayuno ante un cuadro de pestilencia en los cerdos.
El mentado
erudito, previo a esta obra monumental, había escrito
un comentario sobre el Tur Shulján Aruj, que era
un compendio de leyes que contenía el lenguaje textual,
utilizado por los sabios de la época del Talmud.
Pero sucedía que el grueso del pueblo no contaba
con el nivel suficiente para poder captar todas esas enseñanzas.
Por tal razón, escribió un compendio explicativo
al Tur Shulján Aruj, que llamó“Beit
Iosef”.
El nombre
elegido (“Beit Iosef”), significa “la
casa de Iosef”, en memoria de su santa esposa, que
había fallecido al poco tiempo de casados. Tras la
muerte de ella, Rabí Iosef encendió una vela
y dijo: “este libro es en memoria de mi esposa”,
y comenzó a escribir. Esta obra le llevó veinte
años de ardua labor.
El Rabí
Iosef Karo, en el compendio “Beit Iosef”, cuando
se refiere a la obligación de ayunar por una plaga
propagada entre los cerdos, coloca también como un
parecido de las entrañas de esta especie, a la humana,
las palabras “carne de persona”, informando
que ello consta en el Talmud. Efectivamente, en la actualidad,
se ha comprobado esta enorme similitud
Los
asesinos múltiples de las últimas épocas,
utilizaron la carne humana. Ellos la prepararon y adobada,
la ofrecieron en venta, fresca o en salchichas, como si
fuera carne de cerdo. Como tal fue consumida con especial
apetito. Según datos tenía el mismo sabor
que el cerdo y era de fácil y buena digestión.
Dos de los más famosos sujetos que cometieron un
fraude así, fueron los legendarios asesinos Hamann
y Kürten.
La Torá
escrita, prohíbe terminantemente ingerir carne de
cerdo: (Vaikrá 11: 8): “de su carne no comáis”.
Científicos del último siglo, investigando
las propiedades y efecto de la carne porcina, la dieron
de comer a ratones. Al poco tiempo, los citados roedores,
se volvieron caníbales. En tanto aquellos que no
habían sido alimentados con ese tipo de carne, no
mostraban absolutamente ninguna tendencia salvaje.
2El
sabio Rabí Shlomo Efraim ben Aharón en su
comentario al Pentateuco titulado “Kli Yakar, ya había
adelantado esta reacción: “Todos los alimentos
ingeridos, transmiten su naturaleza y tendencias a quien
los ingiere”.
La pregunta
obvia es: ¿Por qué entonces es posible fabricar
con los porcinos medicación e ingerirla?.
La respuesta
a esta cuestión es, porque la Torá fue dada
para vida, y no para muerte, por lo tanto, si no hay otra
manera para sanar a la persona, excepto por vía de
un animal prohibido, en ese caso, el mismo se torna permitido
a través de esa medicación. De esta manera,
quien padece esta enfermedad, es una de las únicas
personas en el mundo que puede elevar a esa parte del animal
de consumo prohibido, a un nivel espiritual superior. Ya
que todo alimento permitido que ingresamos a nuestro cuerpo
resulta, a través nuestro, elevado espiritualmente.
Cosa que no puede acontecer con los animales impuros, a
menos que acontezca una situación de necesidad suya
para salvar una vida o sanarla.
Las
leyes prohibitivas de la Torá fueron dadas a la persona
para mantener una pureza espiritual elevada, con el fin
de que podamos ingresar debidamente preparados al Mundo
Venidero. Aunque para poder gozar allí de mayores
privilegios, será necesario acumular mayor cantidad
de méritos durante nuestra estadía en la tierra,
donde cada uno tiene su función específica
y global.
Cada
persona desciende al mundo terrenal para realizar algo en
particular, aunque no es ello sabido por el propio individuo,
ya que si lo supiere, haría tal cosa, y ya no sería
necesaria su permanencia en el mundo. Pero ocurre que también
es necesario que complete su función global.
Un ejemplo
de funciones globales, es el cumplimiento del Shabat, o
estudiar la Torá. Un ejemplo de funciones particulares,
es el hombre afectado por cierta enfermedad que requiere
un medicamento proveniente de un animal impuro para sanarse,
de este modo, podrá elevarlo a un nivel espiritual
superior.
El proceso
descrito es necesario que acontezca, porque en caso de que
el individuo haya cometido faltas muy severas, durante su
vida en este mundo, luego de su deceso, ese alma deberá
volver a vivir aquí, pero en forma de animal impuro.
De esta manera, a través de este descenso, podrá
elevar su alma a un nivel superior, pero necesitará
de la ayuda de aquel único ser humano, que al poseer
tal enfermedad, es el único que lo puede ayudar.
Resulta
de todo esto, que es necesario llevarse bien con todos,
pues uno no sabe quien de todos los seres humanos que viven
en el mundo puede ayudarnos a cumplir nuestro cometido para
el que vinimos a la tierra.
Cierto
hombre, recibió una orden de desalojo, a ejecutarse
como máximo, en un plazo de dos meses, por no haber
abonado los impuestos durante tiempo prolongado. Este individuo,
en realidad, si había pagado, lo que seguramente
aconteció, es un error cometido por alguno de los
encargados del control tributario.
El sujeto
expuso su dilema a un vecino suyo, quien le recomendó
que presente su problema al ministro primero del rey, ya
que es un hombre recto y justo, quien no deja a ninguna
persona sin respuesta.
El hombre
preguntó como debe hacer para hablar con el ministro,
y su vecino le informó que debe escribir una carta
y enviársela, ya que ese es el sistema utilizado
por toda la gente para comunicarse con él.
El individuo
redactó la carta y la envió. Pasaron dos semanas,
y ninguna respuesta le había llegado. Acudió
nuevamente a su vecino, y le contó las malas noticias.
El vecino no podía creer lo narrado, ya que el ministro
atiende todas las solicitudes de los que se dirigen a él.
Pensó que algo puede haber pasado con la correspondencia,
y le sugirió que envíe una nueva carta.
El señor
con el problema hizo caso a su vecino, escribió y
envió una nueva carta. Aguardó durante dos
semanas más una respuesta, pero no obtuvo ninguna.
Acudió nuevamente a lo de su vecino, y le confesó
no haber recibido ninguna contestación a su petitoria.
El vecino no podía comprender esto que jamás
había sucedido, ya que el ministro es una persona
excepcional, que no desatiende a ningún poblador.
Pensó que algo extraño ha sucedido con la
correspondencia, y le sugirió redactar una nueva
carta exponiendo su caso.
El hombre,
escribió una tercera carta y la envió. Aguardó
otras dos semanas, y al no obtener ninguna respuesta, fue
a visitar a su vecino para pedirle un consejo, ya que faltaban
solo dos semanas para el desalojo. El vecino se sorprendió
muchísimo, y dedujo que algo muy extraño está
pasando. Por eso, sugirió al individuo que investigue
todo el proceso que atraviesan las cartas que son enviadas
al ministro, y seguramente allí, encontrará
la respuesta a esta rara cuestión, pues jamás
había sucedido algo similar por aquellos lugares.
El sujeto
se dirigió al empleado encargado de recibir las cartas
para el ministro, y le preguntó que acontece luego
con ellas. Le explicó que le son entregadas a un
operario que clasifica la correspondencia, separándola
por rubros, de acuerdo a las solicitudes. Luego este operario,
las entrega a otro, quien realiza un trabajo más
selectivo, ordenando cuidadosamente las cartas, para que
el ministro pueda recibir paquetes de todas las cuestiones
similares juntas, y resolver más rápido los
pedidos. Posteriormente, este empleado entrega la correspondencia
al secretario del ministro, quien verifica el trabajo hecho
por los anteriores operarios, y va entregando por temas,
las solicitudes al ministro, para que resuelva que hacer
con ellas.
El hombre
preguntó: ¿Cómo se llama el secretario
del ministro?. Le dijeron: “Alex”. Preguntó:
“¿Ese Alex, es un hombre de estatura mediana,
obeso, y con una cicatriz en el pómulo izquierdo?”.
La respuesta que obtuvo fue afirmativa. En ese momento,
este hombre que estaba próximo a ser desalojado injustamente
clamó: “¡Ahora entiendo todo!. ¡Ya
sé por qué no recibo ninguna respuesta del
ministro!. ¡El secretario suyo, es el mismo hombre
con el que mantuve un terrible altercado hace mucho tiempo
atrás, y nos propinamos mutuamente amenazas y ofensas
severísimas, quedando desde ese día totalmente
distanciados, odiándonos profundamente, sin que nos
volvamos a ver ni saludar!. ¡Ahora comprendo todo!”.
No sabemos
a quién vamos a necesitar para que nos ayude, y en
que momento, por eso, es necesario realizar un gran esfuerzo,
y minimizar las diferencias, para no quedar en situaciones
ingratas con nuestro prójimo. De este modo, cuando
necesitemos su ayuda, podremos contar con él. Por
eso los sabios enseñaron: “No desprecies a
ninguna persona, y no creas que alguna cosa es innecesaria,
y jamás la necesitarás, (como los cerdos y
demás animales impuros). (El motivo de no despreciar
a las personas es), porque no hay ningún individuo,
que no tiene su momento de éxito (al cual cuando
eso acontezca, podemos llegar a necesitar)” (Abot
4: 3).
Si te
apasiona la Mística y la Numerología, te recomendamos leer
un libro que seguro te fascinará: Numerologíay Cábala. Es una obra elaborada a tu medida.
En el
mismo encontrarás un compendio completo de las letras hebreas y
las enseñanzas místicas que surgen de las mismas. Además,
hallarás el desarrollo y la explicación de temas trascendentales,
vistos según la óptica de la Numerología y la Cábala.